“Ella también” fue, casi de manera instantánea, mi tema favorito del flaco en toda su larga discografía. Una de sus particularidades es que, aún con el paso del tiempo, tiene una remarcable virtud dionisíaca de reinventarse en mi vida, a pesar de ser la misma canción que siempre puedo encontrar en mi vinilo del “Kamikaze”. Siempre cuando escucho este tema recuerdo uno de sus tantos renaceres, quizás el más hermoso y paradigmático de todos, el que terminó por fundir con fuego mis representaciones y sentimientos del tema, como dándole carne a lo que me promueve. Era la noche previa a un parcial de una materia de facultad tan tediosa como larga. No me sentía lo suficientemente preparado, agregando que tenía sólo unas horas más de estudio, antes de irme a dormir para el parcial que tenía bien temprano. A todo esto se sumaba la angustia ante la inestabilidad por una relación sentimental que comenzaba a pegarme duro, y el hecho mismo de que estaba viviendo solo, ya que mi familia se había ido a México. Leyendo y repasando para el parcial, por un momento me sentí a punto de colapsar, y en un impulso tan desesperado como extraño puse el TN Noticias para ver qué hora era. La una de la mañana. Fue entonces que apareció el informativista con su habitual poker face, dando los datos del tiempo, en una noche bastante fresca en Buenos Aires para tratarse de noviembre. Sucedió lo esperable: mientras que se precisaba cuantitativamente la humedad, aparecían imágenes de la ciudad en plena noche, vistas aéreas de autos cruzándo sonámbulamente el obelisco, los edificios de Belgrano dormidos, un viento fresco que se podía sentir desde el televisor, como una misma entidad que transitaba por la ciudad porteña. Fue entonces que comenzó a sonar “Ella también”. Me quedé estático, mudo, viendo a los autos pasar, sintiéndome perdido dentro de esa noche bonaerense tejida por las palabras del flaco y aquel piano de Diego Rapaport. Fue un completo claroscuro, de golpe toda esa sensación opresiva en el pecho desapareció y todo el universo se concentró en esa canción, los versos y aquellas vistas aéreas. Como si fuera una cofradía entre Buenos Aires, el noticiero y Spinetta, la canción sonó sus cuatro minutos, sin ceder a comerciales o a la voz intrusa del periodista, simplemente mostrando aquellas imágenes que desde aquel entonces siempre asocio con esa ciudad y esa noche. La letra:
Ella tambien se cansó de este sol

viene a mojarse los pies a la luna;
viene a mojarse los pies a la luna
viene a mojarse los pies a la luna...
Cuando se cansa de tanto querer
ella es tan clara que ya no es ninguna;
ella es tan clara que ya no es ninguna
ella es tan clara que ya no es ninguna...
Sube a las hojas y cae hasta el mar
como es que puedo tocarle las manos;
como es que puedo tocarle las manos
como es que puedo tocarle las manos...
De donde vienen quienes al nacer
llueven y llueven y en ella se juntan;
llueven y llueven y en ella se juntan
llueven y llueven y en ella se juntan...
Yo me recuesto y ella en el final
viene a dormirme movida de estrellas;
viene a dormirme movida de estrellas
viene a dormirme...
Más allá de que la sensación profunda que puede generar una canción es, en definitiva, algo muy personal, casi un solipsismo, debo reconocer que la letra me parece excelente, mucho más allá de los juegos de palabras tan interesantes que suele presentar el flaco. Sin quedarme meramente en las imágenes (que me resultan, de hecho, hermosas), tengo una cierta interpretación de la canción. Yo la siento como la idea de un amor idealizado que trasciende la metáfora misma. Es como un amor tan intenso que hace perder el “como si” del lenguaje (para los que estudian psicología, sí, estoy afanando abierta y arbitrariamente a Lacan y a Psicopatología clínica). No se necesita un conector comparativo, la musa sencillamente vive y toma del mundo lo que necesita, siendo tan amada que ni siquiera tiene que hacer pacto con la materialidad de las cosas. Quizás esta es una reflexión más basada en la forma del mismo texto que en el contenido, pero es lo que más me interesó destacar. Habla sobre una persona a la que se ama tanto que el mundo se desdibuja, quedando completamente a merced de la omnipotencia de sus caprichos (“ella también se cansó de este sol/ viene a mojarse los pies a la luna”). No es necesario un lago, ni siquiera un charco en el que se refleje nuestro satélite, ella sencillamente se saltea todos los puentes y las comparaciones, para sencillamente irse a mojarse los pies a la luna. “Yo me recuesto y ella en el final viene a dormirme movida de estrellas”: no interesa realizar mayores disecciones, me quedo con la forma y con las imágenes, siento que se contrasta el “dormir” con “mover”, ella es como el mismo firmamento viviente, que permanece presente en la fantasía, aún en el momento en que el protagonista decide dormirse, como intentando infructuosamente abandonar ese mundo. Podría hablar del amor del niño hacia el objeto parcial en los primeros meses de vida, pero creo que sería cagar un tema tan hermoso que debe ser vivido fuera de las metáforas, tal como es presentada la musa en la canción. Hoy, escribiendo esto, puedo decir que sí, posiblemente estoy ante un nuevo renacer de este tema.
Xiu Xiu- Asleep
Escucho este tema del disco Life and Live, en donde Jaime Stewart se las banca solo, solísimo y en vivo. No se necesita batería, ni bajo, ni máquina de ritmos, es el ascetismo hecho canción. Es más, suena tan low fi que parecería un auténtico bootleg. Acá va un buen ejemplo de cómo una canción cala hondo sin necesitar más que una voz mediúmnica como la de Stewart. Hay algo en la forma de cantar del californiano que es absolutamente cautivante: canta como si fuera su última oportunidad de redimirse en la tierra, de una manera hasta autoflagelante. Esta canción en especial, desde mi humilde opinión, se centra en una relación tormentosa y ambivalente vivida por el autor. Está muy bien logrado el hecho de que sin precisar muchas palabras se sintetiza toda una relación en dónde creo que Jaime sabe que el otro es absolutamente necesario, pero que a la vez sabe que el único amor que podrá recibir de este es uno compasivo y hasta paternal. Es un deseo intenso de poder poseer a una persona bajo sus propios términos, pero a la vez aceptando el autoengaño, ya que si sigue con él, sólo podrá recibir un tipo de amor que potencie esa honda tristeza. No poder vivir con o sin esa persona. Es amar a alguien, cuando se sabe que en realidad la única opción es escapar, irse en la mañana o en los sueños, embarcarse en una fantasía en donde las piezas finalmente encastren, en definitiva, exigirle al otro que se quede, pero al menos permitirse soñar en otro tipo de relación en donde las cosas estén dadas de una manera diferente ("Deep in the cell of my Heart/I will feel so glad to go (…) There’s a better world/Well, there must be"). La última versión de este tema que vengo escuchando es aún más genial, porque la forma en que J.S. actúa su voz es tan perfecta que incluso corta la canción antes de que termine, como si fuera una verdad tan dolorosa de ser dicha, que es imposible de mantenerla por mucho más tiempo, tal como versa la letra. Bueno, perdonen la poca claridad de ideas, pero no lo podría explicar de forma más precisa.
Sing me to sleep
Sing me to sleep
I'm tired and I

I want to go to bed
Sing me to sleep
Sing me to sleep
And then leave me alone
Don't try to wake me in the morning
'Cause I will be gone
Don't feel bad for me
I want you to know
Deep in the cell of my heart
I will feel so glad to go
Sing me to sleep
Sing me to sleep
I don't want to wake up
On my own anymore
Sing to me
Sing to me
I don’t want to wake up
On my own any more
Don't feel bad for me
I want you to know
Deep in the cell of my heart
I really want to go
There is another world
There is a better world
Well, there must be
Well, there must be
Bye bye
Cat Power-Wild is the wind
Chan Marshall es una minimalista. Es un puño blanco como el cuadrado de Malevich dándote con sus nudillos y aristas en el medio de la geta, una voz desnuda y sin espada rasguñando los telones del silencio. Y si alguien osa discutirme sobre este punto, sólo escuche el link a la canción que les dejé arriba. Esta canción está incluida dentro del disco “The covers record”, que es, precisamente como lo indica, un disco de versiones. Sin embargo, a no ser alguien que esté bien atento, el reconocimiento de temas estandartes del rock como Satisfaction aparecerá desapercibido, precisamente por esa austeridad con que Chan se mueve en todo el disco. Una canción tan movida, indisolublemente ligada a la imagen histriónica de Mick Jagger en calzas, se torna lánguida, sabia e introspectiva en los labios de Cat Power. Igualmente, el disco no me estaba enloqueciendo hasta que escuché este tema, “Wild is the wind”. Creía que ese tema era original de David Bowie y, sin embargo me entero que su la autoría corresponde a unos hombres que desconozco, como banda sonora de una película que cae en la misma ignominia de mi parte. Me resultó difícil escuchar la canción ante la cantidad de escalofríos que me venían de a tanto. Traté de analizar los por qué. Revisé la letra y no me parecía tan genial. Uno hasta podría pensar que tiene ciertos lugares comunes:
“Love me, love me

Say you do
Let me fly away
With you
We're creatures of the wind
Wild is the wind
Give me more than one grasp
To satisfy this hungryness
We're creatures of the wind
Wild is the wind
You touch me
I hear the sound of mandolines
You kiss me
With your kiss my life begins
Like a leaf clings to a tree
Baby please cling to me
We're creatures of the wind
Wild is the wind
You touch me
I hear the sound of mandolins
And you kiss me
With your kiss my life begins
Love me, love me
Say you do
Let me fly away
With you”
La metáfora del amor y el vuelo es algo tan usado como la noción del corazón como receptáculo de sentimientos. Sin embargo, hay algo en Chan, algo en su forma de cantar, que hace que un verso como “Let me fly with you” sea completamente creíble y dolorosamente sentido. Cat Power no es una gran instrumentista. Es más, a lo largo del disco hay bastantes pifies, notas sordas y cuerdas tocadas de una manera demasiado rústica. Y es quizás precisamente eso lo que hace tan honesta y profunda la labor de la señorita Marshall. Cada tecla que toca, cada verso que pronuncia parecería que fuera a ser el último, con una vulnerabilidad que se desnuda por completo ante nosotros. La versión de esta canción de David Bowie también es bastante buena, pero es una verdad mucho más maquillada, llena de brillantina, vestida de gala y con una voz quizás mucho más versátil que la de la norteamericana. Pero sin lugar a dudas algo se pierde, al escuchar a Bowie, las guitarras y arreglos del tema, uno sabe que después de todo, es sólo una canción. Con la versión de Cat Power pasa algo completamente diferente. A uno no le queda otra que creerle a Chan. La canción lo derriba a uno por completo en esos dos versos prácticamente cantados a capella, tan significantes y polisémicos que terminan por resultar enigmáticos. La forma en que Chan dice “We are creatures of the wind/wild is the wind” parece como si fuera la única verdad del universo siendo cantada a gritos como un trueno que parte desde la tierra. Es algo que proviene de la voz, es algo que respira en la fragilidad y austeridad con que lo dice, como si fuera la voz de una persona que vivió lo suficiente como para cobrar un significado completamente diferente. Y estoy seguro de que es una verdad dolorosa y profunda, porque mientras escucho su voz repitiendo el verso lo siento como la última lanza clavada al costado. Y ahora que lo pienso y todavía sin saber bien por qué, creo que Chan no puede tener más razón, somos criaturas del viento, y el viento es salvaje, yes it is.






















