<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-21178141</id><updated>2012-01-31T13:40:37.106-02:00</updated><category term='musica'/><category term='los escritos tecnicos'/><category term='otoño'/><category term='listas de fin de año'/><category term='peron'/><category term='recordando'/><category term='megalomaniando'/><category term='gente que anda por ahi'/><category term='pavement'/><category term='post inusualmente corto'/><category term='comic'/><category term='melomaniando'/><category term='cuestionario'/><category term='montevideo'/><category term='buenos muchachos'/><category term='perón'/><category term='arqueologia'/><category term='rankings obsesivos'/><category term='al fondo a la derecha'/><category term='pedro dalton'/><category term='omg'/><category term='viejas'/><category term='bandas'/><category term='metaurbanismo'/><category term='buñuel'/><category term='armando bó'/><category term='formulario'/><category term='comic uruguayo'/><category term='escopofilia'/><category term='cine'/><category term='russ meyer'/><category term='roberto poy'/><category term='limpieza en la granja'/><category term='caricatura'/><category term='coca sarli'/><title type='text'>Degollando Cisnes</title><subtitle type='html'>Volver al barro y amputarle los dedos al alfarero</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://degollandocisnes.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21178141/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://degollandocisnes.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Agustin Acevedo Kanopa</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12314255833701676811</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://photos1.blogger.com/hello/67/10024/640/1143379742_f.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>86</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21178141.post-168090681377030887</id><published>2012-01-16T18:07:00.008-02:00</published><updated>2012-01-17T17:16:41.923-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='listas de fin de año'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='melomaniando'/><title type='text'></title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&lt;b&gt;11 Mejores temas/discos del 2011&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;a target='_blank' title='ImageShack - Image And Video Hosting' href='http://imageshack.us/photo/my-images/842/mejorestemasdel2011500c.jpg/'&gt;&lt;img src='http://img842.imageshack.us/img842/1053/mejorestemasdel2011500c.jpg' border='0'/&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;&lt;span&gt;Primero: Hice este compilado con los mejores temas del año, se puede bajar gratis, cortesía de http://degollandocisnes.blogspot.com (incluyen como bonus tracks algunos temas imprescindibles que me dieron lástima dejar afuera del top 11 que tenía proyectado). Lo pueden bajar &lt;a href="http://www.mediafire.com/?7djwzqzt5rnouoq"&gt;acá&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;Siempre me tardo en estas cosas, más considerando que posiblemente el 2011 sea el año que más discos contemporáneos haya escuchado. Originalmente había empezado un prólogo bastante más complejo que este, pero empezó, por así decirlo, a tener vida propia, y se convirtió en un post en sí, que posiblemente publique en un mes, o un par de semanas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt; El proceso de confección de una lista no sólo involucra sentarte, escuchar y decidir, generalmente es algo que se inscribe en la mente y el pecho con algo más que tinta, y que tiene que ver con cosas diferentes a arreglos, producción, o tal o cual forma de escribir o componer. 2011 fue para mí muchos años en uno mismo, año en el que me terminé por recibir de psicólogo, en el que conocí nuevas personas geniales, en el que anduve la mayoría del tiempo al pedo y casi desempleado, en el que me angustié y en el que hice el mejor viaje de mi vida (el resumen de lo que fue ese viaje a Europa me ha tomado largo tiempo, tanto que tuve que posponerlo en este blog, porque todavía me cuesta procesar emocionalmente todo). Los temas y los discos no vienen solos, casi todos ellos son una postal perdida de algo que viví, pescar pejerreyes con mi abuelo en el Solís Chico escuchando el Kaputt de Destroyer, &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: medium; "&gt;la angustia al escuchar, sólo mirando la pantalla de la laptop a Lord Knows best, o &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: medium; "&gt;escuchar The great Pan is dead, de Cold Cave y ponerme a correr por la calle, sin poder parar y sin saber por qué, o caminar por 18 de Julio, viéndome en el reflejo de las vitrinas del centro, mientras escucho Música para nadie, de Lucas Meyer.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;Creo que los buenos años no son los que nos pasan cosas buenas, sino los que almacenamos más cantidad de recuerdos. Creo que difícilmente me olvide de estos discos y estas canciones.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span&gt;11 MEJORES TEMAS DEL 2011&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;iframe width="420" height="315" src="http://www.youtube.com/embed/fn_Yhks0zpM" frameborder="0" allowfullscreen&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES"&gt;11) Fasenuova- Vamos a bailar a la noche&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Poder sentir miedo en una canción era algo que no me pasaba desde hace muchísimo tiempo, sólo ocurriéndoseme &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=_5wJQkvSoOQ"&gt;&lt;i&gt;Frankie Teardrop&lt;/i&gt;,&lt;/a&gt; &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=C9JDx6TL40s"&gt;este tema de Geinoh Yamashirogumi&lt;/a&gt;, alguno de The Drift, o al Tilt de Scott Walker, o alguna canción perdida de Jandek. Con un pulso desesperado como el de &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=XGLJoXpKo4U"&gt;Ghost Rider&lt;/a&gt;, un excelente video hecho sólo de escenas afanadas de Viy (cómo me gusta perderme en esos ojos gigantescos de Natalya Varley), y una letrística gótica, pero completamente certera, &lt;i&gt;Vamos a bailar a la noche&lt;/i&gt; es un artefacto extrañísimo para el 2011, casi traficado a través de un agujero en el alambrado del infierno&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;br /&gt;&lt;iframe width="560" height="315" src="http://www.youtube.com/embed/1g6R89fCUBE" frameborder="0" allowfullscreen&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;br /&gt; &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES"&gt;10) Radiohead- Bloom&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Puede ser que Radiohead ya no sea la banda que defina nuevas tendencias (puede ser que nunca lo haya sido), pero &lt;i&gt;Bloom &lt;/i&gt;es un tema que muestra cómo todavía pueden seguir haciendo cosas no sólo buenas, sino tremendamente interesantes. Es un manual perfecto de cómo componer un tema por capas, las notas de piano que se esparcen como polen, la batería sincopada en un tempo rarísimo, pero perfectamente encastrado (que con el tiempo se convirtió en  una marca registrada de la banda), el bajo que forma un aro alrededor de la cabeza de quien lo escuche con audífonos, la voz de Thom Yorke diciendo &lt;i&gt;Open your mouth wiiide&lt;/i&gt; y sus coros devenidos en prácticamente un arreglo de cuerdas. Y finalmente una de las mejores y más interesantes grabaciones de vientos que haya escuchado en los últimos años. Si bien no todos los temas de &lt;i&gt;The King of Limbs &lt;/i&gt;están a la altura de este experimento, el matrimonio entre la fascinación loopera de Yorke y la exploración de timbres y ambientes de Johnny Greenwood (sólo basta escuchar el fascinante soundtrack de &lt;i&gt;Bodysong &lt;/i&gt;o &lt;i&gt;There will be blood&lt;/i&gt;) señala que todavía le sobra hilo para componer paisajes como este.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;br /&gt;&lt;iframe width="560" height="315" src="http://www.youtube.com/embed/puu3IvKnSb4" frameborder="0" allowfullscreen&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES"&gt;09) Destroyer- Kaputt&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="EN-US"&gt;&lt;i&gt;Wasting your days /Chasing some girls all right / Chasing cocaine to the back rooms of the world all night&lt;/i&gt;. &lt;/span&gt;En el videoclip lo escuchamos de la voz de un pibe que parece salido de Napoleon Dinamite, rodeado por unas modelos de bikinis que le echan las miradas más sensuales y extasiadas que haya visto alguna vez. Al tiempo nos damos cuenta de que todo es una ilusión, no sólo la del niño, sino la del pobre hombre que deambula por el desierto bebiéndose una copa de arena. Pero el tema mismo, por más que sabemos que está cantado por el mucho mayor Dan Bejar, parece provenir desde las fantasías juveniles de los melómanos, cuando el mundo de la música parecía un paraíso imposible, tiempo antes de que las crisis de las disqueras y la profesionalización creciente fuera limitando cada vez más su tono más hedonístico y despreocupado. Sin embargo, lo más interesante del tema es la manera en que todo queda en una suspensión del juicio. No es una celebración ni una advertencia sobre las drogas, todo permanece ahí y puede ser tan alegre o triste como uno quiera. Durante mucho tiempo Kaputt fue uno de los temas a los que menos atención le presté del disco homónimo de Bejar. Sin embargo, con el tiempo –ya por noviembre, diciembre- se me convirtió en uno de mis temas más escuchados. Es casi como si hubiera estado hibernando para escucharlo&lt;/p&gt;  &lt;br /&gt;&lt;iframe width="560" height="315" src="http://www.youtube.com/embed/TMfPJT4XjAI" frameborder="0" allowfullscreen&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES"&gt;08) Frank Ocean- Novocane&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Novocane es algo así como el reverso de Kaputt, de Destroyer. Ambas hablan sobre un determinado momento de éxito, de pico de reconocimiento, sólo que mientras la de Dan Bejar tiene algo de dreamlike infantil o adolescente, la de Frank Ocean es casi lo opuesto, un ambiente sórdido, pero más que nada triste y entumecido, de lo que puede llegar a aquello que tanto uno anhelaba. Es curioso, ya que el enfoque más infantil de Bejar también está sostenido en una era ya pasada de la música, no sólo el sonido noventoso del álbum, sino las referencia a medios especializados en música que ya dejaron de existir –&lt;i&gt;Sound, Smash Hits, Melody Maker, NME, all sound like a dream to me&lt;/i&gt;-, mientras que Ocean, siendo mucho más pendejo –tiene sólo veintitrés años- está lejos de ese pasado idílico, o al menos éste reverbera, pero sólo desde un lado nostálgico, demasiado lejano o abandonado (las referencias al cassette en el resto del disco, así como también la imagen del BMW de los 80’s en la tapa del disco). &lt;i&gt;“Fuck me good, Fuck me long, Fuck me numb”, &lt;/i&gt;Frank Ocean es hijo de estos tiempos en donde ya no permanece oculto el hecho de que todo lo que no está prohibido es obligatorio. A diferencia de la gran masa de raperos que podría hacer hincapié en lo buenas que están las minas que se levantaron, en el retrato de Ocean el sexo es casi una actividad mecánica, tan artificial como la música en sí, el éxito que transforma al músico en una especie de robot lleno de prótesis que lo mantienen en movimiento &lt;i&gt;(“Even when I'm fuckin' Viagra poppin', every single record autotunin'. &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="EN-US"&gt;&lt;i&gt;Zero emotion, muted emotion, pitch corrected, computed emotion, uh-huh”)&lt;/i&gt;. &lt;/span&gt;La referencia al Stanley Kubrick de &lt;i&gt;Ojos bien cerrados&lt;/i&gt; podría ser en la mayoría de los casos un mero &lt;i&gt;namedropping&lt;/i&gt;, una pajería intelectual, pero la referencia no puede sentirse más real en un tema como este –ayudado ampliamente por el genial videoclip de Nabil Elderkin ). Uno piensa en &lt;i&gt;Ojos bien cerrados&lt;/i&gt; y lo primero que recuerda son esas fastuosas orgías de gente enmascarada. Si uno recae sobre aquella situación, se da cuenta de que no hay nada particularmente sensual en ninguna de las escenas. Es pulsión de muerte reducida a su mínimo común denominador. No es ni siquiera apareamiento de los cuerpos, es mitosis, reproducción mineral, desnudos en cero kelvin, nada. El barco se está inundando y Frank Ocean tiene los ojos bien abiertos, pero está anestesiado, sólo pudiendo ver y relatar lo que ocurre a su alrededor, como un paciente al que sólo le anestesiaron su sistema motor, pudiendo ver y sentir todo lo que hacen con su cuerpo. Una caja negra encontrada debajo de la cama de un hotel de ruta.&lt;/p&gt;  &lt;br /&gt;&lt;iframe width="420" height="315" src="http://www.youtube.com/embed/rF9yY7SODoc" frameborder="0" allowfullscreen&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;07) Tres Pecados- Funeral de la planta&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Diciembra, de Tres Pecados, tiene, al menos, tres temas que podrían ser clásicos, o super hits radiables: Encandila, Diciembra y Colección social (aunque dudo que un verso como “morite de SIDA de rata” pueda pegar en la gente tanto como &lt;i&gt;Ai se seu te pego&lt;/i&gt;). Sin embargo, el momento más alto de un disco que ya de por sí es una cordillera de temas perfectos, es &lt;i&gt;Funeral de la planta&lt;/i&gt;, el tema más complejo del álbum (el más post-rock, también), con doce voces grabadas, varios momentos bien diferenciados, &lt;i&gt;crescendos &lt;/i&gt;a ritmos de redoblante militar y posiblemente la letra más expansiva y, por así decirlo, generacional de su disco “ &lt;i&gt;Psiconautas que / ya no quieren más volver. / Paisajes de / amor y estupidez. / Dejemos hoy / las valijas y el deber. / La soledad / de estar triste otra vez&lt;/i&gt;”. Quedarse con un solo tema es como trasplantar a un árbol de su bosque, pero cuando uno escucha la voz de Tüss Dematteis diciendo “Yo la esperaba en el bar/ y sus alas vi pasar/ no te olvides más de mí”, sólo tres versos pero que dan directo a la sien, es Tres Pecados en su máximo esplendor, es una apuesta a otra cosa, algo que no se venía escuchando desde hace tiempo&lt;/p&gt;  &lt;br /&gt;&lt;iframe width="420" height="315" src="http://www.youtube.com/embed/59ZdLTVT12k" frameborder="0" allowfullscreen&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES"&gt;06) Ariel Pink Haunted Graffiti- Witchhunt suite for World War III&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Ariel Rosenberg es un deconstruccionista. Lejos de meramente intentar captar un ánimo, una estética, o un sonido y hacer de ellos el alma de un disco o un tema –algo que podría pensarse en la mayoría de la electrónica ochentosa de hace unos años, o el rock garagero cuando los Strokes todavía eran pensados como la banda que iba a salvar al rock-, Ariel pone todo en la hoya y va sacando elementos que aparecen flotando a la superficie. Lo que vemos, por tal, es un fenómeno metonímico, de la cosa por el todo, que se diferencia fundamentalmente del resto de las propuestas retro, que tienen un funcionamiento más metafórico, por así decirlo. Uno podría pensar en el mashup como otro proceso metonímico típico (con bandas como Girl Talk, o el argentino Alonso Morning pegando fuerte), pero lo que hace Pink es distinto. Lejos de buscar estandartes, un estribillo que permita el fácil namedropping  (algo que en cierto punto reduce la referencia a una superficie plana, una chapa, un cartel de ruta), Pink bucea por esa parte perdida del todo y la va juntando con otros elementos hasta formar otro ser proteico que termina con forma de canción (en su disco del año pasado, esas influencias iban desde el garage de los Rockin Ramrods  hasta el pop etíope, como si en un mismo tema uno cambiara en el dial, con a una radio capaz de captar señales de países distantes y distintas épocas). Lo que sí es más difícil, y es casi una proeza, es poder componer un tema sobre un pasado tan reciente como la guerra contra el terrorismo estadounidense y hacer ver a aquel suceso como un hecho prehistórico, algo de lo que apenas tenemos algún par de fósiles. &lt;i&gt;Witchunt Suite for World War III,&lt;/i&gt; en tiempos donde aún con Saddam Hussein colgado (en la realidad y en youtube, cosa que a esta altura es más o menos lo mismo) y el rostro de Obama y &lt;st1:personname productid="la Clinton" st="on"&gt;Hillary Clinton&lt;/st1:personname&gt; observando el cuerpo de Bin Laden, es un tema de quince minutos que recoge frases, noticias de televisión e imágenes y hacen un collage sonoro de los últimos años. Casi como si fuese un loco con ecolalia, o un niño demasiado atento a la televisión, escuchamos "Warheads, Warheads", el juguetón "We gonna get it We got it", que en determinado momento fue garantía eterna de Bush. A su manera, recolectando trozos de voces y noticieros Ariel Pink es de los primeros artistas que empezó a dar forma, a construir en tanto pasado una era que todavía no terminó de suceder.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;br /&gt;&lt;object width="250" height="40" classid="clsid:D27CDB6E-AE6D-11cf-96B8-444553540000" id="gsSong3077210323" name="gsSong3077210323"&gt;&lt;param name="movie" value="http://grooveshark.com/songWidget.swf" /&gt;&lt;param name="wmode" value="window" /&gt;&lt;param name="allowScriptAccess" value="always" /&gt;&lt;param name="flashvars" value="hostname=cowbell.grooveshark.com&amp;songIDs=30772103&amp;style=metal&amp;p=0" /&gt;&lt;object type="application/x-shockwave-flash" data="http://grooveshark.com/songWidget.swf" width="250" height="40"&gt;&lt;param name="wmode" value="window" /&gt;&lt;param name="allowScriptAccess" value="always" /&gt;&lt;param name="flashvars" value="hostname=cowbell.grooveshark.com&amp;songIDs=30772103&amp;style=metal&amp;p=0" /&gt;&lt;span&gt;Anita by &lt;a href="http://grooveshark.com/artist/La+Estrella+De+David/674550" title="La Estrella de David"&gt;La Estrella de David&lt;/a&gt; on Grooveshark&lt;/span&gt;&lt;/object&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES"&gt;05) La estrella de David- Anita&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;“Espero que el día que volvamos a encontrarnos sepa reconocerte”. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;iframe width="560" height="315" src="http://www.youtube.com/embed/XSbZidsgMfw" frameborder="0" allowfullscreen&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES"&gt;04) Tyler, the creator- Yonkers&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Con el tiempo, &lt;i&gt;Yonkers,&lt;/i&gt; de Tyler, the creator va a ser uno de los videos por los que la mayoría de la gente recuerde el 2011. La propuesta, sencilla como parece –un rapero, una silla, una cucaracha- retoma algo que se había olvidado ¿Cuándo el hip hop dejó de ser peligroso? A no entender mal, siguen habiendo raperos que hablan sobre tiroteos, maculinidad al palo, gangs y otros temas clásicos (algunos incluso que hacen de esos temas una forma de vida), pero hace mucho tiempo ya que nadie los toma en serio. Yonkers vuelve abrir una senda perdida, sólo que el peligro ya no esta vertido al exterior, es el peligro de sumergirse en la cabeza de alguien completamente trastornado y perseguido por sus propios demonios&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;  &lt;br /&gt;&lt;object width="250" height="40" classid="clsid:D27CDB6E-AE6D-11cf-96B8-444553540000" id="gsSong3331486486" name="gsSong3331486486"&gt;&lt;param name="movie" value="http://grooveshark.com/songWidget.swf" /&gt;&lt;param name="wmode" value="window" /&gt;&lt;param name="allowScriptAccess" value="always" /&gt;&lt;param name="flashvars" value="hostname=cowbell.grooveshark.com&amp;songIDs=33314864&amp;style=metal&amp;p=0" /&gt;&lt;object type="application/x-shockwave-flash" data="http://grooveshark.com/songWidget.swf" width="250" height="40"&gt;&lt;param name="wmode" value="window" /&gt;&lt;param name="allowScriptAccess" value="always" /&gt;&lt;param name="flashvars" value="hostname=cowbell.grooveshark.com&amp;songIDs=33314864&amp;style=metal&amp;p=0" /&gt;&lt;span&gt;Intro by &lt;a href="http://grooveshark.com/artist/M83/17859" title="M83"&gt;M83&lt;/a&gt; on Grooveshark&lt;/span&gt;&lt;/object&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES"&gt;03) M83, feat. Zola Jesus- Intro&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Una de las colaboraciones más perfectas que haya escuchado en mi vida. La voz etérea, pero también oscura de Zola Jesus (mina espectral y extrañísima con la que tengo un crush bastante particular, he de decir) encaja perfecta como una especie de Beatrice que va a guiar por los terrenos celestiales al escucha del &lt;i&gt;Hurry up, we are dreaming.&lt;/i&gt; Coros, lluvia de sintes, platillos como estallidos del cielo, &lt;i&gt;Intro&lt;/i&gt; es el tema que habría compuesto Wagner si hubiese vivido en el siglo XXI&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;br /&gt;&lt;iframe width="560" height="315" src="http://www.youtube.com/embed/6jyug-4hCp4" frameborder="0" allowfullscreen&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;br /&gt; &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="EN-US"&gt;02) Cold Cave- The great pan is dead&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Posiblemente una de las aperturas de disco más intensas de los últimos tiempos, &lt;i&gt;The great pan is dead&lt;/i&gt; es tan hiperbólica, tan romántica y épica que es el equivalente emocional a un hombre rescatando una princesa, mientras surfea un tsunami de lava. Es un tema importante, del amor como algo heroico y maldito, como algo por lo que vale atravesar el infierno de ida y vuelta, cual Orfeo, sólo que, a diferencia de las toneladas de bandas darks con temas de imaginería similar (y sobre todo, a diferencia de la cultura emo, que siempre pareció quedarse más cómoda lamentándose en el Aqueronte), por un momento realmente se le cree a Eisold, uno realmente quiere correr en la lluvia y jurarle amor a esa persona que le atraviesa el corazón. Rescatarla, porque el mundo no se merece que no estén juntos &lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;br /&gt;&lt;iframe width="560" height="315" src="http://www.youtube.com/embed/NLEP2riNxxM" frameborder="0" allowfullscreen&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;br /&gt; &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="EN-US"&gt;01) Dirty Beaches- Lord knows best&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;No tenía idea de quienes eran los Dirty Beaches. A primera escucha, el nombre de la banda sonaba más a "Perras Sucias", por lo que me imaginaba que iba a ser algo cabeza o divertido. El tema me llegó por  &lt;a href="http://elbailemoderno.blogspot.com/"&gt;Darío&lt;/a&gt;, y fue escucharlo una sola vez para darme cuenta de que era un tema importante, que mi vida iba a encontrar en él una explicación fundamental de algo, o que el mismo tema iba a desencadenar algún cambio por el estilo. Son de esas canciones de las que uno no sale ileso, de las que hay un pequeño pedazo de uno se desprende y se convierte en un atolón, o un continente independiente, donde las leyes son otras. Es un tema que se convierte en recuerdo, sin saber a qué recuerdo específico remite. Es la canción de alguien que elije dejarlo todo, sólo conformándose con hacerle saber a ese todo lo que significó para él en un momento (en una entrevista, el hombre detrás de Dirty Beaches contaba cómo se inspiró en la historia de su padre, yéndose de su país y dejando un montón de su historia detrás). Es una confesión escrita en una postal nunca mandada, cuando ya es demasiado tarde. Con la voz de crooner invocado desde el más allá, la línea de piano afanada a &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=unzmw94Ju4o"&gt;Voilá&lt;/a&gt;, de Françoise Hardy, Lord Knows best no sólo es el mejor tema del año, sino que tiene en el “When it comes to you” que se va desvaneciendo al final, uno de los versos más impactantemente cantados que haya escuchado en mi vida.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;b&gt;&lt;span&gt;11 MEJORES DISCOS DEL 2011&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;a target='_blank' title='ImageShack - Image And Video Hosting' href='http://imageshack.us/photo/my-images/823/oneohtrixpointneverrepl.jpg/'&gt;&lt;img src='http://img823.imageshack.us/img823/5885/oneohtrixpointneverrepl.jpg' border='0'/&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES"&gt;11) Oneohtrix Point Never- Replica&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Con posiblemente mi tapa de álbum favorita del año, lo más interesante de OPN es cómo mantuvo la senda experimental y ambient de sus otros trabajos –&lt;i&gt;Returnal &lt;/i&gt;y &lt;i&gt;Rifts&lt;/i&gt;- pero, por primera vez acercándose más a un formato de canción. Los drones siguen, al igual que distintas reverberaciones que aparecen de todos lados, pero parecería estar lleno de otro aire, distinto al opresivo que solía percibirse en sus discos previos. &lt;i&gt;Sleep Dealer&lt;/i&gt; –el segundo tema del Replica-, por momento me hizo recordar &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=AW533vE_v78"&gt;al collage con que abre el film Persona&lt;/a&gt;, de Bergman. Aquel collage, en el que aparecía, entre otras cosas, una oveja siendo degollada, un esqueleto saliendo de un ataúd, las manos martilladas de Jesús en la cruz y un Buda prendiéndose fuego, parecían imágenes descolocadas, pedazos de celuloide de un mundo que estaba por ordenarse, y que siempre estaba a punto de salirse del rollo. Replica, por su parte, también parecería los primeros estados de composición de un mundo, cada tema como diferentes amebas y protozoarios mutando y reproduciéndose, esperando a evolucionar a otra cosa.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;a target="_blank" title="ImageShack - Image And Video Hosting" href="http://imageshack.us/photo/my-images/818/thewarondrugs.jpg/"&gt;&lt;img src="http://img818.imageshack.us/img818/8549/thewarondrugs.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="EN-US"&gt;10) The War on Drugs- Slave Ambient&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;La primera vez que escuché el Slave Ambient fue en un avión. Ya se lo ha dicho en muchos lugares, pero The War on Drugs parecen componer música para viajes, pero no de la imagen típica de un chevy destartalado que se abre paso por una interestatal, sino de un viaje más veloz, de esos donde es casi imposible fijar la vista sobre lo que está suceciendo afuera. Radica en esto uno de los puntos más interesantes del disco y que lo diferencia en cierto punto del otro buenísimo trabajo de Kurt Vile, que es la combinación entre lo futurístico y lo clásico, el paisaje &lt;i&gt;shoegazer&lt;/i&gt; y las melodías &lt;i&gt;springsteeneanas&lt;/i&gt;, el cantar dylanesco que parece salir del interior de una máquina. Un viaje a varias velocidades que se superponen como sus múltiples capas de guitarras.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;a target='_blank' title='ImageShack - Image And Video Hosting' href='http://imageshack.us/photo/my-images/440/bbgfront1b.jpg/'&gt;&lt;img src='http://img440.imageshack.us/img440/1880/bbgfront1b.jpg' border='0'/&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="EN-US"&gt;09) Big Baby Gandhi- Big Fucking Baby Mixtape&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Los raperos parecen ser los que más entendieron el exceso de registro de la actualidad. Más que en ningún otro género, el hip hop se ha ido convirtiendo en una caja de Pandora destapada donde los raperos exponen sus traumas, sus mezquindades o sus estupideces, siempre al borde del TMI (too much information), pero llegando a momentos de honestidad brutal e ingenio bastante raros en la música. Tenemos a Kanye West hablando de su adicción por los trajes y las alfombras de leopardo, o 50 cent photoshopeando su cara en las fotos del nuevo hijo de Jay-Z y Jennifer López. Todo esto podría ser no más que una versión yanqui del puterío veraniego de Carlos Paz, pero en el fondo de esta hoya, imprevisiblemente se encuentran grandes momentos, grandes canciones, o grandes ideas. Lo que hace grande a Big [acentuando la redundancia] Baby Gandhi es, no sólo sus buenos ganchos, las imprevisibles rimas y los excelentes samples que van de gospel y jazz (en el genial inicio Gandhi Mandhi Mandhi) hasta música de la India (algo que comparte con los pibes de Das Racist, con quienes colabora y comparte ascendencia) y r&amp;amp;b que parece afanado de alguna película porno de principio de los noventa, sino ciertas líneas y absolutos momentos de absurdo, bordeando con Spinal Tap, que matan de la risa. El momento más alto de esta bizarrés llega en &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=YmhO_mla1Xg"&gt;Other Jackets&lt;/a&gt;, prácticamente una versión super saturada y low fi de &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=CKsQEcT979Y"&gt;Devil in a new dress&lt;/a&gt;, de Kanye West (que a su vez saca el sample principal de &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=wMUmfuMpMcg"&gt;un tema de Smokey Robinson &amp;amp; The miracles&lt;/a&gt;), pero en la que la letra se reduce a Big Baby Gandhi puteando a una prostituta por unas manchas de semen que tiene en su chaqueta. Gandhi toma la misoginia del tema de West, pero la lleva a su mínimo común denominador, y como tal la vuelve en otra cosa. Lo divertido de Gandhi es que, mientras West nunca para de hablar de todo lo que tiene y lo genial o jodido que es, el pibe parece moverse en una liga b, todo en una versión más low fi, con prostitutas hechas mierda que no tienen plata para pagarse una dry cleaning, incluso en el tema Gandhi MandhiMandhi, que es una oda al hedonismo decadente a la internet. Gandhi como el primo menos glamoroso, que en sus mismos excesos, llega a momentos de perfecta lectura de su entorno, tal como ese tema de &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=yQOkmHqBTGI"&gt;Lakutis, I’m better than anybody&lt;/a&gt;.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;a target='_blank' title='ImageShack - Image And Video Hosting' href='http://imageshack.us/photo/my-images/717/m83weredreaming600b.jpg/'&gt;&lt;img src='http://img717.imageshack.us/img717/6487/m83weredreaming600b.jpg' border='0'/&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;08) M83- Hurry, we are dreaming&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Hurry, we are dreaming es en su conjugación más épica y etérea, gran parte de lo que ha sido la música en este último tiempo. Tiene los crescendos de Arcade Fire, tiene los corredores de hypnagogic pop, tiene los paisajes de Sigur Ros, tiene el craft de Stereolab, tiene los grooves de MGMT y tienen la colaboración de fucking Zola Jesus, en lo que posiblemente sea una de las mejores apariciones de un artista invitado en muchísimo tiempo. Un disco doble con una serie de picos emocionales gloriosos, como la perfecta felicidad infantil de &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=qX44kurxR1I"&gt;Raconte- Moi una Historie&lt;/a&gt;, o los éxtasis cuasi religiosos de la ya mencionada &lt;a href="http://grooveshark.com/#!/s/Intro/4firMn?src=5"&gt;Intro&lt;/a&gt;, o Where the boats go. Como abrir el closet de Las crónicas de Narnia&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;a target='_blank' title='ImageShack - Image And Video Hosting' href='http://imageshack.us/photo/my-images/28/tylerthecreatorgoblinfr.jpg/'&gt;&lt;img src='http://img28.imageshack.us/img28/1310/tylerthecreatorgoblinfr.jpg' border='0'/&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES"&gt;07) Tyler, the creator- Goblin&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;En los últimos años, la psicopatía sexual ha sido uno de los máximos estandartes del hip-hop, pero haciendo más hincapié en la misma locura del autor que en el contenido sexual &lt;i&gt;per sé&lt;/i&gt; (es decir, algo que hace las cosas un poco más interesantes que la mera descripción de cómo uno le vierte champaña Cristal al culo de una bailarina). Esta senda ha sido retroalimentada por medios masivos como twitter, en donde los músicos han hecho de su persona un nuevo lienzo donde quedan algunas zonas grises en lo que respecta a dónde empieza y termina el personaje (en particular, el twitter de Kanye West, que llega a niveles de delirio cercanos a los de un personaje de Capusotto). Sin embargo, Tyler, the creator (proveniente del colectivo &lt;a href="http://www.oddfuture.com/webroot/index.php/"&gt;OFWGKTA&lt;/a&gt;, que hizo sus armas justamente en dichos medios) le da un giro diferente a esta autocomplacencia y hace un disco completamente viciado de traumas, obsesiones y pesadillas, un álbum confuso, misantrópico, estructurado como una sesión entre Tyler y su analista (siguiendo en este sentido un poco la línea de Bastard, su disco anterior), pero que por momentos parece tan cruda como la de alguien debatiéndose frente a su propio inconsciente. Tyler encarna esa pesadilla, le da forma a aquello que toda la media festejaba, pero que en su misma corporeidad ya deja de ser gracioso, para volverse otra cosa.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;img src="http://img707.imageshack.us/img707/557/coldcavecherishthelight.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="EN-US"&gt;06) Cold Cave- Cherish the light years&lt;/span&gt;&lt;/b&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Apartándose un poco del synth pop más denso del disco anterior, Cold Cave, una banda formada por el manco Wes Eisold y Dominick Fernow –músicos con un pasado bastante diferente a su sonido actual, desde el &lt;i&gt;noise&lt;/i&gt; más furioso al &lt;i&gt;hardcore&lt;/i&gt; rapeado-, se abraza a la &lt;i&gt;new wave &lt;/i&gt;de los ochenta, siendo &lt;i&gt;Cherish the light years&lt;/i&gt; un disco mucho más alegre en su sonido, pero que contrasta con la veta más gótica de sus letras (que en este álbum está particularmente realzada). Algunos preferirán la oscuridad y lo más abrasivo del primer álbum, pero la colección de temas con letras verdaderas y jodidas como gancho a la mandíbula (“This was easy when we were young and free and now we are anything but Esther of these”, en Pacing around the church)  lo hacen uno de los mejores del año&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;a target="_blank" title="ImageShack - Image And Video Hosting" href="http://imageshack.us/photo/my-images/11/89vincentstrangemercyan.jpg/"&gt;&lt;img src="http://img11.imageshack.us/img11/6120/89vincentstrangemercyan.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="EN-US"&gt;05) St. Vincent- Strange mercy&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="EN-US"&gt;Siempre me gustó Annie Clark. &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Es de esas minas con las que me gustaría ser su vecino, hacerme el amigo, juntarnos en las siestas para formar una banda que nunca llegaría a presentarse en vivo y enamorarme de ella en silencio. Era algo que pensé ya desde la primera vez que vi el videoclip de &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=AZW9NYX6JZA&amp;amp;ob=av2e"&gt;Actor out of work&lt;/a&gt; y que se terminó de confirmar como una certeza cuando &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=Uqww-dIya2Q"&gt;la vi cantar con total furia Bad Penny&lt;/a&gt;, posiblemente uno de los temas más furiosos y mala leche que se hayan compuesto. Nunca había pensado en la ecuación de un verso “I think I fucked your girlfriend once, maybe twice, I don’t remember” cambiar la variable masculina por la de una mujer, y el efecto es interesantísimo –ahora escuchándolo en su voz, me doy cuenta de que ese verso es de una malignidad que funciona de forma más orgánica en lo femenino, mientras que en el caso masculino es más escandalosa, más violenta, pero más evidente. &lt;/span&gt;Pero esto en el fondo es completamente lógico, ya que Annie Clark es una de las artistas que más interesantes vueltas de tuerca le han encontrado a la violencia. En ese claroscuro entre horror y cuteness, de la condición reptil de un rostro sereno cantando en tono de canciones de cuna versos como  &lt;i&gt;You're all legs/I'm all nerves/ Black like her/Horse and whip &lt;/i&gt;  (este nivel estático hace a su persona y se renueva en videoclips como Actor y Cruel, a la vez que un montón de fotografías), se para Clark, y encuentra el punto más perfecto y cinematográfico de lo que va su carrera. Pero Strange Mercy no es sólo Clark, sino uno de los discos más interesante en cuanto a orquestación de los últimos años. Con tempos inestables, solos de guitarras que parecerían el gruñido de un león marino encallado (el solo de Cruel debe ser uno de los solos de guitarras más extraños y menos épicos de los últimos años) y un hiperactivo jugueteo entre guitarra devenida en melotron y bajo en Surgeon, &lt;i&gt;Strange Mercy&lt;/i&gt; es, junto a &lt;i&gt;Eyes&lt;/i&gt; de Gang Gang Dance y el &lt;i&gt;Hurry We are dreaming&lt;/i&gt;, de M83 el mejor ensamblaje de banda del último año.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;a target='_blank' title='ImageShack - Image And Video Hosting' href='http://imageshack.us/photo/my-images/844/lucasmeyer2.jpg/'&gt;&lt;img src='http://img844.imageshack.us/img844/862/lucasmeyer2.jpg' border='0'/&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES"&gt;04) Lucas Meyer- Música para nadie&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Uno de los músicos que defendí a capa y espada durante este año. Ya escribí sobre su disco en &lt;a href="http://elpijamadehepburn.blogspot.com/2011/12/lucas-meyer-musica-para-nadie.html"&gt;este post.&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;a target='_blank' title='ImageShack - Image And Video Hosting' href='http://imageshack.us/photo/my-images/3/destroyerkaputt.jpg/'&gt;&lt;img src='http://img3.imageshack.us/img3/8303/destroyerkaputt.jpg' border='0'/&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES"&gt;03) Destroyer- Kaputt&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;“Wasting your days/ chasing some girls alright/ chasing cocaine to the backrooms of the world all night”; Dan Bejar es posiblemente uno de los cantautores más significativos de la última década y Kaputt parece, en cierto modo, una instantánea de este éxito, un sinceramiento del músico en uno de los momentos de mayor reconocimiento a nivel mundial. Esta idea del éxito se entremezcla con un sonido noventoso, de r&amp;amp;b con saxofones y coros a lo Lisa Steinfeld (me hace acordar a ese set horrible con temas de Seal que ponían en el M21 a las seis de la mañana), que uno podría asociar con ese universo del &lt;i&gt;leisure&lt;/i&gt; &lt;i&gt;yuppie&lt;/i&gt; que primaba a comienzos de dicha década y fines de la anterior. Sin embargo, Bejar toma todos estos detalles que podrían ser, o simple &lt;i&gt;mockery&lt;/i&gt;, o auténticamente inescuchables, y le da otra vuelta de tuerca, abandonando su estilo letrístico más insigne y optando por composiciones más circulares, un sonido disco más electrónico del que prácticamente hace una tesis en la canción &lt;i&gt;&lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=udsJP_QANGY"&gt;Bay of pigs&lt;/a&gt;&lt;/i&gt; (que ya había salido en un previo EP del mismo nombre), pero que tiñe varios temas imponentes como &lt;i&gt;Kaputt&lt;/i&gt; y &lt;i&gt;Chinatown&lt;/i&gt;. Un disco al que no le tenía tanta esperanza cuando lo escuché (por inicios de enero del año pasado) y me fue ganando de a poco, canción por canción, hasta que por fines de noviembre se terminó convirtiendo en una de las bandas sonoras de mi vida. Bejar lo hizo de nuevo, y probablemente lo siga haciendo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;a target='_blank' title='ImageShack - Image And Video Hosting' href='http://imageshack.us/photo/my-images/861/dirtybeachesbadlandsb.jpg/'&gt;&lt;img src='http://img861.imageshack.us/img861/7940/dirtybeachesbadlandsb.jpg' border='0'/&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES"&gt;02) Dirty Beaches- Badlands&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Alex Zhang Hungtai nació en Taiwán, hijo de un padre que alternaba su vocación de cantante en una banda &lt;i&gt;doo-wop&lt;/i&gt; con una &lt;i&gt;gang&lt;/i&gt; de motoqueros que se mantuvo activa hasta que la mayoría fueron alistados al ejército, poco antes de &lt;st1:personname productid="la Revoluci￳n Cultural" st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Revoluci￳n" st="on"&gt;la Revolución&lt;/st1:personname&gt;  Cultural&lt;/st1:personname&gt; China. Con semejante ascendencia, no sorprende que la música de Alex suene como rescatada de un montón de vinilos enterrados debajo de los tablones de un antiguo galpón, una colección de temas que combinan las melodías de Roy Orbison con un pulso subyacente similar al de los &lt;i&gt;soundtracks &lt;/i&gt;de David Lynch, pero como si fuesen cantados por un Alan Vega menos anfetamínico y más romántico. Con samples de bandas como las Ronettes en “True Blue”, o Françoise Hardy en “Lord Knows best”, Alex no sólo rescata un sonido del pasado (algo que, en definitiva, ha marcado las obsesiones retro de la música actual, como el caso de Ariel Pink, Youth Lagoon, o Wavves, sólo por citar algunos), sino un sentir, una nostalgia no tan dulce como honda, que parece congelada en las miradas de fotografiados en tono sepia. Luego de tanto entrecomillado tarantinesco, es difícil creerle a alguien un verso como “No matter how far the distances/ I just want you to know/ That my heart will always be true/ true blue/ for you”, pero en la voz de Alex, todo parece tan cierto como doloroso. Badlands es el disco más emocionalmente relevante de lo que fue&lt;/span&gt; mi 2011.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;a target="_blank" title="ImageShack - Image And Video Hosting" href="http://imageshack.us/photo/my-images/820/trespecados.jpg/"&gt;&lt;img src="http://img820.imageshack.us/img820/9256/trespecados.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES"&gt;01) 3Pecados- Diciembra&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Hace un par de meses, me despierto y medio entredormido veo a mi novia arreglando una ropa del bolso y cantando para sí misma “hoy estoy más dormido que drogado, amiga buen fin de año”. Ella nunca fue del palo de grupos del estilo, y escuchar como salía de ella, como quien masculla un tema mientras baja del ascensor, esa canción de Pau me hizo pensar de que estaba frente a algo importante. &lt;/span&gt;Para el 2011, con casi nulos lugares para toques –al menos aptos para los mismos, y no librerías y livings de casas adaptados para dos guitarras electroacústicas conectadas a un cubo- y prácticamente nulo sistema de difusión, uno ya empezaba a temer una reversión del oscurantismo de los noventa. Dentro de tanta chatura, tanto bajón en cámara lenta, tantos discos "grandes" hechos con manual de instrucciones for dummies (como el de &lt;a href="http://campomusic.net/#d9f/custom_plain"&gt;Campo&lt;/a&gt;) encontrarse, así como así, con un disco como Diciembra es un auténtico milagro. No es que no fuera esperable, no sólo Pau O’Bianchi debe ser el músico más importante que ha dado la escena uruguaya en los últimos diez años –y esto lo vengo defendiendo desde el 2008, donde puse Liu y las dificultades de aprendizaje como mejor disco del año-, sino porque es, más allá del salto cualitativo, un disco lógico, comprensible, dentro del proceso de búsqueda y sucesivas transformaciones del autor. Lo que ha hecho más interesante a Pau en toda su discografía es cómo no sólo cambia el estilo, o ciertos timbres y recursos disco a disco, sino cómo también hay un encare casi completamente diferente en cuanto a producción en cada uno de los mismos. El mismo músico que grababa sus álbumes con un cubo Artech como única salida de su estudio de grabación hogareño, el mismo músico que se alió con Ezequiel Rivero para dar un tono mucho más pop a su música en Liu, el mismo que se grabó un disco encerrado en un baño con un radiograbador en Dios salve a la muerte, ahora une fuerzas con Juan Branaa y saca un álbum con un sonido pulidísimo, de esos que a más de un purista modelo &lt;st1:metricconverter productid="77’" st="on"&gt;77’&lt;/st1:metricconverter&gt; podría rasgarse la ropa diciendo que se vendió. Nadie hubiese pensado en un disco en el que se incluyera un saxofón y sonara tan bien, tan relajado, tan lógico en &lt;i&gt;Los novios&lt;/i&gt; –un tema que, por momentos, parece salido del Kaputt, de Destroyer. A esto se le agrega una colección de temas perfecta, sin una sola mancha, desde Diciembra, hasta la simpáticamente violenta Colección social, pasando por la épica en miniatura de Funeral de la planta, o la dolorosísima Inútil es en español. Podría quedarme hablando del disco, pero en cierto punto sería repetir sobre lo que un montón de medios han ido agregando. Lo único que vale la pena repetir es que este es un disco importante. Ya no hay que imaginar mundos posibles en los que este tipo de música sería realmente apreciada. Está sucediendo, gente. En este preciso momento. Ya. &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21178141-168090681377030887?l=degollandocisnes.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://degollandocisnes.blogspot.com/feeds/168090681377030887/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21178141&amp;postID=168090681377030887' title='6 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21178141/posts/default/168090681377030887'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21178141/posts/default/168090681377030887'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://degollandocisnes.blogspot.com/2012/01/11-mejores-temasdiscos-del-2011-primero.html' title=''/><author><name>Agustin Acevedo Kanopa</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12314255833701676811</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://photos1.blogger.com/hello/67/10024/640/1143379742_f.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://img.youtube.com/vi/fn_Yhks0zpM/default.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21178141.post-3608421149331491494</id><published>2011-07-05T19:03:00.005-03:00</published><updated>2011-07-07T01:32:12.454-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='al fondo a la derecha'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='arqueologia'/><title type='text'></title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight:normal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Réquiem para BJ/ Sumergiéndome en &lt;st1:personname productid="La Atlántida" st="on"&gt;La  Atlántida&lt;/st1:personname&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Me canto a mí mismo &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=fqHIW5HJXQU"&gt;“My favourite bulidings, are all coming down”&lt;/a&gt;, verso de mi tema favorito del &lt;i&gt;I often dream of trains&lt;/i&gt; de Robyn Hitchcock, mientras veo el espacio vacío y arrasado de lo que una vez fue Patio Biarritz. La sensación no es de tristeza, sino más bien de extrañeza, como si fuese la escena de una película que no me resultara del todo convincente. Pienso en el feo edificio, de balcones de acrílico azul, que posiblemente crezca en esa cuadra que da a 21 de setiembre, uno de los bordes de lo que suelo llamar “El valle de Pocitos”, una manzana caracterizada por la escasa altitud de sus casas, muchas de ellas conformadas por&lt;i&gt; &lt;/i&gt;las protegidas Bello Reboratti, madrigueras tan hermosos como oscuras que sólo pudieron haber salido de la cabeza de ingenieros, y no de arquitectos. Al valle de Pocitos lo conozco bien porque es la principal vista que tengo desde el séptimo piso en donde vivo. Desde que era chico me fascinaba –y sigue fascinando, debe ser una de las primeras cosas que le muestro a una persona desconocida cuando recién llega a mi casa- una cabaña en forma de v invertida que queda en el centro de la manzana, como si fuera el colmillo/corazón de ese rincón verde curiosamente estático, que prácticamente no ha cambiado desde que tengo noción de ser.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-m9luAQSxeNQ/ThObFZKxk5I/AAAAAAAAA2U/utxXpG-8qmU/s1600/LGIM0257b.jpg" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 500px; height: 375px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-m9luAQSxeNQ/ThObFZKxk5I/AAAAAAAAA2U/utxXpG-8qmU/s400/LGIM0257b.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5626010876473611154" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Esta noción del cambio, de la promesa de eternidad de golpe destruida con la fuerza de una pala mecánica, es posiblemente lo que me deje duro, sin poder hacer otra cosa que contemplar aquello, incluso a riesgo de que me pase el 116 sin llegar a pararlo o percibirlo. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Aún cuando había cerrado, nunca creí seriamente –esto lo sé ahora, cuando lo único que queda de lo que fue, estampado en las medianeras de los otros edificios, es la pintura verdosa de lo que habría sido un salón de expresión plástica del jardín de infantes, o los azulejos de un pequeño baño o cocina- que El patio se borrara de un día para otro, así como así, aún cuando la decrepitud del lugar atravesó un sinnúmero de fases que pude apreciar como desde una butaca en primera fila, como si fuera una tragedia vista en tres actos. Primero fue el cartel de cerrado. Por aquel entonces yo andaba deslumbrado con algunas librerías y libreros del Centro y todo aquello me trajo sin demasiado cuidado, incluso pensando que era cuestión de tiempo para que aquel lugar fuese refundado por otro grupo de gente. Sin embargo, los meses pasaron y lo único que cambiaba era el pasto que parecía comerse todo el frente. Como si fuera otra hiedra crecida entre las grietas de la arquitectura abandonada, al poco tiempo aparecieron dos vagabundos, que colocaron un colchón debajo de uno de los arcos que formaba el portón principal. Recuerdo el rostro de las viejas mirando con oprobio o auténtico miedo a los nuevos dueños de aquel trozo de arquitectura, mientras esperaban un 116 que las llevara a un cafetín de &lt;st1:personname productid="la Ciudad Vieja" st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Ciudad" st="on"&gt;la Ciudad&lt;/st1:personname&gt; Vieja&lt;/st1:personname&gt;, o un 582 que las dejara en la puerta del Blanes. El mismo día que, de golpe, desapareció la hiedra, también desaparecieron los pichis, como si hubieran sido extraídos de raíz por la intendencia o una compañía constructora. Lo único que parecía mantenerse en pie en el frente era un cartel que indicaba varios de los directores que ostentaba el pequeño videoclub regentado por Miguel, un viejo dicharachero que conocía a mi familia por haber acompañado a un familiar que convalecía en la misma habitación que una tía mía, internada allí tras un intento fallido de suicidio. “Stanley Kubrick, Charles Chaplin, Akira Kurosawa, Dogma &lt;st1:metricconverter productid="95’" st="on"&gt;95’&lt;/st1:metricconverter&gt;”. Hasta ahora me acuerdo de la palabra Dogma &lt;st1:metricconverter productid="95’" st="on"&gt;95’&lt;/st1:metricconverter&gt; y me pongo a pensar si realmente fue la gran cosa en su momento, o si fue una promesa gigantesca, inflada y vacía como un mismo zeppelin. Cuando pienso en Dogma &lt;st1:metricconverter productid="95’" st="on"&gt;95’&lt;/st1:metricconverter&gt; no pienso en Vintenberg o en Lars von Trier, sino en mí mismo, con dieciséis años, refiriéndome a cualquier escena filmada con cámara en mano como “Dogma &lt;st1:metricconverter productid="95’" st="on"&gt;95’&lt;/st1:metricconverter&gt;”, no como un recurso de determinado movimiento cinematográfico, sino como la definición de un recurso en sí, como una palabra del lenguaje técnico, como quien hablara de un plano contrapicado. Ese cartel se mantuvo en pie el tiempo que permanece estaqueado en sus dos piernas un boxeador que se niega o que se olvida de caer, aún cuando todo su torso está muerto y no le queda otra al juez que terminar la pelea (los brazos y las manos con guantecitos blancos agitándose en cruz, la gente que entra nerviosa al ring, el otro boxeador festejando a caballito sobre los hombros de su entrenador). El viento de la rambla no sólo fue doblando el poste, sino que la salitre del mar fue comiéndose a algunos directores, como Cassavettes, que en la placa se había reducido a las primeras cuatro letras de su apellido. En todo caso, es recién trayendo estas citas cinematográficas que me percato de que mi cinefilia empezó ahí, en el videoclub de Miguel, por más que ya de chico me interesase por varias películas que aún hoy en día considero clásicos –la primer película que vi (esto según mis padres) fue &lt;st1:personname productid="la Silly Symphony" st="on"&gt;la Silly Symphony&lt;/st1:personname&gt; de &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=VTuIb7BIFqk"&gt;Flowers and trees&lt;/a&gt;, que yo llamaba más sencillamente “El árbol malo” y sigo considerándola uno de los mejores cortos de animación que se hayan hecho-, por más que mis visitas a aquel lugar fueran relativamente cortas, justo antes de hacerme socio de Cinemateca y comenzar a bucear por aquel espacio más variado y sobre todo, menos caótico que el de Miguel. Como dije, películas había visto ya montones, pero fue en esas visitas al Patio Biarritz que incorporé aquel “más que un simple deseo” de ver cine, casi como si en aquella actividad emergiera una alternativa identitaria, llámesele un proyecto de ser, en el que me di cuenta que quería dedicarme, de una manera u otra, a aquello de ver películas. Frente a esto no es muy sorpresiva la lista de las primeras cuatro que alquilé en el videoclub: &lt;i&gt;El huevo de la serpiente&lt;/i&gt; (Ingmar Bergman), &lt;i&gt;Ladrones de bicicletas&lt;/i&gt; (Vittorio de Sica), &lt;i&gt;La gran ilusión&lt;/i&gt; (Jean Renoir), &lt;i&gt;Pink Floyd, The Wall&lt;/i&gt; (Alan Parker). La de Bergman la alquilé más bien por una escena recordada y repetida por mi padre un montón de veces, las dos del medio por haberlas visto en varias listas como unas de las mejores películas de la historia y The Wall básicamente porque me gustaba Pink Floyd, porque era arty y &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;profunda&lt;/i&gt; –lo que yo entendía por arty y profundo en aquel entonces- y porque un primo mío me había hablado de una escena en donde el protagonista destruía toda una habitación. Recuerdo haber visto tres de las cuatro en nochebuena, sin lograr ver &lt;i&gt;La gran ilusión&lt;/i&gt; por un capricho del tracking de mi vhs.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Luego de que arrancaron el poste, siguió un período de varios meses de silencio en el que se tapió la arcada del portón con bloques de cemento. Un tiempo después, vi luces que provenían de adentro, terminando por divisar dos hombres con pinta de obreros. A medida que esperaba mis ómnibus en aquella parada, fui descubriendo que en las entrañas de El patio Biarritz no se estaba llevando a cabo ninguna reforma, que aquellos dos no eran obreros, sino caseros, los últimos cuidadores de esa nada vuelta a escombros. Las puertas de los balconcitos del primer piso, en donde solían darse conferencias o realizarse talleres literarios, estaban arrancadas. A veces el viento y la lluvia parecía colarse dentro de aquellos salones, en la medida que una lámpara improvisada y milagrosamente encendida se mecía alocadamente, generando extrañas sombras, como si allí hubiera una fiesta sin música, completamente exclusiva. A los dos tipos los vi dedicarse a morar esa casa con una disciplina y dignidad incuestionable. Estuvieron gran parte del invierno y de la primavera del año pasado manteniendo guardia. Parecía como si los hubieran encerrado desde afuera, teniendo que quedarse en aquel sitio como los sobrevivientes de un submarino sumergido. A veces se los veía mirando a la calle desde las ventanas. Luego, empezaron a jugar ping pong en una mesa improvisada, mucho más chica que las medidas olímpicas. Jugaban partidos interminables, casi todo el día, hasta que comenzó a caer un tercer tipo, más gordo (con esas barbas deformes, más cercana a las pelusas, que tienen algunos asiáticos), con el que se sumergían en intensos triangulares. Llegaban a jugar hasta de noche, donde se veía sus siluetas en la penumbra, moviéndose alocadamente de izquierda a derecha, como si fuera el reflejo de una llama movida por el viento. Esos tres caseros, pensaba, debían haber empezado a oír, más que ver la pelota.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Como ese silencio o ligero bienestar que se anticipa a la muerte, los tipos desaparecieron de un día al otro. No mucho tiempo después, llegué un día a la parada y El patio Biarritz parecía haberse ido, como si se levantara en sus mismos cimientos y se fuera caminando hacia otro lugar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Escribo sobre el patio Biarritz, no porque haya sido importante, no por su valor arquitectónico o urbano, ni siquiera porque me gustara (de hecho, no tardé mucho tiempo en dejar de tenerlo en cuenta a la hora de comprar libros, con estantes que parecían cada vez más propensos a mostrar porquerías new age, o libros de parapsicología de segunda mano). Las librerías, más que muchos otros emprendimientos, generalmente mueren por justas razones, y el Patio quizás no haya sido una excepción. Con el tiempo, el mismo edificio se había ido afeando por la exageración de actividades o funciones que cumplía, convirtiéndose en un pastiche de librería de textos escolares, cybercafe, café literario, videoclub, sala de exposiciones, jardín de infantes y centro de operaciones de jugadores de rol y cartas Magic. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Sólo le faltaba la cancha de paddle.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;No, no escribo por eso. Creo que escribo porque cuando vi el predio vaciado, con esa artificialidad de la demarcación de los diferentes cuartos y salones tatuados en las paredes de los edificios contiguos, vi un proyecto de mí mismo diseccionado y colocado en una mesa de mármol. Esos cuartos vacíos, esas marcas, son las estrías de una piel que cambió de densidad y tamaño. Es el tatuaje absurdo que uno se hace con tinta china en la mano, sólo para recordar más tarde, verdoso, lo que uno fue.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Andaba por facebook y de repente me doy con el muro de &lt;a href="http://elbailemoderno.blogspot.com/"&gt;Ezequiel&lt;/a&gt;, que dice la tristeza que es ver cómo tiraron abajo a BJ. Leo aquello y concluyo que la decisión de tirarlo posiblemente haya sido la más acertada. Con el tiempo, aquel lugar cerrado había atraído -como una oscuridad que funcionara de forma inversa a la de las fuertes luces que drogan a las polillas- a un montón de chorros que se beneficiaban por la nueva desertificación de la cuadra (sin ir muy lejos, el mismo Ezequiel había sido víctima de un ataque cagón y completamente desmesurado de cinco de ellos, que podrían haberle arrancado algo más que el celular, la noche en que decidieron molerlo a palos). Sea lo que se levante ahí, boliche, almacén o casa de putas, va a funcionar al menos como un faro intermedio que nos de algo de referencia y refugio para quienes solemos caminar solos por la niebla de Soriano, bajando a la esquina de la muerte.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;La famosa esquina de la muerte, ese embudo nocturno configurado por los puntos cardinales de Bluzz, Santa Catalina y La ronda (otros sugerirían agregar a Café La diaria; otros pensarían -pero preferirían mantenerse en silencio su idea- anexar la oscura estrella de El Gallo Rojo a aquella constelación de bares) ha sido escenario tan común de mis noches que se terminó forjando en mí la misma noción de atemporalidad. Sin embargo, mucho ha cambiado en la zona, sobre todo aquel edificio enorme y abandonado que daba a la puerta de Bluzz, ahora derribado por completo, dejando crecer a su alrededor un montón de helechos que en su fina y prolija verticalidad, parece un pequeño bosque en miniatura que pretende tomar aquel solar. Aquel edificio nunca lo conocí más que por su función mineral, de escombro respirante, pero me gustaba mirarlo mientras conversaba con alguna persona circunstancial del bar, me gustaba detenerme en aquellos grafittis, como si mi mirada descansara al posarse sobre ellos, como le sucede a mis ojos cuando se detienen en una duna, o en una fuente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Pero BJ murió, aunque todos sabíamos que estaba muerto, mucho antes de que lo tiraran abajo, incluso mucho antes de que cerrara. Entre los enfermeros de los hospitales se suele decir que cuando los pies de los pacientes agonizantes comienzan a quedarse perpendiculares a la superficie cama, queda poco tiempo para que la muerte llegue a esa sala. Si hay algo que tienen en común los darks con los cuervos, más allá del color similar entre la indumentaria de los primeros y el plumaje de las últimos, es su capacidad augúrica de la muerte de los establecimientos que asisten. No sé si es karma, si es que consumen poco, si es que hacen huir al otro público, o si es que en aquella fascinación propia por la muerte son los que, en definiva, se acercan cuando ya todo ha acabado, pero comenzá a ver cómo tu boliche se llena de darks y posiblemente no le quede mucho tiempo de vida. En los últimos tiempos de BJ recuerdo volverme borracho de La ronda y cruzarme con un montón de metaleros y goths haciendo puerta en toques maratónicos de cinco bandas que ni todas juntas podían llenar el local. El entusiasmo de los pibes era innegable y mucho más sincero que un montón de cosas que sucedía –y sucede- alrededor, pero esta necesidad de llenar la grilla tenía algo de esa desesperación de acumular actividades en el Patio Biarritz, que terminó precipitándolo la ruina (no digo que sea causa, quizás sea más bien haya sido señal de ese mismo proceso de menoscabo). Nunca supe cual fue el último toque que hubo en BJ, pero posiblemente haya sido una banda mala de power metal cantando sobre dragones cogiéndose a ninfas del bosque, y no ese toque de Buenos Muchachos en el 2006, que por un tiempo me hizo sentir que el piso hueco de madera se estaba arqueando (o quizás eran las paredes de mi cráneo, presenciando lo que fue la experiencia musical más honda que haya sucedido en mi vida); o aquella primera vez que vi a Santa Cruz, con la angustia de estar junto a una persona que podía volverse importantísima en cuestión de horas o minutos; o la primera vez que oí un solo de Pablo Traverzo, durante aquellos miércoles de duelos de guitarra que iba con Pedro Restuccia, para volverme caminando, casi en una línea recta hasta mi casa, atravesando Canelones, Bulevar y 21, para acostarme escuchando el cassette de aquellos mismos duelos que me encargaba de registrar con una grabadora espía.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Aún así, si me presionan, lo que más me acordaría de BJ no es el bar, ni las bandas que allí tocaron, sino la idea de lo que era o creía que era o representaba BJ, algo que estaba indistinguiblemente anudado a una concepción o delirio que tenía sobre lo que era o debía ser el rock nacional. Todo lo que se pueda decir sobre el valor que tenía BJ posiblemente sea tan falso o ficticio como la cantidad de gente que dice haber sido un habitué de Juntacadáveres (que si nos ponemos estrictos, a juzgar por toda la gente que dice haber ido, el boliche tendría que haber tenido la capacidad del Estadio Centenario). Si hay algo en lo que no quiero convertirme es en esa gente que no puede dejar de remitirse a algo que fue, o lo que es peor, a algo que nunca fue. Lo que sí me queda de BJ es quizás la imagen que yo supe tener de él en determinado momento de mi vida, cuando me había autoproclamado manager de una banda de amigos íntimos, en los que me sentía importante por hablar con Alejandro y organizar la agenda, conseguir contactos, intentar moverse en radios comunales impresentables, o pegar afiches con cinta scotch en facultades. Para nosotros tocar en BJ un viernes (no los jueves, que eran los días que solían dar a las bandas primerizas) era todo un logro, casi, por así decirlo, un techo. Creo que fue luego de aquel viernes en BJ, donde vimos desde el escenario un montón de gente, pero que no era otra que todos nuestros amigos unidos (la mayoría congregados por cariño, o al menos solidaridad), que perdimos cierta inocencia. Creo que yo perdí a BJ, como quien se olvida de un paraguas en un taxi, aquella noche, mientras juntaba los equipos y ayudaba a cargar el bombo de la batería de Pedro. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;No mucho tiempo después sólo hubieron cuatro toques de la banda (uno en Pacha Mama, posiblemente el mejor que hayan hecho), uno en El Faro (que siguió ese formato de cumpleaños de amigos), otro en La commedia y uno en &lt;st1:personname productid="la ACJ" st="on"&gt;la ACJ&lt;/st1:personname&gt; (con un bizarro panel de jueces que daban al evento un formato del estilo de Operación Triunfo). Luego de eso, me embolé de buscar toques y el ánimo de Pedro no fue suficiente para mantener la rueda girando.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;De lo más inmediato al cierre de BJ sólo quedó un operativo frustrado mío de saquear parte del botín y quedarme con &lt;st1:personname productid="la B" st="on"&gt;la B&lt;/st1:personname&gt; gigante que estaba encastrada en el frente. Las letras pronto fueron removidas, posiblemente arrojadas al mar, perdidas en el fondo de la casa de algún latero que las extrajo como quien intenta buscar oro en los dientes de un muerto, o como reliquia en la casa de algún romántico más audaz que yo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Ahora, cuando señalo el plan, vuelvo a pensar en Crosstea, en las primeras reuniones en lo de Antoine (un garage enrejado, convertido en sala de ensayo, que daba a la calle Libertad, generando en las bandas una extraña sensación de ser animales de zoológico) y aquel cumpleaños en que aparecieron tres amigos, cargando, como los orgullosos soldados norteamericanos de Iwo Jima, una placa gigante, con forma de guitarra eléctrica, que estaba atornillada a la puerta del local. Recuerdo la emoción de ver aquel estandarte que significaba mucho más que un ajuste de cuentas con el amargo dueño de la sala de ensayo, y que desde aquel momento siempre se ha mantenido de una forma u otra ligado a lo que yo pensaba que era la adolescencia. Hoy en día no tengo idea qué será de aquella guitarra. No me sorprendería que siga en el garage de aquel conocido, momificada por el óxido desde aquel mismo cumpleaños en que la trajeron como trofeo de guerra.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Ayer pasé por aquel solar vacío y vi en el segundo piso, en una de las paredes que formaban parte de ese altillo en el que las bandas dejaban sus equipos, o donde se drogaban o cogían con las minas que nosotros creíamos, o ellos mismos creían que se cogían, algo que me dejó congelado. En aquella pared, como el empapelado de osos o trencitos que delatan el antiguo cuarto de un niño, aparecían diseminados, como tatuajes en el cuerpo de un marinero encontrado en altamar, los logos y graffitis de muchas bandas que tocaron allá. Con mi miopía campante, creo reconocer tres o cuatro logos. Todos pertenecen a bandas que no me interesan y que posiblemente ni me hayan interesado en aquel tiempo. Recuerdo a un amigo escribiendo el nombre de su banda con la llama de un encendedor. Luego recuerdo que fue en el techo y pienso cómo aquel nombre posiblemente esté regado de a pedazos en el material de construcción de una volqueta cercana.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Agarro un trozo de ladrillo que podría haber pertenecido, o no, a BJ. He estado mirando el palimpsesto escrito en aquella pared y todo aquello toma la forma de un jeroglífico, un muro que podría ser una piedra de Rosetta para lo que va a, o no va a ser el rock uruguayo de acá a unos años. Después, pienso qué bandas de ahora podrían escribir su nombre en una pared, pero antes de que pueda dar un nombre, me pregunto en qué pared se podría escribir aquello y me quedo completamente en blanco. "En el fondo, no importa", me digo, y es ahí cuando descubro a un obrero mirándome con cara de guardia de seguridad. Me subo el cuello de la campera y arrojo el escombro contra un plátano desnudo, perdiéndome por Andes hacia la rambla.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-_jilEXdJjlM/ThObF_kc17I/AAAAAAAAA2c/GACXUoz4u1o/s1600/LGIM0264b.jpg" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 500px; height: 375px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-_jilEXdJjlM/ThObF_kc17I/AAAAAAAAA2c/GACXUoz4u1o/s400/LGIM0264b.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5626010886781851570" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;¿Qué es un escombro? ¿Qué es un baldío? Pensé esto a mis dieciséis años, al pasar en bicicleta por el frente de una casa cerca del Hotel del prado, que de tan venida a menos le habían crecido dos pinos en su azotea. Hay cosas muertas que están llenas de vida, y hay cosas que mueren ni bien se les encuentra un orden o función determinada.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Cuando era chico, mi madre me contaba sobre la pinocha de la casa de mis abuelos de Atlántida. Según ella y las fotos de algunos viejos álbumes, la pinocha  abarcaba todo el fondo, ocultando, como si fuera una manta, un montón de ramas con forma de cucarachas gigantes. Cuando era chico, el pasto se extendía hacia la mitad del fondo, teniendo que ponerte las chancletas cuando querías colgar la ropa en la cuerda. Con el tiempo fui presenciando cómo el verde se iba abriendo paso, hasta cubrirlo todo. Al final, el único lugar donde existía pinocha era un terreno baldío de seis solares pegado al nuestro, que desde que tenía memoria nunca había sido reclamado y que constituía, para nuestros escasos años, un auténtico bosque. Ahí uno se encontraba con troncos muertos, siempre enfrentándose ante la tentación de arrancarle la corteza y ver la inmensa cantidad de bichos de humedad, hormigas, larvas, termitas y cucarachas que se agitaban en sus entrañas. Una urbe construida sobre un cadáver. Tanta expresión de vida daba asco.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Escribo esto y más o menos sé adónde la construcción de conceptos de mis asociaciones quieren llegar, y vuelvo sobre aquellos edificios tapiados, que de tan cerrados sobre su mismo menoscabo, habían comenzado a tener vida propia. Pienso en cómo, en su condición de muertos vivos, pueden tener más vitalidad que la Diamantis Plaza. Sin embargo, pienso un poco más y el presente vuelve a perder consistencia y aquel baldío me reclama y se apodera de todas mis asociaciones.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Durante casi toda mi infancia, mis primos y yo pasamos más tiempo en el baldío que en el fondo. Al principio fue “la casita”, que de “casita” no tenía nada, salvo la formación de un claro coronado por un alcornoque encorvado, en el que habíamos construido un inútil sistema de poleas que pretendía subir a mi hermana a sus partes más altas. &lt;i&gt;La casita&lt;/i&gt; existió durante varios años, en los que con Lucas formamos un club secreto de dos integrantes llamado El Dragon Lee. Luego se asentó una familia en uno de esos solares, cortando el alcornoque y construyendo una casa con techo de tejas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;No tardamos mucho en encontrarnos una nueva casita, esta vez más pequeña, pero abovedada de una manera que parecía haber sido construida por el hombre. Fue en ese verano, ahí mismo, en la casita, donde conocimos a los porteños (hermano y hermana de 14 y 12 años, respectivamente) y otros dos niños que solían robar casas durante el invierno. Recuerdo sólo verlos ahí, en la casita, sin registrarlos en la playa Eden Rock, lugar al que casi toda la gente de esa manzana solía ir. Algo me dice que si averiguara más sobre aquello, posiblemente reconstruiría en vida una de esas clásicas leyendas urbanas, que los pibes ladrones habían sido unos niños que murieron en el incendio de una de aquellas cabañas de techo de quincho veinte años atrás, o que nunca hubo una familia porteña alquilando en alguna de las casas de la zona. Pero más que nada, recuerdo aquel día en que vi al porteño apretar con su hermana, sentados sobre un tronco que habíamos arrastrado hasta la casita para oficiar de asiento, aquella sensación de mudez atravesada por el sonido de las bocas que se arrastraban en el silencio como dos culebras y mi decisión de no volver allí durante varias semanas, hasta que todos aquellos chicos desaparecieran tan rápida y mágicamente como aparecieron.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Más que nada, el bosque baldío tenía dimensiones temporales, más que espaciales. El baldío era lo fijo, lo inmutable, una porción de irrealidad en el fondo de un mar que cambiaba de corrientes y flujos. Una vez, cuando todavía no era lo suficientemente grande como para medir mi maldad, luego de perdernos unas horas en el baldío -nuestros padres hacían la sobremesa en el fondo- le dije a Lucas que toda la gente que estaba ahí, al lado de la parrilla, eran ladrones que se habían puesto las máscaras de nuestros padres. Más allá de la anécdota graciosa, me doy cuenta de cuánta verdad había en esa mentira. En el baldío todo cesaba y se silenciaba, parecíamos nadar hacia a Atlántida, la verdadera, la sumergida, mientras todo lo que sucedía alrededor eran archipiélagos ocupados por marineros que terminaron resignándose a no encontrarla, cuando la tenían casi sobre sus narices. Todo podía cambiar, los supermercados, la casa de mis abuelos, la pinocha del fondo, nosotros, incluso nuestros padres, pero el baldío se mantenía igual, guardando en su interior basura fosilizada de tiempos lejanos, una latita de cherry coke, un vhs destripado, la hoja descolorida de un poster Panini del mundial del &lt;st1:metricconverter productid="90’" st="on"&gt;90’&lt;/st1:metricconverter&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Todos los primero de enero volvía allí, buscando las señales intocadas de aquello que habíamos dejado en el baldío: una falsa tumba marcada con una cruz estaqueada en la tierra, la palabra Lothlórien escrita con dry-pen sobre la corteza de un árbol.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Este primero de enero salí al fondo, tratando de registrar lo que me habían informado mis abuelos. Aquellos tres solares restantes, luego de más de sesenta años sin ningún ocupante, habían sido comprados por un suizo que quería construir una serie de casitas de ladrillo para alquilarlas barato, en una especie de intento de iniciativa turística. Todo parecía irreal, pero se volvió jodidamente cierto cuando vi con mis propios ojos, aplanado, cubierto de arena, con unas casas de ladrillo creciendo como una soriasis, &lt;/span&gt;todo lo que había sido una vez el terreno baldío . Cinco casas con mini parrilleros y, más al fondo, una piscina. El fino, que es arquitecto, dice que los muros los hicieron demasiado finos y que se van a terminar generando fisuras en la pared. Mi padre dice que el cercado le da un aire de gallinero a la casa. Mi abuelo dice que aquello, por feo que parezca, puede terminar por siendo una bendición, considerando las ocupaciones ilegales que se han registrado en la costa de oro en los últimos años. Yo no digo nada, sólo puedo ver, a través de esas nuevas rejas, la extensión blanca de la arena, con la extrañeza de quien camina sobre el lecho de un lago dragado.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Durante el verano vi cómo fueron avanzando en las obras. Una noche llevé la laptop afuera y me puse a ver una película. En la mitad del film comencé a escuchar extraños sonidos, que parecían cesar en el mismo momento en que ponía pausa. Temiendo que fuera una comadreja sobre la parra, prendí todas las luces y saqué una escoba, en caso de un posible encontronazo con el animal. Las comadrejas siempre fueron para mí algo así como una representación del mal. El mismo contacto visual con una de ellas me helaba la sangre, sobre todo el detalle de la cola pelada, el hocico puntiagudo, los ojos completamente negros, esa elegancia sucia, a medio camino entre un gato y una rata, cuando la ves caminar por los tejados. Nunca supe adónde iban a parar las comadrejas de día, casi era como si se desmaterializaran en la luz, o como si ellas fueran la materialización misma de la noche. Pero al mismo tiempo que provenían de la noche, las comadrejas sólo podían venir del baldío. En la casas de los vecinos había perros que las ahuyentaban, por lo que sólo podían provenir del bosque, de aquel flanco izquierdo completamente abierto. Era lógico que provinieran de allí, del reino de lo inmemorial o lo eternamente perdido.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Aquella noche, cuando iluminé el fondo y vi a la comadreja trepada a un pino, serena, comiendo una uva de una pequeña parra que se enredaba sobre aquel, me quedé duro, viéndola gorda, torpe, agarrándose del árbol con unas uñas finitas. Tras salir de aquel encanto, busqué unas piñas y le arrojé una, dos, errándole pero dándole al pino, a veinte o treinta centímetros de su lomo. La comadreja me miró por unos segundos, pero no hubo miedo en su rostro. La vi serena, como si me hubiese conocido de toda la vida, como si me dijese “me como unas más y ya no te jodo”. Le tiré un par de piñas y le volví a errar. Luego de un rato se dejó caer sobre sus cuatro patas y emprendió retirada. Le tiré un par de piñas más pero la comadreja no cambió el tranco torpe y rechoncho. Mientras se iba, me di cuenta de que mi mala puntería era porque en el fondo no le quería acertar, como un policía que deja escapar a un ladrón conocido, disparando tiros al aire. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Lo último que vi de ella fue su cola, escurriéndose en la oscuridad del cerco que separa nuestro fondo de las nuevas obras, dándome cuenta de que volvía a su hogar, de que el baldío seguía existiendo en la noche, cuando no había nadie más que yo para verlo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21178141-3608421149331491494?l=degollandocisnes.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://degollandocisnes.blogspot.com/feeds/3608421149331491494/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21178141&amp;postID=3608421149331491494' title='17 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21178141/posts/default/3608421149331491494'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21178141/posts/default/3608421149331491494'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://degollandocisnes.blogspot.com/2011/07/requiem-para-bj-sumergiendome-en-la.html' title=''/><author><name>Agustin Acevedo Kanopa</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12314255833701676811</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://photos1.blogger.com/hello/67/10024/640/1143379742_f.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-m9luAQSxeNQ/ThObFZKxk5I/AAAAAAAAA2U/utxXpG-8qmU/s72-c/LGIM0257b.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>17</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21178141.post-6171928692172673977</id><published>2011-03-14T14:29:00.003-03:00</published><updated>2011-03-14T14:36:26.601-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='melomaniando'/><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;b&gt;Mis temas del verano 2011&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;no te vayas a China que alli no tienen cortinas&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;como las que nos escondieron de todos los demas&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/-H_gPKt-qnnE/TX5RyE7JISI/AAAAAAAAA0g/LaEd7d3D7d8/s1600/5490421015_26ea863a73_b.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 257px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-H_gPKt-qnnE/TX5RyE7JISI/AAAAAAAAA0g/LaEd7d3D7d8/s400/5490421015_26ea863a73_b.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5583990508743106850" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Ayer me puse un canguro en medio de un domingo soleado y de cierta forma supe que se había terminado el verano.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La finalización del mismo permite cierta perspectiva, lo que me habilitó a confeccionar un compilado con los temas que, no tanto escuché más (aunque algunos sí), sino que más me marcaron o que van a quedar completamente asociados a este período estival del 2011.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Sebastian Tellier me acompañó en COPSAS costeños, Enamorado de Norma debe ser uno de los temas que más me fascinaron musical y letrísticamente en varios meses (aunque lo empecé a escuchar más en diciembre y después, por medio a quemarlo dejé de reproducirlo en mi equipo), Daughters musicalizó algunas irrupciones de misantropía puntaesteña, Calle 13 en caminatas por el asfalto humeante de MVD, Kurt Vile en tardecitas melancólicas mientras leía Felisberto Hernandez, Chinatown, de Destroyer, como banda sonora perfecta mientras pescaba en el Solís Chicho, Zagueiro, de Jorge Ben, casi autobiográfica, en una caminata extraña por una Gorlero invadida por un manto de garúa gélida, Placer, de Fernando Cabrera, el único tema que pudimos poner en Valizas con Polly, justo antes de que la batería del I-pod terminara de morirse, Teeth, de Lady Gaga, escuchada casi exclusivamente en playas de Maldonado, Game of pricks en los audífonos mientras hacía digestión tras las grandes comilonas en la casa alquilada po mi suegro en Playa verde, When Johanna loved me, de Scott Walker, en paseos silenciosos por zoológico de Atlántida, viendo la jaula de Timur (tembile tigre salteño) ahora habitada por monos hiperactivos, Destiny, de Girl Generation, que debe ser el tema que más escuché en el verano, Think about it, en una caminata por 18 en la que me encontré entendiendo la letra y riéndome mientras la gente me miraba como un loco, José José en noches desveladas, viendo aquella presentación en vivo descomunal una y otra vez, Bombay, posiblemente el tema del verano, con ese videoclip deslumbrante que deber ser de los productos cinematográficos que más me ha impresionado en años (http://vimeo.com/15247292), Wonderful One, de Page y Plant desde el mp3 de mi primo Andrés en una tarde en Atlántida, comiendo uvas chinche, con un litro de tinto en la panza y completamente seguro de que estaba en el lugar y el momento adecuado y que todo eventualmente saldría bien.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Fue un buen verano.&lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Acá les dejo el link&lt;/div&gt;&lt;div&gt;http://www.mediafire.com/?al9qbo9lo81d58r&lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Lista de temas:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;01- El guincho- Bombay&lt;/div&gt;&lt;div&gt;02- Jorge Ben- Zagueiro&lt;/div&gt;&lt;div&gt;03- Kurt Vile- Space Forklift&lt;/div&gt;&lt;div&gt;04- Girl's Generation- Destiny&lt;/div&gt;&lt;div&gt;05- Fernando Cabrera- Placer&lt;/div&gt;&lt;div&gt;06- Norma- Enamorado&lt;/div&gt;&lt;div&gt;07- Lady Gaga- Teeth&lt;/div&gt;&lt;div&gt;08- Daughters- Our queens (One is many, many are one)&lt;/div&gt;&lt;div&gt;09- Sebastien Tellier- Kilometer&lt;/div&gt;&lt;div&gt;10- Calle 13- El baile de los pobres&lt;/div&gt;&lt;div&gt;11- Flight of the conchords- Think about it&lt;/div&gt;&lt;div&gt;12- Jimmy page and Robert Plant- Wonderful One&lt;/div&gt;&lt;div&gt;13- Scott Walker- When Joanna loved me&lt;/div&gt;&lt;div&gt;14- José José- El triste&lt;/div&gt;&lt;div&gt;15- Guided by voices- Game of Pricks&lt;/div&gt;&lt;div&gt;16- Destroyer- Chinatown&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21178141-6171928692172673977?l=degollandocisnes.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://degollandocisnes.blogspot.com/feeds/6171928692172673977/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21178141&amp;postID=6171928692172673977' title='14 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21178141/posts/default/6171928692172673977'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21178141/posts/default/6171928692172673977'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://degollandocisnes.blogspot.com/2011/03/mis-temas-del-verano-2011-no-te-vayas.html' title=''/><author><name>Agustin Acevedo Kanopa</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12314255833701676811</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://photos1.blogger.com/hello/67/10024/640/1143379742_f.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-H_gPKt-qnnE/TX5RyE7JISI/AAAAAAAAA0g/LaEd7d3D7d8/s72-c/5490421015_26ea863a73_b.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21178141.post-1675457030995534915</id><published>2011-01-25T19:10:00.010-02:00</published><updated>2011-01-26T21:24:39.223-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='melomaniando'/><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;b&gt;Mejores canciones y discos del 2010&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;b&gt;(o &lt;i&gt;cómo hacer un post con top 10 de canciones y un top 10 de discos, con sus videos y links de descargas correspondientes sin cobrar un peso&lt;/i&gt;)&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Ah, las preciosas listas, ¿qué haríamos sin ellas? &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Sí, hace mil años que no escribo y la lista, como casi todo en este blog, ya llegó algo –quizás demasiado- tarde, pero en el fondo, considero que esta demora ha sido buen síntoma de haber estado aprovechando el verano.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;2010 fue un año curioso, en donde el rock uruguayo casi brilló por su ausencia y en el que pareció casi toda su escena musical reducida al cero kelvin. Antes había eventos para criticar, músicos y bandas sobre las que mofarse, valores perdidos sobre los que reclamar, injusticias que denunciar. En 2010 no hubo ni siquiera eso. Las carpas de Durazno se cerraron como las alas de un murciélago y de aquello ya sólo quedan algunos meros recuerdos. Todo el proceso fundacional del rock nacional fracasó –no analicemos ahora los motivos- y de todo aquel carnaval sólo nos hemos quedado con algunos eventos locos y la canibalística disputa de qué banda indie o mainstream va a talonear al próximo gran músico extranjero de turno&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;En contrapartida a toda esta escena, lo que sí hubo fue visitas, y muy importantes, en cuya mayoría (a no ser, en lo estrictamente personal, el gran Jonathan Richman y Yo la tengo) la reacción y el disfrute se remitía inefablemente a una especie de adolescencia mítica que, si no la llegaste a transitar, difícil poder entender cómo se siente (algo que me pasó con los Pixies, en cuyo toque confirmé los geniales músicos que son y lo poco que significaron para mi vida).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Este debe ser la tercera o cuarta lista de fin de año que he hecho en este blog. Sólo que conserva una diferencia fundamental, que es que en la misma agrego un top 10 de canciones (además de la clásica de los diez mejores discos del año), algo que, más que ser un simple capricho, ilustra un poco cómo ha cambiado mi acercamiento hacia la música en estos últimos tiempos (podríamos hablar del mp3 y cómo cambió la forma de esucha en los últimos años, pero creo que eso es algo sobre lo que ya se habló lo suficiente como para no redundar). &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Una canción importante tiene la cualidad de instalarse como una instantánea de un momento vivido, tiene esa sencillez de resumir estéticas, formas momentáneas de ver las cosas, un enamoramiento en particular, un olor, un verano en el que todo salió bien, una persona muerta. Un disco favorito es distinto, su efecto no es, por así decirlo, tan metonímico como metaforizante, y suele condensar, ya no un momento, sino una forma de pensar, un paradigma específico, una visión del mundo o espacio vital en que uno se desarrollaba. Es por eso mismo que consideré necesario hacer un listado de las dos categorías, para ver si dentro de unos años, al leer esto, consigo entenderme un poco más de lo que logro ahora.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;La descripción de los temas en la lista de las mejores canciones son mucho más escuetas que para los discos, principalmente porque no es la misma la habilidad que tengo a la hora de hablar de discos que de canciones, pero también porque en cierto sentido, las canciones, en algunos aspectos, suelen hablar por sí mismas. También posiblemente sea porque, dentro de lo posible, tengo miedo de que si me extiendo incurra en  términos como “guitarras salvajes”, o “explosión sonora” (el horror… el horror).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;iframe title="YouTube video player" class="youtube-player" type="text/html" width="560" height="345" src="http://www.youtube.com/embed/TGbwL8kSpEk" frameborder="0" allowFullScreen&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;b&gt;10-Girl’s Generation- Oh!&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Si bien no figura ni por asomo en &lt;a href="http://www.lastfm.es/user/acevedokanopa/charts?rangetype=year&amp;amp;subtype=tracks"&gt;mi lista de last.fm&lt;/a&gt;, si tal programa pudiera hacer scrobbing de los videos vistos en youtube, posiblemente esta canción de las Girl Generation estarían en mi puesto número uno o dos. El camino hacia el pop industrial es un camino de ida, y cuando es asiático está plagado de trampas y puertas falsas. Las Girl Generation ya habían tenido un efecto de flash adictivo la primera vez que las escuché (en este videoclip que a más de uno le hizo salir sangre -y algunas otras sustancias- por la nariz), pero es con Oh! que realmente quedé enganchado. El rol del pop idol en la cultura asiática ocupa un lugar bastante particular (básicamente la de ser, un producto intercambiable, pero a la vez venerado -vean en todo caso Perfect Blue, de Satoshi Kon) y viendo otras actuaciones de la banda, la forma en que se posicionan en vivo, en forma de cuña (cual ejército romano) &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=ecaFz-p-ypU"&gt;la manera en que van intercambiando posiciones&lt;/a&gt;, como piezas de &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Go"&gt;Go!&lt;/a&gt;, seres creados a imagen y semejanza de un mega programador despierta mis más dementes fantasías, la idea de un internado en donde las tienen encerradas, enseñándole una y otra vez coreografías, sólo dejándole los platos de comida debajo de la puerta, bajo la amenaza de ser suplantadas, o simplemente eliminadas bajo el más mínimo indisciplinamiento. Por supuesto, esto no es más que una fantasía bastante misógina sostenida y desarrollada por todos los giallos o &lt;a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Pink_film"&gt;cine rosa japonés&lt;/a&gt; que uno se ha comido en su vida, pero por momentos sólo se puede entender así esa dimensión del pop idol asiático que, en este caso, está formado por un montón de chicas que, tal como &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=Q7UEMUoUS9Q"&gt;aquellos sinóforos capturados en las bases petroleras&lt;/a&gt;, componen un megaorganismo palpitante. Esto se puede ver en el videoclip la manera en que las velocidades y lo estático de las chicas se mantienen en ritmos diferentes, pero perfectamente coordinados. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Igualmente complejo y ordenado es la entrada de los sinthes, que colocándolo al lado de cualquier tema pop standard, suena como mecánica cuántica –algo que caracteriza a gran parte del pop industrial asiático, con composiciones tan complejas (pero a la vez sencillas y gancheras al oído) que hacen parecer la composición de los temas algo similar a la confección de un babilónico videojuego)-. Droga de diseño para el oído.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;iframe title="YouTube video player" class="youtube-player" type="text/html" width="560" height="345" src="http://www.youtube.com/embed/HjWj5gJ6Kvc" frameborder="0" allowFullScreen&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;b&gt;9-Janelle Monáe- Tightrope&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Definitivamente, uno de los temas del año. Con una sencillez, una energía, un látigo y un swing que hace recordar a lo mejor de James Brown, Janelle Monáe desliza su voz con una ligereza similar a la que se percibe en sus zapatos acharolados. Es realmente uno de los grandes temas favorecidos por videoclips que hubo en el año –sobre los que Darío habló con muchos puntos de certeza en&lt;a href="http://elbailemoderno.blogspot.com/2011/01/youtube-saved-video-star.html"&gt; este post de Elbailemoderno&lt;/a&gt;-, donde vemos, luego de mucho tiempo, a gente bailar auténticamente ¿Se acuerdan cuando la gente bailaba y no se limitaba a meter breaks con meras coreografías robóticas? (*ej: el break de la canción de J-Lo en esta canción al minuto 2:46).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Janelle retoma esta veta perdida de la música negra, que desde Michael Jackson había sido reducida a un mero efecto mal entendido.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Janelle lo hace todo sencillo, y cuando terminás de escuchar Tightrope, tenés ganas de inscribirte en un curso y bailar hasta con tu vieja. Que se pueda desencadenar ese grado de espontaneidad en tiempos donde todo parece aprendido como de memoria, ya lo vuelve una canción importante.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;iframe title="YouTube video player" class="youtube-player" type="text/html" width="425" height="349" src="http://www.youtube.com/embed/zEMXxrQeqsk" frameborder="0" allowFullScreen&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;b&gt;8-Javiera Mena- Un audífono tu, un audífono yo&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Para quien sigue a Javiera Mena, su último disco se siente como encontrarse por primera vez a una sobrina de dieciocho que no veías desde que tenía siete. Es un disco complejo, en el que la nena de los temas space pop de Esquemas juveniles  ya no está más, pero que tampoco llega a ser una persona adulta (más allá de sus 27 flamantes años), tan constituida como para tener las cosas en claro. El mejor caso de esta sensación es &lt;i&gt;Un audífono tu, un audífono yo&lt;/i&gt;, un tema que, tal como indica el título, se asocia con esa experiencia que a más de uno le pasó –y que si no le pasó, que bajón- propia de la adolescencia, de compartir algo con alguien muy especial y construir y recrear toda una escena idílica a partir de ese mero detalle. En mi adolescencia compartí un audífono con más de una chica –para ser sincero, con magros resultados amorosos- encerrándome luego en mi cuarto, viendo el techo e intentando sentir el calor de la otra oreja en esa canción que uno vuelve a escuchar y parece colocarte, como si fuera un ectoplasma saliendo de los cables, a la persona en tu cama. Algo que va más allá del mero idilio romántico y casto, y que marca en sí, la diferencia fundamental con la anterior factura de sus trabajos, es cuando entra un recitado de Javiera, hablándole directamente a su objeto de amor, en un discurso completamente cargado de deseo –cuando no sensualidad-. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;La mayoría de las bandas podrían tentarse en colocar a la persona real en situación, pero en el tema de Javiera Mena, el recitado está dedicado a alguien que permanece pero en su plano de fantasía. Un buen retrato de alguien que recién comienza a entender lo que es enamorarse o desear.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;iframe title="YouTube video player" class="youtube-player" type="text/html" width="425" height="349" src="http://www.youtube.com/embed/VcS0oJwlz_Q" frameborder="0" allowFullScreen&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;b&gt;7-Ariel Pink Haunted Graffiti- Bright lit blue skies&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Ariel Pink, excavador de discos como pocos, ha hecho de sus álbumes grandes monumentos a la música con la que se atosigaba horas enteras durante su juventud (me lo imagino con una radio AM, encerrándose en un baño o en un galpón para escuchar a solas cortinas musicales de programas radiales que luego fundiría como en una gran pasta en discos como &lt;i&gt;The Doldrums&lt;/i&gt;), un museo artesanal y posiblemente construido en su casa al que sólo podían visitar sus amigos más cercanos. Con &lt;i&gt;Before Today &lt;/i&gt;se acerca, por primera vez, a un sonido más convencional y menos low-fi, pero no por ello se olvida de su pasado. Es así que entre los temas encontramos &lt;i&gt;&lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=NS8qXe8bXbs"&gt;Reminiscences&lt;/a&gt;&lt;/i&gt;, un cover impensado y fascinante de &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=YjFe0tq5Yc4"&gt;la etíope Yeshimebet Dubale &lt;/a&gt;y Bright lit, blue skies, &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=LJLYq0tHAPk"&gt;de los Rocking Ramrods&lt;/a&gt;. Banda beatlera de los sesenta, los Rocking Ramrods llegaron a ir de tour por Estados Unidos con los Rolling Stones, pero poco es lo que se los recuerda. Sin embargo, Ariel Pink toma el tema y lejos de alterarlo completamente, como buen restaurador, le cambia la fachada –manteniendo el corazón de la canción, pero dándole un aire más surf rock, cambiando por un ritmo menos marcado que el de los ingleses- haciendo una de sus grandes piezas de orfebrería que encierra uno de lo mejores discos de la década.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;iframe title="YouTube video player" class="youtube-player" type="text/html" width="425" height="349" src="http://www.youtube.com/embed/4gLchnoNOAo" frameborder="0" allowFullScreen&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;b&gt;6-Grienderman- Mickey Mouse and the goodbye man&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Posiblemente el mejor comienzo de disco del año. Viendo la lista de mis temas favoritos (no tan así con la lista de mejores discos), Grinderman es posiblemente uno de los pocos flamantes defensores de rock, con un sonido que , a diferencia de su disco predecesor (Grinderman I) no sufre de ese insólito vacío de producción entre batería, guitarra y voz. Muy por el contrario, el bajo se lanza con todo y la canción te explota en las manos con la furia de una bomba brasilera fallada. Nick Cave sigue siendo el mismo poeta que se permite versos como “We built a shelter/ under her body”, pero lejos de ser el hombre melancólico y abordado por cuestionamientos metafísicos, se permite ser completamente sucio, lascivo y hasta tener sentido del humor –ver si no, el videoclip de Heathen Child.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;La mayoría de los temas de Grinderman II tienen una estructura circular, rayana en lo obsesivo, y Mickey Mouse and the goodbye man es uno de los mejores ejemplos, donde las repeticiones de bajo y guitarra -al mismo tiempo que en la letra, intercambiando con el resto de las canciones del disco personajes de The big bad wolf- se van condensando y cayendo sobre el espectador como un techo desplomado por el fuego.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;i&gt;Mickey Mouse and the goodbye&lt;/i&gt; man es uno de esos temas, esas grandes proezas que de golpe te hacen recordar que Nico Cuevas sigue siendo Nick the stripper, más allá del bigote o su ausencia, de sus entradas, de sus hijos, de sus novelas, de su casa en el campo, o &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: georgia; font-size: medium; "&gt;de su brazos definitivamnete limpios&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;iframe title="YouTube video player" class="youtube-player" type="text/html" width="425" height="349" src="http://www.youtube.com/embed/kj5qcqOObOo" frameborder="0" allowFullScreen&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;b&gt;5-Emeralds- Goes by&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Aislar un tema del &lt;i&gt;Does it look like I am here&lt;/i&gt; es como segmentar arbitrariamente un trayecto de todo el viaje que representa el disco. Sin embargo, &lt;i&gt;Goes by &lt;/i&gt;es un desvío que la banda agarra, en donde parece, por algo imposible de decir con palabras, llegar al cielo. La forma en que entra la guitarra, las ondas de radio, esa aura que recuerda a lo mejor de los alemanes Popol Vuh, me hace sentir una extrañísima sensación de bienestar que pocas canciones me han hecho sentir en muchísimo tiempo. Goes by o cómo la radio AM se convirtió momentáneamente en Dios.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;object height="81" width="100%"&gt; &lt;param name="movie" value="http://player.soundcloud.com/player.swf?url=http%3A%2F%2Fapi.soundcloud.com%2Ftracks%2F9664777%3Fsecret_token%3Ds-ePeYl&amp;secret_url=true"&gt;&lt;/param&gt; &lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt; &lt;embed allowscriptaccess="always" height="81" src="http://player.soundcloud.com/player.swf?url=http%3A%2F%2Fapi.soundcloud.com%2Ftracks%2F9664777%3Fsecret_token%3Ds-ePeYl&amp;secret_url=true" type="application/x-shockwave-flash" width="100%"&gt;&lt;/embed&gt; &lt;/object&gt;  &lt;span&gt;&lt;a href="http://soundcloud.com/aeak270/06-asco-al-sexo/s-ePeYl"&gt;06 - asco al sexo&lt;/a&gt; by &lt;a href="http://soundcloud.com/aeak270"&gt;aeak270&lt;/a&gt;&lt;/span&gt; &lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;b&gt;4-Carmen Sandiego- Asco al sexo&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;El mini acordeón abriendo y cerrando el fuelle, como si fuese un pecho nervioso o extasiado (de dolor, de un llanto, de una paja). La forma en que van entrando los demás instruimentos, la guitarra acústica repetitiva, la sombra a lo Murneau de un órgano que se adentra amenazante como a través de varios velos en la canción, un xilófono taladrante como una obsesión, como una penetración no consentida. Y una letra que incluye momentos como &lt;i&gt;“Si todo estuviera bajo cero no habría posibilidad de confundir los cuerpos. Hace tiempo que tengo asco al sexo. Aún así, debo admitir, que no hay otra cosa en mi cerebro” &lt;/i&gt;y la parte casi recitada &lt;i&gt;“El dijo acabá encima mío. Yo dije “quien limpiará, quien limpiará todo esto”. El dijo los humanos tienen manos los humanos tienen lenguas y yo huí, huí, huí”&lt;/i&gt;. Lejísimos de la mera táctica de shock, Carmen Sandiego hizo uno de los temas más incómodos, pero a la vez más sinceros que se hayan registrados por estos lados. Justamente, lo más interesante de Asco al sexo es que es un tema sin valor de cambio, una canción imposible de colocar en cualquier situación que involucre a más de uno. Es un tema que no te va a animar una fiesta, que no vas a poner para estudiar, que no se lo vas a mandar a una persona (dependiendo de cuales sean tus complicadas intenciones) y que no vas a poner para dormir o garchar (mucho menos). Es un yuyo venenoso, que no alimenta ni es lindo, pero que no te queda otra que contemplar cómo se va comiendo todo tu jardín.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Realmente, no conozco una canción igual que utilice los mismos términos y no quede en la mera guarangada. La única respuesta a la manera en que Carmen Sandiego salta de voltereta hacia atrás, cayendo siempre derecho, como bailarina de gimnasia artística, se encuentra en los pequeños detalles, en ese "se lo lleva el viento” más melodramático, en  noción innata de composición de escena, no sólo en su temática, sino en la forma de decir las cosas, en donde lo que dice Flavio Lira, ya no parece una confesión susurrada, sino de esas verdades escritas en silencio, en el azulejo del baño de un bar, con un dibujo y un número de celular inventado escrito al lado&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;iframe title="YouTube video player" class="youtube-player" type="text/html" width="560" height="345" src="http://www.youtube.com/embed/hA9UA3CSnms" frameborder="0" allowFullScreen&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;b&gt;3-Staygold &amp;amp; Robyn, Spank Rock &amp;amp; Damien Adore -Backseat&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;El P3 Guld de Suecia debe haber sido uno de los eventos más increíbles en cuanto a presentaciones en vivo que haya  presenciado en los últimos tiempos, en donde todo parecía salido de la manga de un dios nórdico que ni siquiera conocíamos, desde &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=ymCP6zC_qJU"&gt;los agradecimientos de  con la cara derretida de Fever Ray&lt;/a&gt;, hasta la &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=pRuydYkkRzI"&gt;presentación a lo The Residents de los Teddy Bears&lt;/a&gt;. En ese contexto aparece Backseat, canción armada por una especie de globber trotters del pop sueco, entre ellos Staygold y la mucho más conocida por estas latitudes, Robyn. Todo lo referente a la presentación es perfecto, el vestuario, el escenario, el tema, absolutamente todo. Es de las cosas más perfectas, más disciplinadamente cronometradas que he visto, esa mezcla entre el pop estático y militar del vocalista –vestido como si fuese el archiduque Francisco Fernando- combinado con la parte más móvil del rapero que entra en escena y la entrada tardía, como si fuese a través de un sueño, de la voz de Robyn. El pop, a diferencia del rock, generalmente más primitivo y pragmático, es una historia de mensajes cruzados, de hacer una canción triste con una melodía alegre (ej: los smiths), o de permanecer sexy sin movérsete un pelo, y Backseat, en este sentido, no puede ser más pop, siendo una canción cargada de una sensualidad encorsetada ejecutada con la frialdad de un carnicero frente a la sierra de cortar carne. Un video que posiblemente haya pasado re desapercibido, pero que tendría que ser analizado con libreta de apuntes, para cualquiera interesado en hacer pop en el siglo XXI. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Incluso al lado de Kanye West, Zola Jesus o Lady Gaga, Backseat parece &lt;i&gt;el futuro&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;iframe title="YouTube video player" class="youtube-player" type="text/html" width="560" height="345" src="http://www.youtube.com/embed/yfySK7CLEEg" frameborder="0" allowFullScreen&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;b&gt;2-The National-Bloodbuzz Ohio&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;En &lt;i&gt;Bloddbuzz Ohio&lt;/i&gt; vemos a Matt Berninger, con una barba espesa y prolija (tiene un ligero parecido a &lt;a href="http://laintuiciondeleer.blogspot.com/2009/04/cartas-de-amor-sigmud-freud.html"&gt;Freud de joven&lt;/a&gt;), vestido de saco y corbata, a veces con una gabardina de paño y nos damos cuenta de que (con sus cuarenta años) no es un pibe. Es un mero detalle del video, pero está íntimamente ligado con lo que es The National en su relación con el indie actual. En un universo lleno de universitarios obsesionados por mantenerse flaquitos, inteligentes (más bien, perspicaces) y jóvenes, los de The National parecen unos tipos que no pudieron ir a la universidad, mirando desde el otro lado de la acera a jóvenes corretear, teorizar y cargarse minitas en el campus de una universidad pagada por sus viejos, para luego ajustarse la gorra y volver a la fábrica o la tienda apolillada donde trabajan . &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;High Violet, a diferencia de los drypens fluorescentes que aparecen en la tapa, es un disco monocromático (pero con un greyscale inmenso) sobre la madurez, sobre esa sensación oscura y persistente de que las reglas de juego ya cambiaron, que las palomas se comieron el camino de miguitas de vuelta que uno había trazado. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;De todo ese disco, Bloodbuzz Ohio es posiblemente el tema más contundente, con la letra mejor escrita del año, la imagen del viaje de vuelta a Ohio en un enjambre de abejas, esa ciudad del pasado, de la que uno se acuerda, pero que ella no se acuerda de uno (cabe recordar que la banda es originaria de aquella ciudad más bien fea y triste, habiéndose mudado de ahí para radicarse en Brooklyn). “I still owe Money, to the Money to the Money that i owe i never though about love, when i thought about home”. Bloodbuzz es una sensación de desarraigo, pero no un desarraigo radical, llorado a los cuatro vientos, sino con un desarraigo natural, una puerta que se dinamita en cámara lenta, y frente a la que no podemos más que recordarla, o pensarla de otra manera. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Y la voz barítono de Berninger parece contemplar esa serena fatalidad, con toda esa dignidad arrolladora que irradia su rostro.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;iframe title="YouTube video player" class="youtube-player" type="text/html" width="425" height="349" src="http://www.youtube.com/embed/wiLqAu4s-_s" frameborder="0" allowFullScreen&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;b&gt;1-Ariel Pink Haunted Graffiti- Round and Round.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;La primera vez que escuché este tema fue con Ezequiel en el balconcito de mi apartamento. Habíamos destapado unas cervezas y me dijo que tenía que mostrarme algo que me iba a impresionar. A mi Ariel Pink siempre me había gustado, pero por alguna razón me generaba una tristeza particular (no sus melodías, ni sus letras, sino su sonido) que había hecho dosificarme muy espaciadamente todos sus discos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Aquella noche, en mi computadora sonó &lt;i&gt;Round and Round&lt;/i&gt; y si bien me atrajo de primera el bajo y unas melodías que no tenían nada que ver con el sonido más low fi que recordaba de Ariel Pink, no fue hasta el estribillo que me terminó de partir la cabeza. El &lt;i&gt;Hold on, I’m calling, calling back to the ball&lt;/i&gt; es un verso que solo puede repetirse en la cabeza de uno acentuándose indefinidamente las vocales. Es posiblemente una de las mejores entradas de estribillo (que se toma mucho tiempo en aparecer) que haya escuchado, que tiene tanto del sofisti-pop de los ochenta como de las mejores baladas de los setenta. El bajo, tal como el nombre de la canción, tiene una estructura circular que parece sumir toda la melodía a un sereno remolino.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Una canción que la bailé en mi cuarto, que me acompañó en viajes en ómnibus, que se la dejé en contestadores de personas, que canté en la ducha, que quedó retumbando en mi cabeza como un ritornelo salvador en momentos jodidos, que se la mostré a amigos escépticos, que intenté tocar en guitarra, que mastiqué y mastiqué como un rumiante a una hoja de coca.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Esa primer noche en que la escuché, recuerdo haber apretado sin querer la opción de Repeat. Recuerdo que el tema sonó como ocho veces seguidas y yo seguía esuchándolo, deseando que Ariel Pink y toda su banda nunca dejaran de repetir ese estribillo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;b&gt;Mejores discos del 2010 (puse links de descarga debajo de cada una de las mini notas)&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/TUCEgfAfScI/AAAAAAAAAyU/qQyswYKJwUM/s1600/kanye-west-my-beautiful-dark-twisted-fantasy.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 400px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/TUCEgfAfScI/AAAAAAAAAyU/qQyswYKJwUM/s400/kanye-west-my-beautiful-dark-twisted-fantasy.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5566594833044163010" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;b&gt;10- Kanye West- My beautiful dark twisted fantasy&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;2010 fue el año en que Kanye West explotó. No importó si a la prensa le gustaba o no, si les parecía un forro o un genio, West existió como fenómeno aparte y lo único que les quedaba era ser parte pasiva de su aceptación en tanto hecho, o circunstancia específica. Razones suficientes y sobrantes para convertir a My beautiful dark twisted fantasy en el disco del año. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Más allá del temor a estos microfascismos del hype, el álbum alla a cualquiera cuando uno percibe la condición de hit de cada uno de sus temas, la forma en que West leyó las reglas del juego y produjo en serie, y de manera sorprendentemente dosificada, una lista perfecta de temas para estar en cualquier listado, cualquier opinión, cualquier disertación sobre la música en particular. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;En este último sentido, si bien la suprasegmentación de los medios nunca podrán permitir –o al menos no creo- generar un efecto de avalancha y omnipresencia como el de Michael Jackson con Thriller (MJ, en todo sentido, es el Peter Pan privado de Kanye West), hay suficiente música en &lt;i&gt;My beautiful dark twisted fantasy &lt;/i&gt;como para construirse diez neverlands y seguir viviendo de sus ganancias. Pero no sólo es un material perfecto en cuanto a potencial de comerciabilidad y ganchos (algo que señala que Kanye, más allá de su egolatría, sigue teniendo la suficiente lucidez para ver bien cómo funciona el mundo a través de las rendijas de &lt;a href="http://www.dentromusica.com/wp-content/uploads/2010/11/kanye-West.jpg"&gt;aquellos insignes lentes de plástico&lt;/a&gt;), sino que es un disco que encierra a una historia en sí, que se hace tan personal y decididamente transparente que por momentos resulta incluso incómoda. Lo que vemos es a Kanye West, el mismo douchebag que &lt;a href="http://favstar.fm/users/kanyewest/status/24700964979"&gt;escribe twits&lt;/a&gt; que &lt;a href="http://favstar.fm/users/kanyewest/status/25613250979"&gt;parecen salidos de This is Spinal Tap&lt;/a&gt;, el mismo que es tan odiado y amado por igual. Lejos de ser el disco en que Kanye se encontró el pimpollo de un pene extra saliendo de su glande (algo que podría pensarse en videoclips tan &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=O7W0DMAx8FY"&gt;larger than life como Runaway&lt;/a&gt;, o temas casi infantilmente autolegitimantes como &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=L53gjP-TtGE&amp;amp;ob=av2el"&gt;Power&lt;/a&gt;), en esta noción de autoimportancia, &lt;i&gt;My beautiful dark twisted fantasy&lt;/i&gt; tiene tanta locura, megalomanía y persecuta como para hacer ocho &lt;a href="http://www.letraslibres.com/index.php?art=13605"&gt;Memorias de Schreber&lt;/a&gt;. Lograr un disco tan personal, que juega con la misma integridad personal de un personaje público (una auténtica acrobacia volante sin red), pero que a la vez aquello no quede sólo en lo meramente ridículo o satirizable, haciendolo comunicable y compartible con un grueso importante de público, toca a Kanye con la misma vara que ha se ha posado sobre la cabeza de lo grandes como puede ser David Bowie.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;a href="http://www.flowactivo.com/web/2010/10/download-kanye-west-my-beautiful-dark-twisted-fantasy-2010/"&gt;Bajar&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/TUCEhD5KvKI/AAAAAAAAAyc/kN0VOaYOLRM/s1600/tapa-canarios-BAJA.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 336px; height: 340px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/TUCEhD5KvKI/AAAAAAAAAyc/kN0VOaYOLRM/s400/tapa-canarios-BAJA.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5566594842945567906" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div&gt;&lt;b&gt;9- La hermana menor- Canarios.&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;El disco en que Tüssi dijo "Sabés que, no te tomes un taxi, ¿por qué no te quedás a desayunar conmigo?"&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Ya escribí sobre este disco en una nota de la diaria. &lt;a href="http://elpijamadehepburn.blogspot.com/2010/12/la-hermana-menor-bizarro-2010.html"&gt;Acá la pueden leer&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;(Este es el único no disponible para bajar)&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/TUCEhZ0kETI/AAAAAAAAAyk/SCtehdCrMXM/s1600/daughters-st.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 400px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/TUCEhZ0kETI/AAAAAAAAAyk/SCtehdCrMXM/s400/daughters-st.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5566594848831836466" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div&gt;&lt;b&gt;8-Daughters- Daughters&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;En tiempos donde la mayoría de los músicos parecen practicar pilates y hacer la dieta de la luna, es buena noticia escuchar a bandas haciendo música realmente maligna. Disco prácticamente póstumo, el último álbum de Daughters abandona los gritos y temas cortos y explosivos, más cercanos al grindcore, de sus anteriores trabajos y opta por un sonido más pulido, pero que nunca se aparta de la disonancia y ambientes abrasivos. Lo primero que viene a la mente cuando escucho temas como la extraña &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=SMCeBPT0gi4"&gt;The theatre goer&lt;/a&gt; (perturbador tema sobre los límites de la cuarta pared que está revestido de una densa capa de extrañamiento, como si la letra- a diferencia de los poderosos riffs que atraviesan la canción- circulara por las entrañas de un pantano viscoso), o la persistente como taladro de dentista “&lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=XdYfIOJWnBI"&gt;Our queens (one is many, many are one)&lt;/a&gt;” -una canción con un aire de festejo público celebrando un decapitamiento- es el grand guignol proveniente de The Jesus Lizard, no cayéndosele a los Daughters en ningún momento semejante posta llena de clavos. Muy al contrario, Daughters se maneja bien con los ritmos sincopados y la atonalidad y la voz de Alexis S.F. Marshall, en la que se percibe esa fascinación inherente hacia el blues y el rockabilly que también se podía presenciar en sus ancestros texanos,. Padres feos y deformes como Yow y compañía solo podrían parir unas “hijas” sucias, desdentadas y llenas de amputaciones, pero cuando nos encierran en el sótano donde les suelen tirar cabezas de pescado y cartílagos de pavos, sabemos quien tiene las de perder. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;a href="http://www.mediafire.com/?agminewjmze"&gt;Bajar&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/TUCEiMGJdmI/AAAAAAAAAys/A0Q_r_s2vo8/s1600/joven-edad-tapa.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 400px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/TUCEiMGJdmI/AAAAAAAAAys/A0Q_r_s2vo8/s400/joven-edad-tapa.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5566594862327363170" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;b&gt;7-Carmen Sandiego- Joven Edad&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;En un año donde hubo poquitísimas ediciones nacionales (aún más exiguo el número de las que realmente valieron la pena), Carmen Sandiego vuelve a lanzar un disco y, tal como el año pasado había considerado a &lt;i&gt;Nanas &lt;/i&gt;el mejor disco uruguayo del año, no dudo un segundo al otorgarles de nuevo la placa con &lt;i&gt;Joven Edad&lt;/i&gt;. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;A diferencia de sus otros trabajos, Joven Edad es un disco de un sonido decididamente más pop y menos low-fi, algo que, tal como ocurrió con Ariel Pink, terminó –diferente a pasteurizar su sonido para volverlo más accesible- resaltando muchas de las cualidades que ya ofrecía más veladamente la banda. Pero esto no es sencillamente un cambio de chapa y pintura, con la incorporación de Ezequiel Rivero (que de a poco se va convirtiendo en un productor que convierte en pop todo lo que toca) y Matías Lens en la bata (uno de los bateristas rítmicos más entusiastas que he visto y escuchado) la banda adquiere un sonido bastante diferente y se permite hacer temas más homogéneamente enérgicos, fuerza que antes sólo quedaba relegada a algunos espasmódicos accesos de violencia (como los gritos de Leticia Scricky en la vieja Calefactor). Más allá de esto, Carmen Sandiego retoma el mundo de referencias que ha ido construyendo desde el comienzo, así como también cierta violencia de estrangulación con guantes de seda que se percibía en sus anteriores trabajos. &lt;i&gt;Destape &lt;/i&gt;ya introduce a Cacho Castaña, a un bulín en Ayacucho y a una bailarina (o bailarín, con Carmen Sandiego la confusión de géneros es permanente) llamado Andrea. La transformación de esta imaginería argenta setentosa (en esa época extraña donde todos los argentinos que aparecían en películas de Sofovich y similares parecían sólo hablar en lunfardo tanguero) se vuelve más sórdida con el verso “oh Andrea, cuando venis vos me hacés sentir como un chiquilín” (frase de viejo verde, si las hay). &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Carmen Sandiego es una banda de grandes líneas y esta condición se repite en algunas canciones que tienen una contundencia emocional pocas veces escuchada en la música nacional (pensar en el último circulo del infierno del despecho que es &lt;i&gt;Superado&lt;/i&gt;, o en la extraordinariamente perturbadora y traumática visión del sexo en &lt;i&gt;Asco al sexo -&lt;/i&gt;sobre la que ya hable en este post).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Tal como mencionaba Gonzalo Curbelo en la diaria, la tapa lo dice todo: Carmen Sandiego toma la estética de una época, la transforma y a través de ella habla de lo que nuestro inconsciente cultural se venía amordazando desde hace tiempo. Un cuarto con móviles herrumbrados en el techo que se han construido a imagen y semejanza de ese propio cielo-infierno, ese mundo infantil donde todo existe excepto la inocencia, o donde la inocencia existe, pero que se parece más a la de la decoración del cuarto de Pedro, &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=RqQkjA80bIk&amp;amp;feature=related"&gt;aquel psicótico de la película Arrebato&lt;/a&gt;&lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=bu_o33SUfQo&amp;amp;feature=related"&gt;.  &lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;a href="http://www.dondeenelmundo.com/"&gt;Bajar&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/TUCEiao_OgI/AAAAAAAAAy0/ATV3Nqauauo/s1600/triangulodeamorbizarr.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 390px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/TUCEiao_OgI/AAAAAAAAAy0/ATV3Nqauauo/s400/triangulodeamorbizarr.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5566594866231589378" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;b&gt;6-Triángulo de amor bizarro- Año santo&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Volviendo a Arrebato, si &lt;i&gt;Año santo&lt;/i&gt; fuese una película, sería una bizarra película de terror de la época del destape español.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Un disco que incluye en el tema de apertura dos estrofas como &lt;i&gt;“si insistes/ si insistes/ mejor te cortas las venas/ después de un anuncio/ no te preocupes de tu familia/ después yo lo explico/ sin detalles/ sin detalles/ que simplemente te has sido”&lt;/i&gt; y que más allá del sonido distorsionado, del gigantesco muro de sonido que se te planta adelante siga siendo pop, definitivamente es un disco distinto. Triangulo de Amor Bizarro sacan un disco mucho más estruendoso, pero a la vez tan escuchable y pegadizo como el de su debut, sólo que ahora, la ya amoralidad que rondaba sus temas (que un estribillo diga “&lt;i&gt;llevar navaja siempre es convenient&lt;/i&gt;e” no es algo que se escuche todos los días) se carga de una oscuridad no antes vista en la factura del grupo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Algunos versos de TAB le hacen justicia a los alucinantes nombres de canciones (que compiten en su longitud con los de Sufjan Stevens), como “&lt;i&gt;De la monarquía a la criptocracia&lt;/i&gt;”, “&lt;i&gt;Amigos del género humano&lt;/i&gt;”, o “&lt;i&gt;El culto al cargo o como hacer llegar el objeto maravilloso&lt;/i&gt;”, entre ellos la ya citada invitación al suicidio, o un verso como “&lt;i&gt;no me importa que no me quiera, yo la quiero por los dos&lt;/i&gt;”. En &lt;a href="http://jenesaispop.com/"&gt;Jenesaispop &lt;/a&gt;se señala con acierto un montón de imaginerías religiosas, que convive de una manera particular con una sensación de peligro, de maldición sorda que tiñe todo el disco.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Un grower, que en principio parece opacado por su predecesor, pero que sufriendo una lenta decantación, llega a otros lugares en que el primero se quedaba en la mera superficie (con los españoles, ahora, nadando en su río de agua viva)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;a href="http://nodata.tv/4522"&gt;Bajar&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/TUCGPp_YhnI/AAAAAAAAAy8/tx9-_mT74pI/s1600/mexicocityblues.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 375px; height: 400px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/TUCGPp_YhnI/AAAAAAAAAy8/tx9-_mT74pI/s400/mexicocityblues.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5566596742957794930" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;b&gt;5- Los Negretes- Mexico City Blues&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;A Los Negretes les vengo siguiendo el tranco desde un antiguo post de &lt;a href="http://killyourtaste.blogspot.com/"&gt;Martin Canova&lt;/a&gt;, que me permitió conocer a algunos de sus integrantes, entre ellos un uruguayo que vive en el DF desde hace muchísimos años. Habiendo sido &lt;i&gt;&lt;a href="http://nodata.tv/3948"&gt;Los últimos diez minutos de María Duval&lt;/a&gt; &lt;/i&gt;una imponente carta de presentación (como si entraran a una fiesta de etiqueta tirándose de cabeza contra una pirámide de copas de champagne), Mexico City Blues termina de condensar todo lo parecía flotando como ideas a medio terminar. Es curioso, pero son de esos discos de no más de cuarenta minutos que parecen un disco doble, no porque se nos haga lento (ni mucho menos), sino por lo mucho que hay para contar. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Mexico City Blues es un disco definitivamente punk, de una banda definitivamente punk, en tiempos donde nadie sabe a ciencia cierta qué es eso. Todo grabado directo a un portaestudio, ya desde “&lt;i&gt;Canción lenta&lt;/i&gt;”, que parece un tema que se fuera derritiendo en el transcurso del mismo, escuchamos los ecos de &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=gDtqbS7DK2s"&gt;Sister Ray de la Velvet&lt;/a&gt;, un universo cargado de acoples, fuzz y sonidos valvulares, mutando hasta perder completamente el rostro.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Con una lírica propia y contundente, las letras parecen salidas de la cabeza de algún personaje de Bolaño, como el despechado y paranoico hombre que recuerda a una mujer en &lt;i&gt;Lloviendo sobre el DF&lt;/i&gt; (mi canción favorita del disco, una breve historia contada en la pieza de un hotel, una condensación extrañísima de recuerdos sobre una mujer que el protagonista no puede controlar, sobre la que se sabe que nada se puede hacer, y sobre la que pesa una maldición, algo inevitable), &lt;i&gt;Mexico City Blues&lt;/i&gt;, donde la ciudad se convierte en un mismo personaje, o la sonámbula y melancólica &lt;i&gt;Salón Casino&lt;/i&gt;. Estoy escribiendo esto y me doy cuenta de que me complica severamente expresarme. Creo que lo inasible del disco y las letras es cierta dimensión invisible de lo natural y cotidiano. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Ahora cuando intento encontrar raíces y comparaciones, me doy cuenta de  lo mucho que los Negretes me hacen acordar a Sumo, pero de una manera muy distinta al grueso de bandas que se consideran vástagos de dicha formación. A diferencia del resto del mundo (que agarran por la Avenida La rubia tarada, o por la ruta Mula plateada, Los negretes parecen haberse metido en un agujero en la cerca del callejón Mañana en el abasto, una canción-camino drásticamente diferente a todo lo que había hecho Sumo, y que de hecho ni siquiera fue continuado por ellos mismos (que de hecho, al menos según la biografía de Petinatto, casi todos los de la banda la odiaban). Los Negretes ponen carpas en ese callejón, solo que no hablan sobre el Abasto, sino sobre el DF, pero no sobre la ciudad en sí, en su mero aspecto descriptivo, sino lo que significa caminar por sus calles, lo que significa &lt;i&gt;ser &lt;/i&gt;de ahi.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;a href="http://nodata.tv/6159"&gt;Bajar&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/TUCGP6sgd2I/AAAAAAAAAzE/s0chwlvpaq8/s1600/archandroid_cover.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 400px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/TUCGP6sgd2I/AAAAAAAAAzE/s0chwlvpaq8/s400/archandroid_cover.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5566596747442026338" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;b&gt;4-Janelle Monáe- The Archandroid&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;El último disco de Janelle Monáe es lo que estaría haciendo David Bowie si fuera negro y supiera bailar bien. Es verdad que, después del gen Arcade Fire, todo se puso un poquito más épico, yéndose un montón de bandas a internarse en iglesias y secuestrar a niños castrados para que hagan coros en temas llenos de arreglos de cuerda, pero la idea de Janelle supera todo límite de megalomanía. The Archandroid es una obra conceptual futurista completamente delirante (ya desde la portada podemos percibirlo, con esa estética a lo Fritz Lang mechada con iconografía afro), pero que tiene la suerte, o el auténtico don de nunca sonar pomposa. A esto se debe la sencilla razón de que los temas, más allá de cierto ordenamiento conceptual, son bastante variados y frescos (con Tightrope, uno de los temas –y video- con más swing que haya escuchado en los últimos años), pero sobre todo por cierta destreza innata, completamente natural que envuelve por completo a Monáe. A diferencia de la mayoría de las vocalistas influidas por el soul, donde el canto conserva cierta búsqueda inherente de llegar a un plano extático, de pura voluptuosidad (algo que tiene mucho que ver con las raíces cristianas del gospel –en una religión que, tal como dice Bataille en &lt;i&gt;El erotismo&lt;/i&gt;, tiene en sus genes inextricablemente unido amor, pasión, sacrificio y muerte), cuando Monáe se coloca detrás del micro, todo parece sencillísimo, con unos gritos que parecerían no provenir desde el estómago, sino de la boca misma, desde la misma superficie de sus labios.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;La mina salta del soul al hip hop, del hip hop al country, del country al space pop, como un auto que pudiera ir de primera a quinta sin necesidad de embrague. Precisamente, Monáe es un todo terreno, ¡es el fuckin Mach 5!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;A su manera, con su pelo, con sus manias, con su soltura casi infantil, Monáe es una freak que le demuestra a todas las Aguileras y a todas las raperas sobreesforzadas qué sencillo se puede hacer todo, simplemente cantando y bailando como quien lo hace en el baño.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;a href="http://www.mediafire.com/?csmu9nceqci59i2"&gt;Bajar&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/TUCGP2VgJyI/AAAAAAAAAzM/aSdroWQkYbI/s1600/peter%2Bbroderick.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 400px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/TUCGP2VgJyI/AAAAAAAAAzM/aSdroWQkYbI/s400/peter%2Bbroderick.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5566596746271794978" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;b&gt;3-Peter Broderick- Music for contemparary dance &lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Peter Broderick es de esos músicos que, entiende al pie de la letra que la música no son las notas que tocas, sino las que no tocás (citando a Miles Davis), que la música es lo que realmente ocurre entre los silencios, cuando no estás tocando. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Este disco doble, con una pieza pensada para ser representada en danza, es uno de los mejores discos ambientales que haya escuchado en mucho tiempo, que llega a momentos de climax sin nunca a explotar, retirándose elegantemente en el preciso momento (algo que lo asimila y diferencia de Godspeed you! Black Emperor, más afectos a los in crescendos con desenlaces explosivos).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Lo único que puedo decir de Broderick sin sonar demasiado pomposo, o afanando indiscretamente de otras cosas que la gente ha andado diciendo sobre él, es que en Music for contemporary dance ha creado bosques sonoros, en los que me he perdido, y por momentos no me importó mucho regresar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;a href="http://www.warezlobby.org/music/1281508-peter-broderick-music-contemporary-dance-2010-a.html"&gt;Bajar&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/TUCGQV6QkDI/AAAAAAAAAzU/vrSWZH8MSos/s1600/bruce%2Bspringsteen%2Bthe%2Bpromise.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 363px; height: 400px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/TUCGQV6QkDI/AAAAAAAAAzU/vrSWZH8MSos/s400/bruce%2Bspringsteen%2Bthe%2Bpromise.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5566596754747461682" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;b&gt;2-Bruce Springsteen- The promise&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Posiblemente sea hacerle una jopeada al reglamento, porque los temas de The Promise fueron grabados efectivamente en 1978, pero considerándose que recién salieron a la luz este año -en una de esas completísimas ediciones de coleccionistas que podrían incluir, si pudiesen, cotonetes usados por artista-, y sobre todo, considerando que su autor no es nada menos que Bruce Springsteen, la cita parece ineludible. &lt;i&gt;The Promise &lt;/i&gt;atestigua, no sólo un momento bisagra en la historia de El jefe (atribulado por disputas legales y crisis personales que desembocaron en la oscuridad de &lt;i&gt;Darkness of the edge of town&lt;/i&gt; –completamente opuesta a la épica automovilística de &lt;i&gt;Born to Run&lt;/i&gt;), sino un desmontaje del proceso de producción de uno de los grandes héroes de la música del siglo XX. Springsteen construyó &lt;i&gt;Darkness of the edge of town&lt;/i&gt; como algunos de esos automóviles típicos de su mitología: un montón de temas de estudio que podrían competir en lo prolífico con los momentos más merqueros de Calamaro (sólo que el producto no es la burrada de El salmón, sino fucking &lt;i&gt;Darkness of the edge of town&lt;/i&gt;), que ceden sus identidades para volverse piezas, repuestos, cajas de herramientas intercambiables. Springsteen sacaba un verso de un tema y lo colocaba en otro, probaba una melodía, le agregaba un piano, le quitaba una guitarra, cambiaba el aire de la canción como quien arregla un radiador o le cambia el motor de un auto. Lejos de la terrajada del autotuning, lo que resulta del gigantesco taller mecánico de The promise es un hermoso compendio de canciones que no sólo guardan su valor relacionado al análisis historizante de ciertos temas que ya conocemos todos (por ejemplo la versión de ritmos más españoles de &lt;i&gt;&lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=8oTFJhhWW8g"&gt;Candy’s room &lt;/a&gt;&lt;/i&gt;–que originalmente se llamaba &lt;i&gt;&lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=kuzbkvj5ENo"&gt;Candy’s boy&lt;/a&gt;&lt;/i&gt;), sino a darse cuenta de que la atmósfera más opresiva y realista del Darkness, en oposición al espíritu festivo y épico de Born to run (esa madurez propia de darse cuenta de que sus personajes no necesitan escaparse a 220 por interestatales para ser héroes, que el heroísmo, la vileza o el menoscabo está en cada corazón, a la vuelta de la esquina), no fue algo meramente espontáneo y fruto de las circunstancias personales del autor, sino un sesudo proceso de decantación –dándole la última palabra a el Jefe, que muestra cómo dejó temas hermosísimos como &lt;i&gt;Ain’t good enough for you&lt;/i&gt; para mantener una línea emocional más contundente).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Desenterrar material como éste, que podamos escuchar temas como éstos, en tiempos como los actuales, es un regalo del cielo que nos muestra qué somos y qué podríamos haber sido.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;a href="http://www.tipete.com/userpost/musica-gratis/bruce-springsteen-promise-2010-mu-musica-descarga-gratis-rapidshare-megauploa"&gt;Bajar&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/TUCGQgVzTOI/AAAAAAAAAzc/GT93rDBMVsU/s1600/ariel-pink-before-today-cover-art.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 400px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/TUCGQgVzTOI/AAAAAAAAAzc/GT93rDBMVsU/s400/ariel-pink-before-today-cover-art.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5566596757547338978" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;b&gt;1-Ariel Pink Haunted Graffiti- Before Today&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Uno de los pocos discos de la última década que pueden considerarse una auténtica obra de arte. Ariel Pink, conocido por su radicalismo low fi, firma con 4AD y saca un disco de sonido convencional, mostrando y condensando todo el potencial que tenían sus fragmentarias melodías recogidas a lo largo de su extensa obra. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Pink, histérico, mutante, freak, larvario, sinópodo, prende sus ventosas en la yugular misma del pop, creando un territorio propio, en donde todo suena familiar, pero que nada es igual, en donde el beat inglés de los sesenta se funde con el pop etíope, donde las canciones de los ascensores resuenan en las alcantarillas, donde una contestadora de un taxi radiollamada puede cantarte el tema que cambiará por completo tu vida.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Pink es un experto en intros, estribillos, o puentes, sólo que en sus temas antiguos todo eso aparecía en el scrapbook (un scrapbook voluptuoso y tan detallado como un tríptico de El bosco, es verdad), mezclado, entrecortado por otra idea que enseguida se superponía a eso como juegos en la cabeza de un niño con déficit atencional. Este es el momento donde Pink por primera vez toma todos esas estructuras y comienza a componer canciones, mostrando, a diferencia de lo que podía parecer a simple vista, cómo todo puede ser unido con todo, como si descifrara su sistema de nomenclatura para volvérnoslo completamente compartible.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Pink agarra todo, lo aplasta, lo amasa y te convierte temas propios de la nada, &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=LJLYq0tHAPk"&gt;como lo hace con los Rocking Ramrods&lt;/a&gt;, o con temas propios que parecían completamente olvidados en su propia y vasta discografía (a la que los fanáticos nos lanzamos a buscarlas como niños soviéticos intentando desenterrar alguna escopeta o bomba enterrada de la segunda guerra mundial. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=SzKcPqzQeh0"&gt;Beverly Kills&lt;/a&gt;, &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=91lMOYMuN40"&gt;Menopause Man&lt;/a&gt;, Bright lit blue skies, Reminiscences...Before today tiene tantos temas geniales como para ahorcar a un caballo, pero va a ser recordado como el disco en donde figuraba &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=wiLqAu4s-_s"&gt;Round and Round&lt;/a&gt;, obra maestra definitiva de Pink que resume en sí mismo todo lo que fue y no sabíamos de su carrera, una de las mejores construcciones pop que ha dado la música en las últimas décadas. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Hype o no, Ariel Pink es el músico que ha demostrado que ya no hay excusas, que el pop está ahí, en todos lados, y que permanece esperando, como una perla en una ostra dormida.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;a href="http://www.mediafire.com/?cjyikl3vy3r"&gt;Bajar&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="font-family: Verdana, Arial, Helvetica; font-size: small; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21178141-1675457030995534915?l=degollandocisnes.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://degollandocisnes.blogspot.com/feeds/1675457030995534915/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21178141&amp;postID=1675457030995534915' title='12 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21178141/posts/default/1675457030995534915'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21178141/posts/default/1675457030995534915'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://degollandocisnes.blogspot.com/2011/01/mejores-canciones-y-discos-del-2010-o.html' title=''/><author><name>Agustin Acevedo Kanopa</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12314255833701676811</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://photos1.blogger.com/hello/67/10024/640/1143379742_f.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://img.youtube.com/vi/TGbwL8kSpEk/default.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21178141.post-6457248126536959137</id><published>2010-09-23T07:14:00.003-03:00</published><updated>2010-09-23T07:33:58.893-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='omg'/><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/TJsr4ZEM5ZI/AAAAAAAAAuk/mC0HVGHIhSU/s1600/tapita+antes+del+crepsculo.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 291px; height: 400px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/TJsr4ZEM5ZI/AAAAAAAAAuk/mC0HVGHIhSU/s400/tapita+antes+del+crepsculo.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5520054016073852306" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight:normal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Antes del crepúsculo, 29/09/10&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight:normal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;Hace más de un año, me había levantado con una resaca como pocas, sintiendo mi cerebro como una boya flotando en una bolsa llena de agua (bueno, más bien llena de grappa con limón). Cada poro de mi piel exudaba el olor a todo lo que había tomado y comido en el Santa Catalina, y mis planes para el día que entraba como flechazos por las rendijas de mi persiana no variaban más allá de a qué lejanía de mi cama debía colocar el balde previsor. Tal jornada hubieras sido un simple hecho borrable, o un mero recurso para retratarme de una manera bukowskianamente halagadora, pero fue justo en esa tarde que tres amigos míos me convencieron de acompañarlos al centro, y de paso meterme en los Fondos Concursables del MEC, frente a los cuales tenía poco interés en participar, básicamente porque sólo poseía una copia de mi novela y me faltaban las fotocopias, la versión digital y el hígado en su debido funcionamiento para emprender los trámites de inscripción que vencían ese mismo día. Por cuestiones del destino, terminé cediendo a los argumentos de mis amigos (que no eran muy sólidos, pero que parecían mejor que estar en un barco vikingo perpetuo el resto del día) y armado de unas hojas impresas en computadora, una bolsa de galletitas y una Gatorade para hidratarme (lo de que es la bebida de los deportistas es puro cuento, cuando vean a alguien tomando una Gatorade, estén 90% seguros de que esa persona tuvo una horrible mañana de resaca) probé suerte en uno de esos tantos concursos de los que nunca había recibido noticia alguna.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Unos cuantos meses después, miraba un concierto de Tom Waits junto a Santiago Casalás cuando me llegó la noticia de que mi novela era una de las ganadoras de los fondos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;i&gt;Antes del Crepúsculo&lt;/i&gt; (no confundir con la delirante “Del crepúsculo al amanecer”, con la hermosa “Antes del atardecer”, o con esa reciente mariconeada de vampiros y licántropos teens) es producto de dos años de trabajo ya bastante lejanos (la comencé a escribir tres años atrás, en unas vacaciones obligadas en México y la terminé dos años después, luego de someter a la obra a una serie de amputaciones y transformaciones que harían babearse a Cronenberg), pero sobre todo de esa tarde que me atreví a retar a mi propio organismo a una larga y calcinante caminata por el centro y Ciudad Vieja.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;El miércoles 29 estaré presentando &lt;i&gt;Antes del crepúsculo&lt;/i&gt;, a eso de las 19:00 hs, en Café &lt;st1:personname productid="La Diaria" st="on"&gt;La  Diaria&lt;/st1:personname&gt; (Soriano y Ciudadela). Siendo el jazz cable conductor que atraviesa  la novela (y &lt;a href="http://degollandocisnes.blogspot.com/2009/12/agustin-y-el-jazz-la-primera-vez-que.html"&gt;que también supo hacerlo, en cierto momento a este blog&lt;/a&gt;), me pareció buena idea agasajar a quien vaya con la presencia de Gustavo Villalba, excelente saxofonista que estará tocando junto a un pianista algunos hermosos temas (como vi que ademas del saxo alto toca el soprano, estuve tratando de convencerlo de que toque &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=0I6xkVRWzCY"&gt;My favorite things&lt;/a&gt;, de Coltrane). La presentación será también a cargo de Leandro Delgado, quien no sólo es co-creador (junto a jntkdvr) de uno de &lt;a href="http://astllr.blogspot.com/"&gt;los mejores blogs uruguayos&lt;/a&gt;, sino que es escritor de una de mis novelas de isla desierta, Adiós Diomedes.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Se van a vender ejemplares de mi novela allá mismo (al igual que los materiales de los otros ganadores de los Fondos, entre ellos, mis amigos Ramiro Sanchiz y Horacio Cavallo), aclarando que también pueden comprarlo en bastantes librerías por las que está circulando (creo que hasta la he visto en el Shopping Punta Carretas, así que no debe ser difícil de conseguir).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Quien le haya gustado alguna vez este blog (que sí, que lo tengo algo apolillado), quizás le pueda interesar leer el libro, o tomarse algunos vinos conmigo. Están todos invitados.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Dejo abajo el texto de contraportada de la novela para los interesados:&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;“Punto muerto, la púa sigue rebotando en el mismo lugar, la música desapareció y mis Mingus-somas comienzan a ser fagocitados por otras células, células del silencio, por antonomasia. Cadenas de carbono formadas por la música se van desintegrando, se desploman sobre sí mismas, y sobre su cadáver se forman otras cadenas de carbono, las cadenas del silencio, las cadenas del sonido del extractor de aire, las cadenas de los tacones altos de la vecina del octavo piso”. A quien escuchamos no es a un científico –o al menos, eso no lo sabemos-, sino a un jazzista en el pico de su carrera (pero desde el que no puede ver el cielo, sino un inmenso precipicio). Antes del crepúsculo es el testamento de un hombre acorralado entre dos voces: la suya propia, voz-machete con la que intenta abrirse paso a través de las trampas que ella misma va sembrando; y la de su saxofón, un grito ensordecedor convertido en una nota invariable, que comenzó a sonar independiente de la voluntad de su ejecutante. Son estas voces las dos aspas de la picadora de carne que Dexter Dawn intentará atravesar, para llegar al otro lado. Pero antes de ellas se levanta un París encajonado, una habitación azul, un misterioso músico islandés, la prensa sonámbula, Kath, un conejo despellejado, duelos, un Chevrolet Impala estrellado y el jazz, cable conductor pelado sobre el suelo mojado de esta obra.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21178141-6457248126536959137?l=degollandocisnes.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://degollandocisnes.blogspot.com/feeds/6457248126536959137/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21178141&amp;postID=6457248126536959137' title='8 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21178141/posts/default/6457248126536959137'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21178141/posts/default/6457248126536959137'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://degollandocisnes.blogspot.com/2010/09/antes-del-crepusculo-290910-hace-mas-de.html' title=''/><author><name>Agustin Acevedo Kanopa</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12314255833701676811</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://photos1.blogger.com/hello/67/10024/640/1143379742_f.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/TJsr4ZEM5ZI/AAAAAAAAAuk/mC0HVGHIhSU/s72-c/tapita+antes+del+crepsculo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21178141.post-8701930192296345217</id><published>2010-05-02T18:21:00.004-03:00</published><updated>2010-05-02T21:03:04.853-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='melomaniando'/><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/S94Ro8UPAsI/AAAAAAAAAtI/bAM3g1VCRNU/s1600/Jonathan%2BRichman.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 327px; height: 400px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/S94Ro8UPAsI/AAAAAAAAAtI/bAM3g1VCRNU/s400/Jonathan%2BRichman.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5466826392757797570" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;b&gt;Queremos tanto a Richman*&lt;/b&gt;&lt;div&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;i&gt;*esta es la director's cut de una nota a editarse en el próximo número de Revista Guita. &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://revista-guita.blogspot.com/"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;i&gt;Acá el link&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;i&gt; de la revista&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;Nunca me había ocurrido de poder presenciar a un músico o banda internacional en el pico de mi fanatismo. De esos toques en los que uno se siente en la caja de resonancia del mundo, donde uno, más que espectador, se siente testigo. Las únicas veces que me ocurrió algo semejante fue con Buenos Muchachos (un toque en donde por un momento sentí el suelo del difunto BJ arquearse –literalmente- al ritmo de un pogo durante la canción &lt;i&gt;Temperamento&lt;/i&gt;) y Fernando Cabrera (una presentación en el Solís de la que recuerdo tener la piel erizada casi la totalidad del show, como si pudiera despellejarme con la facilidad de quien extrae con una cuchara la nata de un café con leche).&lt;br /&gt;Todos esos momentos han sido y serán, de una forma u otra, hitos fundacionales de estructuras que siguen viviendo en mí.&lt;br /&gt;Ahora bien, los músicos internacionales siempre llegaban demasiado tarde. Parecía que cuando por fin me visitaban, ellos o yo, o algo entre ellos y yo había cambiado.&lt;br /&gt;Cuando viajé a Punta del Este para ver a Bob Dylan, prevalecía en mí una voz interior que me decía “estás viendo una de las últimas leyendas vivas del siglo XX”. Pero era solamente eso, un ajuste de cuentas simbólico, un nuevo pino en el bosque de la historia meado por mí.&lt;br /&gt;Del toque de Radiohead en Buenos Aires, me volví en un Buquebús repleto de gente, satisfecho, pero con la triste sensación de que aquello que a mis quince años hipotetizaba de cambiar mi vida, no me generaba más que una verdadera, aunque efímera satisfacción, como quien logra por fin estar con la chica más linda del liceo, dándose cuenta que ya no es tan linda y, más importante aún, que ya no hay compañeros de liceo para demostrárselo.&lt;br /&gt;Con Mars Volta, más o menos lo mismo, además de que los agarraba en una seguidilla de discos bastante flojos –y sin su primer baterista, que era lo verdaderamente sobrehumano que existía en los peludos de El paso-.&lt;br /&gt;Finalmente, con Cat Power la situación era un poco distinta; mi amor, platónico, fetichista, baboso, quimérico, adolescente, inmaduro, entomólogo, hacia ella no había cambiado, pero aquella persona que yo veía comerse el escenario entero, introduciendo hermosos bailecitos descoordinados dentro y entre cada canción, no era la Chan Marshall de &lt;i&gt;The colors and the kids&lt;/i&gt;, la Chan Marshall &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=f4XqTl0ACoY"&gt;que se ahogaba con su cerquillo mirando hacia abajo mientras cantaba Metal Heart&lt;/a&gt;, la Chan Marshall andrógena que escribía &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=e-omWlUVIA4"&gt;canciones sobre abortos&lt;/a&gt;, la Chan Marshall frágil, como un pajarito que se acaba de caer del nido y que te hace pensar que vos, con tu amor de escucha, de espectador, de fan, sólo con ese amor, la podés salvar. No, la de aquel 2009 –y que vuelve a nuestras latitudes ahora nomás en mayo- era distinta, una Marshall que ya había fortalecido sus alas y que planeaba majestuosa, pero independiente de nuestra ayuda, con esos satinados temas r&amp;amp;b que distaban mucho del hondo dolor de aquellas composiciones folk sacadas del fondo de un aljibe.&lt;br /&gt;Así que cuando me enteré que llegaba Jonathan Richman, mi sorpresa se multiplicó hasta lugares inesperados. Porque, como si se hubiese puesto en marcha una extraña sinergia entre Jonathan y yo, en los últimos meses no había parado de escuchar discazos como “I, Jonathan”, “Her mystery not of high heels and eye shadows”, o “Not so much to be loved as to love”, sirviendo sus canciones como una especie de colchón emocional que venía alivianando el impacto que me generaba la caída del verano (¿pero es la caída del verano o la caída del otoño?, nunca me quedó claro, así y todo, las dos imágenes valen por sí mismas).&lt;br /&gt;En resumen, el concierto me agarraba en la mismísima cresta de la ola.&lt;br /&gt;Supe que iba a ser un toque importante desde una primera anécdota que surgió horas antes de que comenzara el mismo. Iba caminando por la ventosa Chucarro (una calle curiosa, en donde a la altura de Martí se abre hacia la rambla, como si cayera al agua misma, generándose un extraño pasadizo en donde el viento del mar sube como las vías de los trolleys que siguen sobresaliendo del asfalto) rumbo a la casa de Cecilia, prima espiritual de mi novia, con quien había quedado en juntarme para ir al concierto a realizarse en La trastienda. Ya habiendo tocado timbre a su portero eléctrico, esperaba de espaldas a su edificio, observando con extrañeza la fachada de &lt;i&gt;El Bacilón&lt;/i&gt; cerrado –era martes-, aquel extraño aire fantasmal, a almacén tapiado que tiene cuando no está rodeado por sus parroquianos mandíbula de pitbull regados alrededor de su epicentro como pescados en la orilla tras el derrame de un barco petrolero, cuando me percato de que no tengo la entrada conmigo. Me fijo en el morral y en los bolsillos del pantalón varias veces. Son esos momentos en donde uno empalidece, tocándose todas las partes del cuerpo como si estuviera bailando una Macarena frenética. Justo en pleno baile me agarró Cecilia, que bajaba con una tranquilidad que yo, por las circunstancias, sentía de otro mundo. Intentando mantener la compostura le dije que no encontraba mi entrada, que teníamos que volver a mi casa para revisar si la había dejado ahí. Decidimos volver tomando exactamente el mismo camino que había emprendido en la ida. Mi cabeza elaboraba intrincadas conjeturas, incluso me contentaba con un comienzo incipiente de alzheimer , pero temía justamente lo más probable, que se me hubiesen caído del bolsillo y que en ese preciso momento estuvieran volando por Martí, por 26 de Marzo, por la misma rambla o por la calle Burdeos, quién sabe. Que estuviera flotando como un muerto en las fauces de alguna sucia boca de tormenta, también. Pensaba en cosas como que si había perdido la entrada quizás era una señal, quizás en una de esas La Trastienda entraba en llamas y el toque de Richman se convertía en un Cromagnon versión uruguaya. Fue en medio de esa crisis ahogada –realmente no recuerdo una sola palabra de lo que estaba hablando en aquel trayecto de dos cuadras-, cuando escuché la voz de Cecilia decir “Agus, mirá ahí”. En el suelo, sereno, intacto, el papelito rosado y rojo que me esperaba como un niño perdido en la playa. Casi sentí como si no hubiese sido yo, sino la entrada la que me había encontrado.&lt;br /&gt;Me prometí que nunca más llevaría una entrada en el bolsillo, le prometí a Cecilia futuras cervezas de agradecimiento, supe que esta vez, era el destino.&lt;br /&gt;No soy bueno con las estadísticas, pero La trastienda estaría unos tres quintos llena. De los allí presentes, la mayoría no había seguido tan de cerca la trayectoria de Richman, generalmente centrándose en sus primeros años delante del micrófono de los Modern Lovers, por lo común metiendo mano en el cajón de sastre de lo que suele decirse en cualquier nota sobre la música de esta banda: el carácter de formación pionera del punk, su amistad con la Velvet Underground, su papel en la escena neoyorquina de principios los setenta. Sin embargo, abarcar a Richman en su papel de pionero del punk es como esa frazada corta que te deja destapado el pecho o destapados los pies. Si bien el álbum debut de Richman y compañía tenía ciertos manchones de oscuridad, difícilmente pueda homologarse lo que hacía la banda –y sobre todo el resto de las composiciones subsiguientes de Jonathan- con lo que hacía la Velvet, los Dictators, los New York Dolls, o lo que haría Suicide, los Sex Pistols o The Damned. Si uno entra en plan de encontrar gritos antisistema, odas al hedonismo y aliento parricida, se queda completamente desconcertado al escuchar a Richman. Porque Richman toda su vida ha sido un iconoclasta, algo que rompe todos los moldes de la rebeldía estatuida –y empaquetable- del punk, un camino seguido con una férrea linealidad que nunca tomó la forma de militancia. De alguna forma, Richman nunca se colocó en ninguna de las aristas de rock. Ni en la dionisíaca faceta del rockstar, ni en la conmiseración geek, facilonga y filistea de los músicos indie actuales (porque, vamos, canciones dolorosas como &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=JOfMi_hHYCk"&gt;Plea for tenderness &lt;/a&gt;son mucho más que eso). Y esto es algo que se pudo sentir desde el mismo momento que Jonathan llegó a la Trastienda, a pie, por Fernández Crespo, con la guitarra bajo el brazo. Mientras Hablan por la Espalda lo taloneaba con el cambio puesto en segunda, Jonathan permaneció en el hall, hablando con la gente que lo abordaba sin ocurrírsele a él ni a los otros mucho que decir, más allá de pedirle algún tema, o comentarle lo&lt;i&gt; huge fans &lt;/i&gt;que eran.&lt;br /&gt;Llega Richman al escenario, saca su guitarra del estuche y afina fugazmente. Su único compañero es el batero Tommy Larkins, con quien ha mantenido la formación de dúo desde hace varios discos. Su guitarra es una criolla, no está conectada al equipo, ni siquiera tiene correa. &lt;div&gt;Comienza a tocar y empieza la magia. &lt;div&gt;La particularidad del show de Richman es lo inimitable que es. Uno puede ver a músicos hipertécnicos, bandas &lt;i&gt;prog&lt;/i&gt; o &lt;i&gt;powermetaleras&lt;/i&gt; desafiando la capacidad humana de velocidad y oído, y sin embargo siempre sabe que en algún rincón del mundo, en alguna academia mohosa y perdida, en un sótano lleno de posters y fósiles de computadora, o en el húmedo hacinamiento de un bloque de apartamentos comunales hay un estudiante prodigio japonés, un luthier búlgaro, o un pendejo chileno fanático del cine de Lucio Fulci que puede igualar o superar a su maestro. Los blueseros o jazzeros dirán, en su defensa, que la maestría técnica no importa, que lo inigualable, su propia marca de fábrica, es el &lt;i&gt;swing&lt;/i&gt;. &lt;i&gt;You ain’t got no swing&lt;/i&gt;, le dirá el negro experiente con una ligera mueca de desdén en sus labios al chico que se acerca con sus ojos brillosos y su demo en la mano. Pero lo de Richman trasciende la técnica, la proeza y el swing y se vuelve algo mucho más complejo y a la vez transparentemente sencillo: lo que tiene Richman que el resto no tiene y que no van a tener es que, justamente, es Jonathan Richman. Nunca en mi vida vi de forma tan clara alguien cuya presencia escénica y su obra entren en sincronía de una manera tan perfecta, de relojería suiza, de homeostasis orgánica. Porque no es sólo la voz nasal de Richman, sus letras nostálgicas sobre las fiestas en los cincuenta, su mirada a veces perdida, la ternura con que agradece a los aplausos, su físico de niño atrapado en un cuerpo de un metro ochenta, aquel acento sedimentoso al hablar español, los instantes en donde se aleja del micrófono, sin importar que no se escuche, bailando de una forma que nadie se atrevería, o que de hacerlo lo haría en otra clave, con una &lt;i&gt;tongue in cheek&lt;/i&gt; que indicara que está bromeando. Es algo más, algo que se muestra en cada tema como el resto arqueológico de algo perdido, de una polis que posiblemente nunca existió, pero en la que hubiera sido hermoso vivir, de un vínculo de amor instantáneo, diferente de todo lo que pueda haber generado cualquier otro músico igualmente impactante, como la intensidad de Jerry Lee Lewis parado sobre el piano, de James Brown abriéndose de piernas en el Apollo, de Johnny Rotten ofreciéndose como carroña a los escupitajos y las botellas arrojadas en los últimos shows de los Pistols en Estados Unidos. Es algo que incluso no podría ser banalizado, porque no se entendería. La razón por la que hay imitadores de Elvis, de Freddie Mercury, o de Los Beatles, pero no de Richman es precisamente esa; es una verdad que funciona como un chiste: si se explica, pierde la gracia. Y uno puede sacar nota de esto en el silencio que reinaba en La Trastienda, un silencio que no había llegado a sentir ni en un toque de la Filarmónica, y que no podía distar más de aquel mutismo estático, molar, ese silencio de respeto, jurídico, de paño y corbata bien ajustada, que se mantiene en una obra teatral, o en el green de un campo de golf. Era un silencio que celebraba a Richman, que aunaba a un montón de personas que no querían perderse absolutamente nada de lo que ocurriese, un pifie, un olvido, una ocurrencia, una excursión dentro de cierto ritmo en un mismo tema. Kim Gordon dijo en un &lt;a href="http://www.fodderstompf.com/ARCHIVES/REVIEWS/gordonritz.html"&gt;viejo artículo sobre Public Image Ltd&lt;/a&gt;, “la gente paga por ver a otros creer en sí mismos”. En este caso, uno paga para poder amar a Jonathan Richman.&lt;br /&gt;Quienes hayan ido esperando encontrarse con los temas insignes de los Modern Lovers, posiblemente se habrán quedado medio desconcertados. Por el contrario, Richman buceó ampliamente por su material en solitario, con canciones como &lt;i&gt;Because her beauty is raw and wild&lt;/i&gt;, o &lt;i&gt;I was dancing in a lesbian bar&lt;/i&gt; (en una versión libre de casi diez minutos), y sobre todo en temas cantados en otro idioma, no sólo en español (como &lt;i&gt;A que vinimos sino a caer&lt;/i&gt;, o &lt;i&gt;Yo tengo una novia&lt;/i&gt;), sino también en italiano, francés y hebreo. La mayoría canciones de amor, otras de deslumbramiento, pero todas bañadas por la misma sensación de epifanía o sorpresa, tal como se puede ver en esos momentos en que Jonathan abre los ojos, como un niño al que se le acaba de develar un gran secreto. Esa sorpresa sólo se puede explicar en una noción de eterna juventud –no de “juventud momificada”, como en algunas bandas- que se convierte, de hecho en uno de los aspectos más curiosos de Richman. Nacido en el seno de un movimiento que pregonaba la vida rápida y la muerte joven, la vejez o madurez era prácticamente un tema tabú. Como si fueran jugadores de fútbol con fecha de vencimiento temprana marcada en forma de código de barras en su nuca, muchos de los músicos se consagraron en ocultar progresivamente su vejez, dedicarse a algo completamente distinto, o morir lo suficientemente rápido como para no tener que rendir pruebas. A eso habría que sumársele una especie de Teenage FBI (haciendo referencia a la gigantesca canción de los Guided By Voices -liderada justamente por Pollard, que debutó con 35 pirulos) que stalinizaba de sus listas a cualquier músico que fuera mayor de veinte años. Los tiempos cambiaron y hoy el mercado da para que aquellos músicos que escondían su edad como un judío que esconde su Menorá en un sótano en la Alemania nazi, puedan explotar la nostalgia de unos cuantos. Pero mientras hoy en día grandes grupos del pasado se juntan para devenir en bandas de covers de sí mismos, Richman sigue siendo el mismo pibe, el mismo pibe que, paradójicamente supo cantar en 1969 un tema como &lt;i&gt;&lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=n4smOSAkkz4"&gt;Dignified and old&lt;/a&gt;&lt;/i&gt;. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Volviendo al tema de aquellas viejas generaciones, estos últimos años han sido particularmente severos con nuestros ídolos. Cayó Lux Interior, cayó Malcom McLaren, cayó Rowland S. Howard, cayó Alex Chilton. La mayoría de los que no cayeron figuran en shows que parecen vitrinas de un museo de ciencias naturales, transitan por los escenarios como Ratzinger en un papamóvil. Y el invierno es crudo, y el invierno tiene hambre de otros ídolos, y algo en mi interior me dice, tiene la certeza de que voy a estar vivo para ver morir a Springsteen, a Robyn Hitchcock, a Iggy Pop, a Mark E. Smith, a Scott Walker, a Tom Waits, a Johnny Rotten. Y viendo a Richman, con una delgada papada, barba de una semana y ojos tristes cantar &lt;i&gt;A qué vinimos sino a caer&lt;/i&gt;, me viene un frío en la espalda. Pero entonces, la canción acaba, la gente aplaude, Jonathan sonríe y coloca sus manos en forma de plegaria y por un momento, como una epifanía llega una frase pronunciada por &lt;a href="http://dragonlieder.blogspot.com/"&gt;Benito &lt;/a&gt;tiempo atrás: “Jonathan Richman no puede morir, porque morirse es mala onda”.&lt;br /&gt;El toque terminó de la mejor forma que podía terminar. La gente se fue con una sonrisa en el rostro, como pocas veces he visto –o me sentí dispuesto a ver. Subiendo por Fernández Crespo, esperando con Cecilia y &lt;a href="http://elbailemoderno.blogspot.com/"&gt;Eze &lt;/a&gt;un taxi que nos lleve a La ronda, ya viene en mí la conclusión de que acabo de presenciar un momento importante en la historia uruguaya. Quizás no aparezca en los diarios, posiblemente se comente en alguna serie de &lt;a href="http://elbailemoderno.blogspot.com/2010/04/fuimos-ver-jonathan-richman-y-esto-es.html"&gt;blogs&lt;/a&gt; &lt;a href="http://killyourtaste.blogspot.com/"&gt;amigos &lt;/a&gt;y se olvide con la próxima visita internacional que llegue a estas latitudes. Pero para mi fue importante. Fue un toque que enseña otra forma de conectarse con el público, una forma de tocar relajada, desatada de todas las convenciones performáticas del rock o de la música en general, evitando al mismo tiempo sonar vago y carente de sustancia (algo difícil de procesar en un país cuyas propuestas muchas veces hacen equilibrio entre la solemnidad y la pereza). Pero más que una forma nueva de hacer música, una forma de saber escucharla. Una de mis citas favoritas del rock proviene de Lester Bangs, y dice: “The only questions worth asking today is whether humans are going to have any emotions tomorrow, and what the quality of life will be if the answer is no” . Entre tanta referencia posmo, atrapados en ese spa terrorífico y gigantesco que es lo &lt;i&gt;cool&lt;/i&gt; (Diego D’Avila, dixit), entre tanto miedo a decir lo que sentimos sin ponerlo con entrecomillado, Jonathan Richman nos muestra cómo se pueden decir las cosas por su nombre, a hablar sobre querer a alguien, sobre la hermosa impresión de ver tocar el harpa a Harpo Marx, de bailar por bailar, de aceptar el sufrimiento como parte de la vida, del dolor que genera que la chica que te gusta no se ría de tus chistes, de la alegría de caminar por la calle, de apreciar lo linda que se ve tu novia con la ropa de todos los días, de ansiar la llegada de un carrito de helados a tu barrio.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Pero leo esto que he estado escribiendo, y me doy cuenta de que me olvidé de lo esencial, de lo único que importa.&lt;br /&gt;Escuchen a Richman, sólo eso importa. Nada de lo que pueda decir o sugerir se encuentra afuera de sus álbumes.&lt;br /&gt;Tal como dice en su disco &lt;i&gt;Not so much to be loved as to love&lt;/i&gt;, “He gave us the wine to taste, not to talk about it”&lt;br /&gt;&lt;i&gt;So let’s taste it&lt;/i&gt;, pibes.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;object style="background-image:url(http://i1.ytimg.com/vi/XjFU98mEem4/hqdefault.jpg)"  width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/XjFU98mEem4&amp;amp;hl=es_ES&amp;amp;fs=1"&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/XjFU98mEem4&amp;amp;hl=es_ES&amp;amp;fs=1" width="425" height="344" allowScriptAccess="never" allowFullScreen="true" wmode="transparent" type="application/x-shockwave-flash"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21178141-8701930192296345217?l=degollandocisnes.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://degollandocisnes.blogspot.com/feeds/8701930192296345217/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21178141&amp;postID=8701930192296345217' title='9 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21178141/posts/default/8701930192296345217'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21178141/posts/default/8701930192296345217'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://degollandocisnes.blogspot.com/2010/05/queremos-tanto-richman-esta-es-la.html' title=''/><author><name>Agustin Acevedo Kanopa</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12314255833701676811</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://photos1.blogger.com/hello/67/10024/640/1143379742_f.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/S94Ro8UPAsI/AAAAAAAAAtI/bAM3g1VCRNU/s72-c/Jonathan%2BRichman.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21178141.post-617743274756947531</id><published>2010-02-11T17:41:00.007-02:00</published><updated>2010-03-04T05:25:42.677-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='melomaniando'/><title type='text'></title><content type='html'>&lt;b&gt;&lt;div&gt;Mejores discos del 2009&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: normal;"&gt;Tarde como siempre, acá llega la lista de los mejores discos del año (del 2009). Tenía pensado hacer una lista de veinte, incluso de quince, como he hecho de costumbre los últimos años, pero considerando que este era un post que en principio no iba a aparecer acá -y sumándole el hecho de que se le superpuso otro post sobre &lt;i&gt;verano/Atlántida/ maquinitas/ el arte de la pesca/pornografía/ Ladyhawke/ televisión abierta/ asados&lt;/i&gt;, que posiblemente salga a mediados de marzo- terminé reduciéndolo a sólo diez puestos, quedándome sólo con lo que más me impactó del año pasado, y dejando fuera un montón de discos geniales, como &lt;i&gt;Los últimos diez minutos de María Duval&lt;/i&gt;, de Los Negretes, el Goodbye Oslo, de Robyn Hitchcock, el debut de Girls, el último de Atlas Sound, Memory Tapes, &lt;i&gt;Siguiendo al rayo&lt;/i&gt;, de Señor Pharaón, &lt;i&gt;Segundo Nombre&lt;/i&gt;, de Amelia, el Fame monster, de Lady Gaga y otro montón de discos más -sin contar los que no pude escuchar del todo bien.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: normal;"&gt;He aqui mi humilde .e inusitadamente corto- post de lo mejor del 2009 &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/S3haFU5NBQI/AAAAAAAAAtA/ZarHUeNQpxs/s1600-h/Travesti.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 356px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/S3haFU5NBQI/AAAAAAAAAtA/ZarHUeNQpxs/s400/Travesti.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5438195597604357378" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;10- Travesti- Travesti&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;En tiempos de Ricardo Fort, toda Argentina parece haber vivido tras la penumbra de las lolas de unas cuantas vedettes. Encontrar a un personaje como Sulma Lobato referido por muchos de las personas del &lt;i&gt;mojo&lt;/i&gt; como una artista –una especie de mal viaje warholiano a base de te de floripón y casuela de mondongo- hace pensar el universo cultural de nuestro país vecino –y por lo tanto del nuestro, a no engañarnos que cuando Buenos Aires estornuda, Montevideo se enferma- como un Sodoma y Gomorra del que no queda otra cosa que correr sin atreverse a mirar hacia atrás. En su último disco, el dúo argentino Travesti se convirtió en la banda sonora de ese Ragnarok terminal, con suelos que se desmoronan sobre cráteres producidos por los tacos aguja de una milf que pisa demasiado fuerte. Ya desde la misma tapa, con Moria Casán y el título homónimo de la banda sobre la portada–generándose un efecto gracioso que hace preguntarme si la reina del colágeno sabía en qué carajo se estaba metiendo-,  uno se da cuenta de que esta enfrentado a un disco conceptual, un viaje dantesco de ida y vuelta sobre las entrañas del glitter argentino. Todo esto parece medio terraja, pero la forma en que Travesti emplaza los versos alucinados, casi como difusas visiones bíblicas (“Aceite de avión en la operación sobre las lolas del nuevo testamento”), logran una superposición, un efecto sórdido dentro de lo plausible que sólo saben hacer artistas como David Lynch. Un disco centrado en transformaciones corporales, en footing, en dietas, y que curiosamente nunca se vuelve &lt;i&gt;drag &lt;/i&gt;ni irónico, sino que encuentra una coherencia oscura pero también extática, como una prenda de strass negro agitándose en la noche como una bandera pirata, como un mojón que señala el adentramiento a un campo minado.&lt;br /&gt;Hace unos meses el dúo argentino visitó nuestro país en un toque realizado en Lotus (uno de los pocos lugares en Uruguay que incorpora los criterios de selección modelo Studio 54). Alejandro Torres con saco y mocasines blancos, Fernando Floxon con campera cyberpunk de cuero, con lentes negros y camiseta de Burzum, verlos en vivo resultó ser para mí, inesperadamente, una de las experiencias estéticas más impactantes de los últimos años. Tal como la orquídea y la abeja se territorializan, resultando imposible -e innecesario quién imita fisionómicamente a la otra- La misma presentación y música de la banda, de un segundo a otro reconfiguró todo el entorno paqueta de las inmediaciones del Montevideo Shopping. Fueron necesarios tres temas, y Lotus se convirtió en un prostíbulo sórdido, en el que todos bailábamos como si estuviéramos en las entrañas de un Titanic ya hundiéndose, manchados por la luz del neón y la bola de espejos. Y el agua ya llegaba a las rodillas, pero no importaba, había que seguir bailando&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/S3hYykTZnKI/AAAAAAAAAsY/Get6TCBizJw/s1600-h/m_ward-hold_time-art1.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 400px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/S3hYykTZnKI/AAAAAAAAAsY/Get6TCBizJw/s400/m_ward-hold_time-art1.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5438194175811624098" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;b&gt;09- M. Ward- Hold time&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Posiblemente uno de mis discos del verano. Lo que hace M. Ward (músico de sesión que integra un montón de lineups geniales, como la de la señorita Cat Power) es empacharnos con un montón de canciones perfectas, construcciones pop con adamios folk que actúan a modo de una radiografía del pop estadounidense de los cincuenta sin convertirse nunca en retro (de hecho, es un disco en el que resulta imposible saltearse un sólo tema, posiblemente teniendo en sus cinco primeras canciones la mejor seguidilla de temas del año).. Desde la version folk re para arriba de Rave on (con el mismo espíritu maximalista de la original de Buddy Holly), hasta &lt;i&gt;Hold Time&lt;/i&gt; (aquella hermosísima balada compuesta en una surrealista clave Beach Boy), pasando por el viento español que sopla &lt;i&gt;Stars of Leo&lt;/i&gt;, y la sabia esperanza que irradia &lt;i&gt;For beginners&lt;/i&gt;, tema que abre el disco, M.Ward se muestra como un tipo que se maneja con tremenda soltura en todos los rincones de la cancha. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;La escena pop actual por momentos parece sobrepoblada de músicos que incorporan elementos folk y country a sus repertorios. Lo que deja claro M.Ward es que tiene ganadas unas cuantas parcelas de cultivo, al lado de los ranchos de Cat Power, Neko Case, Gary Numan y Will Oldham.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/S3haEEBLudI/AAAAAAAAAso/8J3ZJ9oJcO8/s1600-h/sunn+o))).jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 400px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/S3haEEBLudI/AAAAAAAAAso/8J3ZJ9oJcO8/s400/sunn+o))).jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5438195575894555090" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;08- Sunn o)))- Monoliths and dimentions&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;Monoliths and dimentions es un disco tan oscuro que haría ver a los álbumes de la primera época de Black Sabbath como un versión de remixes veraniegos de High School Musical. Esto que acabo de decir tampoco aporta nada muy nuevo, Sunn o))) vienen perfeccionando su drone metal desde hace tiempo, generando vórtices y agujeros negros en donde el mismo ritmo cardíaco va camuflándose con el tempo de la banda, tan lento como la miel. El detalle de la miel en un disco tan opresivo no es meramente circunstancial, sino que da señal de uno de los detalles que diferencian a este trabajo del resto de los productos de la banda: un contrapunto, un claroscuro al final en &lt;i&gt;Alice&lt;/i&gt;, tema que cierra el disco, en donde un set de cuerdas y vientos parece desgarrar y abrir los cumulus nimbus que encajonaban al disco. Pocas veces se había visto un cambio de registro tan impactante, pero a la vez tan fino y ajustado en un disco (ni que hablar en un álbum de drone metal). Tal como sucede con la Divina Comedia, la mayoría de la gente sólo se queda con el Infierno, pero se olvida de que tal terreno es solo parte del arduo camino que conduce al paraíso. Pocas veces se ha podido apreciar de una forma tan eficaz y abrumadora este trayecto, y ya sólo con eso se convierte al disco de Sunn o))) en uno de los mejores krafts de la primera década del milenio.&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/S3hYw0nd4sI/AAAAAAAAAr4/sfiZIwn5BNo/s1600-h/3pecados.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 400px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/S3hYw0nd4sI/AAAAAAAAAr4/sfiZIwn5BNo/s400/3pecados.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5438194145831019202" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;07-3Pecados- Dios salve a la muerte&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Dios salve a la muerte&lt;/i&gt; fue grabado de manera casi unipersonal durante una crisis nerviosa de Pau O’Bianchi (la persona detrás de 3Pecados), en la que durante una semana prácticamente no salió de su baño, grabando todo el disco ahí, intentando dejar su último testimonio antes de una muerte que creía que vendría en pocos días. Más allá de la anécdota biográfica, el último disco de 3Pecados funciona por ser y sonar, efectivamente como lo que fue: la batalla de un hombre entre la tierra y el cielo, un disco que funciona como una botella arrojada al mar, o más que al mar, a un abismo, no quedando verdadera esperanza más allá de la certeza cortante de los vidrios hechos añicos. Pero Dios salve a la muerte no es solamente eso; es quizás la primera gestión idiosincrática uruguaya en el mundo del low fi, un low fi no como producto inevitable de las circunstancias, ni un low fi como mera ornamentación sonora. Incluso dentro del ámbito low fi, sorprende el hecho de ser un disco no fragmentario, casi conceptual, en un subgénero donde suele primar precisamente lo contrario. Bitácora de los descensos psicológicos de su artífice, o cerebral experimento sonoro, &lt;i&gt;Dios salve a la muerte&lt;/i&gt; no suena similar a nada que se haya grabado en nuestro territorio&lt;br /&gt;Escribí una nota más larga de este disco en La diaria. Si quieren leerlo completo &lt;a href="http://www.mediafire.com/?ho14ktjkkud"&gt;acá &lt;/a&gt;un enlace para bajarlo.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/S3haFM7K90I/AAAAAAAAAs4/hNtp1UCrR7U/s1600-h/the-flaming-lips-embryonic.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 400px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/S3haFM7K90I/AAAAAAAAAs4/hNtp1UCrR7U/s400/the-flaming-lips-embryonic.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5438195595465127746" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;06- The Flaming Lips- Embryonic&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;Con la banda de Wayne Coyne la palabra megalomanía queda un poco corta. Ya desde &lt;i&gt;Zeireeka&lt;/i&gt; (ese Voltron musical cuatro discos que tenían que ponerse al mismo tiempo) uno sabía que estaba hablando de tipos complicados, y en el marco de la &lt;a href="http://pitchfork.com/news/36828-flaming-lips-to-cover-pink-floyds-idark-side-of-the-mooni/"&gt;reinterpretación íntegra del Dark side of the moon&lt;/a&gt;, uno tiembla ante los resultados de lo que pueda ocurrir con un disco doble como Embryonic. Sin embargo, diferente a todas estos temores Embryonic debe ser el mejor trabajo de los Lips desde &lt;i&gt;The soft bulletin&lt;/i&gt; (capaz que incluso el mejor, el tiempo lo dirá). Hay dos particularidades que lo separan del resto de la discografía de Coyne y cia, incluso de la mayoría de los discos de tal magnitud: &lt;div&gt;1) Embryonic tiene la particularidad de ser un disco doble sin filler, incluso esquivando grácilmente esa dimensión fragmentaria que toman la mayoría de los discos de tal longitud. El sonido, los devaneos kraut, el repiqueteo de batería, la aspereza por momentos low fi, todo makes sense en el disco, y uno puede escucharlo de principio a fin, como si fuese una historia contada en dos actos, incluso deseando que nunca termine. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;2) Segundo e igual de importante: es, por así decirlo, el disco menos paloma de los Flaming Lips. De una aspereza perdida a lo largo del tiempo, Coyne puede permitirse acariciar claroscuros emocionales que estaban parcialmente retenidos en la aduana de aquel Candyland (una especie de Neverland Ranch pero cubierto por una fina capa de sangre con gusto a gelatina de frutilla) que se había costruido a lo largo de los años. Incluso, cuchareando de esa lógica sci fi que ha dado forma a su cosmogonía, las referencias de género ya no son simpáticas como Yoshimi combatiendo contra robots rosas, ni ese conjunto de científicos trabajando juntos para el bien de la humanidad en &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=4mMC5CWTT0s"&gt;Race for the prize&lt;/a&gt;. En Embryonic hay un viento de cambio, hay mujeres robots incapaces de sentir emociones, máquinas plateadas que transforman a humanos en autómatas, un mundo que comienza a apagarse y que llega a su punto crucial en &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=htQX4R9yHWc"&gt;Watching the planets&lt;/a&gt;, una forma tan épica como escalofriante de cerrar el disco, una CODA en llamas con Karen O (de los Yeah Yeah Yeahs) gruñendo y graznando en su forma más animal mientras Coyne cierra crípticamente la fábrica con el críptico verso "oh, oh, oh, the sun is gonna rise".&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Un gigantesco disco épico, hecho por una de las bandas más épicas de estos años, en tiempos en donde todo lo épico es tomado con pinzas.&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/S3hYyA2iOUI/AAAAAAAAAsI/htQEsCV_bs8/s1600-h/carmen+sandiego.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 400px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/S3hYyA2iOUI/AAAAAAAAAsI/htQEsCV_bs8/s400/carmen+sandiego.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5438194166295312706" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;05- Carmen Sandiego- Nanas&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;En la historia del rock uruguayo ninguna banda ha escrito canciones como las que salen de las voces y guitarras de Flavio Lira y Leticia Skricky. Carmen Sandiego hace un folk popero con raíces rústicas del estilo de Beat Happening. El dúo uruguayo por momentos compone canciones sencillísimas, austeras, impresionistas, como el mero relato de volver a  casa después de una larga noche o la historia de personajes serenos, diminutos, dolorosamente humanos. Sin embargo, todo está muy lejos del ambiente suave, apastelado y otoñal de bandas común –y erróneamente. En el marco de un folk indie que se ha convertido, con sus personajes ligeramente neuróticos, ligeramente sensibles, ligeramente excéntricos (un género que podría resumirse a la ecuación Wes Anderson + Yogurth Diet) en una nueva progenie (que incluye temas como &lt;a href="http://www.myspace.com/diegorebella"&gt;Ellos&lt;/a&gt;, de Diego Rebella) que haría ver a &lt;a href="http://www.myspace.com/32canciones"&gt;Gonzalo Deniz&lt;/a&gt; como Pappo, Carmen Sandiego funciona completamente fuera del circuito, manteniendo en cierto punto, un sonido común, pero un mundo de referencias, una sinceridad brutal muy lejos de todo lo que puede ofrecer el resto de la escena. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Porque los otoños de Carmen Sandiego no son naranja, son una larga gama en greyscale a punto de dejarte ciego. La banda se encarga de regar claroscuros imperceptibles que hielan la sangre, y que vuelven toda una canción en apariencia vaga y tranquila, en una confesión ambigua, llena de miedo latente. En canciones &lt;i&gt;Amigos en la escena&lt;/i&gt;, Flavio Lira relata sencillamente el mero detalle de un grupo de amigos tocándose el pelo, pero es tal el obsesivo anaforismo del detalle que se termina por convertir al mensaje en algo crípticamente diferente, perturbador, con tantas aristas que se clava como abrojos los oídos del escucha. &lt;i&gt;4:00 am&lt;/i&gt; es una de las narraciones insomnes en primera persona más claustrofóbicas que se hayan registrado. La alegre 8 40, código policial con el que se refiere a trata de blancas (capaz que de gigolós, fiolos o algo por el estilo, no me acuerdo bien) habla exactamente de eso. La voz susurrada de Leticia Skricky en Canción para los padres ausentes diciendo "voy a quemar cada cosa que diga que es suya, ah, voy a enloquecer  debe ser uno de los registros de mayor vulnerabilidad que recuerde en el rock uruguayo. Y como contraparte de todo esto el disco cierra con Calefactor, una de las canciones más directas y guarras que se han hecho en estos años (Sos un calefactor, así que vení, y abrite de nalgas) En el siempre engañoso &lt;i&gt;Nanas&lt;/i&gt;, tal como Xiu Xiu (aunque no tan proclives al ruido), la sinceridad de Carmen Sandiego siempre va un poco más, funcionando como un pequeño microscopio, en donde, tras la apariencia de una piel suave y tersa, se logra descubrir un montón de microbios, seres unicelulares y mitocondrias debatiéndose en un sucio festín caníbal.&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/S3haDzd2EBI/AAAAAAAAAsg/uEy1Gl47o6A/s1600-h/pigs.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 399px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/S3haDzd2EBI/AAAAAAAAAsg/uEy1Gl47o6A/s400/pigs.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5438195571451367442" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;04- Destroyer- Bay of pigs&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;Dan Bejar es un capo. Eso todos los que lo escuchamos más o menos lo sabemos. Sin embargo, a medida que varios vamos contemplando la posibilidad de tatuarnos alguno de sus versos en la nuca, se ha ido acuñando una frase en clave de reproche que afirma que Destroyer parece cambiar constantemente, pero esencialmente siempre es lo mismo. En el sentido estricto de sus metamorfosis, Bejar ha pasado de su primera época más áspera a un sonido más pulido, de guitarreadas acústicas a himnos de alto componente electrificado. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;El discazo &lt;i&gt;Your blues&lt;/i&gt; ya había incurrido en el terreno de los sintetizadores (a veces de un sonido acusadamente cutre, aunque no por ello se convirtiese en una referencia irónica ni nostálgica de ningún tipo), pero es posiblemente el EP &lt;i&gt;Bay of pigs&lt;/i&gt; el experimento más osado que haya hecho el canadiense en toda su discografía. Compuesto por sólo dos temas (&lt;i&gt;Bay of Pigs&lt;/i&gt; y &lt;i&gt;Ravers&lt;/i&gt;, durando el primero de ellos cerca de catorce minutos), el disco empieza con “Listen, I been drinking…”, y precisamente parece como si nos sumergiésemos en el mismo líquido/fluido del que Bejar está bebiendo. Si la mayoría de los discos de Destroyer son cartografías de continentes emocionales que se solapan y continúan los unos con los otros, el tema &lt;i&gt;Bay of Pigs&lt;/i&gt; es justamente la inmersión en el océano que los separa. Uno va atravesando capas de sonido –más que capas, algo así como finísimas sábanas- acercándose lentamente al corazón de la canción. Ese corazón no late de una sola manera, puede hacerlo tanto con un punteo de una guitarra llena de delay, como con el ritmo de unos súbitos sintetizadores que trazan una atmósfera d&lt;i&gt;isco&lt;/i&gt; nunca antes vista en la discografía de Destroyer. La canción &lt;i&gt;Bay of pigs&lt;/i&gt; posiblemente sea la mejor canción del 2009, siendo un kraft excelso de todo lo que puede ser o no ser una canción, todo lo que se pueda escribir o callar en una letra, la inmersión en el mundo de los recuerdos de un hombre en su forma más múltiple y reproductiva. Y aún así Bejar es Bejar, Bejar y sus mujeres, sus shalalás, sus recuerdos reconstruidos en base a fragmentos, Bejar y sus imágenes de personas como piezas de puzzle flotando sobre una tina llena de agua. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Love is a political beast with jaws for a mouth&lt;/i&gt;. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Hay una frase comúnmente conocida (aunque cada vez más en desuso, a fuerza de divorcios y la dinamitación de la formación parental clásica) de que detrás de cada hombre, hay una gran mujer. Más que nunca en toda la discografía (o literatura propiamente dicha) de Dan Bejar, la mujer -sus mujeres- no están detrás, sino delante, pero en forma de un espejo astillado que devuelve en cada fragmento uno de sus personajes. Christine White, Jackie O', todos los fragmentos permanecen, todo devuelve diferentes aces de colores. Terminar de escuchar &lt;i&gt;Bay of pigs&lt;/i&gt; es llegar al imposible de aquel punto topográfico donde termina ese arcoiris, un lugar donde no hay duendes ni hoyas de oro, pero si una de las canciones más bellas que se han hecho en los últimos años.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/S3hYxLCWOHI/AAAAAAAAAsA/nubKqsx3CGg/s1600-h/animal_collective_merryweather_portada2.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 400px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/S3hYxLCWOHI/AAAAAAAAAsA/nubKqsx3CGg/s400/animal_collective_merryweather_portada2.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5438194151849343090" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;03- Animal Collective- Merriweather post pavilion&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;Da un poco de cosa darle tanto la razón a la pitchfork,  o a metafilter, pero realmente &lt;i&gt;Merriweather post pavilion&lt;/i&gt; es un disco, más que bueno, &lt;i&gt;importante&lt;/i&gt;, una reformulación desde las bases de lo que es una canción pop, de lo que puede hacer una banda con un estribillo, de lo que puede ser un riff, de cómo se puede cantar un tema. Animal Collective, obteniendo lo que probablemente sea el título más pop de su discografía (y con sus temas más perfectamente pop como &lt;i&gt;&lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=zol2MJf6XNE"&gt;My Girls&lt;/a&gt;&lt;/i&gt;, o &lt;i&gt;Summertime Clothes&lt;/i&gt;), termina de acuñar prácticamente un género en sí mismo al que venía engarzando distintas piezas desde hace años. Un disco con valor de &lt;i&gt;thesis&lt;/i&gt;, y no por ello menos disfrutable, comestible, envidiable, incluso bailable&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/S3hYySWF1XI/AAAAAAAAAsQ/d7D2rJ2d9Jo/s1600-h/death-for-the-whole-world-to-see.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 400px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/S3hYySWF1XI/AAAAAAAAAsQ/d7D2rJ2d9Jo/s400/death-for-the-whole-world-to-see.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5438194170991072626" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;02- Death- For the whole world to see&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;Acá hice trampa; &lt;i&gt;For the whole world to see&lt;/i&gt; fue grabado en 1975, pero por un curioso dominó de cagadas, enfermedades, mala liga y errores más o menos concientes y/o evitables, lo había obligado a permanecer bajo tierra, por más de veinte años, como una mohosa vasija de invalorable valor arqueológico. ¿Pero por qué tomarse la molestia de incluir en este conteo a una banda de principio de los setentas, que ni siquiera transitó por este año en el formato de algún tipo de reunión –como un montón de bandas que desfilaron en la última década, convirtiéndose en algo así como bandas de covers de sí mismos-, que pasó prácticamente desapercibida por los circuitos masivos, y que ni siquiera llega a ser muy conocida por la crítica especializada? El título del disco parece, en primera instancia, algo pretencioso, pero termina indicando exactamente el valor intrínseco del mismo. Death fue una banda desafortunada, que estaba destinada al oro, pero que quizás fue víctima de su propia velocidad, tropezándose con los largos cordones de sus mismas pretenciones, dándose de cabeza contra el muro de sus inquebrantables principios y su propias pulsiones thanáticas. La idea de “banda maldita” es muy tentadora, pero eso no hace a Death una banda legítimamente buena (al igual que la vida bizarra/autodestructiva de G.G. Allin tampoco deja en penumbra el hecho de lo berreta que era como músico). También, la onanista tarea de buscar “la primera banda punk” ya se ha convertido en un subgénero en sí mismo en lo que se refiere a crítica musical. Seguir delegando eso, que si fueron los mismos Pistols, o los Ramones, o los Dictators, o Suicide, o la Velvet Underground, o los Nuggets, o los Fugs, o los Electric Eels, o los peruanos Saicos, o la bandasolistadelcuñadodeuntíosegundodeFraileMuertoquetocab-acoversdelosIracundosdrogadoconpegamentodetapiceríaenelaño59’, es una labor que sólo sirve para discutir con algún que otro bloggero con escasas probabilidades de ponerla en el verano. Pero lo de Death parte la vista –o mejor dicho, los oídos-. Lo que logra esta banda formada en 1971 es sonar &lt;i&gt;hardcore before punk&lt;/i&gt;, sin Deloreans de por medio, con solamente un par de guitarras eléctricas al palo (demasiado rápidas para la época, anticipándose al ataque hiperactivo y fisico de los Bad Brains,), temas complejísimos y un espíritu heredado de MC5 cultivado y reprocesado como un vino olvidado en una antigua barrica. Escuchar &lt;i&gt;For the whole world to see&lt;/i&gt;, específicamente temas como &lt;i&gt;Keep on knocking&lt;/i&gt; o &lt;i&gt;Politicians in my eyes&lt;/i&gt;, es como descorchar ese vino, sentir y pensar en la medida que las cosas podrían haber sido diferentes de haberse vuelto esta banda en una formación reconocida. El mundo entero probablemente no verá, ni tendrá la suerte de saber de lo que se perdió, pero el último y único disco de Death es histórico de forma retrospectiva, como el descubrimiento del hombre de Pekin, o cualquier esqueleto perdido que nos haga cuestionar sobre los propios eslabones que nos componen.&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/S3haEuR-HwI/AAAAAAAAAsw/w_TH3PltuvE/s1600-h/the-antlers-hospice.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 397px; height: 400px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/S3haEuR-HwI/AAAAAAAAAsw/w_TH3PltuvE/s400/the-antlers-hospice.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5438195587239255810" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;01- The Antlers- Hospice&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;Hacía años que un disco no me dejaba por tanto tiempo la piel de gallina –desde el cuello hasta las piernas, todo mi cuerpo salido hacia fuera, como un carpincho en anfetas. Peter Silberman, el hombre detrás de The Antlers, cayó en un pozo depresivo que lo llevó apartarse de toda la gente que conocía, encerrándose en un apartamento de Brooklin, sin siquiera atender el teléfono por un año. El resultado de eso: un montón de amistades echadas por el drenaje y &lt;i&gt;Hospice&lt;/i&gt;, un álbum conceptual, o más que un álbum conceptual, una novela sonora sobre los últimos días de una chica enferma de cáncer a los huesos vistos desde la perspectiva de uno de sus visitantes/cuidadores. La idea en un principio parece tan creepy como deprimente, pero Silberman es un tipo de una sensibilidad que te hace caer de culo, haciendo de pequeños detalles (versos como &lt;i&gt;“walking in that room when you had tubes in your arms, those singing morphine alarms out of tune kept you sleeping and even I did’nt relieve them when they called you a hurricane thunderclap”&lt;/i&gt;) diminutos martillos que te aplastan el corazón, pudiéndoselo comparar con ese cuento genial que es &lt;i&gt;Harvest&lt;/i&gt;, de Amy Hempel (una escritora de la que, sólo habiendo leído dos o tres cuentos, puedo decir que es una de los puntos más altos de la literatura contemporánea). Precisamente, hay una idea y camino de vuelta interesante con la literatura, con abundantes referencias a la suicida Sylvia Plath (poeta y escritora de literatura infantil que se suicidó a sus treinta y pocos años metiendo la cabeza adentro de un horno), junto a una descripción del vedado, pero completamente vívido impulso asesino (no sólo misericordioso, sino hastiado y propiamente agresivo) de quien debe presenciar el constante sufrimiento del otro. Hospice es uno de los discos lírica y psicológicamente más densos que he escuchado en mi vida. En Shiva, donde finalmente la muerte llega, el amor e identificación con la persona en la cama se vuelve tan intensa que termina produciéndose una transmutación del visitante en el enfermo (tal como señala el título alternativo de la canción, "Port-a-caths switched"). Lo que prevalece, más que nada es el horror y la impotencia, esos momentos en los que más de uno nos sentimos idiotas, insignificantes frente al dolor del otro, sin poder mascullar algun cliché o pelotudez más que "todo va a salir bien". Tal como dice Cioran, "tratándose de pésames, todo lo que no es cliché raya en la inconveniencia o la aberración".&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Más allá de la calidad estilística, uno, ya por su temática podría pensar que Hospice es un disco infumable –al menos del punto de vista emocional- pero (y precisamente acá uno de los grandes méritos) aún así es un disco lleno de humanidad y vida, hasta –por extraño que parezca- &lt;i&gt;esperanza&lt;/i&gt;, haciendo de la muerte un momento hímnico en donde todo se legitima, de una manera que ni el más religioso de los escritores podría plasmar (con picos emocionales que tienen mucho de Arcade Fire y de Godspeed you! Black Emperor). Por esa misma razón, Hospice no es de esos discos que van a figurar como mas escuchado en el last.fm de alguien. Es un disco que sólo puede escucharse unas pocas veces, de un tirón, pero que queda resonando por días, meses. El pico emocional más grande del 2009, una orfebrería finísima y “linda”, hecha de huesos que rechazan a su huésped, inyecciones, pullmotores, catéters y cortinas venecianas.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21178141-617743274756947531?l=degollandocisnes.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://degollandocisnes.blogspot.com/feeds/617743274756947531/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21178141&amp;postID=617743274756947531' title='17 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21178141/posts/default/617743274756947531'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21178141/posts/default/617743274756947531'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://degollandocisnes.blogspot.com/2010/02/mejores-discos-del-2009-tarde-como.html' title=''/><author><name>Agustin Acevedo Kanopa</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12314255833701676811</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://photos1.blogger.com/hello/67/10024/640/1143379742_f.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/S3haFU5NBQI/AAAAAAAAAtA/ZarHUeNQpxs/s72-c/Travesti.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>17</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21178141.post-8498782210074809472</id><published>2009-12-29T02:51:00.008-02:00</published><updated>2009-12-29T05:32:18.083-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='melomaniando'/><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: bold; "&gt;Agustín y el jazz&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;La primera vez que supe del jazz ocurrió en las duchas del Biguá, cuando tenía apenas seis años.&lt;div&gt;En aquellos tiempos las duchas del Biguá eran un terreno inexplorado; inconcientemente, sin tener ideas fijas sobre psicoanálisis ni nada que se le pareciera, sentía aquello como un lugar&lt;/div&gt;&lt;div&gt; lleno de intensidades, donde habitaba algún tipo de amenaza primigenia, como si fuera una cueva que tuviera más de Cthulu que de Altamira. Aquello era un lugar salvaje, en el cual yo parecía un antropólogo sobreviviente de un accidente aéreo o un naufragio, mientras todos los niños se desenvolvían con una tranquilidad aborigen que no dejaba de sorprenderme. La desnudez fue algo que siempre me incomodó desde edad temprana, y ver todos aquellos niños desnudos, con sus brazos sueltos, sin toallas, meando contra la canaleta por el cambio de térmico que generaba la ducha humeante en sus cuerpos, persiguiéndose, tirándose champú, con sus pies descalzos sobre la superficie ranurada del suelo, a punto de patinarse, a punte de encarnársele una uña, a&lt;/div&gt;&lt;div&gt; punto de quemarse con el agua caliente que dejaban abierta como si fueran un geiser invertido, me parecía algo que limitaba entre el miedo y el asco. Y también estaban los viejos, los niños judíos cuyo pene no entendía, los funcionarios que chequeaban como un celador de una cárcel subterránea que todos nos ducháramos a su debido tiempo. Algo así como un torturador benévolo,  sólo que no sabía ponerle palabras. Lo único que pensaba eran en unas imágenes de &lt;a href="http://www.arcaeditorial.com/imagenes/tapasaltonci.jpg"&gt;Saltoncito&lt;/a&gt;, un sapo que lo metían en cana, unos sapos gordos dibujados en carbonilla que agitaban su llavero medieval en forma de aro con particular malicia. Lo impactante de Saltoncito era que, más allá de la historia, el retrato del animal estaba muy parcialmente antropomorfizado. Era un sapo erecto. Nada más. Un sapo erecto con ropa, pero su cara era efectivamente eso: un sapo, dos ojos negros de sapo, una boca de sapo, piel de sapo, la lengua pronta para salir como la de cualquier sapo a punto de atrapar una mosca. Casi parecía que fueran sapos diseccionados y vestidos, con esa extraña sensación de vida adornando la muerte (o muerte adornando la vida), esa &lt;i&gt;bijouterie mortuoria&lt;/i&gt; de las fotos de los rituales de la muerte niña en México. Así veía a los&lt;/div&gt;&lt;div&gt; funcionarios: sapos vestidos de azul marino, con un Mario, un Raúl escritos en mayúsculas sobre el corazón. Yo me las ingeniaba para ducharme con short de baño, generalmente limitándome a colocar la cabeza debajo del chorro.Pero el terror no terminaba ahí, empinada, húmeda y atestada estaba la escalera que conducía a las piscinas. Ahí sucedía de todo, chicos que se golpeaban, que se daban chicotazos con la toalla, un niño que una vez se calló y se le abrió, como una media de red enganchada, un trozo de piel del tobillo. Los niños se apisonaban contra pared como madres en la sección de buzos de niños en las ferias americanas y en el momento en que aparecía el profesor y daba la orden, todos se abalanzaban hacia afuera.Era muy extraño el Biguá. En mi colegio era un niño hiperactivo, que le gustaba jugar a la mancha-escondida, leer, inventar cuentos, que coleccionaba Basuritas y que no tenía ningún problema para hacerse amigos. En el Biguá, desde que entraba al vestuario, nunca llegaba a sentirme cómodo. Pero era una incomodidad que no provenía de un miedo a los otros, sino de un miedo a mí mismo. Estaba a punto de cagarlos a palos, y no sabía por qué. Fue en el Biguá donde le saque mi primer y único diente de un piñazo a una persona (diente-e-leche, no sigo explicando porque este post se va a parecer a la conocida canción del Sabalero). Fue en el Biguá también donde manché de sangre un casillero al darle una piña en la nariz a un niño dos años mayor que decía que mi padre era un bichicome (a esos seis años fue el momento en donde mi padre me aleccionó que debo pegar, sólo y sólo si me pegan primero). Y fue también en el Biguá en donde a mis diecisiete años humillé a golpes a un tipo en medio de una estúpida pelea de Basketball (dos años más tarde me enteré de su muerte un accidente solo concebido por Darío Argento, aunque después descubrí que el que lo había sufrido había sido su hermano).Ya en la superficie, por más cloro que hubiera en el ambiente, la piscina partía del mismo asco y miedo de las duchas. Era casi como si lo que pasaba en las duchas fuese un arroyo que desembocaba en el mismo río. De hecho, nunca me gustó nadar en la piscina. Incluso ahora. Es algo que me lo reprocha un montón de gente, pero aún siendo socio vitalicio de ese club, nunca me atrajo meterme en ese pequeño lago de cloro para hacer unas piletas. Cuando hacía crawl abría los ojos debajo del agua y pensaba que mi sombra proyectada sobre el fondo era un pequeño tiburón que se mimetizaba con todos mis movimientos. Sabía que aquello era absurdo, pero igual persistía aquella noción. De hecho, mentiría si dijera que no hay restos de ese miedo originario cada vez que nado solo en una piscina (sobre todo en las grandes). Precisamente, una de las pocas cosas que me gustaba hacer (también, una de las pocas en las que era realmente bueno) era zambullirme en clavado y tocar el fondo de la piscina. Podía estar mucho tiempo debajo y en competencias entre amigos era el primero en encontrar llaves, piedras, o pulseras arrojadas por nosotros mismos. Creo que ese gusto venía en el enfrentamiento con mi propio terror, descubrir que en el fondo no había nada más que mi sombra.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;También hay una imagen recurrente que por alguna razón se ha repetido en varios encuentros con mi psicólogo. El resto de mis compañeros cubo y yo escuchando las observaciones e instrucciones del profesor. Luego de escucharla, todos yendo corriendo a agarrar nuestras tablitas azules, una apelmazada arriba de la otra como si fuesen muchos pisos de una torta de novios a punto de colapsar. Ahí recuerdo haber sacado una tabla y encontrar un mosquito aplastado entre dos de ellas. La imagen del mosquito me generó una especie de extraña arcada que sigue atragantada hasta ahora en mi garganta. ¿Qué significaba, qué producía esa imagen del mosquito?Pero fue en las catacumbas vaporosas de las duchas donde me di por primera vez con el jazz. Mi padre me iba a acompañar al solarium del Biguá. El solarium era un mundo&lt;/div&gt;&lt;div&gt; completamente diferente, y la idea de ir ahí con mi padre –probablemente me encontraría ahí con mis primas, pero ahora no me acuerdo- me resultaba tremendamente agradable. Fue mientras que me bañaba que vi un desodorante que salía de su necessaire. Era una cápsula blanca, pequeña, con los bordes redondeados. En su parte delantera tenía escrito &lt;i&gt;Jazz&lt;/i&gt; con letras negras. La &lt;i&gt;J&lt;/i&gt; era una especie de clave de sol. Las dos zetas eran sugerentes, como dos patitos mirando hacia la izquierda, más dinámicas que las letras que se escapan de la boca de los personajes de dibujitos animados mientras duermen. El olor del desodorante roll on era algo diferente de todo lo que hubiera olido antes. Olía fresco, como a mar pero sin esa esencia pútrida a pescados muertos. Olía algo así como “The Beach” (para los que ven Seinfeld, la idea de perfume que Calvin Klein le roba a Kramer). En el dorso decía estaban escritas un montón de cosas que no entendía. "Pour homme", cosas así. Lo único que pude comprender de todo eso fue un “Made in France”, que era como el Made in China omnipresente en todos los muñecos que conocía, por lo que suponía que estaba hecho en otro país, posiblemente en Francia. Mi padre me lo confirmó, y puede ser que también aquella experiencia haya sido la primera vez que conocí a Francia. El país ya lo conocía, pero era la primera vez que, como leyendo una botella con un mensaje adentro, sabía algo que me importaba de aquel país. Porque aquel desodorante fue algo así como un talismán, algo que permitía por primera vez sostener una estructura que parecía tragar a todo. Era algo así como una cápsula, una linterna blanca que alumbraba el interior de la caverna. Muchos pensarán que todo esto que digo es un completo divague –y en algún punto&lt;/div&gt;&lt;div&gt; posiblemente tengan razón- pero, vaya uno a saber por qué, aquel trozo de plástico fue algo inexplicablemente crucial en mi vida. Casi ipso facto me hice fanático de Francia, una&lt;/div&gt;&lt;div&gt; Francia que todavía no tenía a sus Oliveiras y Magas caminando por París, a sus Deleuzes, Foucalts y Lacans dando clases en universidades y en la calle, a sus Debords planeando secuestrar a Chaplin, a Brels demostrando hasta donde llega el límite de lo posible en una performance, a Montmartres empinados, a los mafiosos envueltos en sobretodo en Rififi, a Zidanes dejando en ridículo a un cuadro entero de brasileros, a Godards filmando a Sebergs, pidiéndole que hagan las cosas que le gusta.El otro día andaba escribiendo esto y releyendo el increíble diario de filmación de Fitzcarraldo escrito por Werner Herzog (un material de lectura que, me atrevo a decir, es mejor que la misma película), me sorprendo al encontrar entre mi anécdota y un relato de infancia del director un curioso isomorfismo:&lt;i&gt;“Me acuerdo de haber experimentado de chico en Sachrang un estremecimiento parecido cuando encontré en l arroyo cerca de la cascada un pedazo deshilachado de plástico azul luminoso que había llegado flotando y que había quedado atrapado entre las ramas de un arbusto. Nunca había visto algo así hasta entonces, y me lo guardé en secreto durante semanas, lo desgusté, encontré que era levemente elástico, lleno de sorpresas. Recién semanas más tarde, cuando ya me había obsesionado con eso hasta el hartazgo, lo mostré (…) ¿De dónde venía entonces? ¿Había sido arrastrado por el vinto de las montañas? No lo sabía, pero le di un nombre, ya no sé cuál. Lo que sí sé es que sonaba muy bien y era muy secreto, y &lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;&lt;i&gt;muchas veces desde entonces me rompí la cabeza preguntándome por ese nombre, esa palabra. Daría mucho por saberlo, pero ya no lo sé, tampoco tengo ya el suave pedazo de plástico lavado, y no tener ninguna de las dos cosas me hace hoy más pobre de lo que era de chico”&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Esa palabra, justamente en mi caso, la sigo conociendo:&lt;br /&gt;Es &lt;i&gt;Jazz&lt;/i&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/VTuIb7BIFqk&amp;hl=es_ES&amp;fs=1&amp;"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/VTuIb7BIFqk&amp;hl=es_ES&amp;fs=1&amp;" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;Miento. La primera vez que me enfrenté al jazz no fue a mis cinco años, sino a los tres, quizás a los dos, pero todavía no sabía leer ni tenía una idea muy particular de lo que era la música, mucho menos tal género.El asunto de los mayores, más bien, el asunto de los seres humanos me traía sin mucho cuidado. Todo lo que era, lo que significaba el amor, la muerte, la venganza, la riqueza, la pobreza, la belleza, la fealdad, el triunfo y la derrota lo aprendí, en primera instancia, por medio de una serie de dibujitos llamados &lt;i&gt;Silly Symphonies&lt;/i&gt;. Creadas por Walt Disney en 1929, las &lt;i&gt;Silly Symphonies&lt;/i&gt; eran un producto de su época, dibujitos cortos fascinados por las facultades que ofrecía el Techincolor y el audio, el movimiento y las transformaciones, en un mundo mágico donde la imagen se sometía al sonido. De hecho, los cortos de &lt;i&gt;Silly Symphonies&lt;/i&gt; te demostraban que todo tenía un sonido, o más bien que todo era musical, no sólo un baile, o un desfile, sino un porrazo, un guiño, un olvido, una idea. Cada costilla del cuerpo sonaba como una nota distinta, todo el mundo estaba pentagramado, y cada movimiento, cada acción, sentimiento o acontecer se dibujaba y reproducía sobre aquel lienzo. En una perfecta sinestesia, un cerdito se caía y al impactar en el suelo con el culo emergía un corto sonido de tuba. Si un diablo se enojaba se escuchaba un violonchelo siendo raspado con un arco hiperactivo hasta el límite de sus cuerdas. Y cuando alguien se enamoraba, al mundo se infiltraban miles violines. A ver si me explico, la particularidad de &lt;i&gt;Silly Symphonies&lt;/i&gt; era que esos violines no eran una mera orquestación de una escena, sino la expresión viviente de ese mundo, tal como si fuera una secreción, o uno de los ruidos que emite un cuerpo vivo. Sentimiento, efecto y sonido coinciden en el mismo corte de absisas y ordenadas. Las &lt;i&gt;Silly Symphonies &lt;/i&gt;no fueron sólo el sitio donde Walt Disney comenzó a ensayar su imperio, sino también una sala de laboratorios donde el caricaturista y sus compañeros encontraron un terreno donde poder plasmar de manera más libre y caprichosa todas sus ideas. Mientras que el estreno de &lt;i&gt;Blanca Nieves&lt;/i&gt; marcaba la llegada del largometraje, y con él, un nuevo enfoque de la anatomía y movimientos del dibujito hacia un acto mimético con la realidad, en las &lt;i&gt;Silly Symphonies&lt;/i&gt; gobernaba esa pulsión al menos estéticamente transgresora de no juzgar a sus personajes y sus historias por su parecido a lo cotidiano, sino por los interjuegos maquínicos que podían realizar, su completa inmanencia de movimientos y transformaciones. &lt;i&gt;Silly Symphonies&lt;/i&gt; es el antiguo testamento (con su violencia, sus venganzas, sus monstruos, sus trampas); lo que vino después, el nuevo testamento (personajes más coherentes, guiados por principios, un guión interno coherente y plausible, un Dios entero y perfecto que gobierna desde el mas allá con amor, no con venganza). El mayor exponente de esta declaración de principios no proviene propiamente de Disney, sino de Paramount, con Betty Boop, un dibujito que, antes de convertirse en un ícono trendy omnipresente en un montón de carteritas de liceales, era un personaje completamente transgresor, con una sensualidad vigente, pero más que nada, perteneciente a &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=HaZOXF83zBg"&gt;un mundo psicodélico &lt;/a&gt;&lt;i&gt;&lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=HaZOXF83zBg"&gt;avant la lettre&lt;/a&gt;&lt;/i&gt;. Los automóviles caminaban con sus ruedas, se estiraban, los personajes tomaban a sus piernas por arcos de flecha, estornudaban y largaban mocos que se convertían en minúsculos constructores. Una ontogénesis sonámbula y constante. Disney, siendo un hombre más políticamente correcto de lo que le hubiera convenido –quizás al menos en términos artísticos- nunca llegó a tal nivel –quizás ni siquiera al de los primeros dibujos de la Warner- pero su punto de mayor cercanía (y posiblemente más estilizado que todos los otros) lo logró por medio de las &lt;i&gt;Silly Symphonies&lt;/i&gt;. No es sorpresa que el Pato Donald (personaje harto más interesante que Mickey Mouse, ese personaje que progresivamente fue perdiendo toda su personalidad, hasta volverse el eunuco moralista y tibiamente simpático que es hoy) apareciera por primera vez ahí, como un vago que fingía enfermedad para no cuidar a unos patitos en &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=A5dowCyaP7I"&gt;The Wise little Hen&lt;/a&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La primer película que vi en mi vida –o, por lo menos, la que mis padres y yo recordamos- fue, precisamente, &lt;i&gt;Flowers and trees&lt;/i&gt;, film al que yo había bautizado como &lt;i&gt;El árbol malo&lt;/i&gt;. La historia es la de dos árboles que se aman, que en medio de la primavera se regalan flores –las cuales se ofrecen con todo gusto, haciendo patente esa lógica espiritualista o panteísta-, pero cuyo amor es interrumpido por los celos de un árbol seco y podrido. La imagen del árbol realmente daba miedo, su cabeza estaba coronada por ramas puntiagudas, de su boca árida y negra salía una lengua que era una especie de salamandra moribunda. El árbol rapta a la mujer árbol&lt;/div&gt;&lt;div&gt; (extrañamente, recuerdo que dicha escena me generaba una extraña excitación), pero es derrotado por su fiel enamorado. Sin embargo, el mal todavía no está vencido, y el árbol decide prender fuego al bosque. Las llamas se extienden e invaden el terreno (son precisamente eso, invasores, legionarios antropomorfizados que comienzan a atacar por varios flancos). Las&lt;/div&gt;&lt;div&gt; margaritas actúan como regaderas, los pájaros cargan agua en sus nidos cuales helicópteros bomberos, pero nada sirve. Es así que en un determinado momento, las aves se unen, suben bien alto y se lanzan en picada haciéndole un agujero a las nubes. La lluvia se desata y el fuego comienza a ser &lt;i&gt;asesinado&lt;/i&gt;, llama por llama. El mismo árbol malo sucumbe ante las mismas llamas de su odio. Lo que se encuentra de él es un despojo. Ahora es simplemente un tronco en cenizas, un árbol muerto. Todo registro humano que podía vérsele casi a desaparecido. Casi por así decirlo, se convierte en la única cosa inanimada que aparece en todo el corto. El árbol bueno&lt;/div&gt;&lt;div&gt; corteja a su amada y le propone casamiento. Todo el bosque, renacido entre sus cenizas celebra el desposamiento. Esa última parte poco me importaba, yo sólo quería repetir, una y otra vez, &lt;i&gt;ad infinitum&lt;/i&gt;, la parte en que el árbol se consumía por el fuego. Como una advertencia que me asustaba y fascinaba.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/KBKmkbRLXGM&amp;hl=es_ES&amp;fs=1&amp;"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/KBKmkbRLXGM&amp;hl=es_ES&amp;fs=1&amp;" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;Pero la música de &lt;i&gt;Flowers and trees&lt;/i&gt; es netamente clásica. Es en &lt;i&gt;Music Land &lt;/i&gt;donde aparecería el jazz, no como banda de sonido, sino como tema, incluso como personaje. Luego de haber vuelto a ver casi obsesivamente todos los dibujitos de &lt;i&gt;Flowers and trees&lt;/i&gt;, puedo afirmar que &lt;i&gt;Music Land&lt;/i&gt; es el corto mejor logrado de las &lt;i&gt;Silly Symphonies&lt;/i&gt; (aun sin haber recibido ninguna&lt;/div&gt;&lt;div&gt; estatuilla de la Academia, a diferencia de otras seis películas de la serie). El cortometraje trata sobre dos reinos, la tierra de la música clásica y la isla de jazz, dos islas enfrentadas y separadas por el &lt;i&gt;mar de la discordia&lt;/i&gt;. Los habitantes de estos mundos son instrumentos, y todo lo que dicen lo realizan por sus propios sonidos (uno de los grandes méritos de Wilfred Jacskon –director del film- es realmente convertir a aquel sonido en un verdadero lenguaje, por momentos llegándonos a olvidar que no están pronunciando palabra alguna). La cuestión es que el príncipe de la Isla del jazz -un saxofón alto- se enamora de la princesa de la Tierra de la Sinfonía, una violín custodiada por su madre violoncello. A hurtadillas concertan un encuentro en tierra de la princesa, pero el saxofón es descubierto por la madre y capturado en una &lt;i&gt;cárcel-metrónomo&lt;/i&gt;. En la cárcel, el saxofón escribe una &lt;i&gt;carta/partitura&lt;/i&gt; a su padre, y se la envía por paloma mensajera. Cuando el padre se entera de la noticia se da a lugar una de las mejores escenas jamás resumidas en&lt;/div&gt;&lt;div&gt; dibujitos: una batalla entre los dos mundos, con saxos, clarinetes y flautas disparando notas desde la isla de jazz, y con la tierra de la sinfonía descargando &lt;i&gt;La marcha de las Valkirias&lt;/i&gt;, como si fuera una escuadra nazi lanzando todo su arsenal de misiles sobre Londres. Pero el saxofón al ver que su violín amada, tras agitar una bandera blanca se hunde en su barco, se escapa de la prisión e intenta ir a su socorro, terminando naufragando. Los dos jerarcas de los respectivos reinos acuden a la ayuda de sus hijos y ahí, enfrentándose, terminan por descubrirse y&lt;/div&gt;&lt;div&gt; enamorarse. La película termina con una fiesta celebrada en un puente que une los dos mundos, sonando la novena sinfonía de Beethoven reversionada con algunos arreglos de jazz estilo Dixie Land.&lt;i&gt;Music Land&lt;/i&gt; dice muchísimas cosas más sobre el jazz que muchos libros o&lt;/div&gt;&lt;div&gt; documentales especializados en el género. Primero, señala la histórica división entre jazz y música clásica, o para ser más concretos, música negra y música blanca-occidental. No dos estilos, sino dos paradigmas, dos formas de ser y sentir. No sólo señala esta oposición, sino que marca lo que inevitablemente terminaría por suceder no mucho tiempo después: los acoplamientos novedosos entre los dos mundos, algo que se fue dando, no sólo en la incorporación al jazz de instrumentos como el cuerno francés, o el mismo violín, sino en una misma forma de componer y pensar la música. Precisamente, a partir de los treinta, los músicos salvajes, insubordinados, más guiados por el arco reflejo del swing que por la planificación cerebral, comienzan a componer y a incorporar elementos de la música clásica. Precisamente&lt;/div&gt;&lt;div&gt;este matrimonio (tal como sucede en el corto), se puede ver en músicos como Charles Mingus, que tenían arreglos tendientes a grados cada vez más elevados de abstracción, aún conservando el swing. Precisamente, quien oficia de cura en el matrimonio entre el saxofón alto y tenor y la violoncelo y la violín, es, precisamente, un contrabajo, el único instrumento amplia e inicialmente compartido por los dos géneros.Posiblemente uno de los detalles más perfectos de la película es la cárcel-metrónomo en donde se intenta confinar al saxofón. El jazz se ha caracterizado, no por ser una música plenamente individual (más allá de la alternante cantidad de solos, la comunicación entre los músicos a modo de jam siempre termina siendo fundamental), pero sí por el papel que tiene en su inmanencia, en su capacidad autopoiética y constantemente productiva, lejos de fines o trascendencia. En la música clásica, más allá de la complejidad y riesgo de la composición –cada vez apuntando a mayores grados de abstracción- lo individual siempre se encajona en la cárcel de cinco barrotes del pentagrama. Casi por así decirlo, es el más cristiano de todos los géneros&lt;/div&gt;&lt;div&gt; musicales, con la pluma de un maestro que termina siendo la mano de Dios. En el jazz, por el contrario, los comienzos y fines están pautados por el swing, por la producción e intercambio de flujos entre sus integrantes. La canción puede durar minutos, horas, años, y podrá seguir así, salteándose codas, hasta que los dedos de los músicos se pulvericen, hasta que los pulmones de los sopladores secompriman hasta convertirse en una pasa de uva. En &lt;i&gt;Lo liso y lo estriado&lt;/i&gt;, Deleuze y Guattari escriben: &lt;i&gt;“volviendo a la oposición simple, lo estriado es lo que entrecruza fijos y variables, lo que ordena y hace que sucedan cosas distintas, lo que organiza las líneas melódicas horizontales y los planos armónicos verticales. Lo liso es la variación continua, es el desarrollo continuo de la forma, es la fusión de la armonía y de la melodía en beneficio de una liberación de valores propiamente rítmicos, el puro trazado de una diagonal a través de la vertical y la horizontal”.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;/i&gt;Es algo que llama la atención el hecho de que justamente haya sido en instrumentos tan limitados y estratificados como los aerófonos (la mayoría de ellos no pueden combinar notas, sólo pueden encadenarlas, formar armonías, no pueden formar acordes, y las mismas son limitadas al número de permutaciones que ofrece el objeto –a diferencia de instrumentos sin trastes como el violín o el cello, donde al no haber trastes el rango expresivo es muchísimo mayor) donde se haya encontrado la vía regia (¿&lt;i&gt;via crucis&lt;/i&gt;?) para escapar a la mano invisible del orden.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Pero la respuesta no sólo se encuentra en la música, sino en sus ejecutores. El saxofón alto termina escapándose de la cárcel, tal como lo hicieron muchísimos músicos (aun cuando en aquel escape estuviese su vida en juego). Creo que lo fundamental de &lt;i&gt;Music Land &lt;/i&gt;no es el hecho de la música en sí, sino la representación que Estados Unidos y el mundo tenían del jazz. Hoy en día cuesta imaginarse cómo esa música de La isla del jazz que nos resulta tan simpática podía ser considerada por algunos algo escandaloso, una aberración, un atentado a las buenas costumbres, el fin de la civilización. Antes de que Elvis convirtiera a su pelvis en una máquina de guerra, antes de que la gente se escandalizara por los cerquillos de los Beatles, antes incluso que Jerry Lee Lewis se parara sobre un piano en llamas –literalmente hablando- reformulando los antiguos mandamientos de lo que se podía o no podía hacer en un escenario, había un montón de negros tocando en húmedos cabarets, picándose y creando la música del Apocalipsis, una música que curiosamente hoy se utilizaría como cortina musical de una comedia liviana de Woody Allen. Porque la isla del jazz es todo menos un reino, es un burdel sonámbulo donde nunca se para de bailar, donde &lt;i&gt;mujeres-ukulele&lt;/i&gt; se ofrecen a ser tocadas por su magnánimo, un Sodoma y Gomorra en versión PG (no le podíamos pedir tanto al pobre Walt). Desde que me interesó el jazz, siempre me habían seducido las crudas biografías de algunos de sus intérpretes, como la corta vida de Charlie Parker (convertido ingenuamente en adicto a la marihuana por Julio Cortázar en &lt;i&gt;El perseguidor&lt;/i&gt; –al parecer el gigante barbudo estaba poco informado sobre el uso y efectos de ciertas drogas), o el periplo heroinómano de John Coltrane (adicción suplantada por la religión, algo así como el cambio de una sustancia por otra). Sin embargo, conforme fui escuchando más jazz, comencé a darme cuenta de lo realmente grave que era el asunto. A Parker y Coltrane se agrega una lista interminable de muertos tempranos que haría sonrojar a los más mórbidos fetichistas del grunge. Muertos como Wardell Gray (encontrado con el cuello roto en el medio del desierto de Nevada, asesinato que nunca pudo ser resuelto); muertos como Bessie Smith (que tras un accidente automovilístico no pudo encontrar a tiempo un hospital que admitieran negros, muriéndose desangrada en el trayecto); muertos como Eric Dolphy (el brillante flautista y clarinetista de Coltrane murió por una mala praxis medica, al desplomarse en escenario y creer los tratantes que, por ser jazzero -y negro-, debía haberse pasado de droga, dejándolo sin tratamiento, cuando en realidad había tenido un coma diabético); o muertos como el ya por entonces desdentado Chet Baker (que había perdido unas cuantas teclas en varias peleas con dealers), que fue arrojado desde la ventana de su apartamento de hotel en un crimen tampoco develado; o muertos Albert Ayler, quien desapareció por veinte días, siendo encontrado flotando en el East River, dejándonos a sus treinta y cuatro años de brillantez el misterio de qué habría pasado con una de las trompetas más caóticas y enigmáticas que dio la música; o Lester Young, que aún haciendo música, pasó sus últimos días catatónicamente mirando un rincón de su cuarto; o James Reese Europe, muerto en 1919 por una puñalada de un propio integrante de banda; o Lee Morgan, asesinado en pleno show (para que los fans de Pantera vean que no están solos) por un disparo efectuado a manosde una novia despechada.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;img src="http://3.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/SzmilP4b3oI/AAAAAAAAArg/u8Dhrw4ST2Q/s400/evolution.jpg" style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 333px;" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5420542387319201410" /&gt;Uno intenta, pero no puede. La idea de concebir a la música como algo en sí, autojustificado y libre de las condiciones de subjetividad que lo producen es casi imposible. Cómo ciertas canciones hacían revolcar y franelearse a un montón de negros (y blancas flappers metidas a escondidas en clubes vedados para mujeres de su raza), medir la marcas de agua que quedó desde aquello al &lt;i&gt;booty sweat&lt;/i&gt; de alguna boriqua agitando sus nalgas sobre la carpa de algún rapero con dientes de platino, me hace pensar en qué podrá ir más allá en el futuro, qué podrá ser más salvaje o erótico. &lt;i&gt;The shape of the excess to come&lt;/i&gt;. Posiblemente la respuesta serán canciones y bailes cada vez más redundantes en cuanto a lo sexual (futuros estribillos de raperos, o una mutación imprevisible del género con otro cantando un estribillo como “I love to fuck yo’ cunt with my dick”) o temas violentos que dejarán de ser tales para ser suplantados por ondas de baja frecuencia que generan cefaleas o aneurismas instantáneas. Música que en un futuro hará de Napalm Death algo de lo más natural y desapercibido en la intro de una película de un futuro Woodie Allen, música que se comenzará a parecer cada vez más al ideal cientificista Hitchcockiano: emociones generadas por sus artífices de formas cada vez más directas, desembocando en la utilización de sustancias y electrodos a modo de generar específicos efectos en la mente.&lt;br /&gt;Pero a no engañarnos, toda esta búsqueda de extremos ya está trazada en el mismo jazz. Si hay algo que duele reconocer es que el jazz y la música clásica siempre han estado diez, quince años por delante del rock, el pop, o los demás géneros contemporáneos. Hay que saber que antes de The Velvet Underground estaba Ornette Coleman, que antes de NEU! estaba Stockhausen, que antes de los Electric Eels ya estaba Peter Brötzmann, que antes de cualquier banda progresiva ya habían circulado un montón de músicos como Stravinsky, etc. etc. etc.&lt;br /&gt;Sí, pero antes de los Boredoms y el jazz más atonal también estaba Luigi Rusolo, y antes también estaba Busoni, y antes estaba fucking Thomas Edison, es decir, preocuparse de fechas es, razonablemente, algo más propio de un estadista oligofrénico de ESPN que de alguien que realmente intenta llegar a algo cuando piensa sobre música (aunque ese &lt;i&gt;algo&lt;/i&gt; empiece y termine estrictamente en uno mismo). Incluso, separar al jazz del rock es algo bastante artificial, considerando la forma en que ellos provienen de un tronco común del blues y la forma en que se influyen y solapan.&lt;br /&gt;Sin embargo, hay algo que puedo decir –algo completamente personal- y es que el jazz es posiblemente el género donde he encontrado emociones más fuertes en mi vida. Con Coleman Hawkins tenés baladas en las que el amor y lo venéreo se funden bajo una misma llama; tenés discos como &lt;i&gt;Machinegun&lt;/i&gt;, del freejazzero teutón Peter Brötzman, en donde –valga la redundancia del título- uno sólo puede escuchar esa metralla disonante de vientos y percusiones como si fuese un soldado escapándose de una balacera tras una barricada. Uno escucha esos temas de jazz funcionales orientados a cibercafés y oficinistas (temas que están destinados a ser un murmullo, sub-escuchados, como esas canciones de Pimpinella en sinthes repetida en forma de mantra en algunos supermercados) y puede percibir la tristeza de un puñal convertido en pisapapeles. Un saxofón en esas situaciones debe sentir lo mismo. Su condición y comportamiento de saxofón está parcialmente escrita en su estructura, en el brillo de sus llaves, en la boquilla, en la oscuridad dorada y cavernosa del pabellón. El metal clama a gritos expedir violencia, o amor, o gemidos, o meramente ruido, pero no ese murmullo, esa canción sugar free, para empresario atareado, para madre stressada, que sale de los parlantes.&lt;br /&gt;Esta idea del jazz como mejor catalizador de mis emociones es extraño porque las canciones de jazz no suelen generar un efecto tan indeleble como el pop, así como tampoco tiene un rango de popularidad en la actualidad que permita volverlo algo perfectamente compartible con el resto de los seres humanos (y el valor colectivo de la música es fundamental, incluso a la hora de las más cerradas autobiografías; todo aspecto biográfico es colectivo, y gran parte de la vida es “esa canción que estaban pasando cuando nosotros…”). &lt;/div&gt;&lt;div&gt;El ambiente de fanáticos de jazz es muy cerrado, y ciertamente yo tampoco voy a ser tan caradura como para sacarme chapa ahí. De hecho, el jazz no es una música que escuche tan seguido. Mi fascinación por el jazz es como la que uno siente frente a esas minas que se encuentra de vez en cuando, en las que siempre parece que se acaba de redescubrir el mundo en el instante de toparse con ella, pero que se las olvida tan paulatina como desafectadamente en los días siguientes. Posiblemente sea por ello que mi biblioteca jazzística se remita a diez o quince días de mi vida (cada uno de ellos muy separado del otro) en donde tras un paroxismo compulsivo me bajaba de Internet todo lo que encontraba, como los argentinos que saquearon aquel supermercado de coreanos en el 2001. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;img src="http://1.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/Szmilb_YlJI/AAAAAAAAAro/XiIAib1MuaA/s400/maxroach.jpg" style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 398px;" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5420542390569571474" /&gt; Desde mi primer contacto con aquel objeto blanco venido de otro mundo, siempre supe que había algo mágico alrededor de esa palabra. Con el tiempo la conocí en su sentido habitual, fuera de aquel marco puramente subjetivo. Sabía que era un género de música, pero siempre me colocaba a distancia, con un respeto similar al de saber que uno todavía no está preparado para determinada experiencia. La bandera a cuadros agitada desde la torre fue, nada más ni nada menos que Rayuela. Por aquel entonces era de aquellas personas que se creían un cronopio sin saber ni siquiera que significaba esa palabra. Lo único que sabía era que Cortázar tenía razón: por lo que decía, pero sobre todo por la forma apasionada en que decía. Sobre todo aquel capítulo 17: &lt;i&gt;“(…) una nube sin fronteras, un espía del aire y del agua, una forma arquetípica, algo de antes, de abajo, que reconcilia mexicanos con noruegos y rusos y españoles, los reincorpora al oscuro fuego central olvidado, torpe y mal y precariamente los devuelve a un origen traicionado, les señala que quizás había otros caminos y que el que tomaron no era el único y no era el mejor, o que quizás había otros caminos y que el que tomaron era el mejor, pero que quizás había otros caminos dulces de caminar y que no los tomaron, o los tomaron a medias, y que un hombre es siempre más que un hombre y siempre menos que un hombre, más que un hombre porque encierra eso que el jazz alude y soslaya y hasta anticipa, y menos que un hombre porque de esa libertad ha hecho un juego estético o moral, un tablero de ajedrez donde se reserva ser el alfil o el caballo, una definición de libertad que se enseña en las escuelas, precisamente en las escuelas donde jamás se ha enseñado y jamás se enseñará el primer compás de un ragtime y la primera frase de un blues, etcétera, etcétera.”&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;A partir de ahí comencé a bajar uno por uno todos los músicos de jazz que aparecían desperdigados por aquella edición negra y compacta de Cátedra Letras Hispánicas, con el respeto de un judío releyendo el Torah, o como un gótico industrial guiándose por la lista de Nurse with wound. Más allá de lo que dice, más allá del disputable conocimiento de Cortázar sobre el jazz, más allá de Cortázar mismo en cuanto escritor, el &lt;i&gt;rendez-vous&lt;/i&gt; estaba pautado desde antes, porque la única manera que podía reencontrarme con el jazz no era otro lugar que en París, el París de Berthé Trepat, el París frío, lluvioso, el París de la canadiense de Oliveira subida hasta el cuello, el Made in París que no sólo señalaba una manufactura, sino un origen, un lugar al que volver, re-volver, encontrarse o perderse.&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/e_ii-VqrmZ0&amp;hl=es_ES&amp;fs=1&amp;"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/e_ii-VqrmZ0&amp;hl=es_ES&amp;fs=1&amp;" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;El jazz puede entenderse como el drama fáustico, parricida, caníbal, del hombre enfrentándose a la forma. Es una tenelovela entera de personas intentando confrontar sus sentimientos con la forma, la forma con sus sentimientos, los sentimientos contra los sentimientos, la forma con la forma. Los jazzeros –los grandes jazzeros- tienen esa cuota por doble partida entre Sísifo e Icaro. El fin de la obra nunca se define, es un mero trampantojo, y una vez que uno llega a la cima se da cuenta de que es solo otro pico de una interminable cadena montañosa. Se ata la roca gigantesca a los brazos, a las mandíbulas, y sigue arrastrándola cuesta arriba. O si llega, si vuela hacia el sol, se le queman las alas antes de que pueda tocarlo. Entre todos estos mitos, ninguna historia funciona mejor como la de John Coltrane.&lt;br /&gt;No me voy a poner a juntar citas biográficas, más o menos todo el que tenga algo de idea del jazz, sabe que estamos hablando de uno de los grandes popes. No voy a hablar sobre &lt;i&gt;A love supreme&lt;/i&gt;, o &lt;i&gt;My favourite things&lt;/i&gt; (uno de mis cinco temas favoritos de todos los tiempos). Tampoco voy a hablar de la heroína, ni de ese panteísmo, esa fe ciega que bañaba toda su obra.&lt;br /&gt;De lo único que voy a hablar es de &lt;i&gt;Naima&lt;/i&gt;, una canción originalmente publicada en &lt;i&gt;Giant Steps&lt;/i&gt; (su primer gran trabajo, del cual vendrían muchísimos más).&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Naima&lt;/i&gt; posiblemente sea una de las más bellas baladas de Coltrane. En el año de su composición (1960), Trane estaba todavía lejos (en madurez artística, no en años), de lo que serían las travesías freejazzeras de las que se convertiría uno de los más importantes embajadores del género (a partir de 1965, año que con &lt;i&gt;Ascension&lt;/i&gt; parte las aguas de la música de su época). &lt;i&gt;Naima&lt;/i&gt; es una bella canción que fue re inventada un montón de veces por muchísimos artistas. Decir esto sobre el jazz es algo ciertamente redundante, porque en el jazz toda autoría está en la ejecución, más que en su composición. Hay un lenguaje común, un palimpsesto donde cada músico escribe sobre lo ya escrito, toma, presta, se apropia y deja, uniéndose a una cadena de interpretaciones y reinterpretaciones que nunca termina de cerrarse. Si todo es plagio, todo es perpetuamente nuevo. Es en esta misma lógica que Naima nunca va a ser la misma Naima, por más que sea interpretada por el mismo músico (de ahí la frugalidad de discos de jazz en vivo: uno siempre está frente a un nuevo repertorio).&lt;br /&gt;Una de las grandes particularidades de este fenómeno es comparar los dos discos grabados en el Village Vanguard por Coltrane. El primer &lt;i&gt;Live at the village vanguard&lt;/i&gt; de Trane data de 1961. Por aquel entonces, el tenor se había cambiado al sello Impulse, compañía que le permitía un montón de libertades de las que no gozaba con Atlantic. Esos son los años de la incorporación de Eric Dolphy (genial clarinetista y flautista, uno de esos músicos consumidos tempranamente por su propio fuego) y el Africa/Brass (marcando los inicios del interés de Trane hacia la cultura africana e hindú). Aún así, como venía diciendo más arriba, todavía no iba a llegar a los delirios freejazzeros de los que sería partícipe. Sin embargo, los años pasan y para 1966 (un año antes de su muerte), el tipo está plenamente embarcado en esos demenciales viajes, en ese tornado domeñado que es el free. Ya tiene cambiado su staff. El único que queda de su formación es Jerry Garrison. Todos los demás son fletados. Elvin Jones por Rashied Alí y McCoy Tyner –uno de los tipos con más swing de la historia- por Alice Coltrane (esposa del jefe). Dolphy ya se había muerto e incorpora al saxo tenor a Pharoah Sanders, el pibe estrella, una de las mayores promesas del jazz de aquel momento.&lt;br /&gt;Ese año Coltrane se presenta nuevamente en el Village Vanguard, resultando aquella tertulia en el quizás aún más famoso que el anterior L&lt;i&gt;ive at the Village Vanguard Again!.&lt;/i&gt; En aquel disco sólo figuran tres canciones, o más bien dos: &lt;i&gt;Naima &lt;/i&gt;(de quince minutos) y &lt;i&gt;My favourite things&lt;/i&gt; (de veinte minutos); (el tema que queda entre estas dos piezas es un solo de bajo de Garrison que oficia de intro para el título que cierra el disco).&lt;br /&gt;Cuando uno escucha los dos temas no puede dejar de comparar las dos versiones de Naima, &lt;i&gt;las dos Naimas&lt;/i&gt;. Las dos Naimas no son una misma canción, ni siquiera dos versiones de una misma canción. Son tan recíprocas, tan iguales y a la vez diferentes como dos hermanas. Un amigo me comentó hace un tiempo que un día se encontró con la hermana de quien una ex novia suya. No podía explicar bien lo que le sucedía, pero le sorprendía, con un estupor cercano al miedo, las similitudes que habían, no en lo físico, sino en cuanto a gestos, palabras, articulaciones, cambios de mirada, pequeños movimientos que compartían las dos hermanas. El miedo iba más allá de la similitud, incluso más allá de la posibilidad –y las ganas en tanto posibilidad- de cogerse a esa ex cuñada. No, iba por otro lado. Luego de conversarlo largo rato, el tipo me dijo que lo que le daba miedo era la similitud que había entre ellas, el miedo a confundirlas. Después de pensarlo un poco, le pregunté si el miedo no era en realidad, el hecho de descubrir que en realidad no eran una misma persona.&lt;br /&gt;Precisamente, las similitudes, más que aunar, terminan señalando un patrón, pero con el los encajes, las costuras en donde empieza una cosa y termina otra. Es por eso que &lt;i&gt;Naima 61’&lt;/i&gt; y &lt;i&gt;Naima 66’ &lt;/i&gt;son en sí, dos personas, dos hermanas diferentes, con los mismos padres, pero con distinto fenotipo, distinta crianza, distinto futuro, distintas promesas.&lt;br /&gt;Pero lo fundamentalmente intrigante de las dos Naimas no se encuentra en ellas, sino en su padre. Precisamente, entre sus dos hijas –como un drama familiar shakespieriano- cae un secreto, un reproche, una maldición, una insondable tristeza. Esa tristeza que justamente vuelve la discusión al terreno de la forma y el contenido. &lt;i&gt;Naima 61’&lt;/i&gt; sigue conservando la dulce y lenta cadencia de la de &lt;i&gt;Giant Steps&lt;/i&gt;. Es una hermana hermosa pero tímida, con ese silencio de tejedora, de ojos empañados, de uñas esmaltadas comidas. La Naima 66’ sigue teniendo eso, pero todo lo bello emerge sólo por momentos en una tormenta de fuerzas, es la condensación de un movimiento centrífugo entre la búsqueda orgásmica de un todo más allá de las partes. Naima 66’es esa hermana descarriada que sólo da sentido a su existencia para mostrar y hacer sonrojar a la hermana, revelando los caminos que podría haber tomado, que querría tomar, pero que por alguna razón terminó dejando, u olvidando, o sencillamente no viendo. Naima 66’ es la hermana menor que llega al límite para poder marcarlo, desmontarlo  y explicarlo, que se tatúa los mensajes de lo descubierto, de lo padecido en su propio cuerpo. Porque en la balada de Naima 66’ se pasa del amor al sexo, del sexo al amor, los ritmos se sincopean como el corazón de un preso en el estrado, Rashied Alí golpea parkinsonianamente los platillos y el redoblante, Pharoah Sanders aparece como una intensidad pura, no estratificada, haciendo sonar su saxofón como una mula sacrificada.&lt;br /&gt;Pero en esa canción, por más irreconocible que esté, se notan los rastros de carmín, el maquillaje un poco corrido del primer tema, y tal como dice Joachim Berendt, en versiones como esas “se nota que a Coltrane le agradan y que hubiera preferido seguir tocándolas como las había captado inicialmente, si sólo hubiera podido expresar de esa manera lo que le quedaba cerca del corazón. Si John Coltrane hubiese visto la posibilidad de alcanzar con los medios convencionales el grado de calor extático que él llevaba en mente, hubiera seguido hasta el fin de sus días en forma tonal”.&lt;br /&gt;Quien oye las líneas solemnes sermonales y vibrantes de Naima comprende que ese músico guarda luto por la tonalidad. Sabía cuanto perdía con ella. Y con gusto hubiera regresado a ella si en esos diez años no hubiera tropezado una y otra vez con los límites de la tonalidad convencional.&lt;br /&gt;Naima se puede leer de muchísimas más maneras. Es, a su manera, el recuerdo de una ex esposa (Juanita &lt;i&gt;Naima&lt;/i&gt; Grubbs, mina en la que se inspiró Coltrane–tal como lo indica el título- a la hora de componer el tema) recodificado y derruido por él mismo en cofradía de su nueva pareja –Alice Coltrane, que toca el piano en ese concierto (demostrando lo verdadero y lo mítico en la forma que una pareja siempre se construye sobre los cimientos de todas las personas que pasaron antes -tal como dice Leonard Cohen, en "Hey that's not a way to say goodbye":  &lt;i&gt;yes, many loved before us, I know that we are not new,in city and in forest they smiled like me and you. &lt;/i&gt;Pero a la vez es otro drama mucho más interesante, que es el miedo del maestro frente su alumno, el terror, y a la vez fascinación de Trane por ser superado por el más joven Pharoah Sanders. Coltrane había contratado al pibe estrella a modo de lograr esos momentos extáticos que a él le costaba llegar. Lo que se ve en &lt;i&gt;Live at the Village Vanguard Again! &lt;/i&gt;es precisamente un Pharoah Sanders logrando llegar sin dificultad a los grados de intensidad y violencia que Coltrane solo llegaba a rozar por aquel entonces. Lo que se presencia en el disco es casi un western, un duelo entre dos músicos que se apreciaban, que se respetaban, que incluso se amaban, pero en un pueblo demasiado chico para los dos –al menos en un substrato inconsciente.&lt;br /&gt;Por un lado tenés la destreza, la maestría de Trane; por otro la agilidad, la fuerza e intensidad de Pharoah Sanders. Es la estructura, la misma contienda que se abre y resuelve en el genial, apoteótico final de &lt;i&gt;Mal día para pescar &lt;/i&gt;(Alvaro Brechner, 2009). En ese duelo Coltrane se fue debilitando, logrando superar a su discípulo en cada contienda, pero gastando todos sus cartuchos cada vez más rápido. Precisamente su temprana muerte puede adjudicársele a eso, un hombre que, enfrentándose concierto a concierto frente a los límites de sí mismo, comienza a trepidar, hasta consumirse en su propio juego. Como las pruebas de hombría de &lt;i&gt;Rebelde sin causa&lt;/i&gt; (en donde los contendientes avanzaban a todo motor hasta el borde de un precipicio, viendo quién era más macho, veredicto que se determinaba por quién frenaba último), quien se acercara más a fondo a sus límites terminaría cayendo al vacío, o más bien, &lt;i&gt;quemándose con el sol&lt;/i&gt;. &lt;i&gt;Naima 66’&lt;/i&gt; es ese viento sur que enloquece, la supernova a segundos de volverse enana negra, la Salomé que terminó mandando a decapitar a su mismo creador.&lt;br /&gt;Por 1966 Coltrane fallecía de un problema hepático a los cuarenta años. Algunos dicen que en su ataúd, su pecho encajonado por piel y costillas seguía vibrando, como una caja de resonancia perdida en algún territorio irreconocible.&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/IKN7BjYYW2o&amp;hl=es_ES&amp;fs=1&amp;"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/IKN7BjYYW2o&amp;hl=es_ES&amp;fs=1&amp;" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;Desde el 12 de diciembre (fecha en que festejé mi cumpleaños), sin quedarme nada puntual más que hacer, Montevideo se ha convertido en un ensayo de ciudad, un simulacro. Los autos siguen atravesando18 de julio, veo a la persona con maletines, veo algunos pendejos corriendo corbata al aire con sonrisas de haber aprobado un examen, pero algo me dice que todo eso es un decorado, que es una puesta en escena. &lt;a href="http://elbailemoderno.blogspot.com/"&gt;Eze &lt;/a&gt;el otro día me había refrescado la memoria sobre un detalle tolkieniano, en el que, según el calendario inventado por el escritor, entre un año y otro hay diez, quince días que no se cuentan, y en los que, sencillamente, todo el mundo se dedica a festejar. Es decir, son días que, en sentido riguroso, &lt;i&gt;no existen&lt;/i&gt;. Inevitablemente me pongo a pensar que en su visión de las fiestas –así como ciertos subtextos gay entre Frodo y Sam que Tolkien se encargaba de meter velos pacatos a cada rato- hay muchas cosas que aquel intachable señorito inglés fanático de los árboles y parques intentaba manejar con cautela. Es decir, cualquier comunidad que desee eliminar del mapa diez días en los que se arma una especie de carnaval, posiblemente intente ocultar algunas facetas bizarras, o al menos ligeramente vergonzosas de lo que pasó ahí. En pocas palabras, hablando mal y pronto, partuzas dignas de von Stroheim (o el Mono Mario, para los que no simpatizan con el lascivo director alemán).&lt;br /&gt;Sin embargo, en ese 14 de diciembre que iba caminando por Canelones, me acababa de dar cuenta que entre navidad (incluso antes) y año nuevo, Montevideo es más o menos así. Uno sale a la calle y parecería que nadie vive realmente en los edificios. Montevideo es casi propiedad de uno, algo que le pertenece y de lo que puede hacer uso o desuso como disponga.&lt;br /&gt;Aún así, con este sentimiento bastante omnipotente, estaba enojado. El día por alguna razón no había ido bien, me tuvieron de cande como dos horas por unos trámites al pedo, y me acababa de dar cuenta de que me habían hecho el orto con las entradas de unos shows a los que planeaba asistir. Al mismo tiempo, algunos problemas físicos que me ocurren cuando arrecia el calor habían comenzado a joderme nuevamente, y yo lo único que podía pensar era que me habían cagado con las entradas. Unos días después me daría cuenta de que estaba quemado por otro asunto, solo que en ese momento todavía no me había percatado de ello.&lt;br /&gt;Iba a lo de Polly y me daba cuenta de que el malhumor del día era injusto para ella y para mí. El I-Pod andaba bien, pero los temas no ayudaban. Escuchar a Boris en medio de la calle Canelones dan más bien ganas de matar a todo el mundo en un acceso de tipo Amok. A modo de intentar ahorrar batería, suelo desactivar la luz del I-pod. Para las diez de la noche de aquel entonces, ya no se podía ver nada más que una pantallita, un espejito en donde sólo se veía reflejado mi ceño fruncido. Si uno rompe un espejo, este le dira mil verdades, una por cada añico. En vez de hacer eso, pasé la yema del dedo gordo sobre la superficie lisa y guiado por un movimiento circular digno de un marinero borracho sobre timón, elegí un tema al azar. En el momento de escuchar los contrabajos ya reconocía el tema: &lt;i&gt;Love is everywhere&lt;/i&gt;, de Pharoah Sanders. Aquello parecía un guiño del más allá.&lt;br /&gt;Mucha gente le tiene algo de rechazo a Pharoah Sanders. Las razones son variadas, y algunas de ellas son válidas, pero gran parte de la crítica circula frente a cierto terrajismo en cuanto a imaginería que el músico –y muchísimos más- tuvieron en su momento. Ese exagerado misticismo, ese orientalismo Wal Mart, lleno de halos de energía, águilas prendidas fuego y Enraha’s. Basta con &lt;a href="http://www.rocktownhall.com/blogs/media/blogs/rth/hazmat_sanders1.jpg"&gt;ver la tapa del disco Karma&lt;/a&gt; (disco que sin embargo contiene uno de los mejores comienzos de la historia) para saber de qué estoy hablando. Sin embargo, y más allá de esta noción algo empaquetada de lo místico genera un poco de sospecha -la levedad del discurso de estos negros que hacían un zapping teosófico que saltaba de Jesús a Jah, de Jah a Buda, de Buda a Mahoma-, está, no tanto en lo que dice, sino en la convicción de lo que dice el verdadero bolígrafo de verdades de todo músico. Y en las canciones de Pharoah Sanders, esta espiritualidad, por la forma intensa e hímnica con que la comunica, no sólo permite a uno comprenderla, sino que se intoxica por ella–en el buen sentido de la palabra del mismo-.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Estoy llegando a Rio Negro y escucho aquellos coros repitiendo una y otra vez lo mismo. &lt;i&gt;"Love is everywhere, Love is everywhere, Love is in us all"&lt;/i&gt; Pharoah logra algo extraño, que es que incluso en temas totalmente abrasivos y difíciles de digerir auditivamente (cabe señalar que en Love in us all –disco que contiene Love is everywhere- también está &lt;i&gt;To John&lt;/i&gt;, un tema completamente free y al borde del colapso), siempre llega a otra dimensión en donde todo, por más caótico que parezca, acaricia un sentido, una especie de sabiduría o paz en la que uno se baña. El dolor no es dolor, es &lt;i&gt;pasión&lt;/i&gt; que conduce a otro estado. Esto en muchos de sus trabajos, desde “The creador has a master plan” a la mayoría de los temas de “Village of the Pharoahs”. Pienso en la clásica cháchara lennoniana, de libertad, amor y paz en términos abstractos y siempre parece algo divagante, incluso irresponsable y pelotudo (es decir "qué paz?, qué libertad?, qué amor?). Sin embargo, en Love is everywhere aquello no parece tan descabellado. Pensando esto ya me encuentro en la puerta del edificio.&lt;br /&gt;Polly me dejó las llaves. Es un llavero rarísimo, como si fuera una versión entre Afro y Ray Bradbury de un rosario (por supuesto, no obedece a ninguna figura religiosa, aquello es simplemente un llavero). Abro la puerta y sigo escuchando el saxo soprano de Sanders haciendo un relajado solo que toma la línea de los contrabajos, delicadamente planeando sobre los bellísimos arreglos de piano de Joe Bonner.&lt;br /&gt;Toco la puerta y Polly me abre. Esta con los lentes puestos y su ropa-de-haberse-pasado-todo-el-dia-estudiando. Polly sonríe y dice algo, pero la música la tapa. No me quiero sacar los audífonos aún, pero la veo y, por primera vez en el día, sonrío. Pienso que en otra circunstancia aquellas voces que repiten &lt;i&gt;Love is everywhere&lt;/i&gt; me resultarían ridículas. Sin embargo, a lo mejor no me molesta porque le creo a Pharoah. O quizás porque, sin saberlo, estoy empezando a creer sencillamente en eso.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Discografía consultada:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://rapidshare.com/files/95509718/Spiritual_Unity.zip"&gt;Albert Ayler- Spiritual Unity&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://www.mediafire.com/?fgkdij3y6m2"&gt;Charles Mingus- The black saint and the sinner lady&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://rapidshare.com/files/170455755/048._Coleman_Hawkins_-_Body___Soul__1956_-_By_Bluesman66.rar"&gt;Coleman Hawkins- Body and soul&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://new.taringa.net/posts/musica/920573/Jazzinga---Hoy:John-Coltrane.html"&gt;John Coltrane- Live at the village vanguard (1961)&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://rapidshare.com/files/116624237/JC-LATVVA.rar"&gt;John Coltrane- Live at the village vanguard again! (1966)&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://rapidshare.com/files/87585843/1973_-_enlightment.zip"&gt;McCoy Tyner- Enlightment&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://spreadingneurotoxins.blogspot.com/2009/09/peter-brotzmann-octet.html"&gt;Peter Brötzmann- Machinegun&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://www.taringa.net/posts/musica/4075562/[APE]-Pharoah-Sanders---(1969)-Karma.html"&gt;Pharoah Sanders- Karma&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://rapidshare.com/files/110746033/PSLIUA.zip"&gt;Pharoah Sanders- Love in us all&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21178141-8498782210074809472?l=degollandocisnes.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://degollandocisnes.blogspot.com/feeds/8498782210074809472/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21178141&amp;postID=8498782210074809472' title='9 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21178141/posts/default/8498782210074809472'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21178141/posts/default/8498782210074809472'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://degollandocisnes.blogspot.com/2009/12/agustin-y-el-jazz-la-primera-vez-que.html' title=''/><author><name>Agustin Acevedo Kanopa</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12314255833701676811</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://photos1.blogger.com/hello/67/10024/640/1143379742_f.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/SzmilP4b3oI/AAAAAAAAArg/u8Dhrw4ST2Q/s72-c/evolution.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21178141.post-5937814448853084681</id><published>2009-08-31T10:28:00.003-03:00</published><updated>2009-08-31T12:59:50.085-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='al fondo a la derecha'/><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;This blog isn’t dead (it just smells funny)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Este post se demoró más de la cuenta. Es, más que nada, una recopilación, una miríada de conclusiones, delirios y lugares emocionales que he visitado en los últimos meses, por lo que no esperen una temática determinada, veracidad fáctica o un orden cronológico riguroso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Sr. Lanari&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Hace unas semanas, hablando con Polly en la cocina de mi casa tuve la necesidad de contarle sobre el señor Lanari. Por alguna razón había estado pensando en él todos aquellos días. Su imagen era un recuerdo que se me aparecía mientras reacomodaba apuntes de materias de las que probablemente olvidaría todo en un año o dos; mientras me subía el cuello de la campera, sabiendo que de ahora en más éramos yo, mi ropa y el invierno; o cuando me encontraba hincado en Tristán Narvaja, atándome los inmundos cordones que se habían arrastrado por el baño de La tortuguita. Aquella noche con Polly teníamos que hablar de un montón de cosas, pero ahí, nervioso en la cocina, sólo me salió aquel recuerdo, la historia del señor Lanari, o mejor dicho, el recuerdo que había construido del señor Lanari, aquel señor que conocí cuando tenía siete años. Cursaba segundo año de escuela y por el San Juan circulaba un material  obligatorio de lectura y ejercicios titulado “Las cuatro estaciones”. Naturalmente, en la tapa había un cuadro de cuatro casilleros, con un sol radiante en la esquina superior izquierda, unas hojas tristes sosteniéndose de un árbol a la derecha, seguida por un paisaje crepuscular, invadido por la lluvia en la parte inferior, continuado por un prado repleto de flores. El señor Lanari era &lt;a href="http://es.groups.yahoo.com/group/revista_babar/message/2288"&gt;uno de los muchos cuentos que figuraban en el libro&lt;/a&gt;, y de aquel material lectivo, salvo la mencionada portada, es lo único que retengo en mi memoria. Mientras le relataba el cuento a Polly, comencé a darme cuenta de que había muchas, demasiadas razones para que aquello permaneciera en mi cabeza. Comencé a contarle aquella historia, la historia de un hombre hecho de lana, que un día tras enganchársele un hilo en los dientes de su perro, comienza a realizar sus actividades deshilachándose sin saberlo, a medida que va dando vueltas por la ciudad, con el carrete de lana tironeando y las piernas que comienzan a desaparecer, luego la cintura, después el cuello y los brazos. En la sala de proyecciones de mis recuerdos, el hombre llegaba a la casa de su abuela y ni bien toca la puerta, al pasar por el umbral, el hombre desaparece por completo. Para siempre. Si bien no recuerdo nada particularmente traumático al momento de leerla, ahora la historia me parece demoledoramente triste, sobre todo por aquella aparente inconsciencia del señor Lanari. Pero había algo más oscuro en el asunto. En mi recuerdo el señor Lanari iba a trabajar, compraba merengues, iba a buscar plata al banco, se tomaba un ómnibus. En aquellos trayectos me lo imaginaba hablando con personas, con amigos o empleados de turno, y ninguno de ellos se percataba de que hablaban con un tipo con la mitad de su torso desaparecido. Entonces, ahora que lo pensaba, ¿no había una cierta complicidad entre la ciudad y todos sus habitantes, para que el señor Lanari se desintegrara sin siquiera darse cuenta? ¿O era que el señor Lanari siempre lo supo, y simplemente cumplía con su destino final como un noble ciudadano, un lento y metódico kamikaze realizando el último mandato de un orden más elevado que su voluntad? ¿O, más que un último engranaje de un megasistema, no estaba diciendo en cierto punto “hey abuela, acá me tenés, entro a tu puerta, hice todo lo que se esperaba de mi, trabajé, te compré estos merengues, ahora mirá en lo que me he, me han convertido”? Las posibilidades eran infinitas y no tardé mucho en pensar aquel cuento infantil aparentemente inocente como una historia sobre la descorazonadora fagocitación de la subjetividad del hombre de clase media en las grandes urbes, una alegoría sobre el borramiento de la identidad individual en la cultura de masas del peronismo, o un tratado sobre la lenta desintegración psíquica en una sociedad de fracturadas redes vinculares. Incluso había pensado en aquellos casos de lentos suicidios en donde todos, incluso el mismo padeciente contemplan su lenta desintegración, sin nada que poder hacer al respecto. Pensé en anoréxicas sintiendo cómo su corazón se vuelve una fruta seca pegada y latiendo justo debajo la piel. Pensé en drogadictos, esperando aquel traspié que nunca llega, ese gramo de más que termina desgarrando la barrera, como la piel del señor Lanari. Incluso pensé en personas como cualquiera, matándose de a poco en trabajos que no les gustan, en mujeres que no aman, en casas que nunca llegarán a pagar. Pensé en todo esto y se lo conté a Polly. Le dije que si llegaba a ser psicólogo, inventaría un cuadro clínico llamado “síndrome Lanari”.&lt;br /&gt;Como dije, de aquella charla pasaron unas cuantas semanas (ahora que reedito esto para el blog, unos cuantos meses). A Polly le había prometido alcanzarle aquel cuento alguna vez. Internet es un fiel servidor y comprendo que no hay que hacer ninguna excavación en apolillados libros del pasado para dar con el material. Ahora, justo antes de mandarle el link, leo el cuento de Ema Wolf y me doy cuenta de algo: el señor Lanari nunca llega a desaparecer por completo. Sí, estaba aquel perro, la hilacha enredándose en sus dientes, la panadería y la abuela, pero cuando Lanari llega a la casa, ella termina cosiéndolo de nuevo. No sé si sentirme contento por el pobre señor, o defraudado ante una historia mucho más amable, pero menos contundente. Pero ahora pienso en la necesidad de haber hecho desaparecer al señor Lanari, aquella oscura cofradía que mis caprichos hicieron con el recuerdo. Y pienso que esa necesidad de haberlo matado y levantar sobre su muerte un panteón de teorías, metáforas y engaños, como un cadáver al azar convertido en prócer, como ese cuerpo posiblemente paraguayo que acaban de decidir mudarlo de Plaza Independencia, hablan, más que del señor Lanari, o del capitalismo tardío, o del peronismo, del estado mental que he estado atravesando todos estos años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/SpvxaY4F-JI/AAAAAAAAArA/hv6_ljizW1I/s1600-h/lana.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 314px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/SpvxaY4F-JI/AAAAAAAAArA/hv6_ljizW1I/s320/lana.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5376156015853435026" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Los bigotes de Dios&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Estaba sentado con uno de mis pacientes, descubriendo quién era Sulma Lobato. Mientras miro el programa intentando contener mis ganas de destrozar el televisor a patadas o irme al Buquebús para poner una bomba en el canal América, dejo mi vista perderse por algunos rincones de aquel hogar de ancianos de la Costa de Oro. Cuando uno entra a un hogar de ancianos parece que se pusiera el traje de buzo y se sumergiera en el mar mar. Todo se mueve a otro ritmo y cuando uno menos lo espera, se encuentra a sí mismo hablando pausado, sentándose con extremadas precauciones de algo que nunca le va a pasar. Varias de las viejas (que es prácticamente lo único que hay) han resultado ser personajes muy interesantes o tragicómicos, pero me detengo en una señora en particular. Estoy sentado con mi paciente en un cuartito de TV improvisado entre las camas de unas de las viejas. Desde acá se puede ver parte del living comedor y una de las cocinas. Es al fondo que veo a una señora cuyo nombre desconozco. Desde que he ido ahí, la señora ha mantenido un mutismo férreo que adquiere otra dimensión con una apariencia bastante cuidada, incluso, bella para la edad. Pienso que en su juventud debió ser una mujer muy linda. Me doy cuenta de que me recuerda a Idea Vilariño. Estoy pensando en todo esto, con un ojo en ella, acostada con rostro duro y desafiante en la cama y el otro en ese travesti viejo que se pone a cantar un tema que aparentemente él mismo compuso. Llegan los avisos y me viene algo colindante con la alegría, aprovechando comentarle a mi paciente algunos aspectos sociales que se dan a entender en los mismos (siempre nos gusta bardear el aviso de fonopréstamos FUCAC). A todo esto, cuando termina la tanda y vuelve el martirio porteño escucho una voz desde la cama de la señora. Es ahí que me la encuentro recostada, con una sonrisa que nunca le había visto dibujada en el rostro. Hay un extraño movimiento que no logro descifrar en ella. Luego de unos cuantos minutos observándola, me doy cuenta de que está acariciando el aire. Es un gato imaginario, que está pegado a su cintura, al cual ella parece estar hablando con particular cariño. Pienso que en días fríos como estos, tener a un gato calentando la cama siempre es muy útil, aún así sea imaginario. Pero es ahí que afino el oído y escucho lo que dice la vieja. Le está hablando a Dios. Me cuesta un poco, pero termino comprendiendo que Dios es ese gato. La imagen me parece hermosamente desconcertante. No cabe dudas que la alucinación de la señora es sumamente megalómana. Llama la atención que los delirios místicos de caracteres megalómanos suelen pivotear entre sentir estar a completa merced de Dios,  un mero pedazo de carne atravesado por sus rayos (como un elegido por él o como un condenado al cual intenta destruir) y &lt;span style="font-style: italic;"&gt;ser&lt;/span&gt; Dios. Sin embargo, la señora le da una vuelta de tuerca a esta megalomanía que me parece fascinante: no necesita negar la existencia de Dios, sufrir sus designios u ocupar su trono: lo convierte en un gatito. Eso es lo que yo llamo tener control. A eso de las ocho tengo que ir a tomarme el COPSA. La imagen de estar esperando un interdepartamental en un camino de tierra, a las ocho de la noche en una silenciosa ciudad de la costa, con el cuello de la campera levantado, observando el vapor que emana de mi boca, mientras trato de aferrarme a algún tema suelto que tengo grabado en el celular, dan otra consistencia a todos mis pensamientos, que parecen ser los últimos o los primeros de otra cosa.&lt;br /&gt;Pienso en la posible demencia de la señora, o en un mismo proceso psicótico recrudecido por los años, pero entonces me pongo a pensar de si no será verdad, si Dios no existirá realmente, siendo no otra cosa más que el gato imaginario de una vieja residente de un hogar de ancianos de la Costa de Oro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Tres canciones: Heroes/I’ve got so much to give/Dancing with myself&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;1) &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Heroes&lt;/span&gt;, sólo por un día&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;object width="420" height="339"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.dailymotion.com/swf/x17jjl_david-bowie-heroes_music" /&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true" /&gt;&lt;param name="allowScriptAccess" value="always" /&gt;&lt;embed src="http://www.dailymotion.com/swf/x17jjl_david-bowie-heroes_music" type="application/x-shockwave-flash" width="420" height="339" allowFullScreen="true" allowScriptAccess="always"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;&lt;a href="http://www.dailymotion.com/swf/x17jjl_david-bowie-heroes_music"&gt;David Bowie - Heroes&lt;/a&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;por &lt;a href="http://www.dailymotion.com/hushhush112"&gt;hushhush112&lt;/a&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;Como gran parte de los hijos de MTV (más allá de que muchos de nosotros cumplimos el destino de Edipo a tiempo y forma), conocí &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Heroes &lt;/span&gt;por medio de la banda sonora de Godzilla, aquel tema curiosamente incompatible con la trama de la película realizado por los Wallflowers. Sabía que era un cover de David Bowie, pero por aquel entonces entre que toda mi melomanía era un embudo que desembocaba en la damajuana Radiohead y una homofobia latente típica de la edad, el camaleónico sir era un asunto bastante foráneo, del que poco me interesaba indagar, incluso teniendo conocimiento de aquel otro cover, The man who sold the World –interpretado por Cobain y cia- que en los círculos que me manejaba era prácticamente una institución. De hecho, Godzilla había desenterrado otro hitazo, Kashmir, de Led Zeppelin, pero Puff Daddy se encargó de hacer una restauración de aquel tema de una forma tal que equivaldría, dentro de una lógica de arquitectura y diseño, a tunear con luces de neón la Catedral de Chartres.&lt;br /&gt;Más allá de la melodía que se te pegaba de una, el tema no me había llamado demasiado la atención. Las razones pueden verse a simple vista, un chico muy lindo (porque vamos a aceptarlo, debe ser de los tipos más lindos del rock que recuerde) haciendo promesas a su amada sobre un mundo creado a la medida de los dos, su own private world en el que puedan vivir como reyes, mientras que el verdadero mundo se va cayendo a pedazos (en el videoclip, Jacob Dylan canta sus quiméricas promesas mientras Nueva York es arrasada por Godzilla). El mito del amor como un lugar, un mundo cerrado en el que por un momento el entorno se difumina es un &lt;span style="font-style: italic;"&gt;leit motif&lt;/span&gt; repetido desde tiempos inmemoriales, desde los griegos (con los dioses secuestrándose a las mortales llevándoselas al Olimpo –o al Hades) a los románticos (la promesa de la muerte como el otro lado del puente en donde los amores se reencuentras bajo otras reglas). Y si es un cable de cobre que circula subcutáneamente por toda la obra artística de los últimos veinte siglos, es posiblemente porque en el amor se reproduce casi invariablemente esa sensación. Ese momento de invulnerabilidad, el desfondamiento de la identidad para formar un constructo unitario con el otro, esos pequeños momentos de locura panteísta en que la idea de que todo mal del mundo puede resolverse en la medida de cuánto uno quiera a ese alguien, es casi un cristianismo en miniatura (después de todo, &lt;span style="font-style: italic;"&gt;fé es amor&lt;/span&gt;, o eso dicen). Es así que cuando Jacob Dylan promete que él y ella serán héroes, sólo por un día, no está diciendo nada que no se haya dicho antes.&lt;br /&gt;En los últimos dos años me he dedicado intermitentemente a desenterrar pequeñas perlas regadas por el genio de David Bowie. David Bowie es de esos ejemplares en donde el contenido llega a ser un momento de la forma. Y viceversa. No hay nada que haga Bowie que no remita a sí mismo, a ese mundo de ciencia ficción, lleno de glitter, sensualidad ambigua. Es, por así decirlo, un &lt;span style="font-style: italic;"&gt;metamúsico&lt;/span&gt;. Pero Max Capote y Dani Umpi también lo son, entonces la cuestión de calidad no radica en ese mero hecho. Bowie, es antes que nada, un gran performer. Tiene una cualidad de saltar de un registro desafectivizado, alienígena, casi robótico, a momentos de intensidad histriónica, drag, humana, demasiado humana.&lt;br /&gt;Y entonces sí, es extraño que recién ahora me tope con una canción del tamaño de &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Heroes&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;La canción figura en el disco homónimo, el cual, junto a &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Low &lt;/span&gt;y &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Lodger&lt;/span&gt; forma parte de la llamada “trilogía de Berlín”, realizada por Bowie y Eno, en un estudio emplazado a solo unas pocas cuadras del famoso muro. Colocado frente al complejo e intrincado producto de laboratorio que es &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Low&lt;/span&gt;, &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Heroes&lt;/span&gt; es una fiesta, pero una fiesta con Bowie como anfitrión, que, como todos sabemos, tiene las credenciales de ser un evento muy diferente a todo lo que podríamos esperar.&lt;br /&gt;Cuenta la historia de la realización del tema, que el mismo fue pensado como una pieza instrumental, un claro homenaje a los pibes de NEU! (en cuya discografía figura el tema “Hero”), frente a los cuales Bowie y Eno se babeaban hasta los tobillos –como cualquiera que supiera qué estaba ocurriendo en la música europea. De hecho, más allá del kraft aparentemente clásico (con ese estribillo bien marcado como médula osea de la canción), llama precisamente la atención el &lt;span style="font-style: italic;"&gt;wall of sound&lt;/span&gt;, la serialidad del tema, en el mejor estilo &lt;span style="font-style: italic;"&gt;motorik &lt;/span&gt;que habían acuñado los flacos de Dusseldorf. Pero volviendo a Eno, cuenta que al realizar el tema, por más que la letra fue insertada tiempo después, la palabra que daba nombre a la canción era precisamente algo que le resonaba cada vez que lo escuchaba. Y no puede estar más en lo cierto, más allá de una letra completamente romanticista, hay una sensación triunfalista a lo largo de la canción, en las guitarras de Fripp que son como rayos que atraviesan el tema,  en esa línea de bajo repetitiva que es como el carretel que mantiene a la cometa a distancia prudente de la tierra. Y entonces pienso qué es lo que tiene &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Heroes&lt;/span&gt; de Bowie, que cuando la escucho me siento en una bisagra, a punto de hacer estallar todo lo que fui, soy y quise ser, mientras que la versión de los Wallflowers no me había generado nada en particular, más allá de ser dos temas más o menos isomorfos. Y las escucho a los dos, veo los dos videos de youtube, con las dos ventanas abiertas en paralelo y ahí me doy cuenta de que, precisamente, el punto central, el centro gravitatorio de la cuestión es Bowie, siempre fue Bowie. La versión de Dylan jr. es heroica, pero todo el sentimiento e imaginería son figurativos. Cuando dice and &lt;span style="font-style: italic;"&gt;I, I will be king, and you, you will be queen&lt;/span&gt;, le está prometiendo algo en forma cifrada, tal como un enamorado que le escribe a su amada una cursi “te regalo la luna” sabiendo que realmente no podrá caer con tal regalo a la puerta de la casa. Y, sin embargo, cuando uno ve aquel otro video, con Bowie enfundado en una malla plateada, puede percibir que el inglés realmente cree que será rey, y tal es su convencimiento, tal es la emoción con que canta aquello, que le termina creyendo. Ese sentimiento, el de un lenguaje no metafórico, el de creerse la historia, es algo que se perdió y que difícilmente vuelva a encontrarse en el pop. Es esa noción, la forma en que grita casi histéricamente &lt;span style="font-style: italic;"&gt;We Could be heroes&lt;/span&gt;, con puro sentimiento, pero a la vez con el cuerpo completamente rígido, como dispuesto a recibir el impacto de una ola sin atisbar a moverse, lo que radicaliza esa sensación romántica. Jacob es un lindo chico que sabe decir las palabras adecuadas, en el momento adecuado, por más que el mundo esté desmoronándose a su alrededor. Bowie está loco, parece estar gritándole desde el pórtico de la casa, prometiéndole todo esto a su amada, con la nave espacial estacionada en la esquina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;2) &lt;span style="font-style: italic;"&gt;I’ve got so much to give&lt;/span&gt;, Barry White for president&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/8vJwpCgld2M&amp;hl=es&amp;fs=1&amp;"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/8vJwpCgld2M&amp;hl=es&amp;fs=1&amp;" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;“Es fantástico estar con ustedes, esta noche en Santiago de Chile. En America hemos escuchado mucho de Chile. Muchos periodistas me preguntaron si había oído de Chile antes. Déjenme decirles, cada uno en America ha escuchado hablar de Chile. Mientras mas trabajen como equipo, como una unidad, más será lo que el mundo escuchará sobre ustedes. No hay nada que la gente de Chile no pueda superar con unión, fuerza y amor”.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Con ustedes, Barry White.&lt;br /&gt;Hoy en día, más allá de aparecer en un capítulo de Ally McBeal encajado en algún baldío de la programación de FOX, o servir de cortina musical para Intrusos (razón suficiente para que mi mente terminara desgraciadamente suturando &lt;span style="font-style: italic;"&gt;You’re the first, the last, my everything&lt;/span&gt; con la imagen de Jorge Rial), la música del Barry no suena mucho por estos lados. Cuando aparece, suele hacerlo enmarcada en escenas de pelícla en donde el romanticismo es autoconsciente, al borde de la ironía. Algo así como “vamos a hacer como que estamos enamorados”. Así como con &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Let’s stay together&lt;/span&gt;, de Al Greene, o &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Let’s get it on&lt;/span&gt;, de Marvin Gaye (exceptuando el honesto uso que se le da en &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Alta Fidelidad&lt;/span&gt;), las canciones de White suelen aparecer en el cine como sobreevidencia de cierto aspecto &lt;span style="font-style: italic;"&gt;cheesy &lt;/span&gt;de una aproximación romántica, una perspicacia retro de la película, algo para señalar cierto elemento ligeramente ridículo, pero aún así dentro de cierta empatía amorosa. Sin embargo, aquello no fue siempre así. En Estados Unidos ha circulado la idea de que el león negro de pañuelo omnipresente y peinados limítrofes entre lo funk y lo medieval (si no, fíjense en el video) fue, de cierto modo, una de las variables que tuvo repercusión en una explosión demográfica a fines de los años setenta. Algo así como el padre platónico de una generación entera. Por supuesto, aquello es una construcción mítica, pero todos los mitos tienen raíces que se entrecruzan con la realidad. En todo caso, lo que hay que preguntarse en la actualidad no es por qué no se escucha más a Barry White, sino por qué se lo ha dejado de escuchar como se lo escuchaba en los setenta.&lt;br /&gt;Si uno ve videos como&lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=v8Hw6yAaeBw"&gt; esta temprana presentación de Loves Theme&lt;/a&gt;, en donde vemos a Barry dirigiendo una sinfónica, revoleando la batuta con una alegría inmensa, mientras el conjunto de violines, las guitarras y los vientos tocan su partitura de una manera realmente suelta, pero a la vez disciplinada, uno puede percibir una forma diferente de producir y sentir el pop, algo impensable, intraducible en tiempos de las mash ups y protools, restos arqueológicos de un imperio perdido o enterrado. Siendo un movimiento que tiene muchos más genes en común con el punk de lo que la gente se imagina (el alegato a la fiesta, la sensualidad y cierto hedonismo –obviando la existencia de bandas como Parliament que eran ya definitivamente políticas- es un conjunto de valores también presentes en el otro género, solo que pintados sobre el lienzo en tonos menos luminosos) el disco suele ser un estilo, un mundo que sólo es livianamente apreciado en nuestra actualidad, limitándose a las loas borrachas que se le echan los 24 de agosto (noche de la nostalgia, no uruguayos favor de visitar el &lt;a href="http://dragonlieder.blogspot.com/2009/08/la-noche-de-las-otras-personas.html"&gt;último post de Benito&lt;/a&gt;), o algunas radios de oldies oficinescas, que convierten aquellos temas en nada más que eso: meros interruptores de cierta sensibilidad secuestrada y vendida como cigarrillos al escucha. Sin embargo, cuando uno escucha discos enteros de Barry White (no un Greatest Hits, sino el disco como obra conceptual y plenamente significativa), se da cuenta de que ahí, en esa orfebrería emocional de cuarenta minutos, hay algo más que una mera prótesis erótica. Por trivial que suene un mero artífice de canciones románticas frente a Aristóteles o San Agustín, puede decirse que Barry encontró algo que siempre se había escapado como majuga entre las manos de filósofos, religiosos, escritores y científicos: en su música se halla una divina proporción alquímica, capaz de unificar los placeres de la carne y lo amoroso, sublimado en pura espiritualidad. El &lt;span style="font-style: italic;"&gt;homo sentimentalis&lt;/span&gt;, fascinado con su imagen especular, sabe interpretar uno u otro rol, pero no los dos a la vez, y con el tiempo esta alienación mutua, esta brecha, se fue ensanchando, como si se fueran dinamitando las dos orillas de un cañón. Como prueba de esto, basta ver qué poco espirituales suele ser la representación de sexo intenso en el cine, y cuán aburridas y poco calentonas suelen resultar las representaciones de gente “haciendo el amor” (como imagen paradigmática, podría citarse la desfloración enamoradiza de Tara Reed en American Pie, posiblemente una de las escenas de sexo más sosas de la historia). Pero con Barry White -quizás sólo exceptuando Serge Gainsbourg-, es distinto, y a uno se le enciende  una cierta llama en donde el mundo se convierte en una máquina que bombea sangre a lo loco al corazón, al cerebro y también más al sur.&lt;br /&gt;Pero todo esto venía al video que adjunté arriba. Es 1979 y Barry White es invitado a un show de televisión chilena. No me parece necesario indicar los momentos que vivía chile, sumido a una de las más sangrientas dictaduras latinoamericanas, con el DINA funcionando como una máquina jodidamente aceitada y con Pinochet con sus plenas potestades como Presidente de la Junta Militar de Gobierno. Es decir, Barry White cae a un programa chileno, en medio de plena violación a los derechos civiles, pero él es un entertainer, y está hecho precisamente para esto: entretener. El mensaje adjuntado arriba es de lo más vago, casi inentendible ¿Qué significa eso de trabajar juntos? ¿Trabajar como una unidad con quién? ¿A quién le está hablando? ¿Al pueblo? ¿A los militares? Son de esos discursos tan políticamente vagos que sus coordenadas resultan completamente invisibles. Es ahí que lo primero que uno piensa es que:&lt;br /&gt;a) Barry White no tiene puta idea de dónde está, por qué está y qué está pasando en Chile (por más que &lt;span style="font-style: italic;"&gt;todos en América saben lo de Chile&lt;/span&gt;)&lt;br /&gt;b) Barry White quiere solidarizarse con el pueblo chileno, pero tiene tanto miedo de lo que le espera detrás del coortinado del evento, que opta por comunicarse por un sistema de símbolos no compartido por nadie de los allí presentes&lt;br /&gt;c) Barry White está de vivo, y todo el discurso es una joda bastante cínica.&lt;br /&gt;Veo nuevamente el videoclip y acto seguido me pongo a escuchar &lt;span style="font-style: italic;"&gt;I’ve got so much to give&lt;/span&gt;. El disco debut de Barry es glorioso. Luego de ser compositor y director de la descomunal orquesta Love Unlimited, Barry (que todavía no la había pegado con las bombas &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Never, never gonna give you up&lt;/span&gt; o &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Can’t get enough of your love&lt;/span&gt; –ahora que lo pienso, qué títulos largos suele elegir el negro), elabora un disco perfecto, tan perfecto que podría ser considerado conceptual. Es en esa escucha que me doy cuenta de cuán perjudicados somos los que accedemos a ciertos músicos por medio de sus Greatest Hits. En el compilado que me había comprado a mis quince años (que me pasaba horas escuchándolo con mi madre, en esas hermosas fraternidades espontáneas que muy de vez en cuando se logran con los padres cuando uno es adolescente) aparecían algunos temas que están regados en toda la discografía, pero están cortados, simplificados. Es decir, quitan introducciones, acortan puentes, borran algunas pistas de la voz de Barry para que el tema quede más redondo. Comparando las dos versiones a uno le viene la misma indignación que sienten los cocineros italianos cuando alguien les corta sus spaghettis (&lt;span style="font-style: italic;"&gt;assessino, assesino&lt;/span&gt;!!!), se da cuenta de cuánto se pierde en ese ajuste a ultranza para el formato radial. La música hipersexualizada de Barry White es como el &lt;span style="font-style: italic;"&gt;foreplay&lt;/span&gt; de todo buen sexo: tiene que estar. Los recitados sobre todo, tienen un valor que se resignifica a mitad y final de la canción. En lenguaje pornográfico, es como una escena sin cumshot, en el tango arrabalero, es ese &lt;span style="font-style: italic;"&gt;chan chan&lt;/span&gt; que ordena y da la puntada final, el punto de una oración que da sentido a una sentencia. Y es entonces que cuando escucho a Barry llorando &lt;span style="font-style: italic;"&gt;“Oh Darling, can’t you see that I/ I got so much to give tou you my dear/ It’s gonna take a Lifetime/ It’s gonna take years”&lt;/span&gt;, y me doy cuenta: todo lo que dice en el show chileno tiene sentido. En Barry White, tal como en las promesas de Bowie, el amor no es algo figurativo. Es una sustancia, algo tan palpable y real que podría ser descubierto en materia física, tal como la libido en forma líquida que buscaba Wilhelm Reich en sus pacientes. Es completamente absurdo comenzar a plantear disquisiciones acerca de cuál es la postura política de White, porque precisamente, él no es más que un militante del amor, el amor a secas, entre los seres humanos, de cualquier forma posible. Uno puede reprochárselo, pero como bien se sabe, uno no cree en lo que ve, sino que ve lo que cree, y en el lóbulo occipital del negro, el cromatismo y la espacialidad no se dividen en blancos y negros, izquierda o derecha, sino en más o menos amor. Puede parecer iluso, incluso peligrosamente infantil, pero lo que dice White no es una vaguedad, es la un determinado mundo presentado como una posibilidad.&lt;br /&gt;Un mundo que por momentos seres neuróticos como yo logran ver por detrás de una banderola, pero parado sobre dos sillas colocada una sobre la otra, a punto de desnucarme contra el bidet.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;3) &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Dancing with myself&lt;/span&gt;, epílogo escrito una noche de mayo&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;object width="420" height="339"&gt;&lt;param name="movie" value="" /&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true" /&gt;&lt;param name="allowScriptAccess" value="always" /&gt;&lt;embed src="" type="application/x-shockwave-flash" width="420" height="339" allowFullScreen="true" allowScriptAccess="always"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;&lt;a href=""&gt;&lt;/a&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;por &lt;a href="http://www.dailymotion.com/"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Son las cuatro de la mañana y Bluzz está que arde. Es precisamente el momento más gay del disc jokey, que casi como por decreto suelen ser los momentos más divertidos de cualquier fiesta. Minutos atrás sonaba &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Boys don’t cry&lt;/span&gt;, y por un momento, al sentir el título coreado por toda la gente, muy por encima de la angustiante voz de Robert Smith, sentí ese momento, esa corta tribulación, ese distanciamiento momentáneo en que uno cree estar en el lugar indicado, en el momento indicado. No mucho después la gente bailaba con &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Hand in glove&lt;/span&gt; (de los Smiths) y yo me preguntaba si no era así, o muy parecido el boliche que quiméricamente planeaba y rediseñaba con amigos de liceo. Y ahora suena un tema de Erasure que nunca me gustó, pero que lo coreo como si fuera una loca pasada de anfetas en Ibiza.&lt;br /&gt;Esto es nuevo, che.&lt;br /&gt;Para un chico tan poco comprometido con todo lo que vincule a lo motriz (jugar al fútbol nunca lo hice desde una posición demasiado exquisita y tampoco fui buen guitarrista, ni un gran dibujante –y ahora me veo y mientras escribo esto me doy cuenta de que lo único que se ha ejercitado en dos semanas son los cuatro dedos que utilizo para escribir esto que escribo-), bailar siempre fue un medio a algo, nunca un fin en sí mismo. Durante una larga campaña bolichera de mi adolescencia por un momento llegué a bailar cumbia de una manera relativamente aceptable. Luego vino mi noviazgo de cuatro años, y con el fin consumado en sí mismo, no había medios sobre los que me detuviera.&lt;br /&gt;A una semana de haber roto con María, fui a una fiesta de unas amigas con las que suelo encontrarme de una manera más intermitente de lo que los tres deseamos. Todavía estaba hecho un saco de nervios y me había propuesto limitarme a permanecer ahí, tomar algo bastante tranquilo, evitando cualquier salto de tapón que me dejara llorando como un condenado. Pero las mellizas son una luz y me hacen sentir tremendamente cómodo desde el mismo momento en que piso el faro (el boliche en cuestión donde se estaba celebrando su cumpleaños). Ahí veo a la gente bailar, veo cómo las cosas cambiaron. Como un soldado que vuelve de la guerra sorprendiéndose e indignándose acerca de todas las cosas que cambiaron en el país del que tuvo que partir, me quedo completamente anonadado con la relevancia que ha adquirido el reggaeton. La cuestión es que en materia de medios y fines, el reggaeton es una herramienta áurea para quien sepa y esté dispuesto a bailarlo como se debe, pero una cagada para quien no esté dispuesto a asumir el riesgo de su franeleo y ciertos movimientos espasmódicos que no suelen caracterizarse por la cadencia de la cumbia. Es decir, si el reggaeton se llevara hasta sus últimas consecuencias, sería el paraíso jamás soñado para alguien que considera el baile en función de la posibilidad de franeleo que puede tener con una mujer. Pero en Uruguay hay un problema de logística y aplicabilidad. Casi nadie está dispuesto a asumir el riesgo y lo que terminás obteniendo es un baile mucho más distante que el que te permitía la vieja y querida cumbia (sobre todo en su versión del norte del Río Negro, haciendo el 2-1 con tu pierna entre las gambas de la mina). Es así que era un entorno bastante difícil para alguien como quien escribe.&lt;br /&gt;Pero fue casi inesperadamente, de una manera que me tomó por el cuello, que un día me vi reflejado en la ventana de Bluzz, bailando justamente solo &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Dancing with myself&lt;/span&gt;. Estuve bailando con los ojos entrecerrados, cada tanto espiándome a mi mismo, pegando saltitos, cantando a grito pelado &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Oh-oh-oh-oh&lt;/span&gt;!, con las manos en alto. Era posiblemente la primera vez que el bailar era un hecho que valía por sí mismo, como el querer en Barry White, como el soñar en David Bowie, como hacerse una paja en Billy Idol.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Dancing with myself&lt;/span&gt; es la dimensión más cercana que tengo de lo festivo. Es un tema perfecto, es una canción que, así como ciertos temas de Leonard Cohen sólo pueden haber sido escritos por un veterano, sólo pudo haberlo compuesto alguien cercano a los dieciocho. Hoy en día todo lo de Billy Idol suele parecer retro, pero sin embargo, ese tema no.&lt;br /&gt;Todavía en Bluzz, me hago paso y con un vaso de Jameson en la mano a pedirle al Tuco que ponga &lt;a href="http://www.dailymotion.com/video/x1aflg_billy-idol-rebel-yell_music"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Rebel Yell&lt;/span&gt;,&lt;/a&gt; otro de los famosos temas de Billy Idol. El Tuco, con esos lentes delante de la peluca mod (o como pueda llamársele a eso) asiente con la cabeza y me dice que con mucho gusto, que en unos minutos lo pone. No sé si estoy feliz, si quiero como un hermano a este tipo con el que nunca hablé en mi vida o si sencillamente estoy en pedo. O todas a la vez. Ni bien vuelvo a la zona de baile pienso en que una vez hablé mal de ese tipo, con esa mala característica de juzgar a los músicos por su música (ahora que recuerdo, ya en este blog di unos cuantos palos a Astroboy). Pero capaz que este reproche es también por el pedo. O ambos. Y ahora suena. Por más que sé que lo puso el Tuco, y que lo hizo porque yo se lo pedí, cuando escucho la intro de órgano de &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Rebel Yell&lt;/span&gt;, lo siento como una señal, algo que viene de un más allá o de un más acá, tan &lt;span style="font-style: italic;"&gt;acá&lt;/span&gt; que no lo puedo ver (como Goethe a la muerte, tal como dice Kundera en &lt;span style="font-style: italic;"&gt;La inmortalidad&lt;/span&gt;). Y me pongo a bailar. Salto, muevo los pies, siento que bailo bien, sobre todo porque bailo tan mal como el resto de la gente que me rodea. Y los veo bailar con los ojos cerrados, coreando el &lt;span style="font-style: italic;"&gt;“more more more!”&lt;/span&gt; levantando el puño al cielo. Y mientras todo esto sucede, pienso si lo están haciendo por verdadero placer, el placer en sí mismo que representa para mí estar bailando esto, o esa ligera distancia, esa leve ironía de enmascararse dentro de la sensibilidad que no es la de uno, como cuando temas atrás, cuando estaba bailando &lt;span style="font-style: italic;"&gt;A little respect&lt;/span&gt;. Zizek en un artículo sobre Hitchcock dice:&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;“Consideremos el que es probablemente hoy en día el caso más notorio de fascinación nostálgica en el cine: el cine negro norteamericano de la década de 1940 ¿Qué es exactamente lo que tiene de fascinante? Está claro que ya no podemos identificarnos con él; las escenas más dramáticas de Casablanca, Asesinato, My Sweet, Traidora y mortal, hoy provocan risa entre los espectadores. Pero, sin embargo, lejos de representar una amenaza para su poder de fascinación, este tipo de distancia es la condición misma de ese efecto. Es decir que lo que nos fascina es precisamente una cierta mirada, la mirada del “otro”, del espectador hipotético, mítico, de la década de 1940, que se supone era todavía capaz de identificarse inmediatamente con el universo del cine negro (…) nos fascina la mirada del espectador “ingenuo” mítico, el que era “todavía capaz de tomarlo en serio”. En otras palabras, el espectador que “cree en eso” por nosotros, en lugar de nosotros. Por esa razoón, nuestra relación con el cine negro está siempre dividida, escindida entre la fascinación y la distancia irónica: distancia irónica respecto de su realidad diegética, fascinación con la mirada”&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;Me pongo a pensar que la mayoría de la gente que está bailando, está bailando precisamente frente al escucha hipotético de esos temas, es decir, el escucha que era capaz de tomarse el show de Billy Idol en serio. Uno ve el videoclip, ve los peinados, la muñequera de tachas, el maquillaje en llamas de la tecladista, el guitarrista particularmente hiperactivo y no puede dejar de pensar que para alguien, un fan, un adolescente que tapaba el sol de la ventana con un poster de aquel platinado enfundado en cuero, un niño que ensayaba aquella mueca labial a lo Presley, alguien que como yo, ahora, sintiendo estar en el lugar adecuado, en el momento adecuado,  en algún momento de su vida eso fue algo pleno de significado. Y el descubrimiento jodido de la noche es que, justamente, &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Rebel Yell&lt;/span&gt; es algo pleno de significado para mí. En la forma en que canta Idol, en la forma de agitar su puño al cielo, en la forma en que abre las piernas el guitarrista en pleno salto, hay una verdad que vale por sí misma. Y yo me pregunto si soy solo yo, o si soy sencillamente un borracho perdido en la caverna platónica, creyendo que es verdad, &lt;span style="font-style: italic;"&gt;verdadera verdad&lt;/span&gt; y no juegos de luces y sombras, lo que veo y escucho. Y pienso esto y me pido otro Jameson, y la gente baila y suda, y yo pensando sobre Zizek mientras dos minas se ponen a apretar al lado mío, pensando en Zizek mientras la gente entra a los baños de a seis, pensando en Zizek y dándome cuenta de que voy a postear sobre todo esto desvelándome una vez más, sorprendiéndome ante el dolor del brazo torcido de reconocer que me gusta la Ronda, que me gusta Bluzz, de que ya me es casi absolutamente necesario terminar en estos sitios, cuando meses atrás, en este mismo blog los andaba puteando, y entonces me doy cuenta de que está bien no resistir un archivo, y que todo lo que haga, todo lo que hagamos los que estamos bailando acá es correcto, que tenemos razón por el simple hecho de ser jóvenes, de que vamos a ganar, ganar algo que no sé si es una guerra, un partido o un perdón, y ahora se acerca una mina y antes de que me presente ella dice que sabe quien soy, y dice Kanopa sin la esdrújula falsa que le encaja todo el mundo, y la tipa de la nada se me pone a recitar de memoria las primeras tres carillas de &lt;span style="font-style: italic;"&gt;El pozo&lt;/span&gt; y lejos de fascinarme aquello, me viene una súbita sensación de miedo que me hace salir de ahí, buscando a Ezequiel para contarle algo que probablemente ambos trataremos de recordar en el Messenger al día siguiente sin dar en el clavo, sabiendo que en Canelones y Ciudadela los animalitos se comen todas las miguitas con las que uno marca su camino de regreso, y pienso en un cuento y un final precioso que probablemente también me olvide ni bien llegue a mi casa, y pienso que todo esto tengo que anotarlo, que este fanatismo por recopilar todo quiere hacer de mi una puta caja negra y no una persona, pero entonces ya estoy haciendo un scandisk mental y me pongo a recordar gente de la vuelta, una especie de álbum fotográfico babilónico, mejor, un álbum de figuritas Panini con el Tüssi, Jelen, Eze, Marques, Víctor, Felipe Reyes, Chichi, tengui, tengui, falti, y mi cromo perdido por ahí, como una figurita agregada, con cascola en vez de autoadesivo, me imagino abriéndolo en diez años, y me doy cuenta de estar sintiendo una nostalgia por un presente que ni siquiera se acabó, reprochándome por aquello en silencio, rogando por no convertirme en una de esas personas que encuentran cualquier excusa para hablar sobre qué geniales eran cuando iban a Juntacadáveres y todavía eran jóvenes, como si fueran Onettis perdidos intentando hacer caminar a sus respectivas Cecilias por Eduardo Acevedo y la Rambla, y trato de ordenar todo eso y recuerdo a Martín Batallés encontrando a unas cuadras de La ronda la cabeza cerceanada de una tortuga de tierra, y recuerdo a un Frankenstein-raver-esquizo-gay-kitsch-lumpen-colorinche diciéndome a las seis de la mañana, en una casa desconocida, que su diosa favorita es Cali, y recuerdo una noche con Darío, en plenas vacaciones de carnaval, presenciando la casi inexistencia de gente y la penumbra en que había quedado Ciudadela tras el robo de unos cables de luz, y esa sensación de estar festejando un cumpleaños sobre las ruinas de un apocalipsis del cual quedaron no más cincuenta personas, y recuerdo una noche calurosa interrumpida por un súbito vendaval, con todo el mundo de los tablones metiéndose para adentro, todos agolpados en la Ronda como refugiados senegaleses en el cuarto de máquinas de un buque serbio, mirando mojados, molestos, borrachos y/o contentos cómo caía la lluvia, observando afuera la torpeza de la gente escapando de algo de lo que su cuerpo está conformado en un 90 por ciento, de las botellas de cerveza vacías llenándose de agua destilada, mientras adentro suena un tema de Bonnie Prince Billy cuyo nombre siempre me olvido, y entonces sé que la noche terminó y que debo irme a mi casa, despedirme de Ezequiel y de Mariana, a quienes no encuentro porque estoy borracho, o a quienes no encuentro porque estan borrachos, o que no nos encontramos porque estamos borrachos, y entonces desisto y emprendo camino, haciendo eses por Canelones,  recordando que el caminante por silbar en la oscuridad no deja de estar solo, y ahora sintiendo &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Brilliant Disguise&lt;/span&gt; de Bruce Springsteen retumbando en mi cabeza y en el plexo, como si esa canción me la estuviese cantando a mí, como si &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=VtbrtGjkx34"&gt;The Boss, con su guitarra en mano,&lt;/a&gt; materializara en su misma persona, en su&lt;span style="font-style: italic;"&gt; "Tell me what I see/ when I look in your eyes/ is that you baby/ or just a brilliant disguise"&lt;/span&gt; un coro griego que estuviese resumiendo parte de mi vida o dándome ánimos desde un más allá, en el mismo drama que me fui constuyendo, en el darme cuenta de que acabo de pasar por la puerta de su edificio, pensando en normas, fases, autoexigencias, en el terror de encontrar demasiado pronto algo que uno no buscaba, en que voy a dejar de escribir este post para llamarla por teléfono.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21178141-5937814448853084681?l=degollandocisnes.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://degollandocisnes.blogspot.com/feeds/5937814448853084681/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21178141&amp;postID=5937814448853084681' title='23 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21178141/posts/default/5937814448853084681'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21178141/posts/default/5937814448853084681'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://degollandocisnes.blogspot.com/2009/08/this-blog-isnt-dead-it-just-smells.html' title=''/><author><name>Agustin Acevedo Kanopa</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12314255833701676811</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://photos1.blogger.com/hello/67/10024/640/1143379742_f.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/SpvxaY4F-JI/AAAAAAAAArA/hv6_ljizW1I/s72-c/lana.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>23</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21178141.post-6759295872755984902</id><published>2009-03-31T03:01:00.005-03:00</published><updated>2009-03-31T05:53:15.980-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='escopofilia'/><title type='text'></title><content type='html'>&lt;strong&gt;There were business as usual, with the same old fears and frustrations&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Pasé de la cocina al living y vi a mi perro con la lengua para afuera, como si fuera el perro de Dyer en &lt;a href="http://www.soho-art.com/cgi-bin/shop/shop.pl?fid=1196314204&amp;amp;cgifunction=form"&gt;este cuadro de Bacon&lt;/a&gt;. Lo había divisado con el rabillo del ojo, di unos tres pasos. Cada uno de ellos era una posible explicación de lo que acababa de ver. Al cuarto paso me detuve. Iba a ver de vuelta &lt;em&gt;Tropic Thunder&lt;/em&gt; en el DVD, pero giré lentamente sobre mis talones y lo vi. Estaba hecho un ovillo, la lengua para afuera, pero no la misma lengua que había visto durante los últimos trece años. Era una lengua pesada, como esas que me impresionaban tanto cuando era niño al ir a las carnicerías con mi madre. Siempre me dije que podría comer cualquier cosa, sesos, tripas, ojos, pero nunca esas lenguas entumecidas que me observaban como &lt;a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Geoduck"&gt;GeoDucks &lt;/a&gt;esperando comunicarme una sola palabra amputada. Pero mi perro estaba ahí y me puse a intentar divisar algún signo vital. No parecía moverse, chequeé visualmente las costillas y no se inflaban y desinflaban como uno puede se puede esperar. Pasaron diez segundos y ahí me invadió el pánico. Crucé el living, caminé a paso rápido por el corredor (pensé en trotar, pero preferí caminar para no generar sospechas, ¿pero sospechas a quién?) y me encerré en el cuarto. Me quedé ahí en silencio. El libro de Carver ya lo había terminado. Iba a releer unas cosas de Felipe Polleri, pero tras pasar una carilla la imagen de la boca abierta de mi perro, esa lengua independiente como un cangrejo saliendo de su caparazón, revoloteaba sobre mi cabeza, como una polilla desquiciada regando como un avión a chorro todo su polvo ceniciento. Puse &lt;em&gt;His ‘n’ hers&lt;/em&gt; de Pulp y lo saqué en seguida, pensando que si se moría mi perro, esa canción iba a estar condenada a estar por siempre asociada con aquella muerte. Sin más que hacer, me quedé sentado en mi cama. Esperando. Me di cuenta de que lo que realmente me aterrorizaba no era la muerte de mi perro (aceptémoslo, tiene trece años y un tumor cerebral que le genera cada tantos unos ataques dignos de Ian Curtis), sino el hecho de ser yo quien encontrara su cuerpo. Entonces estaba ahí, esperando lo inevitable. Estaba con la vista en mi estantería y con la puerta trancada. Pensaba “ahora mi madre va a gritar y va a ser oficial”. Pasaron doce, veinte minutos. No hubo ningún grito. Mi madre preparaba la comida, por lo que capaz que todavía no había llegado a ver el cuerpo en el living. “Tengo que decirlo”, y pensaba que dos años atrás me tocó enterrar el boxer de María. Estábamos viendo un &lt;em&gt;E-true Hollywood Story&lt;/em&gt; sobre la vida de alguien que no le importaba a nadie y entra la madre, se queda mirando el suelo y dice “Max?...”. Con solo la pregunta, sin la respuesta o la no respuesta de Max, María y yo supimos que ya estaba muerto, que había muerto entre nosotros sin ningún dramatismo, tan natural como la tos de alguien durmiendo. Ni bien me di cuenta del asunto realicé todo con la frialdad de un obrero cárnico. Tomé la pala, hice un pozo en el jardín, tomé el cuerpo de las dos patas, lo arrojé y lo tapé. Apisoné la tierra con los pies. La alisé con la pala. Fueron minutos después cuando todos los perros de la manzana comenzaron a aullar. Yo soy un hombre de ciencia, y no quise expresar aquel escalofrío a María, que miraba hacia el sol tapado por las nubes sabiendo lo que yo pensaba, y sabiendo que yo sabía que ella sabía. Se quedó en silencio y dijo “me dijeron que hay un truco para hacer que se callen todos los perros”. Yo le pregunté cuál y ella me pidió que me sacara los zapatos. Me los saqué sin preguntar nada y puso el derecho arriba del izquierdo. En el mismo momento que los puso, los perros dejaron de aullar. No dijimos nada, pero nunca presencié nada igual a aquello.&lt;br /&gt;Fue recién cinco horas después que me di cuenta de todo lo que había ocurrido. Vi la tierra entre mis uñas y de repente todo se había vuelto completamente absurdo, mis apuntes, las listas de discos que me quería comprar diagramados en mi cabeza, alguna mina que me estaba mirando –o no- en la clase, la vuelta en el 121 a mi casa.&lt;br /&gt;Ahora estaba en una situación similar, solo que en vez de tomar la pala, no podía hacer otra cosa que estar encerrado en el cuarto, sólo esperando que lo terrible se presentara, como un entomólogo esperando a que una mariposa salga del capullo. La asociación no es gratuita, ahora que lo pienso. Había leído por ahí que Aristóteles –que entre las quinientas mil cosas que hacía, era un entomólogo envidiable- nunca quiso tratar mucho el tema de las mariposas, o más bien, el tema de las metamorfosis de la cristálida en mariposa. La conclusión que sacaba un historiador sobre el respestuoso silencio de Aristóteles, era que la mariposa -uno de los animales más asociados con lo vital, la plenitud- no era un nuevo ser regenerado, sino el espíritu desprendiéndose del cadáver. También pensaba en esa teoría cuántica de que si uno echa ácido sulfúrico en una caja cerrada con un gato adentro, antes de abrir la caja para ver cuales son los resultados, el gato está vivo y muerto al mismo tiempo. Entonces me daba cuenta de que estaba pensando en mariposas, cajas y gatos para olvidarme por un segundo de que no muy lejos habia un jodido perro muerto en el living. Sí, todos esos rodeos teóricos se extinguían ante la posibilidad del grito de mi madre diciendo “Agustín, por favor, vení”.&lt;br /&gt;Y lo esperé.&lt;br /&gt;Y se hicieron una hora y media.&lt;br /&gt;Fue entonces que escuché el grito de mi madre, pero como nunca lo habría imaginado, completamente calmo, diciéndome que estaba lista la comida. Caminé por el corredor con cada paso pensado como si fuese el último. Ibamos a comer en el living. Ibamos a comer en el living con un perro muerto. Por un momento se me ocurrió la loca de que íbamos a comernos a nuestro propio perro. Pero entonces llego y está Blas parado en sus cuatro patas, esperando poder garronear algo del nuevo novio de mi hermana.&lt;br /&gt;Verlo es casi como ver a un fantasma. Mi pecho se llena de nuevo aire.&lt;br /&gt;Mi madre: ¿le ponés huevo duro a la ensalada?&lt;br /&gt;Yo: “no, así esta bien”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este es un post que una gran cantidad de gente odiaría leer –y que posiblemente ni se atreverá a hacerlo- ya que se basa en esa cuestión tan terrible que es la de la revelación de finales de películas. Fue a partir de una conversación que tuve con Guzmán, en la que hablábamos de los finales de películas con explosiones incluidas. Para Guzmán era una mera excusa para hablar de Dr. Strangelove, con esa escena del &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=-gb0mxcpPOU"&gt;Cowboy cabalgando una B-2&lt;/a&gt;, mientras que yo me puse a recordar aquella &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=Mh1J2kHjh1A"&gt;divagante vuelta de tuerca &lt;/a&gt;de Zabriske Point y el final de Fight Club. Pero después la conversación comenzó a reprocesarse en mi cabeza y terminó con la lista de mis once finales favoritos del cine, que, como es de costumbre, hicieron sinapsis con esa región de mi cortex cerebral cuyo nombre científico es &lt;em&gt;“Esto puede servir para un post”&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;Sin más que decir, acá la lista:&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/hccBjPjGq40&amp;hl=en&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/hccBjPjGq40&amp;hl=en&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;11-Sleepaway camp (Robert Hiltzik, 1983)&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Sleepaway camp es de esas películas que podrían aparecer en una desidiosa grilla televisiva de viernes trece, una imagen de fondo agitándose en el televisor de un pijama party en donde toda los púberes están más interesados en jugar al juego de la botella que en sentir auténtico terror. La película está fulera en varios sentidos, y en sus 5/6 de film no se separa mucho de las exigencias del género slasher, sólo que en vez de adolescentes al borde de la adultez –como se suele optar en la mayoría de las películas, generalmente para poder mostrar más tetas sin reparos de conciencia- acá son púberes, preadolescentes, que más allá de su edad –o me gustaría dejar de ser un viejo y decir &lt;em&gt;por&lt;/em&gt; su edad- son bastante cachondos y putean como marineros. Naturalmente, comienzan a sucederse asesinatos, casi todos efectuados en un marco que se garantizan el beneficio de la duda: nada de machetazos de lleno en el cráneo, acá hay ahogamientos, gente calcinándose con hoyas de agua hirviendo, &lt;em&gt;bullies&lt;/em&gt; comidos por las abejas, o sea, &lt;em&gt;pretty ambiguous stuff&lt;/em&gt;. Recién en la recta final la cosa se pone más jodida, y casi como en un killer rampage digno del &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/S%C3%ADndrome_Amok"&gt;amok malasio&lt;/a&gt;, se mata a una considerable cantidad de niños y animadores. Bueno, hasta acá nada fuera de lo común, pero todo se va a la mierda, a la recontra mierda en el final. La película estaba centrada sobre un chico y su prima, una niña cohibida menos sensual que Joey Ramone en tanga que intenta esquivar todas las bravuconerías del resto de los niños en esos &lt;em&gt;Summer Camps&lt;/em&gt; tan obsesivamente citados en las películas yanquis. Más allá de la apariencia inentrable de la niña y su personalidad acorde, las situaciones se dan para que un chico sensible y gentil comience a cortejarla. Cuando comienza a enamorarse, todo se va  &lt;em&gt;downhill&lt;/em&gt; porque el pibe bueno termina cayendo presa del cachondeo de una pendeja que parece que sufriera de fiebre uterina. Es ahí que, al mejor estilo homérico, cae el puño de los dioses sobre el campamento, produciéndose el festín sangriento que había mencionado unos renglones más arriba. A pocos minutos de este terrible encadenamiento, vemos que, más allá del rencor, la niña invita al chico que la cortejaba a nadar en el lago. Es ahí donde viene el momento completamente &lt;em&gt;wtf&lt;/em&gt; del film –posiblemente uno de los más bizarros que haya presenciado. Uno de los animadores sobrevivientes se acerca a la niña y ve que está acariciando la cabeza de su enamorado. Cuando se acercan un poco más, se dan cuenta de que es exactamente eso: sólo la cabeza. El tipo le dice algo a la niña y ella se levanta. Un zoom out va pasando de la cara –un gesto terrorífico, casi inhumano se talla en su rostro- al resto del cuerpo. Está desnuda. Cuando la cámara llega a enmarcarla más allá de la cintura la vemos. La vemos.&lt;br /&gt;Un pene.&lt;br /&gt;La niña era un niño.&lt;br /&gt;Eso no explica nada, no sirve para justificar nada de la película –los asesinatos no necesitaban ninguna fuerza particularmente masculina ya que eran más astutos que fieros-, pero funciona de una manera perturbadoramente efectiva. Toda la gente que conozco flipó con aquel final, y la conclusión que se puede sacar no es que su constructo simbólico se descalabra sobre la revelación de que la asesina es quien menos esperaban –más o menos, la estructura nitrogenada de cualquier film del tipo &lt;em&gt;whodunnit&lt;/em&gt;-, ni tampoco en el hecho de descubrir que la niña no era tal cosa. No, lo que resulta terrorífico no es nada de aquello, no es nada metafórico ni metonímico, es sencillamente eso: el pene. Ese pene suelto, perdido en un lugar donde no debería estar. Una parte que se morfa al todo, un agujero negro que destruye las gestalts. El impacto es casi omnipresentemente efectivo porque toca la fibra misma del núcleo duro de cualquier situación traumática. Una súbita invasión de lo real, con un sistema simbólico que no puede encorsetarlo dentro de su red. Todos en Sleepaway Camp se quedan paralizados, no por lo que debería ser narrativamente impactante –digo, a mi por lo menos me impactaría descubrir un@ asesin@ con la cabeza decapitada de un niño en su regazo-, sino por un objeto sencillo, perdido en un lugar donde no tendría que estar.&lt;br /&gt;&lt;object width="480" height="295"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/1qkvexJqa6g&amp;hl=en&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/1qkvexJqa6g&amp;hl=en&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="480" height="295"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;10-Usual suspects (Bryan Singer, 1995)&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;La historia de las vueltas de tuerca vienen de mucho tiempo atrás y posiblemente se remitan aún más allá de &lt;em&gt;El gabinete del doctor Caligary &lt;/em&gt;(cuando se plantea que toda la historia había sido producto del delirio de un internado en un psiquiátrico). Sin embargo, desde mediados de los noventa hasta nuestros tiempos recientes el recurso se fue banalizado, vilipendiando, usándoselo de manera indiscriminada y muchas veces errónea. Uno ya llega a ver las películas sabiendo que a cierto minuto del film, generalmente al 4/5 del film, la historia pegará un vuelco que nos dejará a todos contentos. El final inesperado, el mago saca otro aburrido conejo de la galera. Y todos contentos. Me acuerdo el final de &lt;em&gt;Sexto sentido&lt;/em&gt;. El desarrollo de la película era casi como una mera excusa para el final. Era la primera vez que el final estaba más publicitado que el film en sí –con todos los riesgos que ello acarrea-. Posiblemente el hecho de que todos me dijeran lo increíble que era aquella vuelta de tuerca, terminó por decepcionarme, o anticiparme a lo que iba a ocurrir. Por aquella época no sabía mucho de cine, y más allá de que me pareció el final ciertamente inflado, no fue algo que me molestó de sobremanera. Sin embargo, viendo el resto de la filmografía de Shyalaman me di cuenta de que no tardó en convertirse en un &lt;em&gt;one-trick-director&lt;/em&gt;. Sus filmes eran teleológicos, pero en el mal sentido de la palabra. Estaban articulados en base a eso, en el momento de deslumbramiento en donde nos damos cuenta de que el protagonista es un fantasma, o en donde nos damos cuenta de que una pueblo rural del siglo XIX es en realidad una especie de comunidad Amish hipertrofiada, existente en la actualidad. Lo malo de este tipo de finales es que lisa y llanamente nos están forreando. El director sabe algo que nosotros no sabemos y nos lo muestra al final. Está jugando con nosotros. Se dedica a patear la pelota al banderín del corner para encajarnos un contragolpe al final. Diría más, tiene comprado al juez. El es el juez. Las vueltas de tuerca –tal como me lo dijo Darío en una ocasión- tienen sentido en tanto se presenten y tengan coherencia con material ofrecido al espectador. Se puede concebir la omnisciencia del narrador, pero en el caso de este tipo de finales, aquello termina resultando una asimetría molesta, hipócrita, altanera. En cierto modo no sé hasta qué punto &lt;em&gt;Usual Suspects&lt;/em&gt; se somete o no a tales imperativos. Hacía tiempo tenía ganas de verla, pero temía aquella triste sensación presenciar el mal envejecimiento del film, o que no está a la altura de su recuerdo. Sin embargo, el final funciona, y sigue impactando cómo se va enderezando la pierna de Kevin Spacey mientras se va de la sala de interrogatorio y al detective se le cae en raelenti su taza de café.&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/ZNSfiho54rM&amp;hl=en&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/ZNSfiho54rM&amp;hl=en&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;strong&gt;09-Mi mejor amigo (Werner Herzog)&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;El binomio Herzog-Kinski era un compuesto que en sus uniones y separaciones generaban mayor energía que la de dos núcleos de uranio. Uno ha leído, estudiado, e incluso conocido relaciones enmarcadas en una dinámica amor y odio, pero en la bina H/K el lenguaje se queda corto, o al menos hay que repensar la idea de odio y amor desde sus bases. Porque vamos a ser claros, estamos hablando de dos personas que llegaron a planear la muerte del otro, donde incluso, ante la amenaza que Kinski abandonase el rodaje de Fitzcarraldo, Herzog lo obligó a terminar con una escopeta del otro lado de la cámara. Ante tales situaciones, uno pensaría, "bueno, acá se acabó", pero luego se dieron nuevos encuentros, nuevas cofradías, nuevas películas en donde los conflictos de siempre aparecían, al borde de lo físico, como si fuesen dos polillas drogadas revoloteando alrededor de una lámpara, sabiendo que bastan dos centímetros más, dos centímetros menos, para morir de un golpe de corriente. Y posiblemente los dos eran bombillas y lámparas entre ellos. Dos dopplegängers, todo lo que uno no era lo era el otro, y en su separación nunca iban a ser los mismos –no es sorpresa que aún hoy los films más inolvidables de Kinski y de Herzog son los que estuvieron en colaboración.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Mi mejor amigo&lt;/em&gt; siempre pivotea entre el inmenso afecto, el odio y el terror que le generaba Klaus Kinski a Herzog. En el mismo documental, casi se lo presenta, más que como una persona, como una fuerza en bruto indomable, un toro que uno puede utilizar para arado pero que en cualquier momento puede enterrarte una cornada, algo que se ve en la misma comunión con la naturaleza casi romántica que caracteriza la obra y el pensamiento de Herzog.&lt;br /&gt;El día que murió Kinski, Herzog dijo que, en cierto modo, sintió un extraño e innombrable alivio. El destino estaba marcado, nadie puede actuar, vivir como Kinski lo hizo y esperar que su mente, su cuerpo, su piel, sus células, sus mitocondrias sigan sintetizando encimas por energía pasando los sesenta años. Una vez me contó un ex torero que los banderilleros pican a los toros no por el mismo espectáculo –cruento, de acuerdo-, sino por ser la única manera para evitar que se le explote el corazón en la plena corrida. De la misma forma, puede ser que Herzog haya sido ese banderillero que permitió que por lo menos en un tiempo, Kinski no fuera sólo un candidato más para una operación de lobotomía, o un terrorista, o un asesino a sueldo, o un suicida hermoso. Y sin embargo, en la última escena del film, el alemán muestra ese momento íntimo de Kinski con una mariposa subiéndosele a diferentes partes del cuerpo. Kinski juega con ella, sonríe y mira a la cámara, y aquel claroscuro de una bestia sosteniendo algo tan frágil, como una pinza mecánica tomando una bombita de luz, lo hace casi un &lt;em&gt;apax&lt;/em&gt; en toda la filmografía de los dos.&lt;br /&gt;Tal final es una de las mayores muestras del cine como un acto de amor.&lt;br /&gt;&lt;embed id="VideoPlayback" src="http://video.google.es/googleplayer.swf?docid=-2956447426428748010&amp;hl=es&amp;fs=true" style="width:400px;height:326px" allowFullScreen="true" allowScriptAccess="always" type="application/x-shockwave-flash"&gt; &lt;/embed&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;08-The night of the living dead (George Romero, 1968)&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Posiblemente mi favorita de la trilogía de George Romero, &lt;em&gt;The night of the living dead&lt;/em&gt; es un dedo en el culo a todas las convenciones narrativas y cinematográficas de Estados Unidos. La historia, en bases generales sigue el manual de instrucciones: muertos vivos tan lentos como persistentes por doquier, mujer aterrorizada huye a casa abandonada, se encuentra con otros sobrevivientes y film que se desarrolla, &lt;em&gt;huis clos&lt;/em&gt;, durante el sitio del improvisado refugio. Más allá de que hablamos de George Romero, &lt;em&gt;The night of the living dead&lt;/em&gt; sería una película más de género, si no fuese por el final. La joven y esperanzada pareja muere, la chica del comienzo muere, la madre es asesinada por su hija zombi a la que cuidó desde el comienzo del film y el negro que se puso el equipo al hombro desde el principio, luego de lograr sobrevivir a la embestida zombi, muere del disparo de una guardia urbana improvisada para aniquilar la invasión. No sólo contento con eso, el final de la película presenta imágenes de diario mostrando cómo los tipos se llevan al indiscutido héroe del film con ganchos de carnicero, como si fuese un despistado venado muerto en la carretera. Su misma muerte es tan momentánea, tan carente de &lt;em&gt;pathos&lt;/em&gt;, que acentúa esa sensación de amargura que sólo tienen las victorias pírricas, esas victorias que duelen más que cualquier derrota devastadora o contundente. Porque a diferencia de &lt;em&gt;Dawn of the dead&lt;/em&gt;, donde se da una pequeña reafirmación de la vida en un marco donde todo está perdido (los dos protagonistas escapándose del centro comercial, más allá de que uno se da cuenta que el mundo perdió, y eventualmente ellos sufrirán la misma suerte), &lt;em&gt;The night of the living dead&lt;/em&gt; funciona exactamente al revés: la humanidad ganó –al menos momentáneamente-, pero eso no importa, &lt;em&gt;no nos importa&lt;/em&gt;, en tanto se mató al único héroe moral del film, aquello a través de lo cual podíamos sentirnos parte de esa humanidad.&lt;br /&gt;Podría decirse que la película de Romero es una de las grandes joyas de la misantropía humana (esas perlas negras y brillantes, aguardando en conchas bituminosas e infectas). Haciendo oídos sordos al componente racista que más de uno podría alegar –en algunas circunstancias más de uno mencionó la similitud de ciertas escenas del sitio con la filmación de las huestes del Ku Klux Klan en El nacimiento de una nación, además del hecho de situarse el film en Pennsylvania, un estado cuyos habitantes no son precisamente los Jefferson-, la película funciona de una manera completamente misántropa, no por la invasión en sí, sino por la forma en que el sitio va desnudando las diferentes formas de intercambio humano en esas circunstancias en donde el instinto de vida llega a resultar lo más mortífero de todo. La mayoría de las películas de grandes catástrofes, en general siempre funcionan como arcos dramáticos para demostrar el eventual ethos de la humanidad en su forma de formar lazos de fraternidad y reorganizarse en situaciones en donde se ve uno a uno completamente desnudo frente al borde de su existencia. En esta película no sucede eso, siendo el padre de familia quien traiciona sistemáticamente a los planes de salvación del negro. El átomo familiar –&lt;em&gt;la base de la sociedad en que vivimos&lt;/em&gt;, tal como dicen todos los defensores de la &lt;em&gt;american way of life&lt;/em&gt;, y algunos nacionalistas vetustos del estilo-, se muestra como un archipiélago antártico, una organización a lo &lt;em&gt;every men by himself&lt;/em&gt;, donde lo que sucede más allá de sus bordes poco importa. El padre de familia insiste constantemente en encerrarse en el sótano y dejar al negro afuera, y es en esa misma técnica de avestruz que se tiende a sí mismo una trampa –y no hay peor trampa que la que uno se tiende a sí mismo-. La familia como concepto en sí implota. La niña despierta de su muerte y asesina a la madre, quien prácticamente se entrega a su fin. El padre, en un último acceso de sabotaje es disparado por el negro –como tenía que ser- y baja hasta el sótano, para morirse en el lecho de su hija. Eventualmente toda la familia resucita y el negro no le tiembla el índice a la hora de aplicar rifle sanitario a cada uno de ellos. En una sinfonía de cuatro movimientos, se pasa aplanadora sobre el mito de la fraternidad, el estado y la familia.&lt;br /&gt;¿Quien necesita poner en un ring a Rousseau y a Pangloss cuando se tiene zombis?&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/bph4ilFDwL0&amp;hl=en&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/bph4ilFDwL0&amp;hl=en&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;07-Él (Luis Buñuel, 1953)&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;En materia de cantidad, posiblemente Luis Buñuel sea el director con mejores finales de la historia del cine. Cada uno de sus remates es un mensaje encriptado, el enigma de la esfinge reclamando los ojos de quien intenta resolverlo. La técnica de Buñuel es variada, a veces recurriendo al simbolismo (las ovejas entrando a la capilla en &lt;em&gt;El ángel exterminador&lt;/em&gt;), a veces con súbitos estallidos de violencia que se escapan de todo lenguaje (la explosión en &lt;em&gt;Ese oscuro objeto del deseo&lt;/em&gt;, o la repentina revuelta y represión policíaca en &lt;em&gt;El fantasma de la libertad&lt;/em&gt;, en que no se ve nada más que la mirada de los impávidos animales de un zoológico presenciando aquello), o, y este es mi recurso preferido, introducir un elemento flotante, casi invisible que es como un errante neutrón libre transformando toda la composición nuclear del film. La última escena de &lt;em&gt;Belle de jour&lt;/em&gt; no puede ser más ambigua. El esposo que parecía completamente paralizado se levanta, sin la sorpresa que podríamos prever en Catherine Deneuve, y se escuchan, provenientes de ninguna parte, casi como si fuese una alucinación colectiva, las campanillas de la carroza con que comienza el film –la escena del lanzamiento de barro y excrementos a la belleza frígida de la protagonista al comienzo de la película. Esas campanillas apenas audibles son ese neutrón libre dirigiéndose a una fisión inminente, como un barquito de papel remontando una corriente hacia una boca de tormenta.&lt;br /&gt;De toda la filmografía de Buñuel, todo el mundo cita un gran espectro de películas –es uno de esos directores sobre los cuales es casi imposible definir &lt;em&gt;la&lt;/em&gt; obra esencial de su carrera- pero casi nadie habla de &lt;em&gt;El&lt;/em&gt; (1953). Posiblemente la razón sea que no es una película suficientemente extraña para la gente que busca en Buñuel el perfecto pack de fetichismos y referencias surrealistas, generalmente considerándosela una obra menor, un melodrama folletinesco con el que el aragonés intentaba meterse algunos billetes en el bolsillo. Sin embargo, es en su aparente normalidad que &lt;em&gt;El&lt;/em&gt; es un film extrañísimo, yo diría uno de los más enigmáticos de Buñuel. La historia trata sobre eso personales tan buñuelescos, Francisco Galván, un devoto hombre de iglesia que se enamora de Gloria Milalta en un rito religioso curiosamente erotizado. Ella está en pareja pero termina por lograr seducirla, haciéndola eventualmente su esposa. A partir de ahí, se desarrolla el conocido &lt;em&gt;amour fou&lt;/em&gt; de la filmografía de Buñuel, progresivamente convirtiéndose en un paranoico celotípico, cada vez más cerca del borde de la desintegración psíquica. Más allá de las reconocibles referencias y la obsesión por la religión y el sexo, la película sería un melodrama más, de esos que abundan en librerías y cine si no fuese por el final. En el momento álgido de sus celos, el protagonista pierde control de sí y comienza a destrozar cual Orson Welles en Citizen Kane todo lo que encuentra a su paso. Es ahí que se aferra a un acto absurdo, como esos ritos que incurren las personas en los pródromos a una agudización de la psicosis para evitar el derrumbe eventual de todo su mundo. El tipo arranca una baranda de la escalera y comienza a golpear, escuchándose constantemente el sonido metálico del choque. Es ahí donde lo apresan y lo internan en un monasterio. Una elipsis temporal muestra que su mujer tiene una nueva pareja y va a obtener noticias de su salud al monasterio. El párroco le dice que está mucho mejor, que encontró nueva tranquilidad bajo el ala del señor. En la última escena vemos al párroco hablando con un Fernando mucho más tranquilo, viendo cómo la pareja se pierde en el horizonte. Cuando podíamos pensar que aquello es un final feliz, redondo, escuchamos perdido en el aire, el sonido metálico de aquel último acto absurdo del protagonista. Tal sonido es una rajadura imperceptible en todo consuelo final que podíamos hacernos del desenlace. No sólo desde su ambigüedad nos hace pensar sobre qué es lo que aquel sonido que expresa, sino que es, en cierto punto, una constatación de las sospechas del protagonista –la nueva pareja de Gloria, es, en efecto, la primer persona en quien depositó sus incontrolables celos. Es verdad que una paranoia como entidad noseológica no puede ser revocada por medio de la verdadera constatación de sus sospechas, siendo más bien determinada por el sistema cerrado y autoafirmativo con el que la persona interpreta el mundo –por más cercano que esté a la realidad, a decir verdad, la paranoia es una locura razonante. Sin embargo, ese último sonido, discreto y perdido en la inmensidad, nos deja la pelota en nuestra cancha, y nos genera un pequeño escalofrío el interpelarnos sobre quién en definitiva creer.&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/8rPllm4WEXw&amp;hl=en&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/8rPllm4WEXw&amp;hl=en&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;06-Dogville (Lars von Trier, 2003)&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Lars von Trier es un perverso hijo de puta. Eso ya todos lo sabemos. Sus películas tienen algo tóxico, una ósmosis misántropa jodidamente coherente que se va metiendo por los poros. Se podría decir que cada vez que veo una película de Trier, me siento un poco peor persona, y eso es algo interesante, algo que muy pocos directores han logrado hacer –Harmony Corine, por cortos momentos; Soddondz, de una manera un poco más obvia, pero igualmente intensa; Herzog, pero de una forma más poética y tamizada; quizás Buñuel, siempre igual adscribiéndose a los terrenos de la religión y la moral.&lt;br /&gt;Trier no sólo es conocido por ser sádico con sus personajes, sino también con sus actores. Björk decidió retirarse definitivamente de la actuación después de su traumática participación en la igualmente traumática &lt;em&gt;Dancing in the dark&lt;/em&gt;, y lo mismo pasó con Nicole Kidman, de la que tuvo que prescindir a la hora de hacer Manderlay –extrañamente dando en el clavo, ya que la personificación por diferentes actores de un mismo personaje le da otra profundidad a la noción de parábola cristiana de lo que vá a ser el tríptico de &lt;em&gt;Estados Unidos, tierra de oportunidades&lt;/em&gt;-. Según se cuenta, el danés encerró durante un mes a sus actores en un gigantesco hangar donde rodó sus películas, experimentando con ellos como si fueran sus ratas blancas en su propio laberinto de Skinner.&lt;br /&gt;El ideal perverso de poner en escena el terreno en donde se juega el deseo y la culpa no sólo va en el trato del mismo con sus actores, sino con el mismo espectador. Es un Pepito Grillo sifilítico, hablándote al oído con un labio leporino, comido por pústulas, diciéndote cómo las cosas podrían ser de otra manera. En este sentido, el efecto más logrado de todos se ve en &lt;em&gt;Dogville&lt;/em&gt;. Nicole Kidman es una mujer misteriosa, intentándose refugiar en un pequeño pueblo del asecho de una organización mafiosa. Al principio, con algo de resistencia, el pueblo la acepta, pero poco a poco la posición de tenerla como una mosca en la palma, a punto de cerrarse el puño, termina llevándolos por otro camino. Porque una caricia se puede convertir en una estrangulación con un solo abrir y cerrar de manos, cuestiones de medidas, más o menos newton de fuerza frente a un objeto blando. Al final la pobre Kidman va siendo objeto de tanta violencia, abusos y violaciones que haría sentir intimidada a la mismísima Coca Sarli. Las mujeres la humillan, los niños le tiran cosas. Se ha convertido en una paria, algo peor que una paria, como esas mujeres colaboracionistas nazis que en la restauración de la libertad en Francia las obligaban a pasear con sus cráneos afeitados, siendo puteadas y escupidas por todo el pueblo. Y lo particular de Kidman es que no está expiando un pecado –como podría decirse de estas mujeres francesas-, es tratada como tal por la mera posibilidad que se le ofrece al pueblo. &lt;em&gt;Te mutilo, no porque quiero, sino porque puedo&lt;/em&gt;. Y es ahí que en la explosión de su mismo goce perverso, el pueblo se pisa el palito. Le entregan a Kidman a la mafia, sólo para enterarse de que es la hija del capo principal. La situación cambia por completo y Kidman tiene la posibilidad de vengarse en tiempo y forma. Y es ahí donde se encuentra la maestría de Lars von Trier. Nosotros deseamos que se vengue, queremos que se trague a ese pueblo de mierda como un verdadero monstruo de Leviatán. La venganza es un plato que se come crudo y a nadie le interesa realmente ofrecer su propia mejilla, cuando puede agarrar la cara del otro y pelarle su propia mejilla con una navaja como si se estuviera haciéndolo con la piel de una manzana. Debo admitir que festejé cada disparo, cada casa incendiada, cada niño metódicamente asesinado –la escena de que Kidman le dice a una señora que matará a cada uno de sus hijos por cada vez que llore- y recién después de todo lo sucedido, como quien se despierta en el sótano de automotora 18 luego de una fiesta con un dos putas birmanas y con unas extraña sensación pegajosa en el culo, uno se da cuenta de la resaca culposa de sus propios excesos. Y uno sabe que, más allá de la pantalla, tal como en el final de Manderlay –donde el personaje principal es descubierto convirtiéndose en aquello que nunca quiso ser, aquello frente a lo que luchó-, mientras que estamos viendo el cuarto de hotel destruido en que nos despertamos, sentado en su sillón de cuero está, Lars von Trier, tomándose un whisky, riéndose bajito.&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/LrtIPL45x_8&amp;hl=en&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/LrtIPL45x_8&amp;hl=en&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;05-Mulholland Drive (David Lynch, 2001)&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;La otra vez &lt;a href="http://dragonlieder.blogspot.com/"&gt;Benito&lt;/a&gt; me contaba sobre la primera vez que Bukowski vio Eraserhead. Como todos sabemos, Bukowski nunca fue un gran fan del cine, pero cuenta que en una de esas cotidianas jornadas alcohólicas, sintonizó en la televisión el primer largometraje de David Lynch. Bukowski dice que vio aquella película de principio a fin, sin saber nunca para dónde iba realmente, pero que fue de esos pocos casos en donde todo encajaba. Todo tenía sentido, más allá de que no sabía cuál era. A diferencia de Eraserhead -que sí, es genial, posiblemente más que la película de la que estoy hablando-, esa sensación me sucedió con el final de &lt;em&gt;Mulholland Drive&lt;/em&gt;. La película tiene, a la vez que uno de los mejores comienzos que recuerde (no tanto la escena del choque de autos, sino la que viene después, la del tipo hablando con su psicólogo en un diner sobre un sueño que tuvo), un final que cierra todo perfecto, aunque no sabemos qué cierra, porque posiblemente sea un cierre construido como un Ouroboros. Luego de la mujer de pelo azul susurrando “silencio”, la pantalla se funde en negro, y ahí siempre termino mirándome con la persona que estoy viendo la película. El terror de la escena de los viejos, en contraposición de ese final lánguido, humeante y misterioso es una misma prueba de fuego que me ha permitido probar a ciertas personas. Casi en el momento mismo de verlo con alguien, si la persona se queda colgada con el final, se forma una especie de cofradía, uno termina haciéndose más amigo de la persona, por más que lo conozca  desde mucho antes (como el caso de &lt;em&gt;el fino&lt;/em&gt;, a quien introduje al mundo lynch, a su beneficio o a su pesar, quién sabrá), al mismo tiempo de que si a la persona en cuestión no le cuelga, se quema un puente, se termina rompiendo algo que difícilmente pueda a volver a unirse de la misma forma que antes.&lt;br /&gt;&lt;embed id="VideoPlayback" src="http://video.google.es/googleplayer.swf?docid=7559210598531959197&amp;hl=es&amp;fs=true" style="width:400px;height:326px" allowFullScreen="true" allowScriptAccess="always" type="application/x-shockwave-flash"&gt; &lt;/embed&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;04-Cero de conducta (Jean Vigo, 1933)&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;La primera vez que vi una película de Jean Vigo fue dos años atrás, en la disquería-librería Virus. Por supuesto, en ese momento no sabía que era de Jean Vigo –ni, a decir verdad, quién era Jean Vigo-, y ciertamente no lo supe hasta unos meses atrás. Nunca llegué a conocer a fondo al dueño de Virus, pero siempre creí (o quise creer) que era un ex punk intentando despojarse, no tanto por dinero, sino por algo más hondo y difícil de cartografiar, de muchas de sus pertenencias provenientes de una vida que quería dejar atrás. Ni bien descubrí aquel oasis perdido en un recoveco oscuro de la calle Mercedes, me convertí en cliente habitual del lugar. Intentaba hablar con el tipo, arrancarle algo de ese pasado que me gustaba llenar con imbricadas escenas inventadas por mí, pero nunca llegué a conocerlo a fondo. No supe cómo se llamaba –nunca se dio la ocasión de preguntárselo-, y le terminé bautizando con el nombre de su local, porque, a fin de cuentas, él y su local eran para mí una entidad indivisible. Es así que cada cosa que compraba me generaba una extraña culpa, como si le estuviera extirpando un órgano, o alguna hueso de su cuerpo. Más que nada, me resultaba extraño cómo te vendía un disco de Jesus Lizard, o una edición inconseguible de Zap Comics como si fuesen 200 gramos de lionesa primavera. Un par de veces –esto es verdad, no es un mero lirismo mío para embellecer el post- le llegué a pagar más de lo que me pedía por la lástima que me daba la forma en que se iba despojando de todo lo que alguna vez llegó a estar en una mochila de cuero llena de batallas perdidas, en un cuarto sucio que supo ser suyo, o en la casa de una novia olvidada, reposando en esas cajas de cartón llenas de discos, libros y preguntas que todos conocemos. Pero aún así, un día, luego de pasar vacaciones en un balneario de la costa de oro, pasé por Virus y aquello se había convertido en un inmundo kiosko azul regenteado por una mujer fea, con posters de Nevada, el Quini y Yerba Canarias cegando a vidrieras en que unos meses atrás supieron tener al &lt;em&gt;Please Kill me&lt;/em&gt; y una biografía de Siouxie and the Banshees. Ahora intento reordenar aquellas imágenes y se me borran. Lo que sí recuerdo fue el último día que vi a Virus. Me había dado cuenta de que estaba llegando demasiado tarde a una clase y decidí visitar el lugar para pedirle que me reservara unos números de Molecular (un fanzine con más empeño que estilo impreso en Solymar el año 1992). Cuando entré, el bigotudo estaba viendo un film en su computadora junto a otro veterano. Estaban bastante concentrados en una película en blanco y negro, con unos aristócratas tomando sol en una playa similar a aquellas imágenes de la playa Pocitos de principio de siglo. Me quedé viendo un poco y los tipos me dijeron que era un documental sobre Niza, y que era muy mala leche. Miraban los malecones, las mujeres de alta clase subiéndose las polleras para saltar un charco y cada tanto replicaban riendo “qué hijo de puta, que mala onda che”. Me resultaba completamente extraño, yo lo único que veía con el rabillo del ojo eran imágenes de la alta sociedad, palmeras silenciosas, monóculos, perros pitucos levantando la pata. Ya empezaba otra clase y me despedí de ellos. Cuando cerré la puerta escuché nuevamente “qué hijo de puta”. Luego vino el verano y cuando volví me encontré con aquel kiosko que no me daba el valor de apedrear.&lt;br /&gt;Durante dos años anduve buscando aquella película de Niza. A medida que la buscaba, me daba cuenta de que no buscaba a la película, sino a Virus, el local y la persona, que existia por medio de ella. Como casi todo en la vida, encontré mi ruta a Niza en el momento en que dejé de buscarla. En Videoimagen hay un DVD con toda la filmografía de Jean Vigo (bah, “toda”, a recordar que la temprana tuberculosis que le dio muerte sólo le permitió grabar cuatro películas) y lo alquilé queriendo ver &lt;em&gt;Cero de conducta&lt;/em&gt;. Venía con una película extra. Cuando la puse, fue de esos momentos mágicos, que eran como un breve guiño, como una carta de alguien importante encontrada olvidada dentro de un libro. Y fue ahí que pude darme cuenta de que sí, Virus y su amigo tenían razón, &lt;em&gt;A propósito de Niza&lt;/em&gt; es una película muy mala onda. Luego de ver esta película y &lt;em&gt;Cero de conducta&lt;/em&gt;, hay algo que queda claro: Vigo no es el más reconocido cineasta surrealista (no es surrealista &lt;em&gt;in stricto sensu&lt;/em&gt;), pero técnicamente es el más brillante de todos. Los raelenti, las apariciones y desapariciones de objetos parciales, las filmaciones hacia atrás, el montaje psicológico y los fundidos, todo realizado como sólo quizás haya podido realizar Jean Cocteau, y de una manera mucho más sutil y orgánica. &lt;em&gt;Cero de conducta&lt;/em&gt; en sí es un canto de cisne a la rebeldía juvenil, en la cual, tras su espíritu naive, se encuentra algo completamente revolucionario, una risa socarrona de dientes afilados, unos labios rojos que no se saben si son de sangre o carmín. La película tuvo un remake libre realizado por Lindsay Anderson, &lt;em&gt;If…&lt;/em&gt;, que contaba con la actuación de Malcom McDowell, ya jodidamente anárquico previo a su encarnación en Alex de Large. El final de &lt;em&gt;If...&lt;/em&gt; es de esos momentos particulares en los que uno no puede reparar en lo que está observando. En una institución de vieja raigambre aristocrática, se prepara la fiesta de fin de cursos. McDowell, su amigo y una mujer que uno nunca sabe si es verdadera o fantasma de su propio espíritu rebelde se suben al techo de la institución y comienzan a ametrallar y lanzar bombas a todos los padres, curas, profesores y exmilitares que salen de la escuela. Tal final es un No! gritado hasta dehilachar las cuerdas vocales, un acto de negación radical que no tiene ningún fin más que ese: el darse de lleno contra una pared para escuchar la armonía de los huesos quebrándose. McDowell y cia saben que no se van a salvar, pero igual no importa, seguirán disparando hasta que se le acaben las balas (¿no sería lo mismo que pensaban Eric y Dylan, justo antes de convertirse en pastelillo preferido de revistas matutinas que hablan de lo mal que está la juventud?). Sin embargo, lo más interesante sucede cuando se coteja las dos películas en cuestión. A diferencia del final sangriento de &lt;em&gt;If…&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Cero en conducta&lt;/em&gt; parece codificado desde un dialecto infantil, con la muerte a la autoridad reubicada como un acto simbólico –el izamiento de la bandera negra con la calavera y los huesos cruzados-, por así decirlo, con las versiones veladas de los cuentos para niños, y sin embargo, como sucede con toda fábula –que a fin de cuentas son envases alternativos para hablar de sexo y muerte-, el contenido y hasta la forma llega a doblar en violenta rebeldía su versión más contemporánea. &lt;em&gt;Cero de conducta&lt;/em&gt; es una película completamente amoral, con una ironía incendiaria dignas de Mark E. Smith en donde las figuras de autoridad son reducidas a enanos barbudos, el cuerpo de maestros y padres convertidos en obscenos maniquíes, con auténticos actos sacrílegos, homoerotismo jugando al borde y desnudos integrales de niños. Es un caramelo envenenado, un parque de diversiones con hojas de afeitar en sus toboganes. En fin, una película que sólo podría filmar el hijo de un ilustre anarquista misteriosamente suicidado en prisión.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Cero de conducta&lt;/em&gt; con ese final tan lindo y a la vez tan jodido es, en definitiva, &lt;em&gt;la&lt;/em&gt; película punk, desde lo más &lt;em&gt;greilmarcusiano&lt;/em&gt; del término. Y todo esto se lo querría comentar a Virus, pero ya se debe haber encarnado en otra persona, en otro local, vendiendo discos que nadie sabrá qué son, en alguna otra Mercedes invisible del mundo.&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/D33XSldDG2E&amp;hl=en&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/D33XSldDG2E&amp;hl=en&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;03-Aguirre, la cólera de Dios (Werner Herzog, 1972)&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Cuando lleguemos al mar, construiremos un gran barco. Iremos al norte y arrancaremos Trinidad a la colonia española. Desde allí seguiremos navegando… y le quitaremos México a Cortés. Qué traición más grande. Entonces toda Nueva España estará en nuestras manos y pondremos en escena la historia… como una obra de teatro… Yo, la cólera de Dios, me casaré con mi propia hija, y con ella fundaré la dinastía más pura. Juntos… reinaremos todo este continente. Resistiremos… Yo soy la cólera de Dios… ¿Quién está conmigo?&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Solamente escrito ya es suficiente para helar la sangre. Pero al ver a Klaus Kinski –porque nadie, absolutamente nadie que no fuera Kinski podría haber protagonizado esa película- andar río abajo, completamente sumido a su último delirio megalomaníaco, mientras los monos invaden una barca en donde todos posiblemente están muertos, es el final más épico y trágico de la historia del cine.&lt;br /&gt;Una vez me contaron de un internado particularmente violento que en la colonia Echepare andaba con un palo, golpeando todo lo que se le interpusiera en su camino, diciendo que era la pija de Dios. No sé si vio la película, pero es la viva imagen de lo que es Klaus Kinski en el film. La gente suele asociar la locura con cosas completamente extrañas a nosotros, pero generalmente hablan de nosotros mismos más que nuestra normalidad. En Aguirre... el final funciona, metonímicamente hace clic, porque toca esa pequeña fibra, aquel kraken dormido que llevamos dentro de nuestro corazón, y que sólo lo vemos en un arranque de ira, tras la supervivencia a un accidente de auto, o en medio de una caligulense jornada marquera. El poder como última droga, no una irrupción de la ley, sino un más-allá-de-la-ley, como el delirio último que nos enfrenta al mismo Dios, no es cosa nueva, y ya está en los mitos griegos, así como en el Coronel Kurtz de &lt;em&gt;Apocalipsis Now&lt;/em&gt;, o el Tony Montana de la merquera y exagerada remake de &lt;em&gt;Scarface&lt;/em&gt;, o el Frank-n-Furter de &lt;em&gt;The Rocky Horror Picture show&lt;/em&gt;, pero también en John de Leyden, Gilles de Rais, Hitler, Ceacescu, Stalin, incluso en mí, cuando me agarrás en alguna de esas noches extrañas.&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/r9u78vNOvvQ&amp;hl=en&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/r9u78vNOvvQ&amp;hl=en&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;02-Blow up (Michelangelo Antonioni, 1966)&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Swinging london, Cortázar, &lt;em&gt;Las babas del diablo&lt;/em&gt;, Jane Birkin en tetas, &lt;em&gt;Stroll on&lt;/em&gt;, Jimmy Page perdido por ahí y Jeff Beck destrozando una guitarra ante un publico que más que público es un fresco de naturaleza muerta, el fotógrafo revolcándose en el set con sus modelos, los negativos, el cuerpo perdido, esa pareja discutiendo al comienzo del film, el parque y el misterio irresoluble. Thomas se enfrenta a lo inenarrable del misterio (un misterio que es tanto sustantivo como verbo, un misterio que se va de lo puntual y se acerca a lo ontológico). El cuerpo estaba ahí, lo vio en la foto, pero cuando lo va a buscar, ya no está ahí. Camina cabizbajo y en una ruta sinuosa un grupo de mimos atravesando el campo a toda velocidad estacionan y se ponen a jugar un partido de tenis. Thomas, sin mucho más que hacer, se acerca al alambrado a presenciar el partido. No hay pelota, pero todos parecen verla, giran la cabeza en cada golpe de raqueta, yendo del campo de uno a otro de los contrincantes maquillados. Uno de los mimos le “pega” demasiado fuerte a la bola y sale disparada por encima de la cancha. La cámara –y esta es una imagen que vale por diez películas de &lt;em&gt;Antonioni’s wannabes&lt;/em&gt;- sigue el trayecto de la bola, incluso reflejando un pequeño rebote cuando da contra el pasto. Los mimos se quedan viendo a Thomas y le piden con ademanes si le puede devolver la pelota. Thomas duda un segundo, los mira, mira hacia el suelo y piensa una vez más. Es entonces que se acerca y recoge la bola invisible y se la arroja a los mimos. A diferencia de aquellos que dicen que en las películas de Antonioni no pasa nada, en sus finales suele pasar mucho, por más que todo suceda a otra frecuencia, como esos indistinguibles sonidos que pueden hacerle sangrar el oído a un perro. Nadie sabe qué significa realmente la explosión repetida una y otra vez al final de &lt;em&gt;Zabriske point&lt;/em&gt;, y nadie sabe realmente qué representa ese papel flotando en un tacho agujereado al fin de &lt;em&gt;El eclipse&lt;/em&gt;. Pero funciona. El final de &lt;em&gt;Blow Up&lt;/em&gt; es el único que podría existir para tal thriller epistemológico. Al fin de cuentas –y también incluyendo a &lt;em&gt;Las babas del diablo&lt;/em&gt;, el cuento de Cortázar en el que se inspiró el tano- la obra es un drama platónico sobre el saber, la forma en que uno puede conocer algo, sabiendo que siempre todo se limita a ser observado desde su juego de sombras. El cine en cierto modo ha ordenado un montón de cosas que en un principio se encontraban en perfecta armonía con su fragmentarización. Si la materia prima base del cine es el tiempo (porque el cine sin tiempo, sin el tiempo que rige el encadenamiento de las imágenes, no es más que pura fotografía –aunque por ahí Chris Marker me caga esta teoría), el montaje no es otra cosa que el último y más eficaz intento por controlar y empaquetar aquello que siempre lo habíamos tomado como algo imposible de controlar del todo. Y la cámara (y la pantalla también) terminó resultando un vidrio polarizado tranquilizador que nos separa del mundo en su verdadera naturaleza.&lt;br /&gt;El final de Blow Up no sólo funciona para Thomas, quien termina asumiendo el misterio irreductible de la vida, sino frente a nosotros mismos. Sin torcer las cosas mucho, &lt;em&gt;Blow Up&lt;/em&gt; es un fin metacinematográfico sobre la linterna mágica que vemos como niños, confundiéndonos las proyecciones con la realidad. Así como Thomas, uno, al final de cada película, ya sea cuando se levanta de la butaca o cuando se incorpora de la cama en calzoncillos a hurgar en el último resto de comida que haga interesante la madrugada, por un momento también se agacha y devuelve esa bola mágica, dándose cuenta de ese hechizo momentáneo que nos hizo sentir miedo, calentarnos, ponernos contentos o moquear con meros fotogramas en movimiento estampados en una pared.&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/JpghUlfUzmQ&amp;hl=en&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/JpghUlfUzmQ&amp;hl=en&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;01-City Lights (Charles Chaplin, 1931)&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Tal como lo dice Zizek en &lt;em&gt;Goza a tu síntoma&lt;/em&gt;, en toda la historia del cine, &lt;em&gt;Luces de la ciudad&lt;/em&gt; es tal vez el ejemplo más descarnado de un film que apuesta todo a su escena final, siendo la completa extensión del celuloide un mero puente extendido, una excursión necesaria para ese último coup de grace. Luces de la ciudad es la historia de un vagabundo y una muchacha ciega que lo confunde con un hombre rico. A partir de una serie de desencuentros, Chaplin no sólo es confundido por la ciega como un rico, sino también por un acaudalado mecenas, que cada vez que está en pedo lo trata como si fuera un invitado de honor (pero que cuando sale de su borrachera no tiene idea de quien es él). En este juego de sombras, Chaplin logra que el señor rico financie una operación ocular a la ciega, jugada que termina costándole la libertad, siendo acusado de robo y encarcelado. Pasa un tiempo y la operación ocular de la muchacha ha sido un éxito, no sólo recuperando la vista, sino también convirtiendo en un suceso la florería en donde trabajaba. Sin embargo, más allá del tiempo pasado, siempre espera aquel benefactor, anticipándose a su encuentro –y decepcionándose sistemáticamente- con cada hombre rico que aparece por la florería –no sabe cómo es su rostro, pero aspira a reconocerlo por la voz. Es ahí que viene la escena final. Chaplin acaba de salir de la cárcel, está caminando completamente desgarbado por la calle y al pasar por la vidriera de la florería, saluda a aquella mujer de la que estaba enamorado. Ella lo trata con cariño, pero con ese cariño mezquino, rayano con la lástima, esa desesperante cortesía que tienen las mujeres que se saben bellas con algunos de nosotros. Chaplin no va a decir nada, está dispuesto a ver todo detrás de la vidriera, seguir caminando, feliz por su pequeña victoria anónima. Pero ella se le acerca y le va a regalar una flor, y es entonces al agradecerle donde al tomarle las manos la chica dice “¿Tu?”, Chaplin asiente con la cabeza y le pregunta “¿Puedes ver ahora?” y la mujer le contesta “Sí, ahora puedo ver”. Vemos la cara de Chaplin, con esos ojos trepidantes que están tan cagados de miedo como emocionados, esos ojos que más de alguno de nosotros debe haber tenido en algún momento (con diferentes resultados), y entonces hay un fundido en negro y la película termina.&lt;br /&gt;Hoy en día, con la neurosis costurera del cine, probablemente no se habría admitido un final así. Sin embargo, el final no puede funcionar de una manera más poética y poco importa lo que ocurra después, dentro o fuera de nuestro televisor, porque ese momento al menos es nuestro, y no hay &lt;em&gt;sis&lt;/em&gt; ni &lt;em&gt;nos&lt;/em&gt; que nos lo puedan arrebatar. Chaplin decidió cortar el film en ese momento de indecibilidad absoluta, recurriendo a una depuración completa de uno de los mejores y más sencillos diálogos que recuerde en los anales románticos de la historia del cine. La mujer puede ver, pero ve mucho más que lo que le permite una operación de glaucoma. Es ese momento ínfimo de las relaciones en que uno por primera vez ve a alguien, no por lo que representa, si no por la indecibilidad de lo que es, ese momento en donde dos personas se encuentran desnudas, con su onda, sus bandas o directores favoritos, su fama de malos o buenos amantes, sus posibilidades de caerle bien a sus respectivos suegros, sus amigos, sus guiñadas y sus ojeras, sus colchones y sus excursiones, sus barrios y su escuelas, sus apellido y sus apodos, como unos pantalones arrugados en el suelo.&lt;br /&gt;No recuerdo ninguna escena del cine o de mi propia vida que capture con tal perfección tal momento. Ahora, viéndolo de vuelta, mi fanatismo por tal final comienza a adquirir un matiz distinto. Repito una y otra vez el rostro de Chaplin, y ahí me doy cuenta de que aquello me fascina tanto porque es mi propia noción privada de amor que me gusta tener alambrada, para observarla como un animalito pastando en una reserva para seres en peligro de extinción. Llega la certza: me quedo viendo esa escena por las mismas razones que hicieron decir a Lou Reed que a partir del primer beso, todo va cuesta abajo. Y me da miedo saber que nunca quiero saber lo que sucederá después,  porque no hay nada que me interese más que esa historia, los rodeos a través de los cuales uno se funde con otro, las pequeños cuentos que se cuenta uno a sí mismo anticipándose o recordando algo que podría suceder o ya sucedió. Y me pongo a pensar si todo seguirá así así, si el resto de mis historias van a terminar como &lt;em&gt;Luces de la ciudad&lt;/em&gt;, con esa última palabra y el fundido el negro, el fundido negro y el telón que se baja y se vuelve a abrir, para proyectar de nuevo Luces de la ciudad, en un teatro que tiene una sola butaca con mi nombre bordado en dorado sobre el terciopelo carmesí, como esos cines arteplex que pasan la misma película una y otra vez. Y lo más jodido es que mientras pienso todo esto, lo único que me preocupa es conseguir un poco de pop, porque empieza de nuevo la función.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Epílogo escrito un viernes, dos meses atrás&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;No quiso cerrar la puerta. Le digo, &lt;em&gt;bueno, me tengo que ir &lt;/em&gt;y tomo el pestillo, casi sin reconocerlo, como un ciego buscando el bastón en su eterna oscuridad. Cerré la puerta. No pude hacerlo rápido, lo tuve que hacer lentamente, observando cada centímetro de ella que desaparecía, con sus piernas separadas, con su vista fija en el suelo. La puerta cerró, y ahí me di cuenta de que todo eso realmente estaba ocurriendo.&lt;br /&gt;Camino por Lugano con un portarretratos en la mano. Era &lt;em&gt;nuestro portarretratos&lt;/em&gt;. Era &lt;em&gt;su portarretratos&lt;/em&gt;. Había veces que acostado en su cama me quedaba mirando el techo y de reojo la veía hacer ciertas actividades inocuas, barrer algunos pelos que quedaban en el suelo, reacomodar unos libros, verse reflejada mientras miraba una mancha en el espejo. Y siempre terminaba en el portarretratos. Yo hacía como que escuchaba música, o como si estuviera contando las manchas de humedad del techo, pero de reojo la miraba tomar el portarretratos, limpiar el vidrio y mirarnos a nosotros dos con una sonrisa, que temblaba como un botón de escote apretado, a punto de desabrocharse. No decía nada más, se quedaba viendo el portarretratos, yo con mi campra alemana, ella con un abrigo peludito, y  le pasaba una franela, lo volvía a poner en su mesa y se dirigía a mí como si aquello, aquel pequeño gesto fuese una pequeña manía imperceptible, como un perro que esconde un hueso pensando que nadie lo percibió. Y por alguna razón yo me hacía el boludo y no le comentaba nada sobre aquello. Era &lt;em&gt;nuestro portarretratos&lt;/em&gt;. Era &lt;em&gt;su portarretratos&lt;/em&gt;. Y ahora estoy caminando por Lugano. Viernes, tres de la mañana. Soy un hijo de puta. Soy un asesino. Soy un asesino con una navaja oxidada, con la luna brillando sobre su filo. Soy un asesino con un portarretrato, con la luna brillando sobre su filo. Soy el amo de las palomas. Sé donde mueren por plombemia, en cementerios ocultos en casas y catedrales abandonadas. Soy un sepulturero de paredes grises. Camino por Lugano y sé que no voy a volver. Cuando vuelva, si es que vuelvo, la calle se habrá movido a un lugar donde el clima y los usos horarios son distinto. Camino por la calle adoquinada, giro sobre mis talones, no para encontrarla a ella, sino para despedirme de los jacarandás que se levantan contra 19 de abril. No llevo los lentes, se robaron otra vez el cobre de los cables, el violeta de los jacarandás no se deja ver en la oscuridad. Camino y a la altura de Aiguá se huelen los floripón y las dama de la noche. Por ahí siempre íbamos a comprar cervezas al Devoto. Y por ahí también paseábamos a Ramón. Y por ahí había un grafiti de una banda horrible que a ella le pareciá horrible y a mí también me parecía horrible, pero que no se lo admitía, sólo para molestarla un poco. Y después la otra calle, y los 185 que me doy cuenta de que más allá de todo seguirán pasando por ahí. Camino unas cuadras, pienso en qué bolas fueron entrechocándose para que terminara caminando por el prado, viernes a las tres de la mañana, con un portarretratos en la mano, como un loco que se fugó a través de una ventana mal cerrada. Llego a Suárez y llamo a Ezequiel. Está en una fiesta, me invita a ir y trato de decirle lo que sucedió. Mi voz se quiebra, entre la sorpresa, Ezequiel me dice de ir al bar donde está, pero yo no logro articular palabras. Las pienso, pero salen desordenadas, astilladas, o quebradas. Corto y pasa un taxi con su banderita roja guiñándome con un ojo inflamado. Subo al auto y la morsa con su pucho saliendo de sus dos enormes colmillos me dice “usted dirá, maestro”. Intento decir algo, pero no sale nada. Pasan veinte segundos, tomo un respiro y pasándome el antebrazo por los ojos logro decir algo. Lo pienso, como esas víctimas de accidentes automovilísticos que tienen que pensar cada costoso paso que dan agarrados de baranda en sesiones de fisioterapia, y le digo “Po-citos”. Intento mirar para afuera pero el Prado me enceguece. Pienso en todas las veces que pasé por ahí. Divago en cálculos: cuántos litros de cervezas tomamos juntos/cuantos pesos gastamos en el videoclub de Willy/cuántas veces pasé por el kiosko del canario a comprar condones. Pienso en esto y miro para abajo. En el cuero negro descansa bocabajo el portarretratos. ¿Los bebés debían dormir bocarriba o bocabajo? ¿Será sólo por la promesa del cielo que se entierran a los muertos bocarriba? ¿Por qué siempre dormía del lado de la derecha en su cama? &lt;em&gt;Su-cama&lt;/em&gt;. Mantengo la frente apoyada contra la ventanilla. La morsa se ríe y mientras tira ceniza desde su ventana mira hacia atrás y me dice “che, decile algo a esa rubia que te está mirando”. Miro a mi derecha, y en un Peugeot una rubia muy linda me mira con cara de lenta sorpresa, como quien ve a una boa devorarse a un ratón. La miro un segundo. Es linda, es verdad. Bajo la mirada, me enjuago los ojos con mi antebrazo y le digo a la morsa “no tengo nada que decir”. El tipo entiende y dice, mirándome por el retrovisor “bueno, entonces le damos un par de bocinazos y resolvemos el asunto”. La aleta toca la bocina y el coche toma una curva pronunciada. El auto toma un camino oscuro. Posiblemente en cualquier momento saldremos a Garibaldi. Me saco los championes, pongo el derecho encima del izquierdo, pero los perros siguen ladrando.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21178141-6759295872755984902?l=degollandocisnes.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://degollandocisnes.blogspot.com/feeds/6759295872755984902/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21178141&amp;postID=6759295872755984902' title='40 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21178141/posts/default/6759295872755984902'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21178141/posts/default/6759295872755984902'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://degollandocisnes.blogspot.com/2009/03/there-were-business-as-usual-with-same.html' title=''/><author><name>Agustin Acevedo Kanopa</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12314255833701676811</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://photos1.blogger.com/hello/67/10024/640/1143379742_f.jpg'/></author><thr:total>40</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21178141.post-3776905864411694408</id><published>2009-01-31T18:14:00.005-02:00</published><updated>2009-01-31T20:11:13.171-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='melomaniando'/><title type='text'></title><content type='html'>&lt;strong&gt;Mejores discos del 2008&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Sí, el post llegó tarde, quizás demasiado tarde, pero esto se debe a un par de &lt;em&gt;razones razonablemente razonables&lt;/em&gt;:&lt;br /&gt;1) 2009 me viene resultando un año bastante activo, lleno de idas y venidas, proyectos, contraproyectos, indigestiones y redescubrimientos, que poco espacio me dejan para sentarme y escribir&lt;br /&gt;2) La idea de los diez discos del año ya fue presentada &lt;a href="http://elbailemoderno.blogspot.com/2008/12/2008-el-ao-del-ornitorrinco.html"&gt;en&lt;/a&gt; &lt;a href="http://senseimagazine.blogspot.com/2008/12/curioso-el-caso-de-este-blog.html"&gt;tantos&lt;/a&gt; &lt;a href="http://elindicedemarmol.blogspot.com/"&gt;espacios&lt;/a&gt;, que uno pierde la convicción de que está creando algo relativamente innovador o creativo.&lt;br /&gt;3) Iba a mechar la lista con experiencias que me ocurrieron en las vacaciones, pero terminé haciendo usufructo exclusivo de ellas para un cuento que ando escribiendo&lt;br /&gt;4) Saqué una cuponera de quince películas en videoimagen, las cuales han confiscado prácticamente el noventa por ciento del espacio físico y temporal que tengo para hacer otras actividades distintas de laburo/estudio&lt;br /&gt;5) ¿Quién puede escribir con este calor?&lt;br /&gt;Hay una larga tradición en definir cual es tu canción del verano. Con una redundancia casi vikinga, gran cantidad de mis posts se centran en los cambios subjetivos que acarrean los cambios de estaciones, estaciones que no están divididas por solsticios ni equinoccios, sino por las pequeñas historias y capítulos de la vida que uno se cuenta a sí mismo. Posiblemente de todas las estaciones, el verano es la que más se emperra en encontrar sus objetos metonímicos, aquellos tres o cuatro minutos que se estampan en el imaginario colectivo como una yerra, generalmente enfocados a cierta imaginería fiestera, hip, fresca o lo que sea. Básicamente, por el perfil tan oficialista puntaesteño del verano uruguayo –por más que Rocha se ha convertido en &lt;em&gt;nuestro&lt;/em&gt; verano uruguayo (no el mío, mis veranos siempre van a mantener su corazón pegados a Atlántida)-, la estructura nitrogenada de los temas veraniegos marcan la exigencia básica de poder musicalizar una pasarela. Fíjense cada uno de los temas oficiales del verano, y siempre encontrarán una cualidad bastante atada a cierta noción de glamour, los beats en negras marcando cada pierna de garza (¿o el paso de ganzo?) de esas modelos que a tanta gente les hace el bocho. Tomen ejemplos, &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=vS_HoEurE1M"&gt;Get over you&lt;/a&gt;, o &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=7lvad8dl0U0&amp;amp;feature=related"&gt;Take me home &lt;/a&gt;de Sophie Ellis Bextor (una mina que es a los temas de pasarella lo que fue el río Klondike a la fiebre del oro a fines del siglo XIX), &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=Rfr9bhSmfXc"&gt;Can't get you out of my head&lt;/a&gt; de Kylie Minogue, &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=REFdA7yS_8M"&gt;Velvet Morning &lt;/a&gt;de Primal Scream (con nada menos que Kate Moss detrás del micrófono), y la cosa da para rato.&lt;br /&gt;El tres de enero me fui para Punta del Diablo, que en base a la cantidad de gente que lo había invadido, por momentos parecía significar su nombre literalmente. Llegué con María a las cinco de la mañana y no tardamos media hora para huir a Santa Teresa. Las razones eran múltiples, pero principalmente estribaban en que no había lugar en el camping, tanto que había automóviles con gente durmiendo adentro esperando para que se desocupara. Había una extraña desesperación de la gente (diferente al tono aletargado y más bien &lt;em&gt;genchi&lt;/em&gt; que siempre caracterizó aquellos pueblos de la costa rochense), había una necesidad de ocupar un lugar, a como de lugar, sin importar las consecuencias. El verano del 2009 será para conocido como el verano en que Uruguay se prendió fuego, pero también el verano en que Rocha se llenó como un hematoma rechoncho de sangre, un departamento, como dicen las traducciones de Burroughs, "al rojo blanco". &lt;em&gt;En general este es el momento donde extraigo alguna conclusión en que me separa del resto de la chusma&lt;/em&gt;, y por más que sé lo artificial de esta postura (después de todo, yo también estaba ahí), aquella desesperación por estar en Rocha me parecía una interrogante frente a la que a Guy Debord no le hubiera temblado el pulso al responder. Hay un aviso propio de ese nuevo linaje de comerciales que incorporan elementos absurdos tratando de vendértelos como si fuesen la última obra de un colectivo surrealista escondido en un silo antibombas checo, que más allá de sus lugares comunes, muestra una o dos verdades del fenómeno veraniego. En el aviso, la gente se manda mensajes de texto de dónde hay comida, dónde hay fiesta, dónde hay sol, etc. acarreando muchedumbres enardecidas que van nomadeando de un punto de atracción a otro. Aquello era realmente lo que se podía ver en la costa: la gente andaba corriendo como cumpliendo un schedule, tan cansados que no sabían si lo estaban disfrutando. Todo eso me hace acordar a las nociones de espectáculo que maneja Guy Debord en &lt;em&gt;Rastros de Carmín&lt;/em&gt; sobre la fiebre &lt;em&gt;jacskoniana&lt;/em&gt; (que no es un firmante de la declaratoria de la independencia, sino el moonwalker, the king of pop, o la &lt;a href="http://media.ebaumsworld.com/picture/DailyContempt/peter_pan_michael_jackson.jpg"&gt;reencarnación de Peter Pan&lt;/a&gt;, como él preferiría llamarse). En referencia al multimillonario disco Thriller: &lt;em&gt;“El contenido ya no era el sonido de la música, ni la forma la manera e que la música se presentaba o funcionaba como género. El contenido era ahora la respuesta al acontecimiento social de Thriller, y la forma mecánica del acontecimiento. (…) El triunfo de Thriller imponía su propio principio de realidad, estaba allí como parte de cada viaje al trabajo, como una serenata a cada recado, como un referente a cada compra, como un hecho que formaba parte de la vida de todos. No tenía por qué gustarte. Sólo tenías que reconocer esa realidad, aunque en cierto modo, en el año de Michael Jackson, reconocerla implicase que el disco te gustaba”&lt;/em&gt;. Suplanten a Michael Jackson por Punta del Diablo, y ahí tienen exactamente lo que pienso. Como en &lt;em&gt;Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda a un reloj&lt;/em&gt;, de Julio Cortázar, Punta del Diablo no se regalabaa los visitantes, era más como los turistas entregándose a Punta del Diablo, en un honorable acto sacrificial.&lt;br /&gt;Pero bajándome de las ramas de tal arborescencia, en los siete días que permanecí en Santa Teresa, no escuché una sola canción. El hecho fue fortuito, el I-Pod que conservaba todo mi arsenal musical me traicionó a último momento, agotándosele la batería por una desinteligencia mutua (mía y de la máquina) con el botón de HOLD. Esa semana sin música fue bastante interesante, incluyendo un encuentro cercano con un ñandú, el descubrimiento de las bondades de cagar en el bosque, un mal episodio (y un subepisodio aún peor) vinculado al consumo prolongado y excesivo de caipirinha, y un momento de extraño ensimismamiento que podría haberme costado la vida. Sacando cuentas, fueron unas mini vacaciones curiosas.&lt;br /&gt;Ni bien llegué a Montevideo me fui para Atlántida, esta vez sí comenzándome a poner al día con la música. Fui a pescar un par de veces. La primera, con mi abuelo asesinamos a 34 pejerreyes y tres sardinas. Es interesante hacer una actividad musicalizada por algo diamentralmente opuesto. En ese sentido, era gracioso practicar el silencioso e instrospectivo arte de masacrar peces con los Fucked Up de fondo. Fue ahí que más o menos se comenzó a performar el que vendría a ser mi tema del verano:&lt;br /&gt;Scott Walker, Next. Posiblemente no sea tan buena como &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=MdXkQ9DKqIQ"&gt;Au Suivant de Jacques Brel &lt;/a&gt;(¿pero quién puede interpretar cualquier tema mejor que Jacques Brel?), pero conserva la desesperación, las inflexiones de voz de alguien completamente arrasado por la desesperación del militarismo, la gonorrea y el amor fácil de las prostitutas. El &lt;em&gt;Next, you’re next&lt;/em&gt; de la putas, gambas abiertas esperando el próximo soldado para rociarla de esperma, se convierte como una palabra flotante, una palabra que taladra el cerebro de Walker, que lo acompaña en sus pesadillas, que aparece, casi como un elemento tan traumático que resulta imposible de simbolizar, una palabra que deja de ser una palabra y se convierte en una cosa. Si bien el Scott 4 es el disco definitivo de Walker (personalmente, lo considero entre los tres discos mejores producidos que se hayan hecho por y para humanos), el Scott 2 es el más variado en cuanto a los personajes que encarna, sin la unidad del cuatro o del tres, pero con, posiblemente los mejores temas sueltos de su carrera –Best of both worlds (cancion perfecta, si las hay), Jackie y Plastic Palace People, como ejemplos, sin contar a Next, del que ya venía hablando.&lt;br /&gt;Fiel a mi estilo, mi tema del verano no tiene nada veraniego (el único verano que recuerdo ser musicalizado por un tema correspondiente, creo que fue hace cuatro años, en donde Mula Plateada fue el tema que atravesó diametralmente aquellos tres meses de pura playa y crisis personales), es un tema que pertenece más al frente de guerra en la campiña francesa, llena de nieve, barro y putas de sudor frío, completamente comidas por la sífilis.&lt;br /&gt;En fin, todo esto no es más que para llenar el ojo ante una lista que ya viene demasiado atrasada.&lt;br /&gt;Acá los mejores discos del 2008.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5297579686031419826" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/SYTIqBs6abI/AAAAAAAAAp8/9XqccndzsRY/s320/women+as+lovers.bmp" border="0" /&gt;&lt;strong&gt;10) Xiu Xiu- Women as lovers&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;En mi computadora aparece una escena actuada por Nicole Kidman. Uno le ve la piel, y parece de porcelana. Hasta a uno le da miedo que de caerse se haga añicos. Pero el tema es que estoy seguro de que si la cámara se empieza a acercar lo suficiente, aquella mejilla blanca, ligeramente rosada va a comenzar a mostrar sus poros, sus ínfimos vellos enquistados, y si pudiera acercarse con un lente microscópico, en esa parcela de piel uno podría encontrar un violento continente, lleno de bacterias, mitocondrias y anticuerpos uniéndose a un sucio festín caníbal. Más o menos esto es lo que pasa con Xiu Xiu. La pareja llega a una introspección tal de su jodido mundo emocional que todo aquello que vemos es tan humano, tan violenta y suciamente humano, que nos termina incomodando, dando asco. &lt;em&gt;No hay nada más horrorizante que la verdad&lt;/em&gt;, y, letrísticamente Jaime Stewart nada entre ella como experto pez de pantano. &lt;em&gt;"Why would a mother say such things/ Why add tongue to a kiss goodnight?”&lt;/em&gt;, cuando uno escucha versos como estos, aquello resulta algo demasiado incómodo para asumir, incluso para escuchar. En un mundo donde parecen cada vez más lejanos los momentos de locura, los auténticos pasajes al acto que provocaban un &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=-hLfOIs4kvE"&gt;Jerry Lee Lewis parado sobre el piano&lt;/a&gt;, un John Lydon gritando I am an anarchist!, o un Alan Vega cagando de miedo a un público de doscientas personas, mientras esquiva sillas y botellas voladoras, es bueno que sigan habiendo trabajos que sigan generando sensaciones tan extremas, aún así sea la de huir, huir sin mirar hacia atrás. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5297581108641563042" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/SYTJ81VmgaI/AAAAAAAAAqU/t90s478szbA/s320/Glasvegas-Glasvegas-444390.jpg" border="0" /&gt;&lt;strong&gt;09) Glasvegas-Glasvegas&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Hubo una época que decir que una banda creaba himnos juveniles, tanto disponibles a ser tarareados en una cotidiana excursión urbana como coreados en estadios, no era algo tan sacrílego y reprobable como hoy en día. Todo lo que detente un &lt;em&gt;plus-de-emoción&lt;/em&gt; es calificado como rimbombante, ridículo y exagerado. Dentro del indie hay una desconfianza sistemática hacia lo visceral, o los grandes discursos, uno puede ser cute pero no llorar a moco suelto, uno puede ser soñador, en tanto sea pueril, uno puede mechar elementos heroicos, en tanto adopte una semi consciente autoparodia. El puritanismo indie ya no puede entender a los solos llenos de pathos de antaño, o las canciones de amores juveniles de Bruce Springsteen. Es así que llega este disco de Glasvegas, un disco completamente tan sensible y juvenil como perfecto. La voz del James Allen tiene un tono, o más bien una articulación extraña, como si fuera un jamaiquino, en vez de escocés. Un disco que tiene una unidad sonora que lo hace parecer conceptual sin serlo, con todos y cada uno de sus temas perfectamente recordables, tan perfectamente dependientes como independientes entre sí, listos para que te lo cantes a ti mismo en los peores momentos, para que practiques guitarra aérea en tu casa sin sentir vergüenza. Glasvegas es la banda que tendrían que escuchar todos los chicos de quince a dieciocho años, de pretenderse mejores generaciones futuras&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5297577766013943330" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 274px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/SYTG6RFEviI/AAAAAAAAApM/gQyJAK5m1iw/s320/cadaverexquisito.jpg" border="0" /&gt;&lt;strong&gt;08) Cadáver Exquisito- Cadáver Exquisito I&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Cadáver Exquisito nunca va a tocar en un Pilsen Rock. Apenas pueden poblar la mitad de un BJ y posiblemente estén en su pico de popularidad (¿?). Las razones son múltiples, pero una de las principales es la de no poder amoldarse a ninguna escena. Demasiados entrópicos para el gran público, demasiados normales para la escena under/postpunk/free/psicodélica/comehongos uruguaya (entiéndase IMAO, Fiesta Animal, Trío Vilardebó, Psiconautas, Pacientes, que en realidad tampoco tienen mucho que ver entre sí), Cadáver Exquisito nunca estuvo apadrinado –a no ser que nadaran hacia el otro lado del charco y le pidiese su bendición a Ariel Minimal-, y aquello lo convertirá en una banda eternamente insular en la música uruguaya. Ya cuando uno ve la horrible tapa del disco, se da cuenta de que esta gente no quiere agradar a nadie. Cadáver Exquisito I es un culto a lo dionisíaco, con un baterista que parece aplicar técnicas de Guantánamo a su batería y un guitarrista que encontró el puente invisible que une a Gegg Ginn con Jimmy Page. Todo lo bueno y malo que se puede decir sobre el disco radica en su desmesura, con temas de diecisiete minutos que nunca llegan a dejar de ser interesantes, solos tan setentistas como violentos que se anclan en Color Humano, Pescado Rabioso y otras bandas de aquella época, y sí, algunos sacrificios, propios de tales trapecismos volantes sin red. El tema paradigmático es Plafond, un tema con esencia funk que tranquilamente podría pegarla en las radios, y en el que, súbitamente a la mitad del mismo, se le instala un medley y demás divagaciones que lo extienden a más de diez minutos de puro delirio. Uno puede pensar que es una lástima sacrificar un tema pop tan, en un principio, redondo, pero ese mismo autosabotaje termina resultando una declarción de principios. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5297579685140555842" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/SYTIp-Yg6EI/AAAAAAAAAp0/1ARrYGGZ6U8/s320/weird+era+cont.jpg" border="0" /&gt;&lt;strong&gt;07) Deerhunter- Microcastle/Weird era cont.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;El Microcastillo de Deerhunter es uno lleno de laberintos, puertas falsas, fosos y mazmorras, sin nunca dejar de ser brillante, tan cristalino como de vidrios espejados. Pop, pop del bueno, es casi como una de las más perfectas síntesis de los mejores recursos del indie de los últimos quince años. Es un laburo de orfebrería, que nunca pierde el norte aún en su más intrincado y shoegazer ep Weird era cont, que posiblemente supere incluso al disco oficial. Disco hipnotizante si los hay (el tema Agoraphobia siempre me mete en un extraño estado de trance), frente al verano que despliega sus tentáculos furiosos sobre todos nosotros, uno se pierde en el castillo de Deerhunter, y por un momento aquello se siente como abrir el freezer y meter la cabeza unos minutos. Si bien &lt;em&gt;Next&lt;/em&gt;, de Scott Walker es mi tema del verano, posiblemente el disco de mi verano sea el &lt;em&gt;Weird Era Cont&lt;/em&gt;, un álbum que me ha acompañado en jornadas pesqueras, descalzas caminatas por baldosas calientes de Montevideo, angustiantes desvelos frente al teclado y trayectos interurbanos en saunas móviles. Si enero en la ciudad no termina resultando un infierno, mucho le debe a este disco. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5297577773483937058" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/SYTG6s6DzSI/AAAAAAAAApU/p_C0bFMBIOw/s320/apoteosis.jpg" border="0" /&gt;&lt;strong&gt;06) Millones de casas con fantasmas- Apoteosis LP&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Pau O’Bianchi es el multifacético integrante de Tres Pecados, auque divide su actividad en otras bandas como Relacionessexuales, Genuflexos, y andá a saber cuántas otras más. Apoteosis LP es un disco elaborado en el marco de proyecto solista llamado Millones de casas con fantasmas. Es un disco doloroso, en el que el mismo Pau dice haberlo hecho casi en un estado de sonambulismo, percatándose del resultado recién una vez terminado (el disco fue grabado en una licencia vacacional, tiempo en el que no hizo practimanete nada fuera de la producción del disco). Pau aparece desatado, ciclotímico, con picos y bajones que tienen anclaje en oscuros tiempos que marcaron la vida del músico en el último año. El cambio sufrido desde Pesadillas para niños y travestis dadaístas (su primer disco) es notable, con una forma de cantar y una poesía mucho más segura de sí misma, comenzando a dejar los gérmenes de cierta cosmogonía que va a ser uno de los aspectos más interesantes de la obra de O`Bianchi. Abre el tema Hoy con un dulce arpegio y la voz de Pau, lejos de los gritos primigenios, cantando con voz temblorosa &lt;em&gt;“(…) la seguí como si estuviera imitando a un ciempiés, verde venenoso pero honesto/ un ventilador/no hace volar a las mariposa las descuartiza/ como si fueran nuevas cenizas”.&lt;/em&gt; La canción sigue con la guitarra y aparecen unas trompetas lejanas, como si se estuviesen levantando los puentes del reino de Pau, esa muralla que sólo se conocía por el aceite ardiente que caía de sus torres en Pesadillas. El disco posiblemente tenga los momentos más bellos e intensos en la discografía de O’Bianchi, con una dignísima versión de &lt;em&gt;Mandolín&lt;/em&gt; (ese tema abrumadoramente bello de Gustavo Pena, “El príncipe”, uno de los músicos más injustamente olvidados de la música uruguaya), la oriental &lt;em&gt;China conquistará al mundo&lt;/em&gt; y el abismo que abre el disco a la mitad, que es la trilogía &lt;em&gt;Mariana mañana/Ella no se va/Cajones&lt;/em&gt;, de las cosas más ominosamente depresivas que se hayan registrado en la música uruguaya. Tras Ella no se va, una canción desesperada y tensa, con ciertos visos a The trickster, de Radiohead (b-side que aparece en el single My Iron lung), Cajones sería la culminación del viaje en espiral invertida, con una atmósfera opresiva y versos como &lt;em&gt;“ya están los cajones/solo faltas vos”&lt;/em&gt;. Aquello es Pau O’Bianchi más sombrío que nunca. Y a todo este ambiente funerario lo sigue una canción hermosísima, casi festiva, una pequeña historia para niños llamada “Lourdes, la hija del flaco dragón”.&lt;br /&gt;Es bueno saber que hay gente que no sabe hacer otra cosa que hacer música.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://www.mediafire.com/?ss5eq7lsffk"&gt;Bajar gratis&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5297579691954439218" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/SYTIqXxEhDI/AAAAAAAAAqM/XMlfPowh8FA/s320/Nick-Cave-Dig-Lazarus-Dig--427696.jpg" border="0" /&gt;&lt;strong&gt;05) Nick Cave and the Black Seeds- Dig, Lazarus, Dig!&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Es increíble cómo alguien puede reinventarse de una forma tan específica, tan precisa, que encarna a otro personaje sin dejar en ningún sentido de ser lo que siempre fue (a diferencia de bandas como Primal Scream, que cambian quizás demasiado, o la esencia camaleónica de Madonna, una tipa que sólo es un lobo cambiando de disfraces de cordero). No hay que tomar a la ligera el mostacho, con este –introducido en su rostro en el Grinderman.- Nick Cave se aleja del romanticismo (de &lt;em&gt;romanticista&lt;/em&gt;, no romántico) gótico de sus primeros trabajos, o la franqueza introspectiva de lo más reciente, para ser un personaje salvaje, más cerca de un pimp con un halo metafísico que un personaje Baudelaireano, un granjero más que bruto, brutal, pero no por así menos genial. El último disco de Grinderman tenía grandes temas como &lt;em&gt;No pussy blues&lt;/em&gt;, pero por algunos caprichos ya clásicos a la hora de realizar los arreglos y producción de Cave, algunos recursos –como las baterías, siempre tan bajas- se habían echado a perder. Dig Lazarus Dig debe ser uno de los discos que mejor suenan de Nico Cueva y sus malas semillas. Más allá de sus obsesiones europeas, Cave siempre estuvo obsesionado con el Estados Unidos subterráneo, el que queda más al sur (un sur metafísico, que va un poco más abajo que cualquier rosa de los vientos) y que representa más descarnadamente bandas como Jesus Lizard, o Butthole Surfers (un ejemplo de ello, es su &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=GaEocK9Nrko"&gt;versión de Tupelo&lt;/a&gt;, ese susurrante, mágico y austerísimo&lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=77pmWCpMNkI&amp;amp;feature=related"&gt; blues de John Lee Hooker&lt;/a&gt;). En ese cambio de geografía, Cave se maneja con total soltura, sabiendo ser pimp y  predicador al mismo tiempo, mostrando que todavía le quedan muchísimos años para hacernos caer de culo.&lt;br /&gt;Extra Ball: de los mejores títulos de álbums que haya visto &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5297579686831609426" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/SYTIqErsVlI/AAAAAAAAAqE/_qeEZVYeBEs/s320/tickey+feather.bmp" border="0" /&gt;&lt;strong&gt;04) Tickley Feather- Tickley Feather&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Tickley Feather es posiblemente mi mayor descubrimiento del año, un disco editado en invierno, y que en cierto modo es un continuador de las sendas abiertas por Ariel Pink, con ese deconstruccionismo low-fi que llega a momentos mágicamente envolventes. Si seguimos con la lupa sobre los blueprints de este disco, hay cosas del Person pitch de Panda Bear, algunos climas hondos e invernales que me recuerdan al dream pop de Cocteau Twins y una forma de cantar que recuerda a la francesita Le volume courbe –proyecto sobre el que había reseñado hace un tiempo-.&lt;br /&gt;Pero bueno, todo esto es una boludez taxonómica que en apariencia no tiene otro fin que mostrar las bandas que he estado escuchando. Si nos ponemos diseccionar el disco, Tickley Feather se relaciona un poco con los discos de Daniel Johnston, por el hecho de la recurrencia a cierto arcaísmo infantil, con canciones pobladas de loops de canciones de cuna para niños que generan un extraño &lt;em&gt;deja vu&lt;/em&gt;, como si uno hubiese escuchado alguno de esos temas en las tonadas musicales de un móvil que pendía sobre su cuna. La voz de Annie Sachs, flotando entre viejas máquinas de ritmo y sintes de juguete, se siente como un espectro escuchado del otro lado de una interferencia telefónica, una voz que aparece y desaparece como un murmullo de otro mundo. Un disco que tiene una fantasmagórica ternura, con temas como The Keyboard is drunk (¿será alguna referencia a aquel hermoso tema de Tom Waits?), que genera una melancolía algodonosa, un sentimiento oceánico en que nada, al menos por esos 03:10 minutos, puede salir mal.&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5297579677349438930" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 318px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/SYTIphW95dI/AAAAAAAAAps/TD2KxoBdtiQ/s320/juana+molina.png" border="0" /&gt;&lt;strong&gt;03) Juana Molina- Un día&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Decir que Juana Molina ha convertido a su voz en un instrumento resultaría, no sólo una redundancia, sino una perogrullada digna de Juan Ortelli (bueno, pensándolo bien, Juan Ortelli diría que Juana Molina en este disco es como The soft machine comiendo en Pumper Nick, o algo por el estilo). Sin embargo, no podría decirse otra cosa, es la voz tomada como material de luthier, desmontándosela y analizándose todas las posibilidades inherentes. En esta rosacruz búsqueda estética por supuesto ya han habido centenares de performers más vanguardistas, más laberínticos y más radicales como puede ser, póngasele Meredith Monk, o Diamanda Galás (dos nombres que a Phibrizoq posiblemente lo haga hacerse encima), pero la gran victoria de Molina es en realizar estos experimentos en un compuesto que nunca llega a resultar completamente foráneo, una investigación que mantiene la unidad emocional y formalística de todo buen pop, aún prescindiendo del formato canción, uno de los básicos santo y señas del género.&lt;br /&gt;Por momentos se deja a la voz navegar subterráneamente por los temas, repitiéndola en un loop que actúa como un pulso irreconocible, convirtiéndola en un riff, en un solo, en un cuerpo de vientos, en una ola, en un axolote, en un colchón de plumas –con araña Quiroguiana incluida. Un día llega a la culminación de una búsqueda no sólo emprendida en otros títulos de Molina (&lt;em&gt;Son&lt;/em&gt; tiene mucho de eso), sino de la música argentina, vocalísticamente hablando. Lo reescucho y pienso que este es el disco que siempre le hubiera gustado hacer a Tanguito, un tipo que ya en los sesenta exploraba con las onomatopeyas y cualidades diferentes que ofrecian las cuatro cuerdas vocales, aunque sin la destreza y medios de Molina. Poesía cotidiana y abstracta, sumado a la herencia de Eduardo Mateo, fundida en orquestaciones que recuerdan a Robert Wyatt. No mucho más que decir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5297581114851084082" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/SYTJ9MeERzI/AAAAAAAAAqc/FK_Wm-hfvW0/s320/trouble+in+dreams.jpg" border="0" /&gt;02) Destroyer- Trouble in dreams&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;El término &lt;em&gt;virtuosismo&lt;/em&gt; generalmente se lo asocia con destreza, cierto enfoque dentro de lo instrumental que hace pensar al artista o el producto más cerca del cerebro que de las tripas o el corazón. Es en este punto que el último disco de Destroyer subvierte tal punto, porque es un disco tan sentido, tan emocional como perfecto en su ejecución y arquitectura. Bejar es de los músicos que han hecho, canción tras canción, de su personaje un verdadero golem de arcilla que trasciende a su obra (no es sorpresa encontrar ciertas cadenas de carbono entre el canadiense y el siempre autorreferencial David Bowie). De hecho, disco a disco, Bejar va cartografiando un mundo que está demarcado por continentes emocionales, y en donde cada país tiene elementos de otro. La correferencialidad en algunos músicos se vuelve apologética, pero en el mundo de Bejar lo convierte en algo nuevo, lo vuelve más rico, como nuevas puntadas en un tejido que se va regenerando. Así, no sorprende encontrar ciertos elementos de otros discos en este, así como cierta correferencialidad entre algunos elementos de las mismas canciones del álbum, generándose una madeja que se extiende desde los inicios de su carrera, sin ser de esos casos de autohomenaje tan penosos, que circulan en la música y cine. &lt;em&gt;Trouble in dreams&lt;/em&gt; es una pieza maestra en la arquitectura emocional que despliega, estando todo tan equilibrado y perfectamente diseminado, cada cambio de tono, cada silbido, cada temblequeo de voz, cada entrada y salida de guitarra (qué punteo dolorosísimamente perfecto que es Shooting Rockets), que lo convierte en un cubo de Rubik perfectamente armado, montable y desmontable en cuantas variaciones sea posible. Es la divina proporción davinciana del disco de amor y desamor. Y de eso me doy cuenta cuando escucho a Bejar, queriendo sentir lo que él siente, vivir lo que él vive, sin importar cuan terribles de sus resultados&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5297577770032521634" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/SYTG6gDLYaI/AAAAAAAAApc/pV69nC_tMUI/s320/liu.jpg" border="0" /&gt;&lt;strong&gt;01) Tres Pecados- Liu y las dificultades graves de aprendizaje&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Pau O’Bianchi fue el músico uruguayo del año. Con una disciplina –o hybris- digna de Robert Pollard, Pau en un año hizo cinco discos, cinco que de hecho podrían haber sido más, pero que se limitó a mantenerlos en el cajón por razones meramente ligadas a la difusión de los mismos. Los mejores temas posiblemente estén en Apoteosis, pero &lt;em&gt;Liu y las dificultades graves de aprendizaje&lt;/em&gt; es sin duda el trabajo más redondo, algo sobre lo que se le deben repartir algunas fichas a Ezequiel Rivero (uno de los integrantes de &lt;a href="http://www.blogger.com/www.myspace.com/neverpainted"&gt;Amelia&lt;/a&gt;), cuya formación más anclada en el pop le dio un equilibrio que nunca antes se había visto en los anteriores trabajos de Pau. Liu… es un disco intercomunicado por el amor, prácticamente podría decirse que es un disco conceptual sobre tal sentimiento. El tema dos (ninguno lleva nombre) por su extraña orquestación recuerda a Panda Bear, mientras que el cinco –un tema tan sencillo como único, que no me dudaría en ubicarlo como el&lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=oFO8pySrmDA"&gt; tema uruguayo del año&lt;/a&gt;- tiene una autorreferencialidad pop (“conocí a una chica en el Roxx bar, en un toque de Guachass y Culpables”) que no queda en un mero namedropping, y aporta a una de las mejores letras de Pau hasta la fecha. Alucinaciones floridas, sentimentalismo sin ironía, perspicacia sin cinismo, oscuridad con moretones de luz, es gracioso pensarse a uno diciendo “este es su disco definitivo”, cuando la carrera de Pau ocurrió en un par de años –con muchísimo más por delante-, pero la cantidad y variedad de su obra me terminan llevando por tales derroteros.&lt;br /&gt;Pero lo más deslumbrante de este repaso discográfico no radica en números y records, sino en el hecho de que, a diferencia de personajes como Max Capote o Dani Umpi, en los que la construcción de cierta imaginería adquiere una redundancia que reduce su obra a espectáculos de afirmación ideológica, Pau, y podría decirse que solamente también el dúo Carmen Sandiego (mundos distintos, pero los dos tan oscuros como cautivadores), lograron en unos pocos años, no crear una determinada estética, sino un mundo propio; en el caso de Pau, un mundo de crayola, poblado de sexo, ciempiés, cangrejos, niños, drogas y polillas. Hace un tiempo conversaba con un amigo y le comenté, como al pasar, “esto es una escena muy Pau O’Bianchi”. Llegar a decir aquello de una forma tan natural que uno casi ni logra percatarse de ello, es algo que ya les está reservando a estos músicos un lugar especial en la historia de la música uruguaya, una historia que, como espero que así continúe, no deje de escribirse.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21178141-3776905864411694408?l=degollandocisnes.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://degollandocisnes.blogspot.com/feeds/3776905864411694408/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21178141&amp;postID=3776905864411694408' title='37 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21178141/posts/default/3776905864411694408'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21178141/posts/default/3776905864411694408'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://degollandocisnes.blogspot.com/2009/01/mejores-discos-del-2008-si-el-post.html' title=''/><author><name>Agustin Acevedo Kanopa</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12314255833701676811</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://photos1.blogger.com/hello/67/10024/640/1143379742_f.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/SYTIqBs6abI/AAAAAAAAAp8/9XqccndzsRY/s72-c/women+as+lovers.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>37</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21178141.post-5838299197377201351</id><published>2008-12-16T17:48:00.005-02:00</published><updated>2008-12-16T19:00:43.683-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='al fondo a la derecha'/><title type='text'></title><content type='html'>&lt;strong&gt;Seis fotos&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Hace unos meses me cambiaron el celular por un tema de contratos de Ancel y no sé qué otras cosas. Mi padre me anduvo hablando de mp3, blutuz, y cosas por el estilo, pero yo le mantuve que mientras siguiera marcando números y no causara inminente cáncer en los huevos nos íbamos a entender. El celular es un Nokia, y más allá de cierto comportamiento esquizofrénico (llama a la gente por sí solo, vaya uno a saber por qué), me quedé bastante conforme con la compra. Fue recién al mes de tenerlo que empecé a ampliar su espectro de usos, utilizándolo como cámara fotográfica. Por supuesto, las fotos que se pueden sacar con un celular (y con la mayoría de las cámaras digitales) son medias pedorras, pero de alguna forma me ha servido para capturar ciertos momentos, o ciertas imágenes que se suelen desmigajar en mis recuerdos. Tengo cámaras más caras (que igual tampoco son la gran cosa), pero cuando las cargo siempre tengo una sensación de peligro, que me hace perseguirme bastante de que me la roben. En cambio, con el celular, ni me preocupo. Lo interesante es que el celular siempre lo llevo conmigo, lo que me permite sacar fotos en situaciones completamente ligadas al azar. Cuando tengo una cámara posta en mis manos, nada interesante me suele suceder, como cuando uno era chico y se quedaba esperando sorprender a Papá Noel atrás del arbolito.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;La siguientes son seis fotos que más que fotos, son disparadores a situaciones que me ocurrieron, y obsesiones sobre las que anduve rondando estos días.&lt;br /&gt;Así que, antes que nada, la fotos no persiguen ningún fin artístico, són más frasquitos de formol que fotos en sí, así que no me vengan hablando de Mar Ray, Philippe Halsman, o Weegee. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5280493638165544786" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 300px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/SUgU_JWRP1I/AAAAAAAAAo4/1oF8717hPwI/s400/Imagen019.jpg" border="0" /&gt;&lt;strong&gt;Kamikaze&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Un jueves, luego de enterarme que una paciente había reingresado al Vilardebó (por tercera vez en un mes y medio) me encontré en el centro sin otra cosa que hacer que volverme a mi casa. Estaba agarrando por Tristán Narvaja hacia 18, cuando extrañamente se me ocurrió pasar por facultad (&lt;em&gt;extrañamente&lt;/em&gt;, porque no suelo caer en facultad sin una buena razón). Es período de exámenes y el patio de facultad está sumido a un razonable desierto. Miro sin mucho interés algunos posters de jornadas psicoanalíticas (un gesto que más que verdadero interés es una coartada, ya que son jornadas a las que posiblemente nunca iré) y cruzo el patio, no encontrando nadie excepto a Kamikaze. No sé mucho cuál es el diagnóstico, pero Kamikaze armó una suerte de circuito, alternando entre la facultad de psicología y el centro diurno del Vilardebó (para los no uruguayos, el principal hospital psiquiátrico de Uruguay). Es un tipo bastante particular, las primeras veces que lo vi usaba un sombrero de vaquero y cargaba su guitarra como si fuese una extensión de su cuerpo (y cuando uno habla de apéndices corporales en psicóticos, aquello no es metáfora). Nunca quise amigarme del Kamikaze, principalmente por ser un mangueador casi terminal. Siempre que lo ves necesita un peso, un peso para pagarse un ómnibus, un peso para comprarse una medialuna en la cantina de la facultad, un peso para llamar a una mina que conoció en la plaza de los bomberos, un peso para no tener nueve pesos y llegar a la decena. Mucha gente me ha comentado que los últimos días de Eduardo Mateo fueron medio así, todo el mundo le huía porque lo primero que hacía, casi indiscriminadamente era pedirte plata. A uno siempre le tienta colocar a todos los artistas locos dentro de una misma categoría (El &lt;em&gt;Ars Brut&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Outsider Art&lt;/em&gt;, o como corno quieran llamarle), sin percatarse que es una bolsa que está llena de agujeros, siempre a punto de desgarrarse. En general la gente piensa a la locura como un plus para llegar a ciertos estados de conciencia diferentes al resto de la gente, pero en realidad, tal como sucede con el uso de alucinógenos, si bien los &lt;em&gt;multiplicadores de la realidad&lt;/em&gt; han servido de mucho en ciertas producciones, nunca se podría decir que la obra es producto exclusivo de aquello (sería sacar todas las pesas del recipiente del artista y ponerlas en el recipiente de la droga, cuando la cosa en realidad es mucho más compleja). De la misma manera que tomar ácido no te convierte en Jerry García, ser loco no te convierte automáticamente en Van Gogh. De hecho, una triste verdad personal que me ha tocado ver es que la mayoría de los locos suelen estar descendidos en muchos terrenos, y suelen estar apegados a aspectos ultraconvencionales en sus ramas artísticas –desde la puerilidad de pacientes que sólo dibujan casas con flores y solcitos, a tipos que toman prestado el discurso médico mesiánico y hacen canciones de cuando estaban mal, y cómo Dios o los médicos lo salvaron. &lt;div&gt;En muchos casos, lo más creativo que les he visto es su delirio mismo.&lt;br /&gt;En el caso de Kamikaze, siempre lo vi haciendo covers de Sabina y cosas por el estilo, por lo que nunca lo tomé completamente en serio en cuanto a su creatividad.&lt;br /&gt;Di una vuelta más y no encontré a nadie. Me estaba yendo cuando escuché una canción que estaba saliendo de la guitarra del Kamikaze. Era una canción extraña, que generaba un estado de ánimo particular a través de una curiosa combinación de acordes mayores y menores. Tenía una extraña cualidad de no permitirte saber si era una canción feliz o triste. Podía ser una celebración de la infelicidad o un duelo de la alegría. O algo así. La cosa es que me quedé junto a Kamikaze, mientras tocaba aquella canción y el tipo me percibió al lado suyo, pero como quien percibe a una paloma a unos metros de sus pies. Termina la canción y Kamikaze se me queda mirando y le digo “es un buen tema Kamikaze, de dónde lo sacaste". Se ríe y me contesta “ese tema es mío”. Yo digo “ah, mirá que bien, me gustó ese tema”. (La verdad es que me gustó realmente ese tema, lo que digo es sincero, por más que me reprocho al oir mi voz, que por momentos parece al de una maestra de escuela). “Tenés otro tema?”. “Sí, ¿tenés un peso?”. La contrapregunta era esperable y desenfundo dos pesos como quien le paga a un artista callejero. Me dice “Esta última todavía no está terminada, me tengo que fijar en la letra”. “No importa, tocala y vemos cómo sale”. Se ríe ensimismado y comienza a tocar. Toca con los ojos cerrados, vocaliza exageradamente, la guitarra no ayuda y los dedos no aprietan bien entre algunos trastes, los acordes son luminosos y a la vez suenan a podrido. Mientras la canta me quedo leyendo la letra escrita en un cuadernito, una caligrafía bastante ordenada, con las G, F, y G# como sombreros sobre cada versito. No me acuerdo mucho de la canción, pero en cierto momento dice algo como “y me sacaron a caminar/por las calles de la ciudad/y ella apareció/y orea”. Es un buen tema, y la última palabra me intriga. Le pregunto qué significa &lt;em&gt;orea&lt;/em&gt;, y como si fuese un padre ante la pregunta de cómo nacen los bebés, sonríe cómplicemente y me dice “es un estado de ánimo”.&lt;br /&gt;De la nada aparece el &lt;a href="http://www.fotolog.com/heylunahey"&gt;Barón de la Laguna&lt;/a&gt; y Seba y sorprendido por mi suerte de encontrarlos, nos quedamos hablando los cuatro. Al Kamikaze ya lo habían saludado y le piden que toque otro tema. Se pone a tocar uno, pero pronto nos damos cuenta de que nos está cagando y está tocando uno de Calamaro, con un acento extraño que lo hace parecerse más a Bunbury. Kamikaze tiene una venda que le cubre toda la frente. El barón de la laguna le pregunta a qué viene esa venda y Kamikaze responde que se golpeó el otro día, queriendo saltar un banco. Nos quedamos viendo la venda y concordamos en que mete mucha onda. “Ahora que la veo, es como la de Karate Kid”, comento, y El barón de la laguna y Seba se ríen, pero Kamikaze se ríe más, una risa de entusiasmo llena de tropezones. “Habría que hacerte unas letras chinas, ahí serías mismo Kamikaze sam”. El tipo se emociona y dice “Ahjajaja, sí, jaja, espérenme un cacho, ya vengo”. Entra a un cuarto que oficia de sede de gremio estudiantil y vuelve con un drypen azul en la mano. “Dibujame, dibujame”. “No me acuerdo mucho las letras chinas, estuve algo de tiempo en Japón, pero no me acuerdo mucho”. “No, dibujame...¿viste la estrella de David?”. “Sí, claro”. “Dale, eso, dibujame eso”. “¿Estás seguro?”. “Sí, sí, la estrella de David, la estrella de David haceme”. Como si fuera alguien hablando con su futuro tatuador, me exige que primero le muestre en un cuaderno a ver si sé hacerla. Rápidamente le hago los dos triangulitos superpuestos y el loco queda re emocionado. Me da el drypen con una extraña solemnidad y me acerca la cabeza. Lentamente, le hago los dos triángulos azules. Ni bien se lo terminamos de hacer, nos cagamos de la risa y el tipo se va a ver en el reflejo de los vidrios de facultad. Pasan unas minas del gremio y les pregunta qué les parece. Ellas, sin saber mucho qué decir, le responden que le parece original. Kamikaze sonríe y les pregunta si no tienen un peso.&lt;br /&gt;Se acerca Seba y me dice:&lt;br /&gt;-Qué ficha el Kamikaze…&lt;br /&gt;-Mientras se mantenga lejos de Pocitos está a salvo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5280493634397804674" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 300px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/SUgU-7T-GII/AAAAAAAAAoo/_BhyiFhUmS4/s400/Imagen037.jpg" border="0" /&gt;&lt;strong&gt;Anal-retentivo&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Yo siempre fui un neurótico, pero al menos un neurótico felizmente sucio. Nunca me habían molestado de sobremanera no lavarme las manos, y no andaba controlándome las veces que me bañaba (eso más o menos lo decidía la grasitud de mi pelo). Llegaba de los ómnibus y con total tranquilidad metía la mano en un envase de pepinillos y me comía dos o tres, chupándome el vinagre que me quedaba entre los dedos. Abría las puertas de los baños públicos, y solo a veces me lavaba las manos (más por la novelería del secador de manos, que por verdaderos impulsos higiénicos). Me sentaba en la calle, me iba a dormir con la ropa puesta, me despertaba y seguía mi vida al día siguiente, con la misma ropa del día anterior.&lt;br /&gt;Hace unos meses mi padre introdujo el civilizador invento del alcohol en gel. Ya lo había visto en la casa de María (su madre es odontóloga y tiene un dispensador particularmente grande), pero la idea de tenerlo en casa me parecía demasiado lejana. No fue necesario comentárselo dos veces, y fiel a su espíritu impulsivo, mi padre no dudó en comprarlo. La cuestión es que desde que se introdujo dicho producto a mi casa –y sobre todo por lo práctico que es en eso de que se te seca a los pocos segundos- comencé hacer su uso coextensivo a todas las actividades que vinculaban a mis manos. Iba al baño y me pasaba el alcohol. Llegaba de facultad y también me untaba las manos. Todo iba más o menos bien -y limpísimo- hasta el otro día que fui a una panadería que queda al lado de mi facultad. Se me ocurrió comprar una milanesa al pan, y entonces me di cuenta que tenía serias reticencias de hacer la compra. No demoré mucho en darme cuenta de que no quería comer aquello sin lavarme las manos. Por supuesto, no había alcohol en gel, jabón, ni nada por el estilo en varias cuadras a la redonda. Terminé obligándome a comer la milanesa, sin poder evitar reconstrucciones de los acontecimientos del día, en que vinculaban mis manos en actividades como agarrarme del pasamanos, manejar billetes, señalar una vidriera, atarme unos cordones que se arrastraron por medio 18 de julio.&lt;br /&gt;Antes era más fácil y nunca me había enfermado.&lt;br /&gt;Como dice el gran Robyn Hitchcock, &lt;em&gt;A happy bird is a filthy bird&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5280492110940301234" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 300px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/SUgTmP_ZZ7I/AAAAAAAAAoI/SxCx3gIUTx0/s400/Imagen020.jpg" border="0" /&gt;&lt;strong&gt;Musas anónimas&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Nunca fui un tipo de modelos. Deben haber contadas excepciones, pero la casi totalidad de mis musas provienen del mundo cinematográfico, y ocasionalmente del musical. En Argentina, el modelaje parece, Tinelli mediante, cada vez más imbricado con el mundo de las vedettes -que resulta un handicap, la verdad. Por otro lado, las modelos europeas siempre me parecieron demasiado cadavéricas para mi gusto.&lt;br /&gt;Más allá de esta cuestión personal, cada tanto encuentro a una modelo al azar que me termina por resultar particularmente atractiva, generalmente perdida en alguna revista vieja de peluquería, o en la publicidad de un ómnibus que va demasiado rápido como para sacarle una fotografía o retenerla en la memoria. Tal evanescencia me genera una particular obsesión, porque uno en general -salvo con las más famosas- se da de lleno con su anonimato, y no tiene a su disposición medios como la internet como para tener más material de dicha persona. Ya lo he dicho varias veces, tengo un extraño afán de coleccionista, y cuando hay una mujer bella de cuyo nombre no sé nada, me viene la angustia de alguien que escucha un hermoso tema en la radio, sin saber quién ni cuando lo hizo. Uno se acerca a un amigo y le dice &lt;em&gt;“es uno que en una parte la guitarra hace un riff onda ta-ra-ta-ta-ta-ta-ta”&lt;/em&gt;, generalmente recibiendo el desconcertado rostro de la otra persona, con una mueca que colinda con lástima. Bueno, es lo mismo con esas musas anónimas. La lista es algo escueta, no suele ser algo que surja muy seguido, pero cada tanto aparece una. Había una modelo de Complot de hace unos años –me enteré que era brasilera- que aparecía mucho en el abusivo material de propaganda de la Rolling Stone. Ahora, en ciertos ómnibus hay &lt;a href="http://www.kosiuko.com/"&gt;una musa de Kosiuko &lt;/a&gt;–una marca que siempre se había caracterizado por teens escuálidas y sin gracia- que es indudablemente perfecta –de esas perfecciones no aburridas, que tienen un plus que uno vaya a saber cuál es- como si fuese una versión más angelical de Kate Moss y con una extraña expresión de cansancio, o espera, o algo entre los dos. Y también está la mina de los bronceadores L'Oreal, cuya imagen adjunté arriba. El laburo fotográfico no es de los mejores, incluso el rostro quedó captado de una forma imperfecta que lo hace ver notoriamente asimétrico, como si tuviera más hueso y carne de un lado de la cara que del otro. Sin embargo, hay una extraña esencia perversa detrás de un rostro originalmente virginal, que da en cierta tecla que me la hace sentir tremendamente atractiva. Por alguna extraña razón, las marcas de bronceadores, dentro de un subject tan sexualizado como el de untar el cuerpo semidesnudo de personas con lociones, nunca se vio tan contaminado de erotismo. Hay como un subcódigo que dice que ser sexy con aceites de motores está permitido, mientras que con bronceadores es tan explícito que es algo grasa. Vaya uno a saber por qué, pero es exactamente lo que me parece atractivo de la imagen. La foto resalta más el abdomen que las tetas. Incluso, la malla es particularmente pacata, blanca y pura, como cubriendo por las dudas toda la escena púbica, no sea cosa que se escape algo. La posición es bastante estática y no tiene mucha onda, pero hay aglo que sí funciona en el rostro, o más bien, los ojos, o quizás el subtexto entre los ojos y la boca. Parecería que en su origen hubiese sido una foto de prueba, de descarte, como esas que se toman de improviso segundos antes de que se pueda ensayar una pose. La magia de esa expresión radica en las mismas razones por las que considero &lt;a href="http://www.comparestoreprices.co.uk/images/te/television-adventure.jpg"&gt;la tapa del Adventure&lt;/a&gt;, de Televisión, como una de las mejores portadas de todos los tiempos. En esa foto todos andan mirando al suelo, rascándose el cuello, embarcados en cierta inseguridad radicalmente opuesta a lo que se espera dentro de los cánones del rock (el &lt;em&gt;rocknnnen&lt;/em&gt;). La foto del bronceador funciona (o, por lo menos, &lt;em&gt;me funciona&lt;/em&gt;), por la misma razón, sólo que a la inversa: detrás de una escena sin gracia y pacata, hay algo en la tipa que te invita a más.&lt;br /&gt;Llego a la peluquería de María y me pongo a vichar algunas revistas. Hay una Rolling Stone que me la leí casi íntegra, y me fijo sin muchas ganas en algunas Paparazzis, y una Semanario. Pasa el tiempo pero el brushing de una rubia con el pelo esta la cintura se extiende más en tiempo más de lo que tenía pensado, y agarro una Bla. No hay nada muy interesante y paso las hojas sin ninguna particular deferencia. Ahí es que veo, en la última carilla, una foto en blanco y negro a Francisca Valenzuela y Fernando Cabrera (supongo que en los bastidores del Solís, en ese toque que dieron hace unos meses). Es extraño, pero la fisonomía de Valenzuela me parece atractiva por más que las larguiruchas nunca –ni por asomo- fueron de mi gusto. No sé qué será, pero viendo fotos &lt;a href="http://diego.bloog.cl/wp-content/uploads/271007-fran-valenzuela.jpg"&gt;como esta otra&lt;/a&gt;, pienso que a lo mejor me atrae cierta geometría que mantiene la cabeza de Valenzuela con respecto a su cuerpo. Dos brazos acá, dos hombros allá, la cabeza colocada como una estrella de arbolito de navidad, algunos colgantes, el pelo invariablemente alto, como el mastil de un barco. A en función de B, perfecta simetría, x queda despejada: Tautología. Me agrada la cara, la forma en que la cara está en función del cuerpo de Valenzuela por cierto formalismo, el mismo formalismo que me hace ver (salvando las distancias) el particular rostro de Monica Vitti como algo tremendamente atractivo.&lt;br /&gt;Y extrañamente, siento a Francisca como una tipa que podría ser mi amiga, de esas amigas que te comienzan a generar problemas semiológicos.&lt;br /&gt;Ahora revisando las revistas de la peluquería, recuerdo una revista bastante gorda que tenía fotografías de matrimonios de famosos en los setentas. Entre pantalones campana y camisas con hombreras, había pareja que me había llamado por completo la atención. Era una mujer con el pelo recogido, los cachetes bastante marcados, unos ojos tan dulces como tristes, como los de Bárbara Lombardo. La tipa usaba un sacón de paño, si no me equivoco, su esposo al lado de ella parecía un tarado, de esas personas de relleno que se encuentran a montones. Pensé que era una mujer para quedarse tomando un café, a esa que la admirás en ciertas actividades nimias, como el hombro saliéndose del buzo al agacharse para buscar algo, o su rostro concentrado al rascar algo que está manchando un vidrio. Por un momento pensé en arrancar la hoja para llevármela a mi casa (con una pasión entomóloga, como si fuese otra mariposa disecada para la colección), pero aquello me pareció un acto digno de un enajenado, por más que nadie se fuera a dar cuenta. Al final lo dejé a la suerte, y pensé volverla a mirar un día como estos. Ahora me doy cuenta que la revista ya no está más. Pienso en si la tipa habrá sido feliz con el douchebag de la foto, y ahora pienso que aquellos cachetes deben estar arrugados, y la tipa probablemente sea una veterana comiendo masitas con sus amigas en un cafetín de Callao, pensando irse con sus nietos a su casa de veraneo en Bahía Blanca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5280492115359192098" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/SUgTmgc8VCI/AAAAAAAAAoY/iH-OeNe9pKs/s400/Imagen032.jpg" border="0" /&gt;&lt;strong&gt;Whoregasm&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Uno tiene más o menos claro que los sets pornográficos no son precisamente el ambiente con mejor onda del mundo, pero uno –aún lejos del artificio exultante y pseudo glamoroso que nos hacen creer Ron Jeremy y los AVN Awards- siempre tiende a pensar que tampoco es el espectáculo dantesco que mantienen los más fervientes antagonistas a dicha institución. Luego de ver &lt;em&gt;Porn’s most outrageous outtakes&lt;/em&gt;, mi posición se tambalea un poco. El documental –&lt;a href="http://elbailemoderno.blogspot.com/"&gt;Darío&lt;/a&gt;, quien me lo recomendó, dice que es una poderosa muestra de &lt;em&gt;Cinema Verité&lt;/em&gt;-, más que documental es un detrás de las cámaras sin mucho editar de sets pornográficos. Si bien se puede ver explícitamente lo que sucede, las cámaras por primera vez no están tan interesadas en captar penes y vulvas, sino que se quedan fijadas a los rostros de los protagonistas, alguna mueca de un iluminador, las instrucciones del director, los kleenex que limpian el &lt;em&gt;cum&lt;/em&gt; entre escena y escena. Dependiendo del caso, uno por momentos piensa que es tan divertido como se imagina, y a la vez, tan horroroso y degradante como otros mantienen. En general son extractos de producciones mucho más caseras (nada que ver con los megaproyectos de Vivid), más artesanales y con actrices menos conocidas, por lo que los directores se permiten ciertas libertades que en otra circunstancias no se podrían tomar. Hay actrices que están tan drogadas que no pueden mantenerse en pie, hay una mina que al participar en un gangbang con cuatro morenos revive un sueño en el que era violada por un negro, entrando en un extraño estado de shock que mezcla a su maquillaje corrido con lágrimas -y otros fluidos corporales-, hay pendejas que buscan hacer unos pesos y las meten a hacer &lt;em&gt;gagging order&lt;/em&gt; sin que supiesen que habían firmado para eso, y así una serie de galería de atrocidades que cada tanto se corta por momentos de delirante ridiculez, como una verdadera piñata en una escena de bukkakes, y momentos de extraña ternura de los directores hacia sus actrices.&lt;br /&gt;En ese juego de claroscuros, hay un momento que me pareció completamente deslumbrante, una extraña sutileza que vale por todos los documentales y libros que se hayan filmado o escrito sobre la Blue Industry. Una actriz está en plena escena cowgirl con un tipo y llega a un orgasmo. La siguiente escena te muestra a la tipa detrás de las cámaras. Está llorando por algo que nadie entiende. Le empiezan a preguntar y la tipa explica que se siente culpable por haber terminado mientras lo hacía con el actor. De ahí se comienza a tejer la madeja y la tipa explica que siente aquello como haberle metido los cuernos a un novio, a quien ama profundamente. Los tipos la consuelan y los detrás de cámaras desembocan en otra cosa completamente diferente, como si hubiera sido una cosa de lo más insignificante. Para mí, es algo interesantísimo. Cómo es que funciona la culpa. Después de todo, el pene ya lo tenía adentro, pero el sexo tiene poco y nada que ver con penetraciones. No es la penetración, sino la ficción, esas pequeñas historias que se cuenta uno mismo durante lo real del acto lo que lo vuelve una relación sexual. En tanto ella era actriz y gemía y se contorneaba de acuerdo al plan de un director, aquello no podía considerarse en absoluto un engaño. Pero entonces algo se desató, como esquivando una mulita en el medio de la carretera, la rubia pegó un volantazo y se fue a la banquina. Se lo vino venir, mejor dicho, se &lt;em&gt;vio venir&lt;/em&gt; y no pudo hacer nada. Miro de vuelta esa escena y concluyo que la culpa es exactamente eso, un país en guerra, cercado por mojones invisibles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5280493638558382386" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 300px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/SUgU_Kz7eTI/AAAAAAAAAow/RHt4feJNxVs/s400/Imagen017.jpg" border="0" /&gt;&lt;strong&gt;Tatuajes&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Pez Rabioso se va a hacer las cuatro barras de Black Flag en el brazo izquierdo.&lt;br /&gt;Le pregunto si lo puedo acompañar cuando se lo haga, ya que es algo que nunca hice –sí acomopañé a amig@s al psicólogo, al dentista, a resolver un problema con su pareja, a comprar un colchón, a depositar plata en un banco y a comprar sustancias psicoactivas, pero nunca a hacerse un tatuaje-, pero Pez Rabioso me dice que Callico (el famoso tatuador de 26 de marzo), por cuestiones de disposición del local, no permite mirar su laburo, por lo que la espera sería tremendo follón.&lt;br /&gt;Llega un momento en la vida de todo chico –al menos, en los nacidos después de 1985- que somete a análisis seriamente la opción de tatuarse. Yo soy tan indeciso con esos temas, que probablemente nunca encontraría un elemento que desearía que me acompañara el resto de mi vida. Lo más cerca que estuve de marcarme con tinta fue cuando tenía dieciséis años y pensé hacerme la &lt;a href="http://agaudi.files.wordpress.com/2007/04/tolkien.jpg"&gt;famosa insignia de Tolkien&lt;/a&gt;, procastinación a la que estoy muy agradecido, ya que habría elevado mi nerdez a niveles insostenibles. Nunca encontré nada frente a lo que me asociara tanto, ni algo que estuviese en tal sintonía estética como para tatuarme. Si tuviera que hacerme uno, posiblemente me haría la &lt;a href="http://images.google.com.uy/imgres?imgurl=http://2.bp.blogspot.com/_6QN5_dx5ADU/Rj0tACfeMRI/AAAAAAAAAB0/n9ELMwN61Fg/s320/frente1.jpg&amp;amp;imgrefurl=http://rock-shark718w.blogspot.com/2007/05/buenos-muchachos-amanecer-buho-2004.html&amp;amp;usg=__gHY2MTWcd7MTfbZl0GXtK34P18k=&amp;amp;h=305&amp;amp;w=305&amp;amp;sz=23&amp;amp;hl=es&amp;amp;start=1&amp;amp;um=1&amp;amp;tbnid=SI1pWJGJawfaWM:&amp;amp;tbnh=116&amp;amp;tbnw=116&amp;amp;prev=/images%3Fq%3Damanecer%2Bbuho%26um%3D1%26hl%3Des"&gt;tapa del Amanecer búho &lt;/a&gt;en el brazo derecho, no sólo por el hecho de haber sido Buenos Muchachos una banda que me regaló momentos muy importantes en los últimos años, sino también porque los búhos fueron imágenes que me acompañaron desde chico –mi padre era jugador de fútbol de Tecos, y abundaban las figuras de tales seres alados en toda mi casa-, y porque, sencillamente, es un dibujo muy lindo (y si me pongo new age, las lechuzas representan la sabiduría y todas esas mierdas...). Pero igual, nunca me haría un tatuaje.&lt;br /&gt;Y de esto estoy seguro a la hora de ver tatuajes como los que se pueden ver en la sección del basurero de la página oficial de &lt;a href="http://eltatuaje.com/"&gt;Callico&lt;/a&gt;. Difícilmente me haya reído tanto en los últimos meses, hay monstruosidades que no se pueden entender cómo alguien se animó hacérselas, tatuajes que dejan parado a un recluso del INAU como Leonardo da Vinci, indudables productos de noches de borracheras y arrepentimientos matutinos. Hay una troja de fotos con los comentarios más graciosos que he leído en mucho tiempo, pero sin duda entre los mejores está el “&lt;a href="http://img232.imagevenue.com/img.php?image=61339_Imagen036_122_517lo.jpg"&gt;retrato del che version manga con corte de pelo de cumbia (años 90) o mullet y patas de tarántula agarrándole el habano&lt;/a&gt;”, y “&lt;a href="http://img224.imagevenue.com/img.php?image=61338_Imagen035_122_77lo.jpg"&gt;cabeza de jesus rasta con exagerada barba candado flota enojando mientras desarma su collar de perlas”. &lt;/a&gt;Péguense una vichada, es realmente de lo más gracioso que he leído, y lo hacen a uno sentirse algo contento de tener brazos y espalda ink-free.&lt;br /&gt;La foto adjunta arriba es de los respectivos brazos de Hiram (líder de Psiconautas, Uoh y miembro de Relaciones Sexuales) y Pau O’Bianchi (cantante de 3 pecados, Millonesdecasasconfantasmas, RR.SS. y andá a saber qué más). Prestar particular atención al tatuaje carcelario de Pau, la consumida serpiente enroscada a la elefantítica espada de mango corto, con una expresión que no se distingue entre la risa y la inminente mordedura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5280493633165343378" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/SUgU-2uIOpI/AAAAAAAAAog/UTO_26U-Y_U/s400/Imagen033.jpg" border="0" /&gt;&lt;strong&gt;18 y Yaguarón&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Tras una muestra más de la morbosidad de mi insomnio (habría que hacer un estudio de las horas de sueño desaprovechadas en función del apogeo del youtube), me desperté el martes a eso de las doce y cuarto del mediodía, apuradísimo por ir a terapia, que empezaba a la una. De cierto modo, los martes y viernes he construido una suerte de rutina que se basa en levantarme, agarrar La diaria –me llegan sólo los martes y viernes- y tomarme el 121 (casi siempre haciendo todo esto como una creación de George Romero).&lt;br /&gt;Iba a ser un día como cualquier otro, hasta que me fijé en la sección cultura. Un artículo de JG Lagos hablaba de dos libros de Roberto Apprato, uno de ellos llamado 18 y Yaguarón, libro cuyo título capturó mi atención (y luego sabría por qué), por lo que seguí leyendo. Fue ahí que mientras lo leía, comencé a sentir algo entre enojo y asombro -más que enojo, frustración, más que asombro, miedo. JG Lagos estaba hablando de una novela que yo había estado escribiendo durante todo este año. (Explicar las coincidencias entre lo que he estado escribiendo y la reseña que leí significaría hablar de lo que yo espero escribir, o a lo que esperaría llegar en mi escritura, es decir, tendría que elaborarles una especie de manifiesto de cómo tendría que ser leída mi novela, cosa que me resulta algo ridículo y rimbombante, por lo que me voy a limitar a decir que compartía con Appratto cierto marco teórico, y el hecho de que la mayoría de mi historia se desarrollaba en, nada más y nada menos, &lt;em&gt;18 y Yaguarón&lt;/em&gt;). De algo estaba seguro, ni Apprato ni yo nos habíamos leído nuestros respectivos trabajos. Mi novela –o lo que hace unas semanas me ha empezado a gustar llamar novela- estaba celosamente guardada en un archivo word que nunca salió de la computadora. Appratto la debe haber guardado en un cajón, un montón de hojas de computadora escritas a mano, o vaya a saber uno qué. No había leído ningún material suyo, salvo una reseña que se le había hecho a otro de sus libros, &lt;em&gt;Se hizo la noche&lt;/em&gt;. La idea de una posible telepatía comenzó a invadir a mis hipótesis, y por un momento comencé a temer la borgeana posibilidad de comprarme el libro, leerlo y descubrir que comienza exactamente igual al mío.&lt;br /&gt;Al día siguiente a tal hallazgo, sin quedarme otra, decidí comprarme el libro.&lt;br /&gt;Por suerte, fueron pasando algunas cuantas carillas y terminé tranquilizándome, al ver que el libro no era tan parecido como me lo imaginaba. Sí puedo encontrar ciertas cosas en común, pero no era la coincidencia anuladora que me aterrorizaba. Pero he aquí la curiosidad: el libro no era igual al que venía escribiendo, pero sí retomaba algo que me venía obsesionando en los últimos meses –sobre todo, desde que empezó la primavera. Básicamente podría decirse que todo el cuento se basa en la espera de un semáforo en rojo en la famosa esquina que corta al Centro de Cordón. El protagonista consigue un libro de Adrián Iaies y comienza a pensar sobre ciertas coincidencias y qué significa realmente ese disco y esas canciones, qué significa el hecho de haberlo buscado tanto tiempo y encontrarlo en ese preciso momento, cómo se puede encontrar el coagulante entre aquella noche que lo escuchó en un auto de Carmelo, y ahora que se lo acababa de comprar. Pero ese cuestionamiento no se queda exclusivamente en eso, y desemboca en una disección analítica de qué significa 18 y Yaguarón, qué significa la calle más allá de su condición de calle y su nombre –que a pesar de ser sólo un nombre cambia todas las cosas-. Appratto emprende esa empresa con tal convicción, con tal lucha a uñas y sudor con y contra el sentido que por momentos parecería que estaría por llegar a una verdad, una verdad a la que ningún filósofo había llegado: qué significa estar en determinado lugar, en un preciso momento. Es tal la introspección que por un momento pareciera que te hiciera un agujero en la dermis del mundo, para mostrarte, entre muchas sombras, vapores y chirriantes engranajes, el sistema de relojería suizo que está detrás de nuestros telones.&lt;br /&gt;Unas semanas atrás me estaba yendo de la casa de María. Lugano es una calle empedrada y a la altura de 19 de abril se levantan unos cuantos jacarandás, que, justo antes de llegar el verano empiezan a largar furiosamente todas sus hojas, encharcando de lila las angostas veredas y parte de la calle. En esa esquina uno se enfrenta al Jardín Botánico, con una linda residencia de ancianos (si la conjuncion de ese adjetivo con tal sustantivo es posible) a su derecha, y una extraña casa de ladrillo a la izquierda. En esa casa había un viejo tomando un te, recostado con algo de dificultad en una hamaca. El día no estaba muy soleado, más bien se generaba una extraña sensación plástica en que el cielo nublado, curiosamente oscuro, volvía más fosforescente el lila de los jacarandás. Después también me percaté que en 19 de abril el follaje de los árboles era particularmente verdoso, y me llegué a preguntar si me pasaba algo en la vista. Fue en ese camino cuesta arriba hacia Suárez (con las garitas militares de la casa presidencial viendo cómo un tipo caminaba mirando hacia arriba), que me comenzaron a invadir una serie de extraños pensamientos de corte místicos o panteístas que nunca me habían venido. Nunca fui consumidor de hongos, ni nada por el estilo, pero aquello lo sentí como un extraño viaje. Caminaba con la cabeza apuntando al cielo y mientras miraba a los árboles mecerse por el viento sacaba conclusiones como “estos árboles están acá desde antes que yo naciera, hasta qué punto son meros espectadores y no actores de todo esto”. Convengamos que tales tipos de razonamientos no son tremendamente originales, y por momentos parecen medios hippie-pedorros, pero lo que me impactaba no era la naturaleza de las conclusiones, sino la forma que me aferraba a ellas, la idea de que realmente viendo aquellos árboles estaba entendiendo algo que nunca antes supe conocer. Y después vino un olor del aire que me hizo acordar a una casa de artesanía que iba cuando era chico. El recuerdo es sencillo, pero conservo una extraña cantidad de elementos satélites que son indisociables a tal construcción. Tendría cinco años, era un día feriado y yo estaba disfrutando del dibujito de Las cazafantasmas, un programa que no podía ver por mis horas preescolares. Recuerdo que mis padres me dijeron que tenía la clase de artesanía. Recuerdo una bufanda y un aire otoñal que es el principal salvoconducto que me lleva a tal cadena de imágnes. Y me acuerdo del lugar, una casa con un fondo tapizado de hojas, un altillo con luces amarillentas donde trabajábamos con arcilla y esas cosas. Recuerdo que se hizo de noche y que quise hacer en arcilla un salón de baile donde bailaba Icabot en el dibujito de El jinete sin cabeza, que tanto me gustaba y daba miedo de niño. Y también me acuerdo de mi abuelo yéndome a buscar, un golpe que se dio en la cabeza, mi impresión imaginándome el dolor del golpe con el techo de ladrillo en esa calva tersa, el pequeño pozo que le había quedado por un injerto de piel que se tuvo que agregar a la pierna, tras la extirpación de un tumor en su pierna. Todo esto me venía, más bien, siempre me viene cuando huelo aquel olor del aire. El olfato es el sentido más colindante con el inconsciente. El oído y la visión están sobrecodificados, y el tacto y el gusto comparte con ellos la capacidad de conseguir un objeto intermediario para recrear determinada sensación en el momento que se precise (uno siempre puede volver a probar antiguos manjares, uno puede –dentro de lo posible- volver a tocar la misma superficie). En cambio, el olfato es pura evanescencia. Prácticamente no hay forma de aprisionar los olores, tal como pretendía Jean Baptiste Grenouille en Perfume, esa película romanticista media exagerada pero algo interesante que salió hace poco en el cine. El olfato es algo caprichoso, y se aferra a olores muy diversos, que no suelen ser encerrados en fragancias. Por esa misma razón, ciertos olores están como en una periferia, sin poder ser recreados, sino que se presentan cuando ellos quieren, como ese olor fresco que sentí en ese trayecto de una cuadra por 19 de abril. Siguiendo con estos devaneos metafísicos, por un momento llegué a la conclusión que ese olor era suficiente para recrear un momento particular, y que en cierto punto podía demostrar que pasado y presente no están tan escindidos después del todo. Por un momento llegué a pensar que incluso si indagaba un poco más, podía descubrir una suerte de máquina del tiempo, pero este es un pensamiento que se daba de lleno contra una puerta cerrada, invisible.&lt;br /&gt;Es en este sentido que vuelvo a Appratto. El tipo comienza a tejer una serie de razonamientos, una introspección exhaustiva que por momentos está a punto de revelar, abrir esa puerta que yo apenas llegaba a intuirla. En la página doce del libro dice: &lt;em&gt;“Estar en el centro es como no estar en ninguna parte, es el comienzo de un relato que va hacia atrás, traza un dibujo en el que unos puntos se destacan, sólo por un segundo, ocupan un lugar y luego desaparecen para que aparezcan otros. Es el pasado que insiste en que lo miren de otra anera (…) el espacio de las veredas deja tiempo para pensar. ¿El pasado? Todo el centro está en pasado, todo es el pasado. Al pensarlo se abría otro espacio, una serie de escenas: me veía caminando a la vuelta del IPA para tomar cerveza en la esquina; con mi padre, en La Sibarita, comiendo un churrasco con huevo frito y papas fritas; en un bar de enfrente con tosa la clase del loce; entrando al cine Trocadero y pagando la entrada ahí; a la izquierda; esperando el ómnibus en la parada que está delante del otro cine; cruzando las carteleras de El Día; entrando en la falería Yaguarón para comprar un regalo; subiendo las escaleras de Jaque, arriba del palacio Díaz. Cada una de esas escenas es una lectura de 18 y Yaguarón, una lámina coloreada apenas, para que yo reconozca detalles de su presencia, pero no sólo de su presencia, sino de lo que eran para mí. Es como pasar de la indiferencia a la diferncia y concentrarse. En ese punto, como veo ahora, la luz disminuye”.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Todo aquello es como una búsqueda desesperado por trascender lo simbólico y llegar a agarrar lo real, pero en el fondo sabemos que aquello es como cazar majuga con las manos.&lt;br /&gt;Ahora estoy esperando al 522, en la parada de 21 de setiembre en frente a Patio Biarritz. Huelo el mar, veo el cielo al borde de la noche y escucho &lt;em&gt;Out of this world &lt;/em&gt;de The cure, y sé que está por venir una nueva cadena de asociaciones. Y verdad, no existen historias, en el fondo las historias es una forma de trabajar la materia prima desordenada que nos llega de un continente que ni siquiera conocemos. Hay gente que le llama azar, otros que le encuentran causas místicas, religiosas, económicas o psicológicas, yo sencillamente pienso que hay un espacio entre medio, un nudo, una equis perdida y bastarda que une a esta canción del Bloodflowers con esta tipa desconocida que está sentada al lado mío en la parada, su campera de nylon violeta y sus jeans oscuros, no la mina dentro, sólo la campera de nylon violeta y los jeans oscuros, un punto invisible que la une por sus prendas a la canción, a este olor a mar que viene de la rambla con &lt;em&gt;See Jungle&lt;/em&gt; de Bow Wow Wow, y a la vez con esos afiches que había en el Dickens cuando todavía era un brillante alumno de inglés, con esos afiches: Candbridge, Oxford, tipos haciendo windsurf, Stonehage y ese jueves que no tuvimos clase porque no fue nadie, esa película que nos hicieron ver porque no fue nadie, Borrasca blanca, el puerto al que los jóvenes marineros de Borrasca Blanca van al inicio del film y un dibujo que había hecho antes de ir a clase, dos niños mayas cabalgando un rinoceronte, la historia de dos niños mayas que hacían travesuras en una Centroamérica llena de rinocerontes, jugos boom y una noche que le pregunte a mi abuelo qué significaba censura, pensando que era una palabra sexy, cuando la palabra censura no tenía que ver con ningún alemán, y mucho menos con gobiernos o medios de prensa, cuando la palabra censura no era nada más que eso, una palabra escrita en un afiche en el cual aparecía una calavera fosforescente agarrándole el cuello a una tipa.&lt;br /&gt;Y cosas como eso. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21178141-5838299197377201351?l=degollandocisnes.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://degollandocisnes.blogspot.com/feeds/5838299197377201351/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21178141&amp;postID=5838299197377201351' title='42 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21178141/posts/default/5838299197377201351'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21178141/posts/default/5838299197377201351'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://degollandocisnes.blogspot.com/2008/12/seis-fotos-hace-unos-meses-me-cambiaron.html' title=''/><author><name>Agustin Acevedo Kanopa</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12314255833701676811</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://photos1.blogger.com/hello/67/10024/640/1143379742_f.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/SUgU_JWRP1I/AAAAAAAAAo4/1oF8717hPwI/s72-c/Imagen019.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>42</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21178141.post-834123703647435307</id><published>2008-11-20T20:06:00.004-02:00</published><updated>2008-11-20T21:30:28.864-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='metaurbanismo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='al fondo a la derecha'/><title type='text'></title><content type='html'>&lt;strong&gt;No tan Buenos Aires&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;The hungry and the hunted&lt;br /&gt;Explode into rock'n'roll bands&lt;br /&gt;That face off against each other out in the street&lt;br /&gt;Down in Jungleland&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;       Bruce Springsteen, Jungleland&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Don’t try to be a hero&lt;/em&gt;, me repito ni bien pongo los pies en la terminal de Buquebús de Buenos Aires. Me sorprende haber entrado sin ningún chequeo. De hecho, ni siquiera pasé por migraciones, lo cual vuelve las cosas extrañamente excitantes. Pienso que tranquilamente podría salir a la calle Córdoba, disparar tres tiros a la espalda de un empresario y volver cruzar el charco de regreso. El vidrio del lugar se mantendría estoicamente resquebrajado por unos segundos, y luego se desplomaría, ahogando los gritos de yuppies y comensales de aquel lugar que salen del lugar en esas corridas gachas que siempre me resultaron tan graciosas. Yo me iría caminando, mezclándome entre la gente, arrojando el revólver con la tranquilidad de aquellos gangseteres de películas, que se vuelven y se meten en cachilas negras estacionados en segunda fila. Si la policía investigara, no habría nada que pudiera incriminarme, &lt;em&gt;yo nunca estuve en Buenos Aires&lt;/em&gt;. Reviso por vigésimo cuarta vez la mochila, tres remeras, un calzoncillo, un pantalón, medias, el libro “Vírgenes Suicidas”. En un sobre de Rumbos efectivamente está mi pasaporte y los cien dólares para arreglarme en la jungla de neón.&lt;br /&gt;A diferencia de las anteriores veces que viajo a Argentina, en esta subyace la idea de que aquello no va a ser precisamente una aventura. Es una visita puramente teleológica: ir al Personal Fest--&gt; ver a Mars Volta--&gt; de paso pispear algo de REM. Hace unos días el novio de una prima mía me había comentado lo bien que la pasó en el toque de Dave Matthews Band, realizado en esa misma orilla, no hace más de un mes. Había tenido noción de aquella presentación, pero por alguna razón no se me había movido un pelo. Ir a aquel toque nunca figuró en mis planes, aún contando el hecho de que por aquella fecha mi calendario estudiantil –y mi bolsillo- estaba bastante holgado. Pero no hice nada y prácticamente me había olvidado del asunto, hasta que en aquel cumpleaños me puse a conversar con el novio de mi prima. Me comentó sobre la lista de temas, el swing del baterista, lo avejentado que está Tim Reynolds, cómo se suplió la ausencia del saxofonista, muerto no hace mucho. Yo escuchaba todo aquello con una sensación de extrañeza, como si fuera un preso al que se le cuentan los asuntos cotidianos, sin poder evitar sentir aquellos cuentos de libertad como abstractos, demasiado lejanos. La tristeza que me invadió una vez de regreso a casa, mientras digería la industrial cantidad de sándwiches de &lt;em&gt;Las gaviotas&lt;/em&gt; que me había comido, no era un reproche por habérseme pasado, ni siquiera por sencillamente habérmelo perdido. No, lo que más me jodía es que en realidad aquello no me importaba demasiado. Era la tristeza de aquel amigo al que se va dejando de llamar, de aquella canción que ya no logra erizarte la piel, de aquella mina que te gustaba que te la cruzás por la calle, quedándote hablando con ella y encontrandola mucho más fea de lo que recordabas. Todo aquello era un miedo similar al que comenzaba a sentir por The Mars Volta. Los últimos discos –si bien el último está bastante bien- están muy lejos de la altura de los primeros dos, dejándole las llaves de la casa a Omar Rodríguez López, un tipo que sin una persona manipulando el carretel, se le va demasiado la moto.&lt;br /&gt;Compararlo con los primeros toques de los Sex Pistols en el &lt;em&gt;Lesser Free Trade Hall&lt;/em&gt; de seguro es algo exagerado, pero, al menos para mi acotado grupo de amigos, en un marco en el que MTV era el único standard asimilable –al menos para nosotros, ignorantes chicos sin hermanos mayores de buen gusto-, la primera vez que vimos a Mars Volta tuvo un efecto bisagra similar. Eran las entregas de los MTV Latinos y posiblemente todos en nuestras casas esperábamos desganados otro premio inventado para que se lo ganara Shakira, Juanes, o bolsas de humo por el estilo, cuando Zack de la Rocha presentó a esa banda de apariencia setentosa (afros, camisas abiertas, jeans tan ceñidos que parecían tatuados en los muslos). Uno ve aquella presentación y no se le acerca a otras presentaciones netamente superiores de la banda de El Paso, pero aquella performance nos resultó tan intensa, tan diferente a todo lo que conocíamos, que no pudimos procesarlo, se instaló como un trauma, sin saber si aquello era bueno o malo. El día siguiente, a eso de las 7:30 de la mañana todos entramos a la misma clase, y sin decirnos siquiera hola, nos miramos nuestros ojos exaltados y dijimos &lt;em&gt;“sí, yo también lo vi”&lt;/em&gt;. Desde ahí, la idea de verlos en vivo, incluso ser aquel moreno al que Cedric Bixler le quitaba los lentes, se había convertido entre nosotros un mito fundacional, algo frente a lo que considerábamos demasiado lejano, casi imposible. Ahora, luego de llamar a Jorge y coordinar un punto de encuentro (Librería Ateneo, Santa Fé y Callao), el miedo de un brazo con poros cerrados comenzaba a invadirme de nuevo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/uniIa8rA9U0&amp;hl=en&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/uniIa8rA9U0&amp;hl=en&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Camino por la calle mirando para muchísimos lados porque tengo el I-Pod al mango y temo que no escuche un auto y me atropelle sin más, con esas cebras que a diferencia del respeto que se le tienen en Uruguay, los porteños se lanzan como leones hambrientos. Hay algo que está mal. Lo presiento, el corazón me late en la muñeca, el bruxismo y un tic a la altura de la mandíbula amenaza con dejarme completamente desdentado. La sensación de peligro se vuelve inminente, y pronto comprendo que se debe a cuatro cosas:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;1) Haber dormido cinco horas de las últimas cuarenta y ocho. Durante el viaje estuve sobregirado, sin poder dormir, aprovechando esa última descarga del sistema simpático para leerme ochenta carillas de Las vírgenes suicidas. Recién me rendí a los últimos diez minutos, por lo que quedé entre un estado de sueño y vigilia que desorienta un poco. Las cosas parecen al borde de efectuarse, los pensamientos parecen explotarte en la cara, uno siempre está a escasos pasos de llorar, cagarse de la risa o encajarle un piñazo a alguien, sin tener mucha idea de por qué 2) Todo el viaje estuve escuchando música. This Heat, La Hermana Menor, Bruce Springsteen, Funkadelic, Sex Pistols. No he escuchado un solo ruido humano desde que llegué a la ciudad porteña, por lo que todo parece sumido a un extraño sentimiento de irrealidad, como si sólo cuatro de mis cinco sentidos se hubieran tomado el Buquebús. En una película muda, la falta de sonido parece aplanar la imagen. En el caso de llevar tu vida tapada por una banda sonora, el entorno, más que enmudecer, parece ser hablado por otro, generándose entre la ciudad y la cabeza de uno, esa otra extraña sensación que se da cinematográficamente al ver una película con problemas de &lt;a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Lip_sync"&gt;lip-sync&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;3) Al punto anterior, agregarle que todo el camino por Córdoba esta musicalizado por Johnny Rotten y cía, y por primera vez –como pasa con una persona que tiende a entender las cosas demasiado tarde- me doy cuenta de la dimensión de lo que dice Greil Marcus en Rastros de carmín, sobre la primera vez que se escucharon temas como aquellos. Greil Marcus decía que aquello no era simple rebelión, era algo que desconcertaba y hasta daba miedo, algo frente a lo que la gente pensaba si aquello realmente estaba ocurriendo, como quien ve una explosión, o un catastrófico choque de autos, sin animarse a mover, sólo viendo cómo salen los cuerpos ensangrentados de los acordeones metálicos. Es difícil escuchar Bodies e imaginársela en 1977. Realmente es una canción jodida, tan jodida que aún hoy resultaría incómoda –sobre todo a Tabaré Vázquez-, más aún si uno la escucha de la perspectiva de su propio idioma (nunca nos va a impresionar tanto como a los ingleses en esa época, porque no es lo mismo escuchar &lt;em&gt;She don't want a baby that looks like that/ I don't want a baby that looks like that/ Body, I'm not an animal/Body, an abortion&lt;/em&gt;, que en español). Después de los Pistols llegarían Jesus Lizard, y algunas cuantas bandas de metal noruego que hablan de garcharse a bebés por la tráquea, pero desde una perspectiva histórica, aquello es tan jodido que es difícil imaginarse qué pasaría si uno lo pusiera a volumen bien alto, en una casa de Parque Miramar.&lt;br /&gt;4) Buenos Aires en sí, desde su misma histeria, para un diminuto y neurótico Montevideano, es una ciudad intimidante. Esa necesidad de buscar el deseo del otro, a diferencia de Montevideo, que parece más que nada gritar No! en cada esquina, puede trastornar bastante a uno. Me subo a un taxi y cruzamos la 9 de julio. La avenida es tan ancha que por un instante, uno siente que se le va a cerrar sobre sí mismo como un libro, aplastándolo como una desprevenida hormiga. A su vez, el automóvil avanza a unos sesenta kilómetros por hora que en la calle se sienten como ciento veinte, surcando tetas de tres metros de diámetro, coronadas en afiches de comedias de revista en numerosos edificios. Así, semi-dormido como estoy, por un momento tiemblo ante la idea de que un afiche gigante de Florencia de la V cobre vida, destruyendo la ciudad a su paso al mejor estilo Motra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El conductor no tiene muy buena pinta. Me quedo con la vista clavada en una araña que tiene suspendida en el reverso de su mano. El otro día había visto &lt;em&gt;Promesas del Este&lt;/em&gt;. Muy buena la película. Mortessen le funciona como un relojito a Cronemberg. Pienso en aquel material extra que venía con el DVD, un mini documental sobre tatuajes carcelarios, en los que hacían un corte semiológico, explicándote el significado de los más comunes. Justamente, en el inventario aparecía la araña, que en el caso de caminar para arriba significaba que el ladrón seguía cometiendo crímenes, y si caminaba para abajo, ya se había retirado. A ver, en este caso camina hacia abajo, me quedo tranquilo, el tipo no me va a hacer nada,&lt;br /&gt;¿Dije eso?&lt;br /&gt;El estado de semi vigilia me asalta la duda de si estaba pensando aquello en voz alta, pero el conductor ni se inmuta, lo cual significa que probablemente no haya dicho nada –o que el tipo se haga el boludo, para desquitarse después, quien sabe. En una calle aleatoria de Santa Fé le digo que me baje, y el tipo amistosamente me dice “Son * pesos, maestro” (*me olvidé cuanto era). Le doy la plata, y calculando mal la transformación de monedas, me doy cuenta que le dejé como veinte pesos –uruguayos- de propina.&lt;br /&gt;Si fuera por mí, hubiera seguido escuchando música, pero el I-Pod se terminó dejándome solo, habiéndosele descargado toda la batería.&lt;br /&gt;Buenos Aires ahora se convierte en una ciudad tridimensional.&lt;br /&gt;Camino un poco y me voy metiendo en algunas galerías y librerías. Busco &lt;em&gt;Historia de las drogas&lt;/em&gt; (los tres tomos gordos) de Escothado, pero nadie los tiene. Hay una camiseta de Nueva Chicago, pero me parece que es medio gastadero, para las otras cosas que tengo pensado comprarme. Entro en La quinta avenida y se me cae la baba con los discos que hay. &lt;em&gt;NEU! 2&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Thank you for mental illness&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;The Modern Dance&lt;/em&gt;… &lt;em&gt;I ofren dream of trains&lt;/em&gt;!!!. No puedo ocultar mi exaltación al borde del meo, pero los precios son violentos, y considerándolo bien, podría comprar aquello via internet y me saldría mucho más barato. Luego de hacerle veinte preguntas al tipo, le pido que me de el nombre de la tienda y me pregunta si soy de allá. Le digo que no, y resulta que el tipo también es uruguayo, pero extrañamente, no quiere conversar nada de aquel lugar. &lt;em&gt;Abraxas&lt;/em&gt;, la tienda. Me voy caminando, viendo como la tapa del disco de Robyn Hitchcock se comienza a hacer cada vez más chica a medida que me alejo, como si fuera una novia a la que ve perderse en el tren desde mi andén.&lt;br /&gt;Le pregunto a dos veteranos sobre la &lt;em&gt;Bond Street&lt;/em&gt; y ninguno sabe dejarme instrucciones claras. Camino un poco más y veo a dos minas con pinta de ser fans de Miranda!, y demostrando que mi target sigue bastante ajustado, me lo dicen con la naturalidad de quien va para allá dos veces al día.&lt;br /&gt;Es un jueves, pero yo recuerdo a la Bond Street más llena. La última vez que había ido, aquello era un hormiguero de emos, darks con borceguíes ortopédicos, minitas kitsch ansiosas por tatuarse una estrellita en la nuca. Ahora –por lo menos a las cinco y media de la tarde- no hay casi nadie, dos gordos peludos con camisetas de Iron Maiden y Megadeath, una veterana con cara de haberse matado a efedrina, tres chicas liceales con la corbata aún puesta ojeando unos piercings entre risas anticipatorias, y dos tipos comunes, sin nada con lo que calificarlos. Las tiendas siguen siendo más o menos las mismas. Busco alguna camiseta –en otros años, las compras de indumentaria casi exclusivamente las realizaba en aquella galería-, pero pronto el descubrimiento de que no hay nada que me interese ponerme de ahí se me revela como un mensaje que va mucho más allá de lo meramente indumentario: las camisetas son las mismas de siempre, aquellos mensajes graciosos, elocuentes, ingeniosos que siempre me había gustado llevar, pero ahora no me generan nada, es más, miro los diseños con cierta incomodidad, como quien se mira en fotos un peinado suyo demasiado atado a una época determinada. Paso por las galerías y sigo sintiendo una extraña sensación de decadencia, pero pronto comienzo a pensar que quizás no es la Bond Street, sino yo el que cambió. Estoy por comprar una camiseta del Goo para mi hermana, pero solo tienen large. En una tienda de discos me compro a buen precio el &lt;em&gt;Funeral&lt;/em&gt;, de Arcade Fire. Estoy casi rindiéndome, cuando voy a una tienda de comics arty que siempre me había gustado. En la tienda una tipa de unos treinta y pico me pregunta si andaba buscando algo en especial, y le contesto sin mucha esperanza, “Algo de Julie Doucet”. La tipa me conduce a una esquina de la tienda y de ahí saca “Diario de Nueva York”, otro libro que no recuerdo y otro de los diarios, pero este organizado como una agenda, con trescientos sesenta y cinco días detallados con ese puntillismo casi barroco que caracteriza a la canadiense. Ya había comprado casi sin fijarme el precio una liadísima edición de “La sociedad del espectáculo”, y el precio de los libros de Doucet me descorazona un poco. Mientras le comento lo mucho que había buscado material de la canadiense, la mujer me pregunta “Vos no sos argentino, no?”. (Cuando tres personas en una hora te preguntan si sos extranjero, de seguro algo mal estás haciendo). Le revelo mi procedencia, y me dice que siempre había querido ir a Uruguay, que de hecho el dueño de la tienda es uruguayo, y siempre le dijo de ir con ella. Yo sigo medio cruzado, con una sensación de pródromo a un panick attack fulminante, y le digo algunas cosas medias erráticas sobre las diferencias entre Buenos Aires y Montevideo, y la necesidad de visitar a Uruguay bajo sus propias normas, teniendo que ir en plan de ciudadano, más que de turista, para apreciarlo plenamente (intentaba hacer un repaso mental de mi anterior post, pero largo frases inconexas muy poco claras). Salgo del local y vuelvo a entrar, para preguntarle si por casualidad tienen el “Please Kill me” –que no, no lo tienen, pero sí les queda uno llamado “Please eat me”, que es sobre hardcores veganos, o algo por el estilo-, y para ofrecerle colocar mi libro en alguna de sus bateas. La tipa accede sin ningún problema y me pregunta a cuánto quiero venderlo. Le respondo “al precio que a vos te parezca, no voy a volver a acá, no te voy a reclamar ninguna plata”. Ni bien lanzo mi respuesta, noto aquella frase como muy dramática, casi fatalista, y la tipa me dice “bueno, tampoco para tanto, che”. Le digo que lo ponga a un precio sumamente accesible, y decide marcarlo a quince pesos. Le digo que si le parece bien, a mi también me parece bien. Me despido y la tipa se me queda mirando como un bicho raro, mirando el libro y comparándome con el tipo de la solapa de Caja Negra, que sentado en un escalón y mirando para el costado parece un poco más seguro, esperanzado, o sereno.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5270883776080713634" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 360px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/SSXw3jWpF6I/AAAAAAAAAn4/IkKa-k_tkFA/s400/bigtimeattic_doucet_1.jpg" border="0" /&gt;Espero a Jorge en Librería Ateneo. Es mi tercera vez ahí y se termina confirmar mi suposición:&lt;br /&gt;Librerías como Ateneo, son a la literatura lo que los Blockbusters son al cine:&lt;br /&gt;Montañas y montañas de nada.&lt;br /&gt;No sólo es incómoda como librería, sino que tienden a llenarte el ojo con una estantería con cincuenta ejemplares del mismo libro de Paul Auster, mientras que de Bukowsky –que tampoco estamos hablando del inconseguible &lt;em&gt;Razones Locas&lt;/em&gt;, de Alencar Pintos- sólo tienen (a duras penas) Mujeres y La senda del perdedor. El resto, estanterías y estanterías de libros de autoayuda, ediciones paquetas de los mejores fotógrafos, Arte y Diseño, libros para turistas sin mucha imaginación, una sección de literatura argentina que tiene veinte mil libros de Sábato, y apenas dos de Lamborghini.&lt;br /&gt;Enojado por aquello, me dispongo a esperar a Jorge en la puerta, cuando me lo encuentro, empilchado con ropa de oficinista.&lt;br /&gt;Agarramos para abajo y nos tomamos unas cervezas en un bar bastante familiar. Traen una buena picada, cortesía de la casa, y a medida que tomo, siento que por primera vez en el día las cosas se van ordenando por sí solas, como quien deja asentarse una masa. Como si hubiesen sacado a Buenos Aires de una licuadora, para dejarlo reposar en la heladera.&lt;br /&gt;Lo que queda del día pasa rápido: subte, ómnibus a Flores, casa de Jorge, familia de Jorge, delicioso sushi nunca antes comido en restaurante japonés escondida, jugar a contar judíos en Flores, corto descanso, noche en San Telmo.&lt;br /&gt;Es temprano, pero le digo a Jorge que si no vamos a San Telmo a eso de las doce y media, probablemente me duerma o me desmaye en el cuarto. El auto de Jorge surca bastante veloz un Buenos Aires todavía medio dormido- medio despierto (tal como yo, confiado en el cinturón de seguridad). Jorge mantiene a rajatabla el fascismo beatlero, mi capacidad de elección sobre la música del auto se limita entre Macca, Lennon y Harrison. Fiel a mis gustos, elijo el &lt;em&gt;All things must pass&lt;/em&gt; y le comento, sólo por hacer daño, que los Beatles sin George Martin no hubieran sido nadie.&lt;br /&gt;San Telmo está tranquilo, todavía es temprano y sólo está relativamente exultante en la plaza principal. Vagamos por las callejuelas y terminamos en un bar llamado Libido, que de libido en realidad no tiene nada, perdido en una esquina, vacío, con un aire a los cuadros de Edward Hopper. El precio está muy bien, Jorge pide una Stella Artois y yo un Jameson. Los pure malt se me convirtieron en un fetiche en estos últimos meses. El mozo llega con un vaso ultra cargado, que por lejos supera todas las normas en cuanto a medidas, lo que es una muy buena noticia. A medida que tomo, el cuerpo se me afloja. Me he dado cuenta de que todas las cosas que hago se vuelven mejores si tengo dos whiskies arriba. Eso sonó a discurso de borracho, pero realmente, las cosas adquieren otro orden. La felicidad y la tristeza, la excitación y la desidia, la risa y la seriedad, lo lúdico y lo intelectual, todo es mejor, tiene otra dimensión con un poco de whisky arriba.&lt;br /&gt;Día D. En el camino al Personal Fest, la muchedumbre bastante bien arreglada se entremezcla con huestes rollingas, indiferentemente vestidos de negro, lo que los hace ver como un híbrido entre fans de Viejas locas y My Chemical Romance. Resultan un cuerpo extraño, al menos para el perfil que uno espera en base a las bandas que van a tocar. Es ahí que en determinado punto nuestros caminos se bifurcan, y ahí me informan que, a escasas cuadras, hay un toque de Ratones Paranoicos. Habíamos quedado en encontrarnos con unos amigos de Montevideo en la puerta: Pez Rabioso, El barón de la laguna y El cápsula, que se estaban hospedando en el dudoso &lt;em&gt;O Rei&lt;/em&gt;, hotel de treinta pesos la noche. Como es de esperar, los pibes no llegan a tiempo y nos tenemos que meter, por miedo a que los Volta empiecen sin nosotros. En el camino me encontraré por primera vez con Hiram, vocalista de la uruguaya &lt;a href="http://profile.myspace.com/index.cfm?fuseaction=user.viewprofile&amp;amp;friendID=62925526"&gt;Psiconautas&lt;/a&gt;, que, antes de decirme &lt;em&gt;hola&lt;/em&gt; me pregunta si tengo porro, al servicio de un ademán reconocible formado por el arco entre el dedo índice y el pulgar.&lt;br /&gt;En el cacheo de la entrada me preguntan si llevo drogas conmigo, y por un momento pienso decirle “tengo un par de supositorios de opio en el culo, si querés revisame”, pero prefiero hacerla fácil y digo “no”. "Mejor, entonces", me responde el security.&lt;br /&gt;Me ofrecen la bincha corbata, pero no la acepto. Pronto los poco comunes fucsia y violeta se convierte en colores primarios.&lt;br /&gt;Jorge y yo tratamos de hacernos un lugar como podemos en la muchedumbre que se agolpa esperando el show de Mars Volta. A nuestras espaldas, en el otro escenario, Emanuel Horvilleur canta que si no puede ser con ella, mejor querría hacer algo con su hermana. Me sorprende que con todo, ante semejante mariconeada, no hay reacciones particularmente violentsa de ninguno de los que están esperando a Bixler, Rodríguez y compañía.&lt;br /&gt;Me encuentro por segunda vez a Hiram, quien está quemado porque la tripa no le está haciendo efecto del todo. Con Hiram, todas las historias comienzan y terminan con &lt;em&gt;“estaba/mos re entripado/s”&lt;/em&gt;. Los Psiconautas, junto a &lt;a href="http://profile.myspace.com/index.cfm?fuseaction=user.viewprofile&amp;amp;friendid=93011453"&gt;IMAO&lt;/a&gt;, son esos tipos que hacen de su cuerpo una propia tabla de disecciones, que comen o se toman todo lo que crece del pasto, y que, tarde o temprano a este ritmo se convertirán en mártires de los estudios de la psicodelia sobre el cerebro humano. Hiram en especial, es como un niño, pero drogado. Mientras que mi experiencia con triperos no suele ser la mejor, con Hiram la cuestión sigue manteniendo un aspecto lúdico que nunca termina por enmarañarse con tratados místicos, resultando sus cuelgues historias muy entretenidas, dentro y fuera de su cabeza. Unas horas después, me encontraría con mis amigos de facultad, y me contarían el surrealista viaje en el Buquebus a las tres de la mañana, con Hiram jugando a un Tetris y gritando “Esto no es el Tetris, esta música y Bonus no estaban el original!!!”, y luego, completamente entripado, gastándose ciento cincuenta pesos en la maquinita del Metal Slug del Elaida Isabel.&lt;br /&gt;Trompetas de duelo con acentos mariachis abren el show, aparece Omar Rodríguez López y Cedric, con unos rulos que pasaron el limite de lo perdonable, llegándole a la mitad de la espalda. La banda comienza con &lt;em&gt;Drunkship of lanterns&lt;/em&gt;. En una serie de movimientos muy bien coordinados llego a la segunda fila. Durante todo el tema (más o menos media hora), las avalanchas de gente se convierten en una amenaza concreta, en donde la vida de uno parece realmente puesta en juego. Uno termina intelectualizando dichas oleadas, encajándolas dentro de cierta secuencia como Papillón en la Isla del Diablo. Por momentos creo aguantar, pero en ciertos puntos, la presión –tanto de atrás como por delante- amenaza con aplastar mi caja toráxica, vencer mis costillas y dejar todo lo que es recubierto por ellos como una torta aplastada dentro de su caja. El intenso sol no ayuda, y tengo que lograr ver como puedo, con unos lentes que se empañan con mi sudor y los de otros. Al terminar el tema y comenzar Viscera Eyes, siento necesario irme un poco para atrás. Mi rostro está completamente desencajado, y la gente se me aparta, por miedo a que los ataque o les vomite encima. A cierta distancia prudente puedo apreciar el toque. Es un concierto particular. Parezco procesar las cosas de otra manera, no las incorporo auditivamente, sino que todo permanece atado por lazos visuales, imágenes que se me quedan tatuadas en el cerebro, como la figura de Omar Rodríguez López reflejada en el bombo y trepidando ante cada golpe, Cedric parado en un amplificador mordiendo como un pitbull unos cobertores que colgaban de las luces. La gente se emociona, grita, se sabe las letras desquiciadas de los tipos. Viendo al público, los reconozco como una población bastante sincera, de esa gente que se cuelga con los solos, sin preocuparse cuál será la nueva película de Herzog, o qué dice o qué no dice la nueva nota de la pitchfork. En un mundo donde los hipsters crecen como una plaga, los solos de guitarra salvarán al mundo.&lt;br /&gt;El toque termina y tan ensopado como satisfecho me vuelvo tambaleando a una zona de descanso donde vuelvo a encontrarme con Hiram, quien, completamente pasado por sudor como yo, me mira con los ojos a punto de salir de sus cuencas y me dice &lt;em&gt;aguaa, no tenes aguaa, me estoy deshidratando!!!!.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Toca Bloc Party, pero estoy demasiado ocupado en restablecer mis funciones vitales. De pura casualidad, me encuentro con mis amigos. Saludo a Pez Rabioso y lo encuentro hablando con Ariel Minimal, a quien se le va extendiendo una simpática pelada franciscana. Pez Rabioso me cuenta que se tomaron el mismo subte, quedándose hablando con el Ariel de El Loco Abreu.&lt;br /&gt;Luego de dar unas cuantas vueltas, esperamos a REM, teniendo que observar en las pantallas gigantes el triste espectáculo de Kaiser Chiefs, con un gordo que en sus intentos de arengamiento a la gente parece tan inefectivo como un líder de Bariloche entre una jauría de pendejos cachondos.&lt;br /&gt;Del toque de REM saco en limpio un par de cosas. Anduve leyendo los resúmenes de aquella presentación &lt;a href="http://caspadestrellas.blogspot.com/2008/11/pardon-my-freedom.html"&gt;en varios blogs&lt;/a&gt;. A diferencia de ellos, no me emocioné, y mucho menos me sentí al borde de las lágrimas, pero la presentación la admiré desde otro punto de vista, uno técnico, una envidia sobre el gigantesco frontman que es Michael Stipe. Nunca en mi vida vi alguien que cubriera de manera tan increíble el escenario, todos sus movimientos, hasta el mínimo arqueamiento de cejas era parte de una megacoreografía, que envolvía a todos los que estábamos viendo. Objetivamente, Stipe abrió el itinerario del perfecto demagogo y amplió los recursos hasta puntos nunca antes visto, pero por alguna razón, aquello no resultaba incómodo, hasta uno llegaba a compartir sus esperanzas, en esa promesa tan difusa –aunque al menos es un consuelo- de un mundo distinto sobre los hombros de Barack Obama (se llegó a poner una imagen del, en aquel momento, candidato, en la pantalla gigante). En ese manejo de los tiempos y el espacio estriba la diferencia entre la demagogia de Stipe, que si no es creíble, al menos es cautivante (como la de los buenos demagogos, sean héroes o dictadores), y la del gordo de los Kaiser Chiefs. Stipe esbozaba una sonrisa y se caía el estadio, por momentos me llegó a dar algo de miedo, pensando que estábamos todos a su merced, que si lo hubiera querido, perfectamente hubiera exigido algún sacrificio humano y alguno que otro se hubiera presentado con particular estoicismo.&lt;br /&gt;Termina el toque y me voy caminando, cruzándome con un tipo que le podría haber hecho frente a Henry Rollins. El tipo me mira y emocionado me grita “Essssa, Suicide”. Al principio pienso que es parte de un grito intimidatorio, pero entonces me doy cuenta que se refiere a mi camiseta. Nos quedamos hablando de la primera vez que escuchamos Frankie Teardrop, y el tipo me cuenta de sus pasados hábitos darks, de su fanatismo de &lt;em&gt;Einsturzende Neubauten&lt;/em&gt; mostrándome sus cicatrices de tinta con el simpático símbolo de la banda. Le comento aquella simpática situación que relaté en &lt;a href="http://degollandocisnes.blogspot.com/2008/06/snob-el-problema-my-friend-es-que.html"&gt;un post viejo&lt;/a&gt;, y se caga de la risa sonoramente. Ahora que me doy cuenta, tiene todos mis gustos, pero, al igual que en masa muscular, todo lo que hago o me gusta lo supera en entusiasmo, aullando emocionado cada vez que le menciono un disco de Einsturzende o de Nick Cave. Nos despedimos, y me doy cuenta de que por primera vez, alguien no me pregunta si soy de otro país. &lt;em&gt;La música es un lugar&lt;/em&gt;, me repito para adentro, y ahí me encuentro al Cápsula, quejándose de los siete pesos que sale una botella de agua. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5270883777735573218" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/SSXw3phMPuI/AAAAAAAAAnw/MQ1AL_AzNB8/s400/DSCF1027.JPG" border="0" /&gt;A la salida del toque nos cruzamos con otros integrantes de Cadáver Exquisito. Queremos morfar algo, pero extrañamente por avenida Libertador no hay ningun bar, pizzería o lo que fuese abierto. Al final terminamos yendo a un Mc Donalds. Entre la nueva gente que se nos agregó, hay un extraño hombrecito de lentes que habla en voz baja sin mostrar en ningun momento cualquier tipo de expresión. Me dice que puede conseguirme un importante descuento en Mc Donalds, y yo le sigo la corriente (sin muchas esperanzas). Habla con la cajera, y tras mostrarle una tarjeta ella le responde con esa frialdad que solo tienen las cajeras que esa expiró hace tiempo. El le explica que es uruguayo y que trabaja en Mc Donalds. Lo dice con total tranquilidad, no le mira los ojos a la tipa, sino a una parte indefinida de su visera. Sin levantar nunca la voz, ese hombrecito de lentes adquiere una extraña importancia, como si fuera esos senseis japoneses que pese a su tamaño, se los anticipa como mortalmente peligrosos. Efectivamente, la cajera le termina pidiendo perdón y el tipo nos alcanza las hamburguesas, con total serenidad. Luego de comentarle el suceso a un amigo, me cita una canción de Pez, con los que habían estado hacía menos de tres horas:&lt;br /&gt;Y cuanto más grita, menos es escuchado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;El domingo a la mañana comí en lo de Jorge. Tenía que irme a eso de las tres y nos quedamos viendo en familia cómo un negro francés le daba una paliza a David Nalbadian.&lt;br /&gt;Jorge me acompaña a la terminal de Buquebús, dejando abierta las puertas entre los dos ríos, para que pueda visitar quienquiera en el momento que quiera.&lt;br /&gt;En el barco me enchufo el I-Pod recargado. Escucho el &lt;em&gt;Born to run &lt;/em&gt;de Bruce Springsteen. Es un disco exagerado hasta el absurdo, pero tiene una cuota épica que me resulta inevitablemente cautivante. &lt;em&gt;Jungleland &lt;/em&gt;posiblemente sea uno de los temas más estrambóticos que se hayan hecho. Todo es épico. Uno puede estar lavando un colchón y cuando lo escucha se siente un héroe. Sobre todo en esa forma que entran el saxofón y el piano, especialmente en esa parte que The Boss dice con voz temblorosa&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Beneath the city two hearts beat&lt;br /&gt;Soul engines running through a night so tender&lt;br /&gt;In a bedroom locked&lt;br /&gt;In whispers of soft refusal&lt;br /&gt;And then surrender&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Extrañado, miro cómo Montevideo se acerca lentamente por la ventanilla. Estoy terminando Vírgenes Suicidas, me quedan unas pocas carillas. Reviso una bolsa en la que llevo jabones deliciosamente perfumados para María. Un niño de dos años me agarra de la mano, y yo se la dejo, sin saber mucho que hacer, ya que la madre a mi lado está dormida.&lt;br /&gt;Me quedo terminando esas últimas carillas, con la mano del niño apretando mi pulgar, escuchando al Bruce decir&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;A real death waltz&lt;br /&gt;Between what's flesh and what's fantasy&lt;br /&gt;And the poets down here&lt;br /&gt;Don't write nothing at all&lt;br /&gt;They just stand back and let it all be&lt;br /&gt;And in the quick of the night&lt;br /&gt;They reach for their moment&lt;br /&gt;And try to make an honest stand&lt;br /&gt;But they wind up wounded&lt;br /&gt;Not even dead&lt;br /&gt;Tonight in Jungleland&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;,viendo cómo el sol desciende y el mar se vuelve &lt;em&gt;argento&lt;/em&gt;, o más bien, &lt;em&gt;gris&lt;/em&gt; &lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/21178141-834123703647435307?l=degollandocisnes.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://degollandocisnes.blogspot.com/feeds/834123703647435307/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=21178141&amp;postID=834123703647435307' title='48 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21178141/posts/default/834123703647435307'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/21178141/posts/default/834123703647435307'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://degollandocisnes.blogspot.com/2008/11/no-tan-buenos-aires-hungry-and-hunted.html' title=''/><author><name>Agustin Acevedo Kanopa</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12314255833701676811</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://photos1.blogger.com/hello/67/10024/640/1143379742_f.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/SSXw3jWpF6I/AAAAAAAAAn4/IkKa-k_tkFA/s72-c/bigtimeattic_doucet_1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>48</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-21178141.post-2447933313931152413</id><published>2008-10-12T16:44:00.008-02:00</published><updated>2008-10-12T19:02:58.274-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='limpieza en la granja'/><title type='text'></title><content type='html'>&lt;strong&gt;Dueños de la sensación&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;The only questions worth asking today are whether humans are going to have any emotions tomorrow, and what the quality of life will be if the answer is no.&lt;/em&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Lester Bangs &lt;/p&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5256370001840850610" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/SPJgqs--RrI/AAAAAAAAAbM/V4FvEAJ1EpA/s320/D9QEnuQFoepzqrv3ejfDdCDWo1_500.JPG" border="0" /&gt;Paso maravillado las páginas de &lt;em&gt;El hombre ante la muerte&lt;/em&gt;, un laburo monumental realizado por Philippe Ariès, que intenta analizar y ser documento de todos las transformaciones que se han dado, desde el principio de los días, alrededor de los ritos mortuorios de los hombres. El trabajo no se queda en una mera cuestión taxonómica o fenomenológica, y el tipo a partir de sus análisis hace un interesante estudio, no sólo de cómo ha mutado la concepción de vida y muerte, sino también del pecado, la productividad, el romanticismo, el amor y la sensibilidad propia de una época. Hablar sobre el libro daría para rato, pero lo que particularmente llamó mi atención fueron algunas brillantes apreciaciones sobre la muerte de hoy en día, que levanta sus puentes hacia ciertos aspectos de una sensibilidad que impera en la vida cotidiana, así como en las artes. El período que nos abarca será llamado el de &lt;em&gt;La muerte invertida&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;Hasta la primera guerra mundial, al menos en el mundo occidental, la muerte de una persona modificaba el espacio y tiempo de un grupo social, instrumentándose ciertos ritos o hábitos, como podría ser cerrar los postigos, hacer sonar las campanas de la iglesia, o realizarse vistosos cortejos fúnebres. De cierto modo, el duelo no recaía tanto sobre el núcleo familiar, o los más íntimos del difunto, sino que se repartía entre todos los miembros de la comunidad. El tono afectado, casi bullicioso de aquellos funerales, coloridamente patético, y por momentos rozando en algunas aristas con el auténtico festejo, se realizaba para repudiar la muerte, o al menos ahuyentarla temporalmente, es decir, como si la reacción del pueblo fuese más una acción en constructo a la entidad abstracta de la muerte, más que el puro dolor descarnado y desanudado que recae sobre el duelista de nuestros tiempos actuales. Es recién a partir de la segunda guerra mundial –en un mundo que fue testigo del horroroso poder devastador del hombre, al mismo tiempo que iba transformándose conforme a las mutaciones antropófagas del capitalismo- que la inscripción entre individuo y sociedad pierde esa continuidad casi edénica que lo caracterizaba, erigiéndose lo privado, y aflojándose los lazos entre la sociedad (por lo menos en entornos urbanos, o propiamente industriales). En el estado actual de las cosas, la desaparición de un individuo ya no afecta a la continuidad de una colectividad, todo el acontecer transcurre en los días siguientes como si nadie hubiese muerto. Cualquier intento de mostrar dolor ante el resto del mundo es sintomática, o disimuladamente censurado, la muerte se vuelve pornográfica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;De esta manera, se produce un tipo de sufrimiento a huis clos, en donde la sociedad pierde el rol que tenía antes, a la vez que comienza una economización de recursos en lo que concierne a los aspectos ritualísticos y simbólicos (simplificación de los ataúdes, suplantación de los rural cemetery por jardines, etc.). A tal decadencia de ritos le corresponde la totemización de la ciencia como medida de todas las cosas, con la medicalización como principal medidador del hombre en torno a su finitud. A través de ciertos avances tecnológicos-científicos, el médico suplanta las antiguas recetas populares y comienza a poder extender la vida más allá de lo que tenía imaginado. En la medida en que la higiene –por los mismos controles de epidemias- se va convirtiendo en un fin fundamental, la muerte, lejos de ser aquel desenlace dignificador del pasado, se comienza a percibir como algo sucio y repugnante. Las aproximaciones hacia la muerte comienzan a teñirse de esa misma asepsia que caracterizaba a los hospitales, y el mantenimiento de la vida, lejos de ser un criterio más a tener en cuenta, pasa a convertirse en un fin en sí mismo. Tal fin justifica toda intervención, y el hospital va adquiriendo omnipresencia como principal marco en donde la mayoría de las personas dejan de existir. El falleciente deja de ser aquella persona orgullosa y conciente de su destino que impartía sus últimas voluntades desde su misma habitación al resto de sus allegados, y se suplanta por el sujeto débil, entubado, que se muere prácticamente sin saberlo, o lo que es peor, engañado. El mundo comienza a entrar en una etapa llena de Ivanes Illitch, terminales y ancianos a los que son mentidos y conducidos como si fuesen niños (una mentira por partida doble, que no sólo va del médico hacia el paciente, sino que del mismo paciente hacia el médico, haciéndole creer que está creyendo aquello que el otro le dice).&lt;br /&gt;Ante todo, lo que primero impera es la necesidad de mantener a la muerte lo más alejada posible, algo que no sólo se nota en la práctica médica, sino también en los &lt;em&gt;funeral homes&lt;/em&gt; norteamericanos. Cuando parecía que las exequias eran parte del pasado, los &lt;em&gt;funeral homes&lt;/em&gt; (no solo los velatorios realizados en la casa, sino esos servicios privados que se podían ver en series como &lt;em&gt;Six feet under&lt;/em&gt;) descentran de la iglesia los ritos de despedida, pero reconducen los mismos dentro de los imperativos capitalistas: la muerte se vuelve un negocio. Sin embargo, Ariès nos señala que en este negocio de la muerte, hay todo excepto muerte. Mientras que en los antiguos ritos quedaba bastante patente la noción de la muerte, tanto desde su imaginería religiosa, como desde la reacción social hacia ella (sin ir muy lejos, la opción de mostrar el cuerpo en el ataúd abierto), en los funeral homes se intenta mantener una ilusión de vida a toda costa, realizando los velatorios en la casa del muerto, embalsamándolo, maquillándolo, por así decirlo, &lt;em&gt;tuneándolo&lt;/em&gt; con el fin de hacerlo parecer lo más vivo posible.&lt;br /&gt;Ahora, ¿qué tiene que ver todo esto con las cosas que suelo escribir acá –dígase música, cine, o la majestuosidad de Claudia Cardinale?- Parecería que hoy en día hubiera una gran desconfianza hacia las emociones. Se generó un miedo neurótico de pasar al melodrama. La fecha no es precisa, pero en la última década, así como ya se intentaba púdicamente callar al muerto a la hora de dar sus últimas órdenes, las canciones –al menos en el ámbito en lo que por antonomasia se suele llamar rock, no tan así en el caso del pop- comenzaron a cortar, como quien corta vino con soda, el caudal emocional que podía prometer una canción (también está el otro lado de la balanza, que ante la utilización de la teenage angst se terminó banalizando la emoción). Las razones, más allá de la patada al hígado que quedó luego de una de las eras más &lt;em&gt;larger than life&lt;/em&gt; que se hayan registrado(el heavy metal ochentoso, lleno de esas baladas tocadas en la lluvia y &lt;em&gt;tipos-haciendo-sweetpicking-mientras-se-paraban-en-el-manubrio-de-motocicletas-con-forma-de-dragón-prendidas-fuego-dirigiéndose-al-fondo-de-un-volcán-en-erupción-custodiado-por-orcos-con-motosierras-llenas-de-dinamita&lt;/em&gt;), se puede rastrear en la misma estética y filosofía posmo que trata de subvertir todos los grandes discursos (y la muerte no es otra cosa que ese gran e inexpugnable discurso que oímos al final de los días). Cualquier sentimiento purpúreo es tratado con la misma asepsia que un doctor cura una infección, son mirados con una sospecha antigua, como si fuera un aumento drástico en el registro de los glóbulos blancos de un cuerpo, como si fuera un moho creciendo sobre el borde de un pan bimbo.&lt;br /&gt;La vectorización de tal repudio da lugar a dos vías de solución:&lt;br /&gt;a) O bien se elimina de lleno todo sentimentalismo o creencia; o bien se los toma, se abusa de ellos, hinchándolos como a un perro con anabólicos hasta convertirlo en algo completamente diferente.&lt;br /&gt;b) Las dos soluciones toman forma o en recurrir al cinismo para exorcizar la casa del fantasma de la cursilería, o atrapar al mismo fantasma y llevarlo a una tienda ambulante, en donde la gente se ríe y le arroja maní a través de la jaula, pero seguro que detrás de esos barrotes no hay nada que aquel freak pueda hacer.&lt;br /&gt;c) La primera solución se puede ver en el detachment cool de toda verdad o posicionamiento, en las fiestas Compass, en los escritores que malinterpretaron a Carver, en los cineastas que no entienden a Wes Anderson, o en el 90% de las películas indies, como puede ser Juno, con ese rechazo casi neurótico a todo tipo de pathos&lt;br /&gt;La segunda solución se puede ver en Dani Umpi, Miranda!, Closet, el electroclash, Max Capote, Architecture in Helsinki, el pseudo kitsch del diseño de Galería del Virrey.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Interludio I, tiempo es oro&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;El fino&lt;/em&gt; tenía una hot date y me pidió que lo acompañase al shopping a comprarse una camisa. En mi caso, ponerme una camisa significa o que pasó algo muy importante o algo muy terrible (asistir al quincuagésimo aniversario de casados de mis abuelos, o a un funeral, respectivamente), por lo que no soy de las mejores compañías a la hora de asistir en la compra de tal prenda.&lt;br /&gt;Soy alguien que firmemente cree en la posibilidad de elegir y tener preferencias con respecto a prácticamente cualquier tema, ya sea poder determinar si la Patricia es mejor a la Pilsen, si Ráfaga era mejor que Monterrojo, si es preferible la cera a la pinza de cejas, o cual de todas las ex de la Tota Santillán está más buena.&lt;br /&gt;Soy un tipo que ama las decisiones (y que extrañamente votará anulado para las próximas elecciones, aunque eso también es elegir), pero por extraño que parezca, todas las camisas me parecen iguales. Básicamente puedo dividirlas en tres categorías:&lt;br /&gt;a) Las normales&lt;br /&gt;b) Las ridículas&lt;br /&gt;c) Las demasiado gay&lt;br /&gt;Como &lt;em&gt;el fino&lt;/em&gt; sabe esto, suele decidir incluir un tercero a la búsqueda, en este caso Santiago, un hulk rosado reformado, que mediante un cese progresivo de los fierros logró volver su cuerpo adaptable a la ropa en general.&lt;br /&gt;Vamos por diferentes tiendas y se suceden las mismas camisas una tras otras, &lt;em&gt;el fino&lt;/em&gt; y Santiago hablan de texturas, tonalidades y cortes, pero yo sólo veo pedazos de tela a rayas o a cuadros. La cosa se me va volviendo media aburrida, pero entonces a &lt;em&gt;el fino&lt;/em&gt; se le ocurre ir a Zara. Ya había hablado sobre dicha tienda en este post, pero debo volver a señalar que es la máxima expresión de la ropa (al menos la masculina) tan complicada como risible. En el diseño de Zara siempre subyace la filosofía de cuanto más, mejor. Parecería que los dueños tuvieran encadenado a un viejo que decide poner telas polares, parches y bolsillos de forma aleatoria a cualquier cosa que le cae por un tubo, en una celda en donde ni siquiera se llega a ver las manos.&lt;br /&gt;La cosecha de primavera no resulta tan ridícula como la de otras veces, pero entonces me encuentro con este buzo. Es una prenda escote en v, y detrás del mismo sobresale el cuello de una camisa. Pensando que es un extraño descuido de uno de los hiper-masculinos vendedores de la tienda, tomo la percha, esperando separar la camisa del buzo y entonces me doy cuenta de que los dos forman parte de la misma prenda. Me quedo consternado. Cuando era chico había algunos cuantos fanáticos de Kurt Cobain que se ponían una camiseta de manga larga debajo de una de manga corta (algo que hice un par de veces, pero que me resultaba particularmente incómodo), pero al menos compartían las mismas texturas, y podían sacarse una de ellas cuando quisieran. Esto era distinto, y de sólo pensarlo me molestaba. ¿A qué se debe esto? ¿El vértigo de los tiempos modernos, a lo Paul Virilio ha llevado a intentar ahorrar el tiempo hasta el punto de solucionar el trámite de ponerse dos ropas en un mismo movimiento? ¿Una nueva revolución sexual ha llevado a que la gente a tal libertinaje que es necesario privarse de la ropa en meros instantes? ¿La crisis financiera estadounidense ha impactado el mundo de la indumentaria al punto de que hay que ahorrar en material, simplificando el diseño de dos costosas prendas en una sola?.&lt;br /&gt;Cualquiera que fuesen las razones, se me ocurrió diseñar una nueva indumentaria que se acople a la simplificación y sincretismo características de las necesidades del hombre de hoy. &lt;/p&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5256373869042780418" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_ZZLOArUuDYw/SPJkLzbwyQI/AAAAAAAAAbs/voHnRdUu7ds/s400/DSC03904.JPG" border="0" /&gt;&lt;strong&gt;Hipsters&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;De todos estos cambios culturales que venía hablando, los hipsters son la última monstruosa creación.&lt;br /&gt;El gran virus que se escapó de un tubo de ensayo estrellado contra el suelo.&lt;br /&gt;Hace poco menos de dos meses, cuando alguien hablaba de hipsters para mí se refería a Neal Cassady, o esos tipos tan interesantes como marginales que aparecían en las novelas de Kerouac. Sin embargo, en cuestión de unas semanas, y posiblemente a causa de &lt;a href="http://www.adbusters.org/magazine/79/hipster.html"&gt;este artículo &lt;/a&gt;de Adbusters -que llegué via &lt;a href="http://elbailemoderno.blogspot.com/"&gt;elbailemoderno&lt;/a&gt;- comencé a conocer la redefinición de esta palabra que en u
