Sunday, April 06, 2008

Otoño en canciones

Fruit tree, fruit tree
Open your eyes to another year
They’ll all know
That you were here when you’re gone

Nick Drake, Fruit tree

Por alguna extraña razón, el paso de estaciones en general se me materializa desde los ómnibus, como si el cristal de sus ventanillas tuviera una especie de aumento que me permitiese ver algo que en simple vista y a la altura de la vereda no pudiera advertir. Como escribí en un post del año pasado, las estaciones no se perciben desde los solsticios, equinoccios o el capricho rotatorio de la tierra alrededor del sol. En realidad las estaciones son un fenómeno tremendamente particular y subjetivo que tiene sólo un poco que ver con el tiempo, el follaje o los ciclos reproductores de ciertos seres vivos. En realidad lo que cambia en las estaciones es uno, y entonces ciertamente lo que se vuelve otoño o verano es la persona misma. Extrañamente este me pareció un verano tan largo como lánguido, primero, por haber secuestrado a la semana santa, que suele ser una servil vocera del otoño; segundo, por haber pasado la mayor parte de la temporada fuera de las playas. Sin embargo, estando en las postrimerías de marzo, temía que en aquel 522 al prado terminara percatándome de ese temido y depresivo pasaje de estaciones, con la única ventaja del tiempo caluroso y pesado y el aún poder usar chancletas y bermudas (definitivamente la ropa menos sexy que puede usar un hombre, acortándote las piernas y haciéndote ver como un turista).
Había desempolvado el I-Pod y me había limitado a escuchar temas que me atajaran del otoño, al menos desde mi intrincado sistema evaluativo (creo que escuchaba a Triángulo de Amor Bizarro, y al menos la energía e irreverencia de los gallegos me mantenía despabilado y joven). En el trayecto aparecieron vendedores de curitas y de barras de chocolate, controladores de boletos y viejas y mujeres cargando niños que amenazaban con quitarme el cómodo asiento que aprovechaba como si fuese un verdadero regalo de Dios (nota: a las portadoras de niños y embarazadas le cedo mi lugar sin dudar, pero al estar sentado en los últimos asientos, ya habían personas que se tomaban la molestia por mí). Cada tanto, entre el final e inicio de las canciones del grupo español, escuchaba al pelado Cordera bardeando desde la radio del conductor de ómnibus, un tipo canchero de no más de treinta que parecía disfrutar tanto de la Bersuit como mi suegro en una reunión ectoplasmática de los Beatles organizada al fondo de su casa. Veo su boca moviéndose como en una película muda y tras las guitarras de los gallegos reconozco en sus labios “Devolvé la bolsa”. Naturalmente, no me dan ganas de sacarme los audífonos. Sin embargo, entra una tipa de unos veinticinco años y el conductor parece bajar el volumen. Se pone a hablar a la gente del ómnibus, resultándome medio extraña por no tener el rostro sollozante de quienes suelen pedir alguna monedita, ni tampoco llevar consigo guitarra, ni productos, comida o cualquier cosa para vender. Sin escucharla, pienso que perfectamente podría ser una pasajera más que se le ocurrió compartir una opinión con el resto de los concomitantes, sin pedir nada a cambio. Sin embargo, luego de esa especie de introducción cierra los ojos y comienza a mover la boca de una manera que se asemeja al cantar. Me saco los audífonos y entonces la escucho. Está cantando a capella y en inglés una canción que me resuena tremendamente. Verla como canta y saber que conozco aquella canción, me genera una tremenda incomodidad que me inspira callarla un momento, cerrar los ojos y apretarme intersección de la nariz con la frente y pedirle unos minutos para acordarme de aquel tema. Pero ella sigue y canta

Oh, ask me why, and I'll spit in your eye
But we cannot cling to the old dreams anymore
No, we cannot cling to those dreams


Indudablemente, es bastante fea. Tiene un corte de pelo varonil, un cuerpo cúbico y ropa de pibe que contrasta bastante incómodamente con su voz más femenina, como la fea sensación de una parte que grita y amenaza acabar con el todo. Su voz es bastante peculiar, diferente al galvanizado masculino de ciertas artistas callejeras que suelen cantar temas de canto popular, casi como si fuera un híbrido entre la voz extrañamente mixta entre lo juvenil y a la vez anciano de Joanna Newsom y el tembloroso cantar entre hálitos de Björk, todo esto con mucho menor oficio que las dos. Incluso hay varios pifies bastante incómodos, su voz en ciertas notas altas parece tambalearse como un caballo caminando sobre hielo, sobre todo en Ask me why and I’ll spit in your eye. Cuando llega a la parte Does the body rule the mind/Or does the mind rule the body/I don’t know, llego a la conclusion, por cómo termina la estrofa, de que aquello no podría provenir de otra garganta más que la de Morrisey.

Es una canción de los Smiths, pero me encuentro en un punto muerto en el que no puedo recordar el nombre ni el disco en que se encuentra la canción. Mientras me devano los sesos haciendo un lento scandisk de archivos mentales, pienso sobre lo particular de la situación de encontrarme escuchando a alguien cantando un tema de los Smiths en un ómnibus. Sólo dos veces había escuchado alguien cantar en inglés, una a un par de peruanos tocando Sultans of Swing, otra a un veterano tocando The Wall, poblándola con unos extraños solos que intentaban imitar el sonido del vibrato usado por Gilmour (o Waters, no recuerdo). Tampoco pretendo que toquen algo de Faust, o Throbbing Gristle (aunque debo reconocer que encontrar a alguien que torture a los pasajeros acostumbrados de covers de Los Nocheros con una versión de Discipline por más de doce minutos de viaje sería una experiencia imborrable), pero me resulta extraño que a los efectos de ganar dinero, y sobre todo en los 121 del mediodía, que se llenan de liceales y gente relativamente joven, no se aparten de su repertorio folklórico y toquen temas más actuales y populares de errr, pongámosle La Vela Puerca.
Pero con o sin los fantasmas del cantopopu revoloteando sobre su cabeza, la chica seguía cantando aquel tema de los Smiths, incluso optando por cantarla tal cual lo hace Morrisey, dejando espacios de silencio luego de I don’t know, silencio que en la grabación original es llenado por la guitarra de Johnny Marr. En esos incómodos interines de silencio en donde más de uno se mira con el de al lado, ella permanece con los ojos entrecerrados, con una sonrisa casi autista y dandose golpecitos en su cadera, como si en sus dedos, en sus uñas comidas hubieran pequeños corazones invisibles manteniendo el tempo de la canción. En un momento desafina estrepitosamente, se tambalea en un efímero momento de vergüenza y continúa con la canción, como esas patinadoras que se caen en el quemante hielo, para levantarse y continuar su rutina con una sonrisa cincelada que intenta indicar que nada ocurrió. En realidad es una muy mala interpretación, pero la elección del tema y una cierta honestidad de la mina en aquellos baches que poblan su versión como pozos en una calle de tierra en algún balneario de la Costa de Oro, me dejan completamente intrigado. Ella incluso se da cuenta de que soy uno de los pocos que le estoy prestando atención y cada tanto me mira con el rabillo del ojo. Todos los demás están hablando sobre otros temas, mirando por la ventana, o mandando mensajes de texto, mientras que yo permanezco inerme, buscando a tientas en los apretados bolsillos de mi pantalón algo de dinero para darle a cambio. Termina el tema y algunas pocas personas tardan unos cuantos incómodos segundos en aplaudir. Dice que cualquier peso, crítica o sugerencia será agradecida. En el fondo apretado, pegajoso y molesto de mi ingle, hay una moneda de cinco pesos. Por poco que parezca, aquella suma parece ser relativamente alta para lo que se suele –o al menos suelo- darle a los artistas callejeros (sólo una vez le di veinte pesos a un tipo que en una interpretación de Estefanie (o Stephanie, no sé), de Zitarrosa, casi me hizo llorar, pero aquello es otra historia).
Le quiero mentir. Le quiero decir que me gustó lo que hizo, que siga así, que no desafinó, que aquello emocionó a todo el mundo, pero en ese momento lo único cercano a un cumplido que me sale es preguntarle por el nombre de aquel tema que lo tengo en la punta de mi corteza frontal. Me responde imperturbablemente contenta y agradecida “Still ill, de una banda llamada The Smiths”. Le quiero decir que claro, que conozco a los Smiths, que lo único era que me había olvidado del nombre del tema, que incluso estaba pensando comprarme el vinilo de aquel disco homónimo que están vendiendo a quinientos pesos en Tristan Narvaja, pero mientras pienso en esto, la tipa se baja en una parada, y con ella mi orgullo siguiéndola cabizbajo por las calles de Gonzalo Ramírez.

Scott Walker- Raining Today
Lo he pensado largo tiempo, y creo que no es casualidad que me haya metido de lleno en el oscuro mundo de Scott Walker la misma semana en que vi dos veces Inland Empire (una en Cinemateca, otra en el Alfa Beta). El fino y yo nos veníamos preparando para aquella película desde el 2007, incluso considerando la posibilidad de acampar en el shopping, 18 de Julio, Ejido o el lugar en donde la llegaran a estrenar de no poder conseguir entradas (por supuesto, la mayoría del público uruguayo no estaba tan emocionado como nosotros).
El universo lyncheano sigue allí, tempestuoso en esos ciento ochenta minutos de filmación, salvo que no hay puertas o huecos que nos conducen a mundos donde rigen otras reglas (como podía ser el conducto auditivo de aquella oreja cercenada en Terciopelo azul), ya que sin zaguanes ni corredores ya nos encontramos de lleno en la inmensidad del cuarto oscuro. No voy a convertir esto en un post sobre el film, ya que habiéndolo visto dos veces todavía siento que no dejé añejar las imágenes en mi cabeza lo suficiente . Sí puedo rescatar aquella sensación inmediata que me invadió una vez que se encendían las luces de Cinemateca. Algunos aplausos aparecieron, y mis palmas dubitativas quisieron hacerles compañía, sin estar realmente seguro de lo que acababa de presenciar. En cierto punto tienen razón quienes dicen que las películas de Lynch han dejado de ser películas en sí para convertirse en meras glándulas secretoras de sensaciones. Hitchcock planteaba que de poder construirlo, le interesaría crear un artefacto que pudiera generar determinadas sensaciones en sus espectadores, sin la necesidad de una trama que estuviese subordinada a estos planes (me imagino una conducto intravenoso enviando al torrente sanguíneo cortisol y otras sustancias que activan el sistema simpático, algo parecido al experimento que sometían a Alex en La naranja mecánica). Creo que en sus oscuros talleres, donde supo crear el baconiano bebé de Eraserhead, o los cuadros abundantes en texturas nauseabundas de sus últimas obras plásticas, Lynch logró construir dicha máquina, sólo que la mantiene en completo secreto. Sólo supe que el film me había gustado días después de haberlo visto. Como imágenes perdidas de un sueño tijereteado por la elaboración secundaria, sólo podía acordarme de imágenes, el vómito de sangre sobre las estrellas interminables de las baldosas de Hollywood y Vine, los pómulos fríos y tersos de una prostituta polaca en la nieve, los conejos haciendo sus quehaceres con aquellas discordantes risas enlatadas de fondo, la imagen del vinilo rajado por la violenta púa, avanzando en sus enloquecidas y constantes treinta y tres revoluciones por minuto, como el frenético automóvil conducido por Bill Pullman en Lost Highway, y así con un montón de otras imágenes que permanecen en mi mente como un enloquecido murciélago volando bajo, chocándose contra las paredes de mi habitación.
A su vez, escuchar The Drift es una experiencia intensa que apenas se queda detrás de la traumatizante escucha de Frankie Teardrop. Hay momentos en que los cellos son tan omnipresentemente invasivos que a uno le dan ganas de sacarse los audífonos y enterrarlos en un bosque como un homicida sepultando el cuerpo de una persona accidentalmente asesinada. Tal como pasa con Lynch, es difícil reducir el disco a una temática, y mucho más complicado anatomizarlo de acuerdo a canciones. En The Drift no hay canciones, sino actos. En este sentido, Melero no podría tener más razón: Scott Walker crea películas para ciegos. Uno se siente tremendamente desvalido, sin poder reconocer de dónde provienen los sonidos que se escuchan, como si fuera un niño tapándose la cara con la frazada, sabiendo que sus padres recién están pasando el corredor y su destino ahora está librado al ruido que escucha a pasos de su cuarto. ¿Quién entona esos cantos gregorianos? ¿De donde provienen esos golpes? ¿El gritar de una mula siendo sacrificada? ¿El pato Donald cantando desde los infiernos? –en referencia al tema The Escape. Nunca una guitarra sonó tan venenosa, nunca los violines sonaron tan parecidos a un enjambre de abejas africanas. Y todo esto detrás de una voz que no sabemos si es Virgilio o Minos de nuestro descenso a los infiernos.
Uno de los aspectos geniales del documental 30th Century Man, es que muestra los procesos de grabación que hasta la fecha Scott Walker había mantenido como dentro de una bóveda subterránea. Esa percusión húmeda y apagada de Cosacks are es el sonido de un hombre pegándole a un trozo de carne, Walker y su compañía diseñan sus propios instrumentos, como una gigantesca caja hueca que sirve para hacer aquellos efectos percusivos que tanto me intrigan.
Esto en referencia a The Drift, y en cierta medida al Tilt.
Cuando me decían que Walker había formado anteriormente una banda melódica, de esas frente a las cuales ciertas puberfans eran capaces de dar vuelta automóviles, siempre lo tomé como un pasado gracioso, que de seguro Scott intentaría mantenerlo en silencio. No pensaba bajarme ningún disco de esta época hasta que varias personas me lo recomendaron.
No, nunca me hubiera esperado el finísimo y genial trabajo del crooner con The Walker Brothers y en solitario. Nite Flights es un laburo que está demasiado adelantado a todo lo de la época, como si fuera, junto a ciertos trabajos de Can, una profecía cifrada del pop espacial que invadiría la música muchos años después (“i have to say it's humilliating to hear this. It is… it is incredible, I couldn't go any further. You know, I keep hearing this new bands that sounds like bloody Roxy Music and Talking Heads... they couldn't go any further than this”, esto no lo dice el guitarrista de los Arctic Monkeys, sino un pelado llamado Brian Eno).
Pero volviendo a Scott solista, sus discos Scott 1, 2, 3 y 4 son de las joyas más finas que ha dado el pop en la historia. El formato canción se aplica más que en sus últimos discos, pero hay algo que permanece reptando en las profundidades. Si uno trazara una línea bastante arbitraria para definir la oscuridad y recursos perturbadores en la discografía de Scott Walker, se podría ver que la relación entre este sonido y el paso de los años es casi una recta de cuarenta y cinco grados. Por su parte, la senda filmográfica de Lynch es distinta, como si fuese un camino sinuoso, que tiene un universo blando y palpitante, esperando debajo de los tablones como el corazón del asesinado en aquel clásico de Allan Poe. La combinación de películas de una bondad inconmensurable como The Straight Story con los descensos a los infiernos de Fire, walk with me (película que a pesar de estar subvalorada en su filmografía y tener algunos errores, considero una de las representaciones más increíbles y sobrecogedoras de la forclusión del nombre del padre), se espeja en las mismas escenas e imaginería, los conocidos momentos lynch, en donde todo se mantiene en un débil equilibrio, perpetuándose una insostenible tensión entre una tranquilidad aparente y ese mundo que crece, se mueve y cava túneles, como los escarabajos debajo del pasto en la escena introductoria de Terciopelo azul.
Con Scott Walker ocurre lo mismo, y en un momento de 30th century man se da un detalle que es paradigma de esta tensión entre los dos mundos. Un músico de estudio revela uno de los particularísimos recursos de Walker, mostrando cómo en un acorde se combina lo afinado y lo disonante, haciéndolo convivir como si fueran una misma cosa.

Scott 3 comienza con It’s raining today, una canción que se podría tomar como otra de esas baladas melódicas muy inspiradas por la chanson francesa, sólo que hay algo que no está bien en esa canción, algo que no nos permite creer del todo en lo que dice la voz de Scott. A la segunda escucha lo reconocemos, hay unos violines que al ambiente ligeramente plácido de la canción lo llena de humo, niebla y frío. Los violines se mantienen en una nota interminable, parecería como que fueran pequeños ojos que nos miran desde la profundidad de un bosque, aguardando a algo que no sabemos qué es. Esa contraposición entre la dulzura barítona de la voz de Walker y aquello que aletea dentro de los auriculares es la esencia de Lynch, una forma de hacer extraño lo cotidiano, tal como lo dice Michel Chion, “otorga su pleno valor a imágenes muy sencillas, pero montadas de una manera insólita”. La elección de un punto de corte basta para cambiar la imagen de trivial a aterradora. Incluso, es algo que percibí en la misma Inland Empire: en la escena de Laura Dern con las prostitutas en Hollywood and Vine, se intersecta una canción de Beck con una tormenta de violines y vientos que justamente nos incomodan, tal como en Raining Today.
Desde que era un pop idol Scott Walker tuvo durante años a sus seres en el fondo de su casa, ocultos tras pajareras meadas, tirandole pedazos de carne y tapando el alambrado con una lona gruesa incapaz de permitir pasar cualquier rayo de sol. Estuvieron ahí, haciendo ninguna otra cosa más que crecer, hasta que Scott los soltó para hacer nuestras noches un poco más oscuras.

Tom Waits-Hang on St.Cristopher
Generalmente discutir sobre términos como el swing, la cadencia y el flow nos deja en un terreno baldío que se termina convirtiendo en un concurso por quién la tiene más larga, eventualmente deviniendo en un abstraccionismo tal que parece una discusión entre un judío y un musulmán, discutiendo sobre quién gana, si Yaveh o Alá en una pelea de kickboxing.
Con respecto al swing, aquel es un pedazo de tierra que todos se disputan a uñas y dientes, especialmente en el rock, el jazz y sobre todo el blues. El swing es un plus flotante, un elemento visceral e incuantificable que sin embargo se utiliza como vara para medir talentos, calidad y hombría (?), tal como puede ser la libido con respecto al tema energético de la psiquis (aunque había locos como Jung que creían poder extraerla con aparatos más cercanos a la alquimia que a la ciencia). En fin, el swing es una entidad que sólo es trascendida por su propio misterio, y todos utilizan el término como si estuviera regido por un fino y complicado sistemas de pesos y medidas. Yo no te puedo explicar que es el swing, pero se cuándo alguien lo tiene o no lo tiene. Más allá de la genialidad de ciertos músicos, como Lester Young que prácticamente parecía haber creado una nueva glosolalia poblada de estos términos, lo peligroso del manejo de tales abstraccionismos es que siempre debajo de sus pieles ocultan su patente tendencia a convertirse en religión, y todo aquello conduce en una gran cantidad de casos a un uso de los mismos que termina siendo como un santo y seña de un club privado, lleno de códigos y normativas absurdamente rígidas.
Esto último es una de las murallas archiconocidas de los defensores del blues. El swing en el blues toma la forma de un anticuerpo que rechaza todo lo que no sea tocado en compás de 4/4. Todo lo que sea diferente es rechazado, desde un solo metalero más asentado en lo neoclásico, hasta cualquier guitarra que no esté conectada a un áspero sistema valvular. El término viene bien a los efectos de una lucha de géneros que termina siendo como un hincha de Nacional intentando convencer a uno de Peñarol para que se cambie de cuadro. Personalmente irritado por muchos de estos mares de sargazos que encallan cualquier intento de conversación decente, varias veces he tratado de identificar la raíz inherente del swing. Mi versión personal del término, posiblemente tome más elementos de la danza, o al menos del movimiento en sí, considerando al swing como una forma de tocar que permanece en continuo flujo, que parece formar una parte infraccionada de una cosa que la trasciende y que no presenta cisuras, dudas, ni demoras. La imagen más perfecta de mi versión del swing es la de una ola. Como esa tapa del disco de Ride, es imposible determinar cuándo comienza y cuándo termina una ola, unos sólo puede contentarse con sacar el metro y marcar con x el lugar donde una cosa empieza y otra termina. Es en ese flujo constante y eterno donde –personalmente- creo que se disputa el swing o no swing. Sin embargo, con esta noción creo que el swing es imposible, no sólo de ser reducido a un género, sino a la música en sí. Manteniéndome con esta definición, una de las personas con más swing que vi en mi vida es Maradona, y dudo seriamente de su plasticidad a la hora de agarrar una guitarra y hacer una escala pentatónica. Uno ve jugar a Maradona y por un momento no le parece tan desquiciado que haya iglesias que le rindan culto, especialmente si el observador comparte mi opinión de que cualquier religión es una especie de pornografía de la culpa y la confianza. A Maradona un polaco lo baja de una patada, pero en el mismo momento en que cae, todo el cuerpo se articula para rodar y volver a carrera, como si su cuerpo erguido hubiera transmutado en otro sin conocer el suelo. Maradona sacaba centros de un espacio anterior a sus piernas y lo he visto meter goles de tiro libre en donde logra que la pelota se amigue o enemiste con la gravedad según sus propios planes. Esa misma idea de un constante flujo, de la imposibilidad de caerse y del control de las cosas por fuera de su propio cuerpo convierten a Maradona –a mi parecer- en una de las más perfectas materializaciones del swing.
Mi lista seguiría con una cantidad llamativa de no músicos, entre ellos Muhammad Alí en sus mejores años, George Best y aquel gol descomunal metido en la MLS, Marlon Brando en Último tango en París, los planos secuencia de Tarkovski en Stalker, ciertos pasajes en la narrativa de Kerouac, la forma en que bailó una compañera de clase en una de mis primeras fiestas de quince, dejándonos a mis amigos y yo con la boca abierta, sintiendo una indescriptible angustia el resto de la noche.
Y adentrándome en el terreno de la música, también lo puede ser la enigmática forma de tocar de Jimmy Page (con un estilo que por su suciedad y pifies tiene un carácter medio fracturado, pero que increíblemente lo utiliza para lograr una nueva unidad con todo eso, especialmente en su solo de Since I been living you), la guitarra de Duane Allman, el motorik de NEU! (Klaus Dinger, tu corazón se detuvo, pero seguro que sigue latiendo remixado en el cielo), una de las interpretaciones más asombrosas de todos los tiempos de parte Jacques Brel en este video, la sensualidad trepidante e incómoda de Alan Vega en esta canción, la celestial voz de Jeff Buckley, el saxofón húmedo y sensual más cerca del erotismo hard que del porno soft de Coleman Hawkigs, y así un largo etcétera que dista en algunos nombres de los clásicos anales de los sultans of swing.
Sin embargo, nunca vi mayor expresión de aquello por antonomasia llamado swing que en esta presentación en vivo de Tom Waits.

Las imágenes de este concierto provienen de Big Time, un dvd que me compré hace más de un mes en Tristán Narvaja. El tema se llama Hold on St.Cristopher, e inconcebiblemente brilla por su ausencia en el disco oficial de aquella presentación. Todo en ese video es perfecto. La capacidad interpretativa de Waits llega a un punto en que cada parpadeo, el ángulo de de los haces de luz de la linterna colgada en el atril, el balance de su cuerpo paralelo a la hipnotizante línea de contrabajo y perpendicular a la intervención de los vientos, la forma en se agarra del atril, la cronometrización de la utilización del autoparlante, la voz ronca, el movimiento de sus manos y sus dedos, hasta el mismo horario que indican las manecillas de cada uno de los relojes que invaden su antebrazo, todo parece trabajar en una armonía que no vi en ninguna otra persona, logrando una forma de unidad que me hace sentir el hombre más insignificante de la tierra. Nunca expresé corporalmente mis sensaciones musicales (salvo esos patéticos interines de guitarreo aéreo que tanto nos avergüenzan cuando nos damos cuenta), pero al ver a Tom Waits llevar con tanto swing esa canción, uno no puede hacer algo diferente a bailar.
Creo que el sentimiento más cercano a la homosexualidad que puede sentir un heterosexual es admirar a alguien tanto que desearía poder, al menos un día, adoptar sus movimientos, sus rasgos corporales, su forma de hablar, de mirar, de fumar, de tomar, comer, vestirse y vivir, en pocas palabras, ser él, casi como si uno quisiera volverse un súcubo y morar en el cuerpo huésped de esa persona a quien tanto admira (y, después de todo, aquello no sería más que otra forma de penetración).
Caundo cumplí veinte, María se apareció con un sombrero. El tema de to wear or not to wear un sombrero había sido bastante recurrente, y cada vez que veía alguien cercano a mi edad usándolo se lo señalaba como si fuese un uruguayo encontrado en Estonia. Naturalmente, si dependía de mí, aquella procastinación se hubiera extendido por muchos meses más, pero la iniciativa de María me hizo enfrentarme con la realidad de mi deseo. El sombrero es gris, de paño, compacto, queda particularmente bien si se uno se lo pone ligeramente inclinado, tapando parcialmente los ojos. Lo había comprado en El hornero, de esas tiendas del centro que son como restos arqueológicos de un Uruguay que fue. Al principio me costaba llevarlo, un poco por tener miedo de que Uruguay no estuviese preparado para un joven usando sombrero, otro poco como en Instrucciones para dar cuerda a un reloj:María no sólo me había regalado un sombrero, sino el miedo a perderlo, a que alguien me lo chape y se de a la fuga con el, a que no sea aceptado por el resto, a que el viento me lo arranque de la cabeza, la necesidad de compararlo con otros sombreros, cuidarlo y medir los momentos en que me lo sacaba. Con el tiempo, el hecho de olvidarme algunas veces que lo llevaba puesto confirmaba que me estaba acostumbrando a su compañía, y muchas veces me miraba al espejo, como quien se mira un tatuaje recién cicatrizándose sobre su cuerpo. Ahora me doy cuenta de que lo que intentaba hacer era comparar especularmente mi reflejo con la imagen mental que tenía de Tom Waits. Por un momento me paraba algo desgarbado, agachaba la cabeza, me imaginaba más flaco y con esa voz añejada en alcohol y tabaco. Con el tiempo habría seguido la mutación y probablemente sería una persona al menos estéticamente diferente a la que escribe esto, de no haber sido por algo que me sucedió en un toque de Buenos Muchachos. La Barraca, más conocido por el manejo algo dudoso de su dueño, no era el lugar para albergar a una banda como Buenos Muchachos. Particularmente, los Buenos han llegado a un dificultoso hiato en que no son lo suficientemente chicos como para que sus presentaciones en boliches sean por lo menos ergonométricamente placenteras, ni tan grandes para llenar estadios. El toque del que hablo en La Barraca había sido uno particularmente salvaje, o al menos así lo sentíamos María y yo, que vimos volar más de una botella, y sin poder escapar como en otros boliches a los pogos y las pelotudeces alcohólicas de algunas personas. Una vez terminado el show, nos sumamos al torrente de personas que se precipitaban a la calle. Fue en esa muchedumbre donde, mediante un golpecito, alguien me tiró el sombrero desde atrás. Cuando me doy vuelta y me agacho a buscar el sombrero, aparece un peludo, descamisado y ciertamente más alto que yo (y tampoco soy petiso), quien no tarda en decirme lo más vikingamente que pudo “Los sombreros se usan de día”. Justo al borde de mi contestación una avalancha nos dejó a todos fuera del boliche, perdiéndolo de vista. Mi camino vuelta al Prado fue muy amargo, pensando una y otra vez las cosas que tendría o debería haberle dicho, repasando sus puntos débiles, como ese ridículo colgante de los Redonditos de Ricota que llevaba como si fuese una tatuaje de lágrima en la mejilla de un preso. Pero hubo algo que cambió todo en ese “Los sombreros se usan de día”, algo similar a lo que sentí cuando me di cuenta de que una chica que me gustaba en escuela nunca me devolvería la llamada, similar a aquella sensación de sentir que uno nunca va a poder hacer bien la cejilla, a sentir como el otoño llega irrefrenable, como los años a este sombrero que casi no he usado desde entonces

Fernando Cabrera-El tiempo está después
Siempre había querido escuchar a Fernando Cabrera, pero debido a falta de enlaces de descarga y boludez mía nunca había podido acceder a algún disco suyo. Lo único que había escuchado hasta el momento había sido La casa de al lado, uno de los temas más devastadores que haya escuchado en mi vida. Luego de ver esa película realmente inclasificable que es El dirigible (realmente, nunca supe qué era lo que quiso hacer Pablo Dotta con ese film), cuando llegan los créditos aparece la voz temblorosa de Cabrera.

No hay tiempo no hay hora no hay reloj
no hay antes ni luego ni tal vez
no hay lejos ni viejos ni jamás
en esta olvidada invalidez


La letra entera la pueden leer en este post del antiguo blog unipersonal de Ezequiel. Recuerdo haber visto la película, una helada noche de julio a las dos de la mañana. Cuando terminó la canción, puse el dvd una vez más y volví a escuchar aquella canción. Lo hice varias veces, llegándola a escuchar caso cinco veces seguidas. Incluso, llegué a no devolver la película en su fecha correspondiente para sólo escuchar aquel tema unas veces más. En aquellos tiempos no sabía el alcance de la internet y no suponía que pudiera bajarme el tema o las letras, por lo que copie la canción en un cuadernito, rebobinando y poniendo pausa para seguirle la rápida forma de cantar a Cabrera.

Ahora que vuelvo a escuchar la canción y la letra, comprendo que no podría haber una canción más perfecta para la película. Ese horror vacui de la letra,

Acá no hay tango
no hay tongo ni engaño
aquí no hay daño
que dure cien años
por fin buen tiempo
aunque no hay un mango
estoy llorando
toy me acostumbrando


se corresponde con las imágenes de ese Montevideo completamente vacío, con ciertos murmullos post dictadura que se ven en cada esquina del film. Hay una escena incluso, en que el plancha cuyo nombre no recuerdo se sube al Rock and Samba de un parque Rodó completamente desierto, y el tipo lo pone a andar por su cuenta, sin maquinistas ni otras personas de por medio. Parecería que todos están en un mundo atemporal, como si fueran últimos sobrevivientes y soberanos de un mundo vaciado, como si fuera una versión urbana del anárquico y desértico mundo de campaña.

Acá en esta casa viven mil
clavamos el tiempo en un cartel
somos como brujos del reloj
ninguno parece envejecer


Volviendo conmigo, fue recién un día después de Hit que pude hacerme con cinco discos de Cabrera: Con el tiempo en la cara, Autoblues, El tiempo está después, Viveza, Bardo

Suponía que me iba a gustar, pero no estaba preparado ante tal desborde de genialidad. Las canciones son muchas, y ciertamente Con el tiempo en la cara, aún siendo una recopilación (y siempre me opuse a las recopilaciones) me parece un disco que me deja los auriculares prendidos a los oídos como si fuese una sanguijuela alimentándose de todo mi flujo vital.
Desbordando barrios es un tema que puede hacer tambalear mi misantropía cosechada y albergada en silos por años, permitiéndome confiar en una unidad del pueblo mayor que cualquier campaña presidencial de izquierda; después de escuchar Con el viento en la cara le pregunté a mi padre dónde está mi bicicleta, este fin de semana me voy a ir a andar por las calles del Prado, Velvedere y el Centro, engrasando las cadenas y desempolvando caramañolas; Yo quería ser como vos debe ser una de las canciones más hermosas que se le puedan hacer a un amigo o un hermano mayor, si alguien me la cantara seguro que haría un papelón de lágrimas y mocos; Viveza es una de las canciones impresionistas más intrigantes que he escuchado en lo últimos años; la expresividad de la voz de Cabrera en temas como Informe sobre Valeria lo confirma como un verdadero actor de las canciones, evidenciando la miopía de la gente que lo considera un mal cantante; y después llega El tiempo está después. (escuchar el tema acá)
Es de noche, trato de terminar este post, quedándome pensando en una discusión que tuve con María. Repaso todo lo dicho, las cosas que se escurren en aquel momento y que dejan charcos por toda la habitación. Pienso en las muchas variantes de lo que me hubiera gustado decirle en aquel momento, y entonces, desde mi aparato de música aparece aquella canción, como si fuese un mensaje directamente dirigido a mí

La calle Llupes raya al medio
encuentra Belvedere,
el tren saluda desde abajo
con silbos de tristeza,
aquellas filas infinitas
saliendo de Central
el empedrado está tapado
pero allí está.
La primavera en aquel barrio
se llama soledad
se llama gritos de ternura
pidiendo para entrar
y en el apuro está lloviendo
ya no se apretarán
mis lágrimas en tus bolsillos
cambiaste de sacón.
Un día nos encontraremos
en otro carnaval
tendremos suerte
si aprendemos
que no hay ningún rincón
que no hay ningún atracadero
que pueda disolveren su escondite
lo que fuimos
el tiempo está después


Como para resguardarme de estos paralelismos que me dejan como las piernas de un boxeador sosteniéndose contra las cuerdas, me quedo pensando en el interesante manejo de tiempos, la idea de una canción que genera una melancolía anclada en el futuro y a la vez en el presenta, de la capacidad de Cabrera para pintar escenas, pero entonces llegan los silbidos de la canción Paso Molino, y un viento del Prado, de hojas secas y agua estancada en fuentes invadidas por enredaderas, entra de puntillas a mi cuarto. Sí, ya entro, está en mi cuarto, levanta ligeramente mis apuntes. Quisiera empujarlo, decirle que se vaya a otra parte, pero it keeps coming closer saying I can feel it in my bones.
Hasta intento apagar el aparato de música, borrar la canción, borrar esto que escribo, pero ya nada sirve, el otoño llegó, y se ha echado a dormir en el suelo.

72 comments:

WEG said...

Chupá, Ama-gi. En tu cara una vez más.

Ama-gi said...

Este campeonato es poco serio

D.I.T said...

Me pasó algo similar con un tema de The Smiths hace poco. Por cosas de la vida, terminé haciéndole caso a un impulso y me fui a Paraguay la semana pasada. Más allá de lo extraño de la situación entera, me encontré una noche en una pequeña pizzería hablando con una amiga. El local tenía una radio puesta como música de fondo.

En Paraguay la radio pasa cumbia, regetón y música en guaraní. Posta. De vez en cuando agarrás un oldie, y muy a veces alguna melosa canción latina de esas con pianito y voz de hombre afeminado. Sin embargo, yo estaba comiendo pizza y empezó a sonar The Smiths. No era Still Ill sino que Heaven Knows I'm Miserable Now, pero el sentimiento de escuchar ese tema en la radio fue genial.

Me hizo acordar a cuando era más chica y me gustaba The Wallflowers y entraba a una tienda del shopping y pasaban Three Marlenas o The Difference o Bleeders e inclusive, un día, If You Never Got Sick.

Ah, y este blog pasó a gustarme aún más con la mención a George Best.

Matías said...

Muy buen post!!!
Se nos vino el otoño sí. Que rara la situación esa del omnibus de la piba cantando la canción de los Smith, a mi siempre me pasa de encontrarme con el tipo ese que va de traje y canta canciónes tipo liricas y es horrible y encima despues que canta te pasa el curriculum, y si no lo aplaudis se enoja. Aunque pensandolo bien hace bastante que no me lo cruzo, y tampoco lo extraño.
Saludos

Brunomilan said...

Sonic Youth saliando desde una casa de un paramo olvidado, una chica que canta un tema de Smiths en el colectivo, si fuera una pelicula de hollywood los mandaria a cagar por bolaceros...

Al no gustarme el blues (por lo menos el Old School) y como el jazz no me termina de cerrar, nunca me detuve a reflexionar sobre el swing, aunque leyendo algunos de tus ejemplos se me vino a la cabeza el solo de guitarra en "Cementerio Club" de Pescado Rabioso, no se si tendra swing o no pero logra que me emocione como pocas cosas.

George Best es lo mas grande que hay: "Gasté mucho dinero en bebidas, mujeres y autos. El resto lo despilfarré"...

Agustin Acevedo Kanopa said...

matías:
Creo saber a qué tipo te referís. ¿Es ese que canta a capella versiones a low-temopo de canciones de Serrat? De ser ese, es completamente horroroso, parece como un cassette del español reproducido en un walkman con pocas baterías.

d.i.t:
Dos posts atrás, en los comments hablé de la extraña experiencia de escuchar un tema de la Vela Puerca en un shopping de Guadalajara.
Yendo un poco más cerca, hace un mes caminaba por 18 de julio y el gaucho y al pasar por cd warehouse escucho a todo lo que da Spoilt victorian child.Me quedo inerme, obligando a un amigo quedarse parado, como una estaca, como una roca entre el torrente de gente, escuchando lo que quedaba de esa canción. Más allá del shock inicial, aquello no era algo tan inconcebible porque luego me acordé que uno de los empleados es fanático de Mark E. Smith, Pere Ubu y todo lo que tenga que ver con post punk.

brunomilan:
Ja, la otra vez en referencia a un cuento mío pensé exactamente lo mismo. Es un cuento largo, y si tuviera una especie de soundtrack, incluiría a Scott Walker, Suicide, Guided by Voices, My bloody Valentine, Sumo, Huggy Bear, Darnauchans, Buenos Muchachos y una versión industrial de Jacinta, de Eduardo Mateo (en serio). En un momento unos amigos se juntan en un apartamentito medio bohemio del centro y se acuestan en el piso a escuchar Ghost Rider retumbando en toda la habitacion, y entonces me digo justamente que si aquello fuera una película posiblemente lo consideraría un soundtrack demasiado snob y forzado, ligeramente similar a lo que decía Ezequiel sobre la indieness de Juno, pero entonces lo pienso un poco mejor y aquellas circunstancias en que aparecieron las canciones casi todas me pasaron realmente, in real life!

cotox said...

Muy buena la descripción del improbable encuentro con la fan de los Smiths. Hasta yo sentí un poco de verguenza ajena. Igual es muy curiosa la elección de repertorio, quizás algún día el mozz llegue a ser un estándar como Frank Sinatra o por lo menos se escuche en emisoras para solteronas junto a Raphael y Sandro. Sería gracioso
Igual el mundo está como muy raro, muy indie, debe ser culpa de la interné
Scott 3 y 4 deben ser dos de mis discos favoritos de todos los tiempos.
Y sí yo también pensé alguna vez en usar sombrero pero no estoy preparado para "dar ese paso", no lo descarto por ahora. El problema es que hay que tener cuidado para no parecer un tipo que hace audición para una boy band, hay que saber usarlo como un caballero

Agustin Acevedo Kanopa said...

Además de que creo que fue usted el que me introdujo al oscuro mundo de Scott Walker (un comentario sobre esos discos que garantizan una encopresis aguda ante su mera escucha), suponía que era un fan de él, principalmente por su particular gusto por la chanson, música que irradia como los residuos nucleares a los fetos de Chernobyl a toda la composición walkeriana del scott 1 al 4. En el documental 30th century man, Scott cuenta la particular forma en que conoció a Jacques Brel. El tipo había ido a una fiesta de playboy en londres, y entonces se fue a la habitación de hotel de una conejita alemana, la cual resultó ser una huge fan del belga. La cosa es que la tipa sabía hablar muy bien francés y le mostró varios discos, traduciéndole la letra. Dice Scott Walker que aquella noche sufrió una especie de revelación de la cual no se recobró el resto de su vida.

Lo que tiene la internet es eso, en estos círculos es común mencionar a Damo Suzuki con la soltura de si estuviésemos hablando de Nazarena Vélez, cuando hace unos años uno podría abrazar a alguien por sólo saber quien era Ian Curtis

Ah, y con respecto a Sandro, más allá de que tiene algunas cosas no tan buenas, yo lo admiro, incluso por fuera de ese recurso de revival kitsch más propio de tipos como Dani Umpi (algo de lo que usted y Benito escribieron muy bien hace un tiempo).

cotox said...

Ah pero las emisoras de solteronas yo las reivindico y Sandro tiene cosas buenas sin duda. Tal vez sea el único criterio musical que comparta con mi madre (aparte de ABBA ja ja). De hecho mucha de esa música no me parece grasa y considero que tiene arreglos de cuerdas y producción de la puta madre. En realidad tengo debilidad por todo lo que sea elegante, afectado y con muchísimas cuerdas.

Conejitas de Playboy que escuchaban a Jacques Brel. Así eran los sesentas supongo

Agustin Acevedo Kanopa said...

Le recomiendo imperiosamente que se baje el documental, porque no sólo podrá ver algunos detalles y material de archivo increíble sobre Scott Walker, sino la misma conejita con quien él salía y de la que venía contándole (tiene un hermoso cerquillo y un aire sesentoso que tanto a usted como a mi nos mata).
En el hecho de tener a una mujer así y quedarse toda la noche escuchando discos se explica por qué Scott Walker es Scott Walker y yo sencillamente Agustín Acevedo Kanopa

benito said...

Doy fe de lo de Still Ill, yo la escuché a esa mina cantarla en un 117, por 18 de julio, y la fraseaba de una forma extraña y con un acento medio dudoso, pero cuando yo la escuché no desafinó en ningún momento (aunque evidentemente no era una cantante entrenada). Me dejó tan perplejo como el relato; además Still Ill siempre fue una de mis canciones favoritas de los Smiths.

Hace un tiempo (bastante tiempo) escuché a dos peruanos hacer un par de versiones excelentes de Silvio Rodríguez, una de ellas un tema no del todo evidente, creo que "¿Donde pongo lo hallado?" que, por más fuera de moda que esté Rodríguez, me sigue pareciendo una de las mayores canciones que haya escuchado. Cuando terminaron el ómnibus entero los aplaudía con una sinceridad que pocas veces vi.

Ahora, hay un hijo de puta que tiene alquilado el 17 y que me enchufa casi una vez por semana una versión espantosa de "Sobreviviendo", y que uno de estos días cobra, y no hablo de guita.

(por otra parte, puedo asegurar que lo más raro que uno puede escuchar en ninguna parte es un tema propio; cuando vas caminando y en un boliche o un bar están escuchando algo tuyo, la sensación de irrealidad es absoluta, y es algo sumamente incómodo, al menos en mi caso).

Agustin Acevedo Kanopa said...

Still ill no era de mis temas favoritos de los Smiths, pero extrañamente se me convirtió en una de mis favoritas desde aquella escena.

Siguiendo con las pequeñas postales de artistas callejeros:
-Hay señor de bigotes amarillentos y barba larga que es físicamente la corporización del concepto viejo lobo de mar. Su voz es tan débil -así como los trasteos sordos de sus dedos temblorosos- que casi nadie le aplaude, y recuerdo una vez que luego de cantar (con una guitarra igual de mustia que su voz), se fue con la cabeza gacha, diciendo, para sí, "ya nadie le da plata a este viejo". Fue una frase que realmente ´me arruinó el resto del día.
-La vez que más me emocionó la presentación de un artista callejero fue la de un señor con muy poca cara de músico que tocó Stephanie (o Estefani), un trayecto lluvioso de 121 con una dignidad y adentramiento en la letra que pocas veces vi en cualquier otro músico. Fue tanta mi emoción que ahora lo recuerdo y me parece que quizás fue medio desubicada la forma en que aplaudí.
-Una vez me tomé con María un interdepartamental, y por la altura de Shangrilá aparece una tipa que hacía una especie de rutina de doña de campo. Además de lo quemado que están ese tipo de sketches -es más, ¿por qué el tema del campo es tan omnipresente en un sistema de transporte capitalino?-, la tipa no sólo no era divertida, sino que no tenía ningún chiste ni gag en su repertorio. Es decir, uno estando en su mejor disposición no podría causarle gracia aquello, porque sencillamente no era gracioso, a no ser que le diera gracia lo no gracioso de aquello o la interpretación, que no era más que un mero patchwork de clichés. Me vino el impulso de bajar con ella del ómnibus e invitarle a un café para explicarle con mucho tacto por qué nadie se rió y aplaudió una vez finalizado su acto
-Finalmente, una vez en un 116 se subió una adolescente a cantar Color Esperanza. Más allá de lo horrible de la elección -esa canción debe ser uno de los temas más horrendamente quemados en la historia de la humanidad- la tipa tenía una forma de cantar que era peor que mala. Había algo tremendamente molesto, incluso peor que ciertos niños sin ningún entrenamiento o que se le parezca que entonan de forma monocorde e inventando la letra de ciertos temas de Luciano Pereira. Creo que lo terrible en aquel estilo era una especie de Christina Aguilera mal entendida -si es que hay una forma de entenderla bien- e interpretada por una persona que es incapaz de estar a la altura de las circunstancias. Por esa misma razón, le salía como una especie de inflexión hombruna que era realmente incómoda, junto a una forma de írsele el aire entre verso y verso que no sólo resultaba un espectáculo cercano a lo lyncheano, sino que era casi físicamente insoportable. Recuerdo que ese día tenía que dar un parcial y al manojo de nervios que era, se le sumaba esta interpretación inaguantable. Recuerdo que era tan terrible que no podía concentrarme en siquiera la nuca del pasajero de adelante, lo único que había en el mundo era esa canción insoportable, a la que se le iban sucediendo nuevas estrofas. Llegó a venirme una sensación de vaciamiento, como si aquello me terminara de borrar todo lo que venía leyendo desde hacía semanas, y justo cuando iba a levantarme y pagarle para que se bajara, terminó, agregándosele a aquello el hecho de que muchos le aplaudieron como si hubiera sido un buen espectáculo.

astllr said...

Lo que fue esa generación de músicos que integra Cabrera es un misterio, o por lo menos algo que no ha sido analizado todavía. Son tipos que cultivaron la autoría y la individualidad artística como nadie lo había hecho hasta el momento y seguramente como nadie lo hizo después. No creo que haya sido solo un mérito de ellos sino también de la época que les tocó vivir.

Matty Ramone said...

Que grande Morrisey.
Che, me quiero unir a ese coso raro da Valizas, ¿Se puede? Me vi todas las peliculas de Groucho Marx... ¿O era el otro Marx?

Agustin Acevedo Kanopa said...

Es un tanto difícil hablar de generaciones de músicos porque las diferencias en los cambios de la conformación social no son tan aparentes, además de que en todas las épocas, por más tétrico que fuera el ambiente de calidad o difusión reinante, siempre tuvo sus artistas sobresalientes. Sin considerar que la música actual está perdida ni nada por el estilo, me da la impresión de que esta aparente apertura de puertas y comercialización, más que amplificar las condiciones artísticas de uno, tiende a etiquetar y fomentar un desarrollo estereotipado de ciertas áreas, a modo de sacarle el mayor rédito posible (sí, es una perogrullada). Incluso dentro del supuesto under, hay quinientas mil bandas iguales, entre ellas punks quinceañeros que prefieren escuchar La Sangre de Verónika en vez de PIL, Wire, o Ramones (aunque también está el engendro de Maxi Ramonero) y bandas que tendrían que al menos un día tratar de hacer algo diferente a versiones bolicheras de Turbonegro y Motorhead.
Cualquiera que lea seguido este blog sabe que entre mis bandas favoritas hay varias relativamente actuales y que siguen haciendo excelente música, pero más allá de haber conocido por el myspace muchas cosas que valen la pena, me resulta difícil pensar al Fernando Cabrera de Baldío haciéndose paso y formándose en el uruguay musical de los pepsi bandplugged, Vesubio Rock -del que hablaré algún día en esos post mala leche que les debo-, Noelia Campo y todo el fenómeno pomelístico del under.

mattyramonero:
Formar parte del movimiento revolucionario por la liberacion de Valizas es todo un proceso que involucra un crecimiento espiritual, conocimiento de uno mismo, es decir, verse en el en sí.
Para formar parte, lo primero que tenés que hacer es agregar el banner al costado de tu blog, después (y solo después) te contactaré con los tipos detrás del movimientos

martín said...

Hace unos pocos días, me tocó escuchar una vez más al insoportable de "sobreviviendo" al que hace referencia benito en un viaje de ida, y a la chica de "still ill", un rato más tarde, en mi vuelta hacia el centro. Mi hermano me había contado de ella, pero no lo comprendí del todo hasta que pude verla y escucharla. La pronunciación y la versión que hacía de la melodía sumaban a la extrañeza que de por sí implica escuchar a alguien cantar esa hermosa canción en un bondi. Curiosamente también tardé un rato en darme cuenta que efectivamente estaba entonando ese tema.

Otro personaje memorable, que seguramente algunos conocerán, es el señor de sobretodo que cantaba boleros a capella en las líneas que van por la calle Rivera. ¿Alguien lo ha visto últimamente?

Floя de loto said...

http://www.zshare.net/audio/10269978fa34c318/

Duroc said...

Sobre lo de Valizas, yo también espero una explicación un poco más detallada pero no demasiado. Creo que en mi columna no podría meterlo por temas de estructura, una pena. Salú Agustín.

Walter Hego said...

Agustín: Le dejo la letra de mi canción otoñal preferida y le recomiendo que la oiga, si no la conoce.

La autoría es de quien, en mi humilde e indocta opinión, es uno de los mayores escritores de canciones del siglo pasado, Paul Simon, y está en Sounds of silence, el disco de Simon & Garfunkel de 1966.


Leaves that are green

I was twenty-one years when I wrote this song.
Im twenty-two now but I wont be for long
Time hurries on.
And the leaves that are green turn to brown,
And they wither with the wind,
And they crumble in your hand.

Once my heart was filled with the love of a girl.
I held her close, but she faded in the night
Like a poem I meant to write.
And the leaves that are green turn to brown,
And they wither with the wind,
And they crumble in your hand.

I threw a pebble in a brook
And watched the ripples run away
And they never made a sound.
And the leaves that are green turned to brown,
And they wither with the wind,
And they crumble in your hand.

Hello, hello, hello, good-bye,
Good-bye, good-bye, good-bye,
Thats all there is.
And the leaves that are green turned to brown,
And they wither with the wind,
And they crumble in your hand.

Walter Hego said...

FE DE ERRATAS. En mi comentario anterior, donde se lee "wont", debe leerse "won't", claro está.

Agustin Acevedo Kanopa said...

Martín:
Creo que sé cual es, creo que es el tipo que le menciono a Matías en mi primer comment.
Igual, hay muchos parecidos.

duroc:
El sistema de recultamiento del movimiento revolucionario de Valizas se hace de uno a uno, de una forma parecida a la que utilizaba el grupo independentista argelino en La batalla de Argel

pad said...

No se si es razonable en la musica hablar de justicia y menos asociarla a lo masivo. Aun así, me alegra mucho de que Cabrera sea reconocido (desde Viveza para aca) como uno de los mejores compositores vivos de este país. La otra vez, en un programa argentino y hablando de la decadencia del rock argentino, Fito Paez hablaba de los nuevos cantautores, mencionando a Drexler, Aristumuño, Marti Buscaglia y si, si, si el "pibe" Cabrera. Increible no?. No solo por identificar en la ola argentina a tres uruguayos, sino por incluir a Fernando Cabrera, un tipo que mientras el Fito jugaba al futbol en Rosario (aunque debia ser medio tronco), ya estaba tocando con su grupo Montresvideo.

El Cabrera de los 80 fue una maquina de sacar discos, algunos brillantes, otros menos regulares. El mismo mas de un vez ha dicho que se arrepiente de ello,de no aguantarse a veces y trabajar mas las canciones antes de editarlas. Creo que Viveza y Bardo son discos perfectos, absolutamente solidos, y ultra trabajados. Hoy Cabrera es sin dudas un tipo mucho mas maduro compositivamente. Aunque en esos 80 abundan por todos lados esos diamentes en bruto. De hecho en el disco con Mateo yo me quedo con todas las versiones compuestas por Cabrera: Al mismo Tiempo, Por ejemplo, Meritos y Merecimientos.

Si la musica es como dijo algun amigo por ahi una aproximacion fina a las emociones (y de ahi viene lo que se puede llamar vuelo artistico), no hay muchos letristas en castellaño por estos lares que puedan pelearle el sitial.

pad said...

En referencia a las generaciones que hace mencion Agustin pienso una y otra vez lo mismo, que envidia, que envidia a la generacion de mis viejos. Miren esa camada del 77: Leo Masliah, el Darno, Cabrera, el Choncho, Jaime. Estamos hablando de flacos que tenian entre 27 (el caso del choncho) y 22 (Cabrera). Ya con esos flacos se mina cualquier intento de destruccion creativa presente. ¿Que queda despues de eso?.

Oldboy said...

Que gracioso pensar en Cabrera como un "nuevo cantautor", por suerte no hubo que esperar a que se muera para reconocer que el tipo es buenisimo.

Es altamente recomendable escuchar lo bien que se defiende el solo con su guitarra.
...
No se si es porque se le asociaba con el movimiento de musica popular cuando este se acabo, pero el tipo a finales de los 80' no se lo tragaba nadie de los roqueros.
Era de los pocos que conseguia que los que tocaban con el - los mismos musicos que podian llegar a tocar con Jaime u otros del mismo palo - se limitaran a tocar lo justo y no se fueran por las ramas en solos y pajerias del estilo que a veces se podian escuchar con otros musicos.

Tambien Cabrera es de los pocos que le daban bola a Mateo cuando estaba vivo.
...

Artistas ambulantes 1. Antes de que fuera moda que cualquier imbecil se subiera al omnibus a cantar, me acuerdo de un chofer de troleibus 62 que cantaba zarzuelas a todo trapo mientras laburaba, de lo mas inusual.

Artistas ambulantes 2. En un dia laborable en el tren de barcelona a un pueblo del interior de cataluña, se suben tres flacos con guitarras y maracas. Bastan no mas que unas pocas frases con la letra y griega
para que automaticamente se cuelguen un cartel imaginario de "soy uruguayo" mucho antes de llegar a decir que van a tocar un candombe.
Tocaron unas versiones libres de unos temas medio candombe medio ska que fueron realmente excelentes. Un episodio bastante extraño en el contexto.

DEG said...

¿Fueron unos amigos tuyos los que garronearon un viaje gratis en ómnibus tocando una cantidad exagerada de canciones?

Agustin Acevedo Kanopa said...

Con respecto a Cabrera:
Siempre me gustó ese grado de indefinición, siendo imposible meterlo en la movida del cantopopu y los rockeros. Creo que en esos limbos, algo parecido en cierta medida a lo de Mateo, se encuentra uno de los suelos más fértiles para desarrollarse de forma independiente y completamente fecunda.
Un día de estos, sabiendo donde vive Cabrera, voy a dejarle mi libro abajo de su puerta, sin escribirle nada más que la envidia me corroe al leer algunas letras suyas

deg:
Sí, esa es una historia genial, llevada a cabo por unos tipos que siempre me cayeron mal. La cuestión era que los tipos se habían quedado sin un mango, y tenían que volver al liceo rápido por no me acuerdo qué cuestión. La cosa es que a pie nunca llegarían, y para salir del aprieto aprovecharon que uno de ellos había traído una guitarra y se subieron a un ómnibus a cantar todas las canciones que se les ocurrieron, hasta que llegaron a la parada, sin siquiera recoger la contribución de los oyentes. Nunca me habían caído bien los tipos, pero después de aquella viveza ganaron una pequeña parcela de mi respeto.

Walter Hego said...

Agustín: ¿Conocés la canción que te decía?

Agustin Acevedo Kanopa said...

Ah, sí walter, perdone que se me pasó comentarle.
A Simon and Garfunkel los tengo muy ligados a mi madre, que desde chico me hablaba de aquel concierto de Central Park como uno de los momentos más importantes de la música del siglo XX. Realmente, no tengo una opinión formada de ellos porque escuché sólo un poco de su discografía, pero con un oído poco atento.

Walter Hego said...

Agustín: Le recomiendo que se apresure a reparar esa omisión. Bájese todo lo que encuentre de S & G y de Simon solista,* escuche atentamente, y después hablamos.


* Al menos casi todo lo de Simon; no conozco lo más reciente del tipo.

astllr said...

cuando pensamos en la herencia de la generación cabrera, por decir así, no se debe pensar como un ejemplo para levantar o imitar los piques, sino para comprender intimamente las relaciones lúcidas entre el artista, la obra y su época. Eso es lo que la generación que sigue debe aprender: lucidez.

Creo que en estos tiempos el artista, y el músico popular dentro de ellos (que es un privilegiado dentro del pauperizado mundo de las artes en general) debe comprender que su individualidad artística se potencia en la relación con un grupo, y no me refiero a una banda.

Un poco como los grafiteros, que desarrollan su estilo individual al convivir con otros grafiteros de una misma banda sobre una misma pared. Es como una paradoja, ser más individual en la medida en que sepamos convivir con un grupo donde todos sobresalen.

benito said...

Qué casualidad, los últimos días me la he pasado escuchando a Simon y Garfunkel y a Simon solista..., te recomiendo entrar por el Bookends, tremendo disco. También me la he pasado escuchando el Heart Food de Judee Sill, no tiene nada que ver, pero creo que todo el mundo debería escuchar "The Kiss". Hace que la gente sea mejor.

La anécdota del garroneo del viaje cantando me hace acordar a algo que hicieron mis amigos del liceo (que siguen siendo mis amigos de ahora) hace un millón de años en Piriápolis: estaban con una sed bárbara y se habían gastado hasta el último marevedí en cerveza, y se les ocurrió poner la gorra de uno en el suelo y a cantar a voz en cuello lo que sabían cantar. Lo de "sabían" es un eufemismo y las canciones de las que estas bestias recordaban la letra eran apenas unas cuantas de La Polla Records, Eskorbuto y Kortatu. Y empezaron a cantar y los que pasaban empezaron a tirarles monedas a la gorra, pero al rato se dieron cuenta de que no le tiraban a la gorra sino a ellos, para que se callaran de una puta vez.

Igual les dió para la cerveza.

Uno de los de Pecho e Fierro canta en los ómnibus, y la verdad es que el canario encara.

Duroc said...

El canario, el de los "caramelos ácidos" decís? Qué voz... qué laburante ese. Y buen sombrero tiene. Saludos.

Ama-gi said...

¿Alguien vio a los dos pelotudos que hacen una rutina vestidos de mujeres? Me hicieron bajar tres paradas antes los hijos de remil puta.

Ama-gi said...

Ah, me olvidaba...me gustan las tetas adolescentes de la novia de Maxi Ramonero.

Walter Hego said...

Benito: Ah, bueno, Bookends. Una hermosísima canción, y una de las pocas que me han hecho lagrimear.

Agustin Acevedo Kanopa said...

Pecho 'e fierro, sin ser una banda que escucharía en mi casa, la respeto muchísimo, en términos de honestidad y fuerza.
Extrañamente, habiéndolo visto tanto en vivo como banda y en vivo como solista -por lo menos el cantante-, prefiero lo segundo. Igual, se podría decir que en términos de autenticidad, Pecho 'e fierro es una de las bandas uruguayas que talks the talk and walks the walk

Manzanilla y Sal said...

eso del otoño durmiendo en tu cuarto te quedo muy bonito

tenía la costumbre de siempre pagarle algo a los cantantes que subieran al micro, cantaran lo que cantaran, y cantaran como cantaran. no sé en que momento deje de ser constante, aunque cada vez que me acuerdo lo hago.

acá lo que más cantan cuando suben son cumbias. al menos eso cantaban en la época en que iba a diario hora y media en el bus, en lima.

Agustin Acevedo Kanopa said...

En cierto modo la disposición hacia los artistas callejeros fue sucumbiendo ante la lógica capitalista de perfeccionamiento y profesionalización. Antes se le daba plata a la primera persona que subiera(porque no eran tantos los que subían), pero a medida que comenzaron a sobrepoblar los ómnibus, ante el exceso de oferta de músicos y demás la gente se fue volviendo más selectiva y exigente, convirtiéndose aquellos trayectos más en una especie de casting de talentos que en una forma de ayuda "de cada bolsillo, de cada corazón"

benito said...

En realidad no hablaba tanto del tema "Bookends" sino del disco entero. Más que nada por la canción "América" que me fascina desde que era pre-adolescente y que tiene uno de los momentos para mí cumbres de la música popular en general (el verso que dice "And the moon rose over an open field", y los golpes de batería y la estrofa que lo suceden).

Me metí en el famoso fotolog de maxiramonero y no me impresiona tanto lo que escribe sino el enorme tatuaje de La Sangre de Veronika que exhibe en el hombro izquierdo. Quiero decir, personalmente no me gustan los tatuajes con letras en general y no me gustan los tatuajes relacionados con bandas, y me da un poco de cosa un menor de edad con semejante tatú cubriéndole el hombro. Yo recuerdo las bandas que me gustaban a los 18 y lo mutante que era mi gusto en ese entonces, convertir eso en ink me parece una jugada irremediablemente destinada al arrepentimiento o al laser.

(mi primer tatuaje también fue de una banda punk, pero me lo hice a los 30 años y se trataba de la bandera negra diseñada por Pettibone para Black Flag, un diseño que para mí implicaba muchísimo más que el gusto por una banda, sino una declaración de principios -además de un golazo de la historia de los íconos)

Manzanilla y Sal said...

esa es la foto de su avatar, benito?

Walter Hego said...

Benito: Sí, estaba claro que te referías al disco, que está buenísimo todo. Y America es un temazo, sin duda.

En realidad, creo que prácticamente todas las canciones de Simon son excelentes, e insisto: hay pocos autores de canciones como el tipo.

En este momento, además de las dos mencionadas y hablando de las de la época con Garfunkel, me vienen a la cabeza The only living boy in New York y So long, Frank Lloyd Wright. Aunque no debe haber ninguna canción que baje de muy buena en ninguno de los discos del dúo.

Oldboy said...

Para los fans de Cabrera y para los no convencidos de que el tipo solo con su guitarra aguanta y aguanta aqui les dejo un enlace a un toque pirata - grabado desde la consola de mezclas asi que suena muy bien -de Cabrera en la carpa de la IMM.

Fernando Cabrera en la carpa de la IMM

Agustin Acevedo Kanopa said...

Benito:
Te cuento otra horrible de Maxi Ramonero:
el tipo se hizo el tatuaje clásico del escudo de los Ramones, y además de que no quedó del todo convincente, cambió el nombre de Marky por Maxi. No precisamente un ejemplo de buen gusto.
A mis quince años, en pleno fanatismo über nerd de Tolkien -y eso incluía comprarme no sólo los libros, sino estudios por otros escritores, mandarme hacer cuadros hechos con láminas de John Howe y comprarme dados de veinte caras- llegué a pensar seriamente tatuarme el conocido signo que resume todas las iniciales del escritor. Más allá de que me seguirme pareciendo un lindo símbolo y considerar aún que El señor de los anillos es un trabajo brillante, me resultaría medio ridículo andar con semejante tatuaje hoy en día.
Otra muestra de que los quinceañeros no están en condiciones de tomar decisiones

oldboy:
Muchas gracias por lo de Cabrera, ya lo estoy bajando

Phibrizoq said...
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Phibrizoq said...

Sólo voy a decir algo: ¡no es justo que a vos te pasen esas cosas! ¡Yo también quiero que una chica se suba a un colectivo a cantar "Still Ill" y me alegre el día!... encima es uno de mis temas preferidos de los Smiths, sobretodo la versión de Hatful of Hollow.

Scott Walker escuché una sola vez hace poco el 4, y mucho no me gustó, pero le tengo que dar un par de escuchas.
De Cabrera me bajé El viento en la cara, después te diré qué onda.

DEG said...

Yo una vez conocí a un cantante de black metal de Juan Lacaze que tenía tatuado en un hombro el ojo de Sauron, y abajo la leyenda del anillo en letras élficas, y no le quedaba mal. Marcelo, se llamaba.

Agustin Acevedo Kanopa said...

deg:
Bueno, por Colonia abundan tatuajes muy particulares, como el de Tano

phibrizoq:
Ja, ya me extrañaba que un fan de Morrisey y cia como vos no hubiera saltado por el asunto de Still Ill.
Con respecto a Scott Walker, escúchelo más, dele una oportunidad, que creo que debe haber introducido una modificación a mi All time favourite records.
Se bajó un lindo disco para empezar con Cabrera, bueno, ya dejé en el post una lista de temas que me emocionan mucho.

Marujita said...

Agus, me intriga saber como altera el cambio climático a tu ritmo musical. Porque supongo que alguna influencia debe haber. Vos no podés ser la excepción.

Por cierto, empezaste a trabajar en La Diaria o se trata de otro Agustín Acevedo Kanopa?

Agustin Acevedo Kanopa said...
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Agustin Acevedo Kanopa said...

Yo creo que mi ritmo musical se altera más que por los solsticios, por los equinoccios. En todo caso, en el otoño toma cuerpo el duelo y melancolía por el fin de mis meses favoritos del año (el verano), y en la primavera, por lo contrario, me invade la euforia de poder salir del capullo de lana y poliester y poder andar en camiseta por la calle. Teniendo prácticamente una canción para cualquier cosa que me pase, es inevitable que estos cambios climáticos tengan su propio soundtrack.

Con respecto a La diaria, sí,la otra vez me llamaron para cubrir la nota de la película de Luca Prodan (que de paso, recomiendo que la vean si tienen la posibilidad). Veremos si después me encomiendan otras películas.

Marujita said...

Es verdad, los equinoccios son mucho peores, más ahora que tenemos un clima tropical con dos estaciones, una cálida y otra fría. De todas formas, para el que trabaja todo el año no hay mucha diferencia, Agus. Si tenés cuatro meses de vacaciones podés disfrutar el verano, si tenés que trabajar y no te podés ir a la playa, odiás el verano, y disfrutás mucho más de la frescura invernal. Eso por un lado. Y por otro, todas las estaciones tienen lo suyo. También el otoño.

Me había parecido que no podía ser otro. Reconocí su estilo.

Indio Sangriento said...

Me hiciste recordar a cuando vi el dirigible. Tenía 15 años, estaba en tercero de liceo. Tenía una materia llamda "Espacio adolescente". Mi profesor vio mi gusto por el cine y me recomendó que la viera porque le interesaría escuchar su opinión.
La vi, y no entendí un sorete. A él le había gustado y me la intentó explicar... m e había dicho algo como que "todos los uruguayos somos un poco como el moco".
Si, sigo preguntandome por qué... Y si, me gustaría cruzarme con él hoy en día para que me la intente explicar ahora que soy menos pendejo, jeje.
La cosa es que nadie sabe que mierda quiso hacer pablo dotta... Es más, gastó medio millón de dólares en una escena en la cual aparecen unos equilibristas belgas (escena que no aporta ABSOLUTAMENTE NADA a la película) solo por capricho de él... Y a su vez, tenía una mujer que conseguía la guita de todos lados...
Es más, al final, cuando precisaba más guita supuestamente para hacer más película, fue a Mexico. Le explicó a los mexicanos lo que quería hacer, y ellos le dijeron "Mirá, por más que te demos la plata para que quieras agregarle esas partes que decís, nadie va a entender nada". Evidentemente fue así, pero igual mre quedo intrigado. ¿Qué sería lo que le iba a agregar? Capaz que era algo que cuadraba y todo... jeje.
Bueno, siempre es un gusto pasar por acá... Nos estamos viendo, he vuelto a la vida con el blog de cine, jeje

benito said...

Yo nunca vi El Dirigible; lo cual es medio jodido de admitir si se labura en lo que yo laburo. Pero en general tengo la impresión de que ultimamente hubo una especie de re-valorización de la película, como que la gente ahora piensa en la película, y no en LA PELÍCULA. La banda de sonido no me convence, para mí los 90 fueron el período más osado pero, paradójicamente, menos interesante de su carrera.

benito said...

De la carrera de Cabrera, quiero decir.

Ahora que releo la letra de "El tiempo está después"... qué bien que se banca sobre el papel (o la pantalla en este caso), qué densidad bien entendida. Y todavía era un purrete en aquellos días.

Agustin Acevedo Kanopa said...

Con respecto a Cabrera:
Mi período favorito de Cabrera -a unos meses de escucha, recién- va desde El viento en la cara (1984) a El tiempo está después (1989), pero Viveza está genial, y me faltan escuchar algunos discos como Río y Ciudad de la Plata.
El tema El tiempo está después lo he escuchado, leído y releído y creo que el hecho de no haber podido escribir un verso en el último mes se debe al hecho de haberme topado con tal canción. La belleza del tema me resulta realmente intimidante.

Con respecto a El Dirigible
En todo caso esa revalorizacion de la película (o cuando menos,el atenuamiento de las diatribas hacia el film) me parece algo bastante positivo.
Nunca la entendí, es verdad. Está llena de detalles que podrían ser una genialidad, un snobismo o una buena idea mal ejecutada (me inclino hacia esto último). Prefiero pensar en la película por lo que resultó para mi vida: un misterio. No sé qué quiso Dotta, no sé si realmente el resultado llegó a ser lo que el director tenía en mente, no sé qué es lo que le vieron los de Cannes y ni siquiera sé si me gustó. Creo que prefiero dejarlo así.
Hablando con Erasmo -librero excelso de Minerva y, científicamente comprobado, el mejor ser humano de la tierra-, terminamos llegando a la conclusión de que la película, tal como El dirigible, específicamente el Hindenburgh, terminó colapsando por su misma magnitud, pero no la económica (los famosos 500 mil dólares), sino por sus aspiraciones artísticas. El tema con el dirigible es que intentó ser la película uruguaya, conjugando toda una tradición de crítica cinematográfica seria con las posibilidades de ahondar en nuevas técnicas y recursos antes inexplorados. Creo que, en todo caso, se intentó llegar a algo demasiado serio, demasiado solemne, que algo arquetípico del Uruguay, en todo caso (y posiblemente sea esta razón por la que se consideró a una película de medias tintas como "Una forma de bailar" un gran hallazgo).
Con respecto a los famosos 500 mil, me parece un elemento de achaque innecesario y demasiado extra cinematográfico, del que periodistas como Gandolfo se aferraron excesivamente para mi gusto -Este blogger habla muy bien sobre este punto.
En todo caso, cueste el dinero que cueste y sea cuales sean los resultados, sin importar a cuantos trapecistas belgas se deban contratar, siempre voy a respetar alguien que sale en caza de sus propias imágenes.

Oldboy said...

Creo haber visto por Montevideo, no se en que epoca un graffiti que decía, "yo entendí el dirigible"... o es mi memoria que me juega malas pasadas.
...
Yo la vi "el dirigible" en su momento y no me gustó nada, no por lo que halla costado o porque no se entendiera, sino que era como si vieras un espectaculo de marionetas y te fijaras en los hilos de los macacos,..no se si me explico.

Me pasa 2x3 con varias peliculas "artisticas"?.

astllr said...

Fui al estreno del dirigible con una sensacion muy incomoda, porque sentia que tenia que gustarme o que tenia que no gustarme, pero que el asunto no admitia posiciones intermedias.

No recuerdo mucho de la pelicula y creo que el guion narrativo (como se lo entiende actualmente, es decir dominado por la exigencia de verosimilitud) era interesante en la medida en que intentaba expresar algo casi exclusivamente en terminos de imagen.

Creo que esa es la debilidad y la fortaleza de la pelicula, por momentos mas parecida a videoarte que a otra cosa. Digo debilidad porque aparece siempre la obsesion por registrar imagenes "identitarias" a un extremo que hoy resulta insoportable (el palacio salvo, el interior de un taxi, la playa ramirez si no recuerdo mal, etc.)

Pero en ese momento crear imagenes donde mirarnos al espejo no solo era un asunto central de los artistas montevideanos: se veia como un asunto que tenia que ser resuelto, porque la verdad es que no habia muchas cosas en las que verse reflejado de manera mas o menos directa. Creo que hoy padecemos del mal contrario y quizas ambos extremos sean parte del mismo problema.

Entonces en el dirigible se ve este esfuerzo, que para mi no es un merito por si mismo. Pero creo que en varios momentos el trabajo de la imagen llega a extremos realmente buenos, tanto en las imagenes de archivo del dirigible, procesadas y reprocesadas (y la musica es muy importante aqui) como en aquel primerisimo primer plano del ojo de Onetti, aquel ojo gigante y viejo y lucido que miraba a la camara y a todos los imbeciles que estabamos mirando a ver si aquello tenia que gustarnos o no.

Walter Hego said...

Old: Sí, existió ese grafito. No recuerdo ahora dónde estaba, pero lo tengo visto.

Yo vi la película. Ni la entendí ni me gustó. Hay filmes de los que uno no chapa nada, pero sin embargo a uno le gustan. En el caso de "El dirigible", a mí ni una cosa ni la otra.

A modo de anécdota, recuerdo estar en la terraza de mi apartamento, a pocas cuadras del Salvo, y verlo iluminado por unos focos que se movían. Fui hasta ahí y vi el espectáculo de los tipos deslizándose a lo largo de las cuerdas (no sabía que eran belgas y en el momento no me di cuenta, porque a la distancia no veía si tenían cara de belgas o de qué).

Indio Sangriento said...

Quiero aclarar que no estoy criticando a la película por el hecho de cuanto salió, sino porque Dotta se la creía demasiado. Jamás en su vida había participado de un rodaje y se tiró a hacer la película así nomás. Ese puede ser uno de los motivos por los que le salió cualquier cosa.
Pero caprichos como ese de los equilibristas tenía varios... Y en mi opinión, tenés que bajarte un cachito a tierra... independientemente de si el dirigible esté buena o no.

Walter Hego said...

Agustín: Acabo de publicar otra de esas entradas lúdicas, y la misma incluye, entre otros pasatiempos, un par como el que usted acertó la última vez. En una de las imágenes está, incluso, la misma chick a la que la otra vez se veía en compañía de Crumb. Y el dude de la segunda imagen solía viajar por carretera. (No, no era ese escritor en el que acaba de pensar. De hecho, no era escritor.)

Si gusta pasar a ver cómo sigue usté para la cuestión de la iconografía de los sesenta, dele nomás.

Ama-gi said...

¿Alguien por acá vio Cannibal Holocaust?

Duroc said...

Yo la vi. Como al principio de ese film, luego de un travelling aéreo berreta de la selva, aparecen unos milicos, y el principal, o al menos el que está al mando, es muy parecido al padre de Richard "Chengue" Morales, ese que estará en la tribuna América mañana viendo a su hijo. Salú.

benito said...

Yo no solamente vi Cannibal Holocaust (varias veces pero adelantando las partes en las que matan bichos) sino que hace tiempo que quiero convencer a mi banda de tocar el tema de Riz Ortolani que anima las principales escenas.

Agustin Acevedo Kanopa said...

Anótenme también en la lista de los que la vieron. Es interesante cómo a pesar de haber sido hecha en 1980 sus imágenes siguen siendo muchísimo más realistas que la mayoría de las cosas que se hacen en el cine de ahora, enceguecido por paredes verdes, arneses y bits y bits al pedo.

Con respecto a la película en sí, tengo una divertida anécdota. El año pasado mi padre me comentó, casi como si fuera una oscura confidencia, que una vez un amigo mexicano le mostró un video encontrado en la selva, en donde se filmaba a los dueños de la cámara ser empalados por unos aborígenes. Me dijo que siempre le vino remordimiento de haber algo tan terrible. Fue ahí que me cagué de la risa y le conté de Deodato y los problemas similares a los que se había enfrentado el film, efectivamente una ficción. Hay veces que el hijo es quien tiene que decirle al padre que los reyes no existen.

PD: Como es común en mí, me resultó mucho más violenta las escenas de violencia hacia los animales que hacia las personas

Oldboy said...

Anotenme un poroto a mi también, que vi "Holocausto Canibal" (alquilada en castellano en VHS).

Irremediablemente asociada a la época en la que mi padre compró una flamante videocassetera y era la fiebre del VHS.

Con mi hermano entramos en una especie de compulsión demente por consumir cualquier cosa del septimo arte (subrayo cualquier cosa antes que arte) y organizabamos verdaderas maratones con titulos como: Holcausto Canibal, Reanimator, Chucky el muñeco diabolico, Depredador, Jackie Chan, cualquier cosa de Bruce Lee o de alguno de sus clones (Bruce Le), Pesadilla en Elm Street, o cualquiera de Viernes 13.

La visión de cualquier pelicula de la saga de Jason era como ir a un partido de futbol, estabamos mi hermano, yo y una barra de amigos gritando a coro cuando la proxima muerte era inminente... "y dale Yaison , dale dale Yaison.."

Sinceramente de Holocausto Canibal solo me acuerdo de los empalamientos y un par de tetas que aparecian por alli.

benito said...

Bueno, lo que pasa también es que el caracagada de Deodato mató de verdad a los animales -el mono, la tortuga, etc.-, y se nota.

Pero igual es una buena película, misántropa como pocas. Y en su tiempo muchos se comieron que era un documental en serio.

Brunomilan said...

"Holocausto Canibal" es una cuenta pendiente muy importante en mi vida, cuando yo tenia 16 o 17 años mi hermano se compro un libro de las mejores peliculas de gore/terror/aledaños (incluia "Salo" por ej) de todos los tiempos y Holocausto estaba en el primer puesto, esa foto de la mina empalada la tengo tatuada en la memoria...

Duroc said...

Saló! El último que apague la luz... Por obras como esta, por ser tan frontal en una sociedad pacata, rancia y ni me gasto en más, a Pasolini lo cosieron, luego de extorsionarlo a más no poder. Qué retrato se mandó. Gore, gore, gore... más que nada por el manejo de cámara, digo.

Ama-gi said...

Tiene opiniones favorables, sangre, tetas, y la prohibieron en varios países, algunos de ellos considerados entre los más prolijitos, progresistas y democráticos. Voy a ver si el fin de semana que viene la veo.

Manzanilla y Sal said...

No sé si esto sea una buena o mala noticia:

www.watch-movies.net

Películas completas. Hará que pase aún más tiempo en la PC....

Está Cannibal Holocaust :)

theremin said...

Qué terrible la historia del sombrero! Fue lo que más me impactó del post, creo.
También tu descripción de "querer ser" alguien.
Una vez quise regalarle a un novio un sombrero hongo, pero no pude encontrar ninguno en esta ciudad. Terminó recibiendo un libro, creo que Pánico y Locura en Las Vegas. Al año siguiente quise regalarle un cerezo, pero era demasiado caro y terminó recibiendo otro libro, creo que El parque de los ciervos de Mailer. No sabés qué bueno es que María te haya dado un sombrero, aunque se usen de día (ja! debo decir que concordé parcialmente con quien te dijo eso)
Slds.

Ama-gi said...

¿Alguien compró la RS aniversario?

¿Que tal está?