Friday, October 26, 2007

13
Dicen que son once pasos, pero en momentos como esos, son los once pasos más cortos que un hombre haya podido dar.
Es la última chance, se sabe que si la proyectil no toca la red será el fin, el acabóse de toda esperanza futura, la bala que hace que gane la casa en una partida de ruleta rusa, el error de cálculos que hace que tu auto siga en la ruta o caiga por el barranco. Toma la pelota, la coloca en el círculo de cal, hace un pequeño pozo con los tapones de aluminio. El brasilero se mueve de derecha a izquierda, aleteando sus brazos como un ave anfetamínica. Ya atajó uno, y queda sólo éste, la diferencia entre la prolongación de la angustia o la victoria definitiva, jugada en los centímetros que separan a sus guantes de goma del cuero amado.
El silencio invade la casa como un gorrión que se da contra los vidrios. Todos permanecen con la vista prendida con sus garras sobre el televisor, escuchando como un vago murmullo las palabras estúpidas, nimias, sudadas del comentarista, las cuales son absorbidas, deglutidas una y otra vez por cada cuadro, cada toma de aquel hombre con el 13 en la camiseta, sus patas de garza retrocediendo cuatro, cinco pasos. El silencio es más denso que la simple ausencia de sonidos, porque todos están y no están, porque en ese momento el mundo y el tiempo patinan sobre hielo fino, y porque saben que el que patea no es otro que el 13, y saben, sí que saben, lo que significa que patee el 13. Agustín mira la televisión y se dice que no, que esta vez no lo va a hacer. Tratando reconocer rostros en las pintas blancas de las baldosas de la cocina, puede creer en aquello, pero luego mira el rostro del 13 y una risa se le dibuja en la cara, sin saber por aquel primer plano hacia quién va dirigida. Risa sudada, de bincha, rulos y barba recién afeitada, se ríe de nosotros, de ríe de mí. Es ahí que Agustín piensa seriamente que es posible que se repita la escena de tres años atrás, la herida de muerte que dejó al 13 y a todo su equipo en terapia intensiva, como un suicidio tan poco premeditado como mal ejecutado. Lo recuerda, el minuto 92’, el penal, la carrera del 13, la pelota arrojada suavemente al centro y la inmovilidad del arquero, agarrándola como si fuese un gorrión amaestrado posándose en sus manos. Y después, sí, el pitazo final del árbitro, sus brazos primero hacia adelante y luego como lanzas al cielo, la última esperanza de empatar el partido destruida como un árbol de navidad en febrero. Y por todo esto mira de vuelta al 13 y piensa que no, no se le va a ocurrir repetir aquello, pero en la cornisa el asfalto parece cada vez más cercano. El juez pita, es ahora. Emprende la carrera, uno, dos, tres pasos, no, no lo va, no lo puede hacer. Los Adidas blancos tocan la pelota y todos están atragantados de saliva, cortisol, cerveza, empanadas y muerte, porque todavía no se sabe la dirección del proyectil, no se sabe las intenciones del arquero, el fino capricho de su cadera, las piernas y sus manos. Agustín piensa que el 13 en otra vida habría sido un gurka, un duelista vaquero, un gladiador o un samurai, y en ese preciso instante pasado y presente se funden en una misma pasta dulce que se amontona entre los vasos capilares de los que están frente al televisor.
No, no lo va, no lo puede hacer.
La pelota se desprende del cuero sintético que envuelve el pie, y en ese momento el 13 también está entrando en el coliseo, saludando con su yelmo bajo el brazo a la multitud, al gran jerarca de toga y su esposa que secretamente lo desea en sueños de uvas, mármol y sudor. Y al mismo tiempo también está girando el tambor frente a unos vietnamitas que ponen su dinero en mesas que sudan sangre y alcohol, sintiendo el frío del caño en la frente, sabiendo que eso es lo único real que hay en este mundo. Y la pelota sigue, y Agustín piensa que el 13 no nació para vivir en estos tiempos, y con la pelota en el aire, aún a centímetros de su pie, lo único que puede ver son las fauces de los leones, el presionar del gatillo, la sangre derramada en la pared y los gritos amarillos festejando el resultado, el tora tora tora del aviador en caída libre hacia el portaaviones.
Y entonces la profecía se cumple, el loco la pica, sí, después de la terrible experiencia anterior, el loco la pica de nuevo. La pelota está en el aire y el golero duda por un segundo. Todos en la casa se levantan de las sillas hasta quedar casi hincados, y sin saberlo se dan cuenta, deciden que todo lo que se podría hablar del alma, sobre Dios, sobre la ciencia, la dialéctica, el ubermënsch, el noúmeno, el arte, la libertad o el Maracaná era mentira, y poco importa cómo siga la tanda de penales, si después otras pelotas dan en el travesaño o a las manos del arquero rival, si el equipo eventualmente pierde ante los otros (mucho más experimentados para tales circunstancias), porque lo único real, lo único que existe ahora es la esfera de cuero, los cien metros cúbicos de aire que la separan de las manos del arqueo o la red, la decisión del 13 a arriesgar todo lo que tiene por una motivación que está más cerca del arte que del capricho. 13, el loco, se arroja a los abismos para que nosotros veamos si puede volar o estrellarse contra el asfalto. Y el loco la pica, y el golero por fin se decide, volando el proyectil lenta y suavemente hacia el centro del arco.
Y es gol.


Momento: minuto 07:40,
(Discúlpenme por los comentaristas mexicanos, es lo único que pude conseguir)

35 comments:

DEG said...

Primero, giles!

Agustin Acevedo Kanopa said...

¿Leyó el post o sólo anda en una carrera de fuga y muerte buscando llegar a ser el primero en comentar?

Por las dudas para los que se queden muy desconcertados con un post de fútbol (aunque en realidad eso es sólo el asunto, en lo personal el tema muy diferente) en un blog comúnmente dedicado a la música, cine o perturbaciones neuróticas del autor:
El loco Abreu, tres años atrás, en un partido fundamental de la liga mexicana (y que me tocaba a mí particularmente), en el último minuto, al cobrársele un penal, decidió picar la pelota*, sin poder engañar al arquero, que se quedó parado, atajando el tiro con total ridícula practicidad y delicadeza, y significando la efectiva eliminación de la copa para el equipo en que jugaba.

*en la jerga futbolística, "picarla" significa pegarle de puntín o empeine suavecito, a modo de engañar a un arquero que espera un tiro más dirigido o fuerte

DEG said...

Ambas. Casi me agarran.

Me pareció acertadísima, y por demás buenamente poética, la comparación del futboller con figuras guerreras del pasado, en una misma línea vital. Sin dudas, el deporte y en particular el fubo hoy en día han venido a ocupar el lugar épico que antes probablemente tenían esos guerreros. De qué otra forma podemos leer canciones como We are the champions, o entender ciertos relatos futbolísticos que más parecen la descripción del Armagedón que un encuentro deportivo.

Y el fútbol tiene con qué. Es el mejor deporte, el más completo, el más sencillo de jugar. Madera de épica, sí señor.

Agustin Acevedo Kanopa said...

Suponía que el post le iba a gustar, habiéndome confesado usted sobre su gusto por la dimensión épica de la vida.
Efectivamente, ver a Maradona meterle los dos goles a los ingleses o los seis goles en un partido de George Best tiene la misma dimensión épica que la de los guerreros de antaño o un tema que nos eriza hasta el culo.

DEG said...
This comment has been removed by the author.
DEG said...

De otro modo no me embarcaría en suicidas carreras de fuga y muerte.

kecg said...

Oh, hay algunas manifestaciones de debilidad masculina respecto al futbol que a mí en lo particular me provocan harta ternura, y bueno, encontrarme este post, justamente en un blog dedicado a otros temas generalmente más nobles, pues bueno Agustín, resultó lindo, pese a que no suelo tener mucha simpatía hacia el deporte.
Y... bueno, yo sé que no son los mejores, pero no pude evitar un aguijoncito de dolor con tus disculpas por los comentaristas mexicanos... nada, qué le voy a hacer me pinchaste en ese lado nacionalista que traía escondido.
Saludos,
Karina.

Agustin Acevedo Kanopa said...

A pesar de lo mucho que recalco el papel del arte por encima de todo (por lo menos en este blog), es verdad que tengo cierta debilidad por esta disciplina (además del hecho de que por el entorno familiar en que fui criado, si fuera de otra manera, sería muy infeliz), y en particular, las glorias deportivas son de las cosas que más cerca están de sacarme una lágrima. En lo particular, cuando veo a Alí peleando contra Foreman, cuando veo a George Best o Maradona convirtiendo en postes a personas de carne y hueso, cuando veo aquel partido en que Tecos le empató 3 a 3 a Jaguares cuando iba perdiendo 3 a 0 a los 88 minutos, esos son momentos en los que la separación entre arte y deporte se vuelve una línea muy fina.

PD: Perdone por lo de los comentaristas mexicanos, pero es la verdad, son de madera. Igual, le digo que los uruguayos tampoco son santos de mi devoción (en particular si me tengo que quedar con alguien, me quedo con los argentinos -y sólo algunos)

DEG said...

Pero si el fulbo es arte!

Brunomilan said...

"Picar la pelota en un penal" que tema! creo que es el unico momento de la vida en el que se puede pasar de ser un absoluto genio a un pelotudo sin puntos intermedios.

Agustin Acevedo Kanopa said...

Si, y en una semifinal de copa américa aún más. Es precisamente eso lo que convierte el penal pateado por el Loco Abreu en un hecho bastante romántico, diría incluso poético.
Como dije, es como arrojarse al abismo para mostrar al resto que podes volar o quedar estampado en el suelo

Irina said...

de nuevo el terreno de lo incierto (viene de tacos adolescentes)

muy interesane blog

Agustin Acevedo Kanopa said...

Sí, efectivamente, el terreno de lo incierto, jugado entre el riesgo suicida, la percepción engañosa, o lo fantástico esperando entre espejos tapados por sábanas, aquello una de mis cartografías fundamentales de lo que me gusta escribir.
Al principio me inclinaba sobre el realismo mágico para construir ese mundo, pero después me di cuenta que el mundo más real y cotidiano esconde esos mismos secretos.
Costumbrismo épico, che

Ama-gi said...

Monumental post. Si me habrá emocionado el Loco en estos años...y cuando más me emocionó, fue cuando los manyas fueron a buscar a Darío Silva. Tenían el pene en el recto porque el Loco estaba dejando guita para venir a jugar a Nacional y fueron a buscar al pelotudo este para preguntarle si haría lo mismo, y Darío dijo "¡Claro que jugaría en Peñarol! Si me pagan bien, por supuesto". Mejejejej. Pobres manyas pecho frío. Que lástima haber sido el equipo del sistema tanto tiempo y ver que el sistema ahora desaparece...

Che Agustín, ¿Que te interesaba en particular de ese partido del fútbol mexicano?

Agustin Acevedo Kanopa said...

Ama-gi:
El loco Abreu es el último gran personaje del fútbol uruguayo, algo que no veía desde Carrasco pre-técnico (es decir, sus opiniones siendo jugador pasaban, incluso hasta eran bastante ocurrentes, pero ya de técnico la boludez no es una excusa y hay cosas que no se perdonan)

Con respecto al citado partido, digamos que en ese juego la economía de mi familia estaba severamente implicada

Indio Sangriento said...

Hay que tener huevos para picarla en un penal, en una situación que no sea partido amistoso!
Grande loco Abreu, un dia te quiero en Liverpool!!
La verdad, nunca pensé que en el partido contra Brasil la fuese a picar así... que idolo!

Brunomilan said...

Siempre me cayo bien Abreu, es de esos personajes hermosos tanto dentro como fuera de la cancha, cuando habla te hace cagar de risa y cuando juega (o cuando quiere jugar) es capaz de hacer unos goles antologicos (recuerdo una sombrerito a huracan, una apilada contra boca) pero quedo opacado por una generacion de muy buenos delanteros uruguayos

Agustin Acevedo Kanopa said...

Brunomilan:
Usted de seguro se refiere a este gol.
Lo que pasa con Abreu es que tiene todo lo que te puede hacer odiar a un jugador: exceso de confianza, egolatría e irregularidad, pero en el caso suyo las cosas se conjugan de una forma distinta, hasta hacerlo en un personaje sumamente querible. Creo que la prueba irrefutable de ello es que es un jugador tan querido por la hinchada de Peñarol como la de Nacional, cosa que es bastante extraña y que de cierta forma fue un karma para otros jugadores (yo creo que la popularidad de Forlán, por ejemplo, no sólo está fundada en su paso exitoso por el Villarreal, sino también por la ventaja de no haberse puesto ninguna de estas dos camisetas).

El problema con el Loco en materia futbolística es explicado desde su mismo apodo: en el mismo hecho que relato, el golero podría haber elegido quedarse parado, y ahí la cosa hubiera sido distinta (muy distinta). Y el Loco Abreu tuvo muchos de esos goles, pero también algunos (bastantes) de aquellos goleros que esperaron la pelota. Ahí radica lo romántico del asunto.

lele said...

Agustin, creeme que no es para nada querido por la hinchada de Peñarol, es mas, años atras lo hubiesen descuartizado sin ningun remordimiento.

Agustin Acevedo Kanopa said...

Eso había sido años atrás y de seguro se remonta a los años en que jugaba para Nacional gratis. Pero unos años después, y sobre todo por su paso por la selección, conociendo a muchísima gente de Peñarol (incluso de la barra brava), te puedo decir que es bastante respetado al menos.

¿Quién hubiera dicho que en este blog terminara hablando de barras bravas?

Ama-gi said...

Para ser carbonero...
Para ser carbonero se necesita una gorra y un palo...
Una gorra y un palo y un patrullero, para ser carbonero...

jorge R. said...

Lindo post...por fin un tema mas popular y no snob...che lindo homenaje a Galeano, me gusto...igual te doy mi opinion, tendria que ser un poco mas sencillo el lenguaje, es futbol, es popular, es pasion, es sentimiento, es simple...

Digamso qeu el loco abreu es un personaje que lo amas o lo odias...salvo en mi caso qeu me es por completo indiferente...

languidalombriz said...

yo que pensaba que no podía hablar nada de futbol, el otro día traté de armar un relato así futbolero y me puse a buscar terminologías específicas y después de un tiempo de lucha googlistica llegué a la conclusión de que sería muy interesante lograr mi metáfora futbolera pero que quizás no era el momento adecuado, porque nada parecía dar cierto a la hora de escribir...

Debo decir que tu relato épico me emocionó, pero la cuestión del videito lo emocionó a mi hermano...

Vi delicias turcas, me voló la peluca, me encantó, de verdad. Escribir sobre la peli me pareció demasiado, quedará para más adelante supongo.

besos!

Agustin Acevedo Kanopa said...

Jorge:
Me alegro que te haya gustado el post.
Igual te diré que de ninguna manera es un homenaje a Galeano. En lo personal, "Fútbol a sol y sombra" es un libro que no le hace justicia al fútbol y que ni se acerca a otros escritos basados en este deporte. Sí quizás, es un intento de llegar a captar la dimensión épica, social (e incluso artística) del fútbol que logró el argentino Juan Sasturain en la Rolling Stone de mayo del 2006 (personalmente, lo mejor leí sobre el deporte hasta la fecha).
Con respecto a lo del lenguaje, para mí el fútbol es todo excepto simple, lo simple fue toda esa cultura tribunera que se fue tejiendo alrededor.

languidalombriz:
Esta bueno que le haya emocionado el cuento, es un término que resulta muy alentador a la hora de recibir opiniones sobre lo que uno escribe.
Con respecto a Delicias Turcas, es una gran película, sobre todo por esa relación tan sexual como destructiva que se da entre el tipo y la bellísima Monique van de Ven (una actriz a la que en cierto punto le dediqué uno de mis cuentos con los que me he sentido más conforme).
Pero lo que queda más que nada estampado en la memoria es ese aire reaccionario del film, ese hacer y deshacer, ese desenfado de la pareja frente a todas las normas esperables (recuerdo aún hoy esa escena de la tipa apareciendo muy ligera de ropas y unos tipos del estado tratando de taparla en un evento).

languidalombriz said...

sobre delicias turcas,

en que sentido estas usando el termino "reaccionario"? que yo entienda reaccionario es la reaccion de un parte producida por un cambio o un intento de cambio de otro grupo -social/cultural/politico-.
a ver, si le viste algo reaccionario a la pelicula por favor contame. lo unico reaccionario (muy rebuscado) que se me ocurre es que exista un vinculo entre la enfermedad de la protagonista con sus actos desenfrenados y peligrosos -la manera en que lo conocio a Erik basicamente- y no las simples ganas de "rebeldizarse" contra la familia y el trabajo a la manera tradicional.
Fuera de eso no puedo mas que coincidir con esa locura sexual llena de fluidos y escatologia que inunda toda la atmosfera del film. Ya estamos en los anios 70, la cuestion sexual no es taan revolucionaria pero si probablemente la parte coprofilica del asunto.

Las historias de amores enfermos me matan. aunque como mujer si se me plantea la duda de si desde el guion y la direccion se trata de justificar algunas actitudes maniaticas/violentas de Erik hacia Olga "porque la amaba". El amor tiene que ser asi? si no no es amor? si la respuesta es afirmativa, me cago en el amor, pues!


(disculpas, maquina sin acentos ni enies, o si pero dificiles de hallar y que por lo tanto interrumpen el libre flujo de ideas)

besos!

Oldboy said...

Si bien los genes deportivos se los llevó mi hermano y mi inclinacion por el futbol es bastante escasa, no pude dejar de seguir a River Argentino en la última temporada que salió campeón del campeonato argentino con Franchescoli.
El tipo era mi ídolo.
Aqui dejo el enlace a un muy buen relato sobre el jugador.

Otra recomendación para los amantes del futbol y la buena lectura, no dejen de leer Area 18, de Fontanarrosa.

Para los amantes del box el documental "When We Were Kings" donde se ve la pelea de Ali y Foreman.

PD: off-topic, puedo decir con orgullo que he descargado "legalmente" el ultimo disco d radiohead y está muy bueno, ya lo tiene AAK?

Anonymous said...

te mandé un mail.
si no estás ocupado poneme un "ok lo recibí".

pedro

Agustin Acevedo Kanopa said...

languidalombriz:
Sí, la palabra reaccionaria está mal usada. En el caso de Erik, hay una especie de rebeldía desanudada, sin actores específicos y sin razón aparente que me llama mucho la atención (se me queda en la cabeza esa primera escena del tipo distorsionando una comida del laburo).
Con respecto a la escatología y el amor, concuerdo tremendamente con que es algo buscado conscientemento por Verhoeven, sobre todo en esos accesos de lo inmundo luego de escenas sexuales o amorosas, como si intentara decir que el amor tiene tanto de una como de la otra cosa (recuerdo cuando la tipa va al baño y dice que se va a morir, creyendo que cagaba sangre, cuando en realidad había comido remolacha -un amague que a mi mismo me pasó una vez).
Pero la otra cosa que me gusta rescatar es el personaje plácido del suegro de Erik, personaje tan discordante con la trama que me resulta paradójicamente, un gran acierto del holandés. Es como una aire fresco de bondad entre todo el ambiente viciado que inunda al film, aunque bueno, eventualmente el director se encarga de lograr que ese aire se convierta en olor a meo y bilis, en la escena del viejo agonizando en la cama.

Pedro: Ya te contesto el mail, sí, es una muy mala costumbre mía no hacerlo

Agustin Acevedo Kanopa said...

Oldboy:
Gran cuento el de Francescoli. Siempre me ha gustado esos relatos en donde el personaje entabla un tipo de relación muy intensa con alguien de la cultura popular, sin que haya verdadero intercambio entre ellos (ahora, sólo para citar, me acuerdo un cuento genial de Cortázar llamado "queremos tanto a Glenda").
Igual, se nota a la legua que el escritor es argentino, ya que de ser uruguayo, le habría encontrado la tranquilizadora quinta pata al gato en cuestión de minutos (Uruguay, el país de quien es lindo es puto y quien tiene plata la robó... en eso somos unos expertos).

Le cuento una gran particularidad mía:
Desde chico que soy fanático de Gheorghe Hagi, futbolista rumano al cual, desde el mundial del 94' segui como si fuera un pariente lejano aventurándose en el incierto mundo del fútbol. Tengo partidos y entrevistas grabados, e incluso supe a tener un pequeño poster suyo en mi cuarto por unos cuantos años. Siempre me llamó la atención ese fanatismo, pero nunca intenté rectificarme, en el fondo era hermoso saber que Hagi no sabía que un niño en Montevideo le seguía todos sus pasos como si fuera un superhéroe propio, privado, limitado a su mundo de figuritas y vhs.

Con respecto a When we were kings, el film es increíble y documenta (para mí) el momento más grande en la historia del deporte. Igual, no creo que yo pueda aportar más de lo que dijo Benito en este post.

Con respecto al In Rainbows, si le digo que estoy juntando las cincuenta libras para comprarme el disk box, creo que ya estoy contestando su pregunta.
Maravillosa canción "Weird Fishes", uno de los mejores temas de Radiohead en años.

Candelaria said...

Ay Agus, qué horror! Lo último que te faltaba para ser un decadente como los demás era escribir sobre futbol.

Michel Wilheim Cacho said...

no nos olvidemos que estamos hablando de un asesino que mató al mejor amigo, imposible leer sobre fobal.

Anonymous said...

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Valentina Contino said...

Es una lástima que teniendo algo de astucia para escribir salgas con un chorro que empecé a leer con interés y después, no sé, parece que para vos las mujeres son una especie de triángulo inconcebible o algún universal concreto que te tapa el espejo para estacionar. Me rompe las bolas que hablen de "las minitas" y más me rompe que siga siendo tan legal tan natural que gente que se las da de artistas vivan y piensen como una heladera. ¿De qué te sirve leer a 500 km por hora si tu cerebro se quedó antes de la revolción industrial? No sé, espero que me estés jodiendo con tanta alusión a personas como si fuesen trofeos. Y si es así, vivir en el país de bailando por un sueño me atrofió el sentido del humor.

Agustin Acevedo Kanopa said...

si, era eso justo. lo tenés atrofiado

Anonymous said...

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